¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

viernes, 20 de diciembre de 2024

Observatorios ciudadanos

En estas páginas se han propuesto, como medio de participación apartidista de la ciudadanía, crear observatorios de la acción del gobierno y de las situaciones de nuestra Sociedad. Hay ventajas al crear observatorios. No requieren de un gran número de miembros, como lo requeriría un partido. Pueden establecerse muy rápidamente y empezar con un grupo relativamente pequeño de participantes, debidamente cualificados para lo que se está haciendo, con un costo relativamente bajo, porque no se requiere tener una estructura importante como la podrían tener algunos organismos gubernamentales. Pueden empezar en pequeño y ser fácilmente escalables; hacerlos crecer conforme se va desarrollando el tema. Y también establecerlos por área. Por poner un ejemplo: un observatorio de la situación económica, podría empezar con un observatorio de los precios del aguacate. Algo relativamente fácil de llevar a cabo con un grupo relativamente limitado de personas. Después, irlo escalando conforme se va aumentando el número de participantes, llevarlo a otras áreas donde se puede hacer la misma observación sin un costo sustancialmente mayor. Por ejemplo, el precio de los limones. Hay que considerar que los observatorios reflejan la opinión pública. Aquí habría que hacer una distinción. Estamos hablando de auténtica opinión pública. Hoy en día se habla de que los medios, los periódicos, las cadenas de televisión, son opinión pública. La realidad es que no siempre la reflejan, Y por ello se habla que no es información pública, sino la información publicada. Que es algo muy diferente. Esta es fácilmente manipulable y, de hecho, puede responder a las ideas o a intereses de quienes publican. Mientras que, en un observatorio ciudadano, tenemos una opinión pública que es más difícil de manipular. Aunque también hay que considerar que, si la oposición puede crear este tipo de observatorios, también el gobierno puede crear los suyos y salir con el argumento de que “tienen otros datos”. Habría que definir el alcance de estos observatorios. Y tener una idea de que es necesario validar tanto el contenido, como su independencia. Lo que uno esperaría es que fuera el propio público el que validara lo que se está publicando. Y hay que generar también un esquema para ello Ya se han comentado aquí algunos temas de observación. Sin pretender ser exhaustivo, estas son otras posibilidades: • Mortalidad y morbilidad de diferentes padecimientos. Entendiendo la morbilidad como la frecuencia con la que ocurre un padecimiento en la población, y la mortalidad por la posibilidad de morir, una vez que uno adquiere la enfermedad. • Abasto de medicamentos, tanto al sector público como al privado. Que tan frecuentemente se encuentra escasez de determinados medicamentos, como ocurrió durante la pandemia, en la que fue muy visible una reducción importante de los medicamentos y de la atención para los niños con cáncer. • Retrasos en las citas, para poder acceder a los servicios de salud de segundo o de tercer nivel. • Cómo cambia la esperanza de vida. Conocer las opiniones sobre las razones por las cuales esto ocurre y medir la cantidad de enfermedades prevenibles que se están dando. • Educación, tanto pública como privada. ¿Qué tan disponible está para el público en general, así como la calidad de la enseñanza que el alumnado recibe? • La empleabilidad de los egresados de los distintos niveles, visto desde el ángulo de los empleadores, cuál es la necesidad de cursos remediales, para poner en condiciones de llevar a cabo un empleo en los que están siendo contratados. • Remuneración, tanto de los docentes como de los egresados. • Derechos humanos: ¿cuántos hechos denunciados han requerido de llevar a cabo protestas o manifestaciones para lograr ser atendidos por los funcionarios públicos que tienen la obligación de resolverlos? ¿Qué tanto las recomendaciones de derechos humanos, pueden hacerse obligatorias para el gobernante? Lo importante es tener conciencia de asuntos que requieren de una observación del ciudadano, para poder validar la acción del gobernante. Es de esperar que los gobiernos no acepten este tipo de vigilancia, porque están buscando la gobernabilidad y, para la clase política, esta procede de que no los cuestionen. De manera que es muy difícil lograr que un gobierno pueda hacer este tipo de observación de modo imparcial. La validación de los observatorios ciudadanos, entonces, debería darse por la propia ciudadanía. Siempre habrá discrepancias con los gobiernos cuando se establezcan observatorios. Ahí está precisamente la demostración de que son necesarios. Y nos urge tener verdaderamente otro tipo de información que la que el gobierno nos permite conocer. Antonio Maza Pereda

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Oposición ciudadana

Antonio Maza Pereda En las últimas semanas, se ha estado hablando de desarrollar una nueva oposición. Quienes lo están proponiendo, hablan de crear un nuevo partido o algo similar. No se está considerando la necesidad y la importancia de tener una oposición ciudadana, desarrollada por votantes que están tratando de intervenir en el desarrollo de nuevas ideas, nuevos conceptos para el manejo del gobierno del país. Una oposición ciudadana que no esté orientada a crear un nuevo partido, a la que podríamos llamar una oposición apartidista. Es importante considerar que la materia prima de un buen gobierno, es información con alto valor agregado. Desgraciadamente, estamos trabajando básicamente con información que tiene el valor de dato. Un dato que a veces no está confirmado o, en todo caso, su único valor es el hecho de estar disponible. Para que podamos hablar de información, esos datos tienen que estar validados, clasificados y fácilmente recuperables. Para tener un poco más de valor, podríamos cambiar esa información en conocimiento, agregando análisis, con el mayor valor posible. Ahí ya tendremos validada y disponible esa información con una investigación, un análisis completo. De ahí podríamos pasar a otro nivel, donde el conocimiento se convierte en inteligencia, que ya tiene una idea clara de los hechos, de las consecuencias de ese conocimiento, y se pueden hacer evaluaciones en forma de pronósticos o de escenarios. Y finalmente llegaríamos al máximo grado de valor que pueden tener esos datos que originalmente eran de muy poco valor, cuando se convierten en sabiduría: tenemos un aprendizaje que permite aplicar esa información a otros campos diferentes de aquel donde se originó. Se habla de que la información es poder, lo cual en parte es cierto. El problema es que muchos, en el gobierno, consideran que el poder de la información consiste en poderla ocultar, en convertirla en secretos de Estado, para poderla usar según lo deseen. Esa idea de ocultar la información no es algo nuevo. Winston Churchill decía que la verdad es “algo tan valioso, que hay que protegerla mediante una escolta de mentiras”. En pocas palabras, hay que ocultarla y hacerla difícil de entender. Desde luego, muchos operan así. La información es relevante cuando sabemos sus consecuencias, cuando podemos convertirla en sabiduría y cuando nos sirve para tomar decisiones. Desgraciadamente, algunos ocultan información y conocimiento, con el objeto de evitar que sean atacados por las decisiones de su gobierno. Una de las ideas que podría manejar la sociedad civil, sería la formación de observatorios ciudadanos: grupos de votantes, debidamente formados, que analicen las acciones que están ocurriendo en el país, los trabajos del gobierno y den un juicio sobre ello. Hay varios campos donde se pueden crear estos observatorios. Recientemente, y en parte por una participación importante de las Iglesias, se han creado observatorios de la paz, que están en proceso de desarrollo: un ejemplo de una red de observatorios ciudadanos. Un observatorio tiene varias tareas a desarrollar, por ejemplo: • ¿Cuál es la situación en el asunto que se está estudiando? Supongamos que es el tema de la paz. ¿Cómo está? ¿Cuáles son las raíces sociales? La pobreza, por ejemplo, la impunidad, el mal desempeño de los gobiernos, incluso conceptos de tipo ideológico. • ¿Cuáles son sus tendencias? Este problema de la paz, ¿aumenta o disminuye? ¿En qué área se vuelve más agudo? Y, por supuesto, ¿cuáles son las motivaciones de quienes están actuando en contra de la paz o quienes, por omisión, han permitido que crezca el odio? • Pensar en las raíces de la impunidad. Entre otras cosas, habría que ver cuál es la estructura de los que están contra la paz. ¿Hay grupos desorganizados o se habla de delincuencia organizada? Sabemos con bastante claridad que se está confundiendo la delincuencia organizada con ataques a la paz, que no necesariamente siempre es el único caso. • La otra parte que hay que ver es: cuáles son las propuestas concretas, cuáles son las posibles soluciones para tener la paz. Porque hay muchos modos de tener paz, como ocurrió en algún momento en la llamada pax romana, donde había paz en el imperio romano por la opresión militar que se ejercía sobre muchas comunidades. O lo que ahora se dice de la pax narca: zonas del país donde hay relativa tranquilidad, porque ya quienes dominan son los narcos y no existe oposición. Otro observatorio importante es el de lo económico. Viendo cuál es la situación, tratando de definir con claridad qué tan buena y qué tan oportuna es la información económica que estamos recibiendo de parte del gobierno. • ¿Cuáles son las bases para que haya un buen desarrollo económico? Se habla, entre otras cosas, de la confianza que existe en la sociedad, no solamente hacia el gobierno, sino también hacia la estructura misma de los negocios. ¿Cuáles son las ventajas competitivas y comparativas que tiene nuestro país para poder ser exitoso en ese aspecto económico? • Asuntos de tipo ideológico, en donde se habla de que algún sistema es muy bueno para generar riqueza y otro es el bueno para poder distribuirla. • ¿Cuál es la situación global en la economía? No podemos seguir pensando en que somos los únicos que generamos movimiento económico. Estamos en una situación global, nos guste o no, concuerde o no con nuestras raíces ideológicas. Una situación global que se ve no solo en la economía, sino también en el conocimiento, en el aspecto de las patentes y los secretos industriales. Y, un punto importante para poder obtener provecho de la economía y de las investigaciones, es la valoración de la investigación y el desarrollo. Hay más posibilidades de tener observatorios, que ya no caben en este pequeño ensayo, pero que abordaré próximamente. Lo que es muy relevante en todos estos observatorios es lograr que los observadores puedan obtener el conocimiento, agregarle valor, ver la situación actual y sus tendencias, cuáles son las soluciones y sus consecuencias, y darle difusión. Porque finalmente, generar resultados de observatorios no es suficiente. Se necesita poder poner esa información lo más ampliamente posible en manos de la ciudadanía. Antonio Maza Pereda

viernes, 13 de diciembre de 2024

Apartidismo

De un artículo anterior, surgieron algunas preguntas de mis lectores. “¿Por qué la obstinación en el apartidismo?” "¿Por qué la insistencia en la necesidad de una oposición apartidista?” A lo cual le di una respuesta relativamente breve, diciendo que la razón de ser de los partidos, es obtener el poder para un grupo y lograr que gobierne. Pero al mismo tiempo es su mayor tentación: la corrupción. Obviamente, tuve algunas observaciones que vale la pena aclarar. Partiríamos de una cita famosa de un político inglés, del siglo XIX, Lord Acton, quien decía, y cito: “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Claramente, no es el único que ha opinado así. Se encuentran algunas citas parecidas en Maquiavelo y en Rousseau, uno de los ideólogos de la Revolución Francesa. Así como en Mijaíl Bakunin, uno de los fundadores de la corriente moderna del anarquismo. Lo que se puede criticar aquí es lo absoluto del dicho. Es decir, que no hay ninguna otra opción: que quien tiene poder absoluto, siempre se volverá absolutamente corrupto. Lo que no necesariamente ocurre. Pero también es cierto que es una gran tentación. Claramente, cuando alguien tiene el poder absoluto, es decir, un poder sin contrapesos, un poder sin frenos, verdaderamente requiere ser un verdadero santo para no abusar de ese poder. El modelo actual de nuestra democracia, no solamente en nuestro país, sino en el mundo entero, es muchas veces tener un poder concentrado en partidos políticos. Desde quien tiene un partido único, hasta quien permite cantidades inmanejables de partidos políticos. Finalmente, se busca concentrar poder, sea a través de las votaciones, o a través de alianzas. Habría que desarrollar un modelo donde el papel de los partidos fuera diferente. Donde no tuvieran que estar conectados necesariamente con el ejercicio del poder, sino solamente el de concentrar, concertar y combinar las elecciones para poder elegir a quienes deben de gobernar según la ciudadanía. Y una vez hecho esto, dejar de tener un papel en el gobierno en cualquiera de los tres poderes. Claramente, podemos pensar que esto es una utopía. Y también es cierto que es difícil lograr una reforma integral de los partidos políticos. Hay que discutir si el papel de los partidos debe ser temporal, actuando solamente mientras duren las elecciones. Tenemos que lograr tener “un piso verdaderamente parejo” para todos los participantes. Lo cual, hoy en día, cuesta mucho trabajo lograr. Los partidos existentes han estado recibiendo cantidades importantes de recursos que les han permitido desarrollar capacidades que les permiten estar en ventaja ante sus contrincantes. Para tener “un piso parejo”, habría que eliminar la posición competitiva, construida por años y décadas de estar recibiendo recursos, que les han permitido crear ventajas que son difíciles de remontar por quienes crean un nuevo partido. En esta utopía, podría pensarse en una moratoria de, por lo menos, unos cinco o diez años, durante la cual los funcionarios de administraciones anteriores a todos los niveles tendrían prohibido participar en los partidos políticos y en las elecciones. Para que no puedan aprovechar un prestigio que fue generado a través de fondos financiados por la ciudadanía y por sus impuestos. También, obligar a los partidos a cambiar de nombre, colores e imagen, porque eso ha sido resultado de una inversión que hizo la ciudadanía para permitirles operar. Y podría haber otros cambios parecidos. Pero reconozco que esto, verdaderamente, es difícil. Pero el concepto es adecuado. Deberíamos tener una idea clara de cómo se podría crear ese “piso parejo” para los partidos reformados. Se necesitaría también una auditoría ciudadana, independiente de los partidos, que se asegurara de que estas reglas se cumplan. Y, desde luego, leyes que pudieran hacerse cumplir por jueces adecuadamente preparados para ello. No es fácil, hay que reconocerlo. Hay que tratar de ver hasta dónde se puede llegar, porque esto tiene grandes dificultades. Por un lado: ¿dónde hay ciudadanos que no hayan participado en los niveles importantes de decisión de los partidos existentes, que se formen y tengan la disponibilidad para poder encauzar la democracia con nuevas instituciones? Por otro lado, que tengan conocimiento de la política y de la democracia para poder mejorarla. Habría que pensar en una transición. Es claro que no podemos aspirar a un remedio rápido, ni completo. Sería una labor de ir construyendo poco a poco lo necesario. Apostar también a la educación de la ciudadanía, para que pueda exigir, a quienes estén desarrollando esas nuevas posibilidades y a quienes los auditen, que reformen esta parte de la democracia. Finalmente, habría que confiar en que esto será posible, gracias al sentido común del votante. Creer lo que en algún momento dijo Abraham Lincoln: que “no se puede engañar a todos durante todo el tiempo”. Ese sentido común, nutrido por un conocimiento profundo de lo que significa ser ciudadano. Eso es lo que puede modificar nuestra situación. Antonio Maza Pereda

lunes, 9 de diciembre de 2024

¿Verdaderamente, necesitamos una oposición?

La respuesta es sí, pero no cualquier tipo de oposición. Los partidos que actualmente están haciéndola de oposición, están en una situación de implosión. ¿Qué quiere decir eso? Que se vuelven pequeños y más pequeños, cada vez menos y menos relevantes, menos prestigiados. Y eso no puede durar mucho. Los partidos satélites, los que forman parte de la alianza gobernante, tampoco tienen mucho futuro. Seguirán en la medida que les permitan vivir y les convengan a la 4T. Por otro lado, se está proponiendo la creación de nuevos partidos. No queda muy claro quiénes serían los más adecuados. Es claro que eso no basta. Habrá que tener un sistema para crear nuevos partidos, porque son útiles para organizar a la ciudadanía en las elecciones. Pero más allá, es importante tener formaciones ciudadanas, lo que algunos tratadistas llaman las “organizaciones intermedias”. Que no son el Estado, que es la expresión máxima de la organización de la sociedad. Pero tampoco son la familia, que es su célula, sino que tienen un lugar intermedio. Lo que necesitamos es una oposición apartidista. ¿Qué significa esto? Una oposición que no dependa de los partidos y que, de alguna manera, rechace ser parte de estos. ¿Cuál es la razón de fondo de no querer tener una oposición apartidista? La esencia de los partidos políticos es obtener y consolidar el poder. Crear una base que les permita gobernar. Para eso existen. Si no tienen esa idea, ciertamente no sirven como partidos. La función de los partidos es, precisamente, ganar elecciones. Y ahí está también su gran tentación. Es que, al final de cuentas, quien busca gobernar, busca la gobernabilidad. No hay gobernabilidad más completa que la de los totalitarismos. Que son, justamente, formaciones políticas que buscan eliminar cualquier posible oposición o contrapeso para poder gobernar de manera absoluta. De esto se dan diferentes variantes. Y otras maneras de gobierno, incluyendo diferentes tipos de tiranía. Esa es la gran tentación de los partidos políticos. Claro, también están lo que se llaman los poderes fácticos. Asociaciones empresariales, por ejemplo. Grupos de asociaciones que viven de las mercedes del gobierno y que dependen de ello. El famoso cuarto poder, el poder de la prensa, que también forma parte de este tipo de oposición, de alguna manera. Y otros más: grupos corporativos, religiosos y hasta algunos de la delincuencia organizada. Pero lo que necesitamos, de lo que estamos hablando, es que en la Sociedad Civil, la que no es parte de los partidos, y que no depende de ellos, puede y debe tener otras funciones. Con sus ventajas y sus desventajas. Entre otras que, por definición, está atomizada, muy dividida, muy dispersa, y carece de organización, que es probablemente la mayor de sus debilidades. Este concepto de una oposición apartidista no es común y no existe en muchos países. Es necesario desarrollar estos conceptos, de los que hay poca experiencia, pero que son fundamentales. ¿Cuáles serían las funciones que uno esperaría de una oposición apartidista? Por supuesto, se daría por hecho que no tratan de obtener el poder para sí mismos, sino que buscan instruir y conducir a la sociedad, a los ciudadanos, para que participen en política desde su lugar, en organizaciones intermedias. Algunos ejemplos: • Análisis de la situación política y social del país. Actualmente, lo que tenemos es casi un monopolio estatal de la información, más algunas fuentes adicionales, entre otras, la prensa, los medios organizados, las redes sociales. Necesitamos cambiar el papel que tienen los partidos en la difusión y análisis de la información. Los partidos, como es costumbre, siempre negarán lo positivo que ha hecho su opositor y también destacarán lo negativo. Es fundamental tener información sin sesgo o, al menos, diferentes modos de interpretarla. • Educación política y social de la ciudadanía, del votante. Que conozcamos las bases de la política y de lo social. Entender las consecuencias de las leyes y de la propia Constitución, de manera de poder informar y discutir de modo informado. • Un gobierno en la sombra. Algo que existe en algunos países, que a veces lo aplican los propios partidos políticos, y que en México no se ha logrado consolidar, aunque ha habido algunos intentos. La función del gobierno en la sombra es analizar lo que el gobierno está ofreciendo y lo que está logrando. Proponer opciones. Analizar las consecuencias de los hechos del gobierno, en los tres poderes de la Unión. Estaría formado por especialistas y ciudadanos comunes que se dediquen precisamente a analizar la labor del gobierno. • Agenda ciudadana. Actualmente, su definición está en manos del gobierno y de los poderes fácticos. Y han sido extraordinariamente exitosos para influir en el votante. Buscar el monopolio de esa agenda, es fundamental para cualquier gobierno autoritario. Necesitamos tener alternativas, evitar ese monopolio y dar a la ciudadanía otras opciones. Y esto se crea analizando, básicamente, cuáles son las prioridades de la ciudadanía y las del país. • Debate civilizado, bien informado, sin tendencias de tipo partidista, hasta despersonalizado, donde no se trate de atacar a las personas. Evitar el ataque personal, que nos ha hecho muchísimo daño en nuestro país. Cuando se ataca a un gobernante porque tiene el pelo blanco, o porque tiene kilos de más o de menos, hemos perdido la base, la noción de debatir. Se trata de evaluar sus propuestas, sus resultados, sus actuaciones, pero de un modo despersonalizado. Tener un debate civilizado, evitando cualquier ataque a las personas, que es una de las formas más usadas de falacia que se usa en la política mexicana. • Auditoría ciudadana de la labor de los gobiernos, con auditores que no tengan una relación ni dependencia del gobierno. De manera que puedan dar una opinión desinteresada. El gobierno tiene sus propios medios para hacer su auditoría; es una evaluación pagada por ellos mismos. Falta una auditoría independiente. Será un largo camino, la solución no es sencilla, pero es imprescindible. No podemos pensar en salir de una situación tan estancada como la que estamos teniendo, sobre todo pensando en que se está dejando de escuchar a un porcentaje muy importante de la ciudadanía. Presenciamos la decadencia de una oposición partidista y una ciudadanía en confusión, con temor, y sin ver de qué manera puede contribuir al bienestar del país, sin pasar por el yugo de los partidos políticos. Tenemos que salir de esta situación. Y los partidos, viejos y nuevos, no nos sacarán de ella. Antonio Maza Pereda

domingo, 1 de diciembre de 2024

Revirtiendo el autoritarismo

Una cuestión importante, después de haber reflexionado sobre el totalitarismo, es: ¿verdaderamente se puede revertir una situación así? La oposición en este 2024 tomó como un tema frecuente decir que, si caemos en dictadura, ya no habrá vuelta atrás. Ese era el asunto más relevante en su campaña, el cual fue desestimado en general por el votante, que le pareció que no era para tanto. Que, efectivamente, si tuviéramos un gobierno que no fuera el adecuado, se podía dar vuelta atrás siguiendo las condiciones que nos garantizaba la Constitución. Lo que no resultó real, dado los cambios que se hicieron a la misma. Decía Abraham Lincoln: “Es posible engañar a todos por un tiempo, y también es posible engañar a unos pocos por mucho tiempo, pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”. Dicho en otras palabras, tendríamos el refrán que dice que “no hay mal que dure 100 años”. A lo cual respondía algún gracioso veracruzano: “Ni canijo que lo aguante”. En términos generales, esto es cierto. Los males finalmente se pueden revertir de una manera u otra. Pero no pasa espontáneamente, no ocurre meramente porque se alineen las estrellas y deje de haber una dictadura. Generalmente, tiene que haber algún tipo de reacción que permita cambiar las cosas. En parte, la dificultad viene de una serie de creencias del ciudadano, que le impiden reaccionar de una manera eficiente ante casos como los que estamos viviendo: la construcción, todavía incompleta, del totalitarismo. Una de ellas es el mito, que muchos ciudadanos creen, de que la solución de todos nuestros males está en los gobiernos. Si solo tuviéramos un buen gobierno, dicen algunos, las cosas serían diferentes. Lo cual no es necesariamente cierto. Las soluciones, generalmente, están en la propia ciudadanía y no en el gobierno. El otro mito es pensar en que el ciudadano común, el ciudadano sin partido, es un individuo inerme, débil y sin capacidad de reaccionar. Al que le llamamos él sin poder, el que no tiene manera de oponerse a una fuerza tan aplastante como puede ser la del Estado, y menos aún en el caso de un gobierno autoritario. La gran desconfianza del ciudadano en el gobierno, en los gobernantes, no se traduce en acciones. Y, finalmente, una fe ciega en las ideologías que tiene una buena parte del electorado, pensando que ellas son la solución para todos y que en general las mismas tienen respuestas válidas para cualquier tipo de situación, a la que se pueda enfrentar la Nación. No es sencillo y probablemente se requiera algún tiempo, pero la solución de fondo para revertir un totalitarismo bien instalado depende, básicamente, de una ciudadanía muy consciente de lo que está ocurriendo, instruida en temas de política e incluso en otros puntos como antropología y ética filosófica. Por otra parte, además de la instrucción, se requiere una ciudadanía con decisión, que esté dispuesta a hacer cosas concretas para evitar el avance del autoritarismo. El gran problema de nuestra situación actual es que tenemos un gran desánimo. El de todos aquellos que no estuvieron de acuerdo con las votaciones actuales y que se dan cuenta de que, a pesar de tener una proporción muy importante, del orden del 47 % de la votación, no están siendo tomados en cuenta. Porque los triunfadores han logrado, por diversos medios, quedarse con la decisión crucial: la de cambiar la Constitución que nos rige. Y ese desánimo, ese pensar que ya no hay nada que hacer, nos pone realmente en una situación de indefensión. Decía Benito Juárez, en el tiempo de las guerras de Reforma, que la oposición estaba moralmente derrotada. Y esta es una frase que ha vuelto a usar Andrés Manuel, nuestro anterior presidente. Suponiendo precisamente que ese desánimo, ese pensar que ya no hay nada que hacer, son el tipo más claro de derrota que puede tener una oposición. Y mientras no logremos revertir ese pensamiento de que ya no hay nada que hacer, será muy difícil evitar este totalitarismo que se está instalando en nuestro país. Se necesita que la ciudadanía tome papeles de distintos tipos. Habrá quienes tengan que participar directamente en la política, otros que influyan en la economía, y otros más que tendrán papeles en asociaciones intermedias. Aceptar que hay multitud de roles no partidistas que son necesarios y fundamentales para poder salir adelante ante una situación de autoritarismo. Nos encontramos, pues, en una división interna y mientras no logremos superar esa división, al menos en algunos conceptos, será muy difícil lograr que realmente hagamos una reversión de esta tiranía. Tendríamos, como ciudadanía, que dar un manazo en la mesa. Es decir, exigir que se nos tome en cuenta. Llamar de diferentes maneras a una unión, pero una en donde todas las partes que se deben de unir, cedan un poco y permitan espacio a los demás. Tenemos necesidad de mejorar, porque no bastan los eslóganes que se han estado usando como soluciones. Y todo ello, con una ciudadanía consciente, instruida y decidida, capaz de exigir que se respeten sus derechos. Antonio Maza Pereda

lunes, 25 de noviembre de 2024

Totalitarismo, el gran riesgo

“Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado” Benito Mussolini. Una de las expresiones más concisas de lo que significa el totalitarismo. Una corriente que no necesariamente es de izquierda o de derecha, como demuestran los casos de Hitler y Mussolini, y sus contrapartes, Stalin y Mao Zedong. Se trata de una situación donde el Estado ejerce un poder total, sin divisiones, donde no hay libertad. Un poder que penetra todas las estructuras de la vida pública, como decía otro ideólogo, Joseph Goebbels. Todo el poder para el Estado, sin limitantes, aunque el 46% de la población no esté de acuerdo. Hay señales muy claras cuando una sociedad se está orientando hacia el autoritarismo. Muchas veces se da un liderazgo carismático, que no se cuestiona, que siempre tiene la razón y al que se le sigue ciegamente, sin cuestionar absolutamente nada. Una situación en la que no existe espacio para la oposición. Un control absoluto, no solo de las acciones del gobierno: un dominio de la sociedad y, más importantemente, un poder sobre el pensamiento, donde no hay una opinión que discrepe, donde lo que se crea es un conjunto de creencias que son conservadas mediante represión. Represión masiva, que no es únicamente sobre algunos grupos. Una vigilancia generalizada, como la que tuvieron muchos de los regímenes totalitarios del siglo pasado. Con una policía secreta dedicada fundamentalmente a que los ciudadanos se vigilaran unos a otros, creando una cultura de la denuncia a todo el que pensara de manera diferente. Censura personalizada y completa, que no permite opiniones diferentes. Una propaganda asfixiante. En México no llegamos todavía a esto, aunque se puede decir que hay pasos en esa dirección. En nuestro país, el camino hacia el totalitarismo tiene antecedentes antiguos, procedente de los años 20 y 30 del siglo pasado, pero que no se llegó a concretar de una manera completa. Pero ya se están dando algunos pasos adicionales. En este momento, hay un control prácticamente total de las decisiones de la vida pública, desconociendo el hecho de que más del 40% de la población no estuvo de acuerdo con las ideas que sustenta la 4T. Su control de las decisiones de gobierno se ha vuelto casi absoluto y los pocos límites que podía tener y los contrapesos que podían funcionar, han sido demolidos o están en camino de serlo. Sobre todo, por la destrucción de los organismos autónomos, y la mediatización del Poder Judicial, que en la práctica ya ha quedado subordinado al Poder Ejecutivo, como lo estuvo en los tiempos de la dictadura perfecta que padecimos por más de 70 años. Esto no significa que ya estemos completamente en el totalitarismo. De hecho, es importante ver que hay diferencias en lo que es una dictadura y lo que es propiamente el totalitarismo. Y algunos aspectos a considerar para estar en esa situación, serían, por ejemplo: un control absoluto de la cultura, en el caso del totalitarismo. Así como la educación puesta al servicio del Estado, como una manera de adoctrinamiento, no para desarrollar capacidades de análisis y de discusión. Además, un control prácticamente absoluto de la información. Solo lo que dice el Estado es verdadero, se dice. Todos los demás son, como dice el próximo presidente Donald Trump. fake news, embustes. Un control sobre las creencias que llega en algunos casos de totalitarismo hasta intervenir en las religiones y la decisión de quiénes deben ser sus dirigentes. La imposición de una ideología única, y un ataque feroz para cualquier ideología diferente. En resumen, podríamos decir que todos los totalitarismos son dictaduras, pero no necesariamente todas las dictaduras llegan hasta el nivel del totalitarismo. La pregunta para la Sociedad es: ¿hay manera de vencer a un totalitarismo frente a esos retos enormes? En los extremos se han vencido a los totalitarismos mediante las guerras. Y esa es la historia de la Segunda Guerra Mundial, que fue el único modo de acabar con el totalitarismo de los nazis y de los fascistas. Pero, fuera de esos extremos militares, lo que ocurre es un derrumbe interno de esos sistemas. Y eso es lo que ha ocurrido en algunos regímenes totalitarios. Cómo pasó en Europa Oriental, en los finales del siglo XX. Las condiciones que se dieron fueron, por un lado, una resistencia basada sobre todo en la educación, el desarrollo de movimientos opositores, no necesariamente de origen político. También hubo un impulso importante de la cultura, incluso de una que se difundía clandestinamente, como fue el caso de las obras de Solzhenitsyn o de Boris Pasternak en la Unión Soviética, y en otro lado, las de Vaclav Havel en la República Checa. Algunas veces, curiosamente, influyó el apoyo de la tecnología. Por ejemplo, eso explica la primavera árabe que logró limitar, en algunos países, situaciones totalitarias. Por eso, en Venezuela, se ha limitado el uso de las redes sociales, precisamente para evitar el efecto de la tecnología. El ideal fue el caso de la “revolución de terciopelo” de la República Checa y de Eslovaquia. Donde se logró una transición pacífica, sin mayor dificultad, con una aportación importante de la ciudadanía. Encabezada por un poeta, Vaclav Havel. Que no podría considerarse realmente como un político de importancia. ¿Podrá nuestra ciudadanía desarrollar un cambio pacífico que limite el impulso hacia el autoritarismo que estamos viviendo? Antonio Maza Pereda

lunes, 18 de noviembre de 2024

¿De dónde?

Estamos en la temporada de final de año donde el Congreso tendrá que aprobar el presupuesto de ingresos y egresos del Gobierno Federal. Un evento que a veces ha llegado a ser traumático, incluso en algún momento, con el problema de que se cerró el periodo para la aprobación y todavía no se tenía un presupuesto aprobado.  

El gran resumen: los egresos se van a reducir en un 2% aproximadamente, con el propósito de lograr un control del déficit, el cual se propone que sea el 3.9% del PIB, que no es poco. Pero, el año que termina, llegó a ser  5.9 % del PIB, el déficit mayor en casi 40 años. De lo cual no tenemos una explicación clara de como se subsanó. Muy probablemente la mayor parte se logró a través de endeudamiento o renegociación de deudas. 

Hay recortes de todo tipo. Por otro lado, también se está suponiendo que vamos a tener un aumento en la recaudación del 2% anual. Lo cual suena muy bien hasta que consideramos que la inflación se espera que esté alrededor del 3.5% anual, según la meta de BANXICO. Sin embargo, para la mayoría de la población, este número resulta muy pequeño en comparación con la realidad que se vive en la vida diaria, donde los aumentos han sido bastante superiores a esa cifra. 

 Hay rubros interesantes en el presupuesto. Destaca el recorte importante en el gasto administrativo, en 16 de las 19 secretarías de Estado. Sin embargo, hay algunas excepciones. Por ejemplo, en el presupuesto de los Poderes de la Unión,  con aumento del 6.2%. Nos encontramos, en cambio, con que la Secretaría de Bienestar tiene un incremento del 2.3%. Un incremento superior al crecimiento de la población, que es ligeramente menor al 1% anual pero que, combinado con la meta de inflación programada, resulta un recorte en términos reales. 

Crece el gasto de vivienda en 138% comparado con el año anterior.  Aumento en las líneas de ferrocarril para transporte de personas y de carga. Mientras que, por otro lado, tenemos recortes importantes, por ejemplo, en la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina y la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Sin que tengamos una explicación clara de cómo es que se va a mejorar el tema de la seguridad y disminuir la impunidad, cuando se dan recortes importantes en las Secretarías que tienen injerencia en estos temas.  

Ocurrieron cosas como el así llamado lamentable error, que proponía recortes a las universidades públicas más importantes: la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y también la Universidad Autónoma Metropolitana; reducciones que causaron un gran alboroto y llevaron al Gobierno a decir que había ocurrido un lamentable error y que sí va a haber un incremento mayor. Sin que tengamos hasta este momento una idea clara de cuánto más va a ser el ajuste.  

Reducciones importantes en medio ambiente, en la cultura y en salud en aproximadamente 30% o más. Lo cual nos deja algunas dudas importantes: ¿Cómo se van a cumplir las ofertas de campaña y los 100 puntos establecidos por la doctora Sheinbaum, cuando propone recortes importantes en estos asuntos? 

Una de las dudas, que no han quedado totalmente aclaradas, es que el incremento en los ingresos que se está proponiendo resulta ser menor que el incremento de la meta de inflación que propone el Banco de México. Mientras los ingresos se espera que aumenten un 2%, la inflación estaría aumentando un 3.5%, dice BANXJCO.  

Claro que necesitamos un recorte para bajar el déficit. No se puede mantener constante un déficit así, a no ser que tengamos una economía con un desarrollo extraordinario. Estamos viendo, por otra parte, que los ingresos van a subir un 2%, menos que la inflación. Lo cual quiere decir reducción en términos reales.  

Nos encontramos también con que es de dudarse que lleguemos a que la economía tenga un crecimiento del 2%. En documentos del Gobierno Federal se habla de que para el año próximo se esperan incrementos en la economía de entre el 2 y el 3% y hay incluso algún documento que habla de un 3.5% de crecimiento. Cuándo, en realidad, el último semestre del año 2024 se espera que hayamos tenido un crecimiento en el orden del 1 al 1.5%. Y es lo que también están pronosticando algunos analistas privados, nacionales y extranjeros para el 2025 

¿De dónde va a salir el dinero para pagar estos egresos? Si la economía crece el 1% o el 1.5%, es claro que los ingresos deberán ser mayores que lo que está generando la economía. ¿De dónde va a venir el dinero suficiente para hacer esto? Y esto no lo sabremos hasta que no tengamos una idea clara del presupuesto de ingresos. 

 Se ha hablado y muchas veces, aunque no lo suficiente, de la necesidad de una reforma fiscal. Algo que nadie ha querido manejar en los últimos tiempos. Claramente, hay temor de muchos de los actores, precisamente porque no quieren comprometerse a decIr que vamos a requerir cambiar la estructura de ingresos del Gobierno Federal. Lo cual significa, al final de cuentas, mayores impuestos a la población en general y a las empresas. Que en su caso difícilmente podrán aumentar su aportación mientras la economía esté creciendo en el orden del 1.5%, o menos. 

Es correcto que se busquen recortes y evitar hacer gastos que no se pueden pagar. Es importante también reducir la velocidad con que está creciendo nuestro endeudamiento como nación. Pero no estamos considerando en ninguno de los supuestos el efecto que puedan tener la actuación de nuestros socios comerciales. Los riesgos en la renegociación del TEMEC, que influye muchísimo en nuestra economía y otros riesgos más, con la actuación del señor Trump. De modo que habrá que esperar y ver, verdaderamente con lupa, cuál va a ser el modo como se van a pagar estos egresos. 

Antonio Maza Pereda