¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

lunes, 29 de julio de 2024

Nada es gratis

 A veces la ciudadanía espera demasiado de los gobiernos. Partimos de un sofisma: que tenemos un gobierno rico. Y, por lo tanto, podemos seguir exigiendo cada vez más del Estado. Continuando el argumento, decimos que el ciudadano ya no puede dar más al gobierno. Claramente, no estamos dispuestos a contribuir en mayor medida. La realidad es que al gobierno no le alcanza para pagar lo que la sociedad le requiere. Aun en el supuesto caso de que se pudiera reducir la corrupción drásticamente. Lo cual requeriría mucho tiempo. Vamos a pensar en algunos temas que preocupan al ciudadano:

·       Tenemos una educación deficiente. Las mediciones internacionales nos señalan que ocupamos un lugar muy bajo en las mediciones de la educación entre los diversos países.  Si queremos mejorar nuestra capacidad educativa, hay que hacer un gran esfuerzo para capacitar a centenares de miles de profesores y mejorarles sus sueldos, para que no necesiten trabajos adicionales, sea en el sector educativo o en otros sectores, para poder cubrir sus gastos. Equipar las escuelas y mejorar sus instalaciones. Pagar a los profesores el tiempo fuera del aula, para que se actualicen, preparen sus clases, rediseñen y califiquen los exámenes, de modo que requieran al alumno pensar con mayor profundidad, en vez de tener evaluaciones por opción múltiple o similares, que requieren poco tiempo del maestro. Eso, en cuanto a gasto en dinero.

·       Otros gastos: los padres y madres de familia deben gastar tiempo en colaborar con los profesores y supervisar la labor de sus hijos. Lo cual les reduciría su tiempo laboral, y disminuiría su ingreso, o acortaría su descanso, lo que les limitaría su productividad y, a mediano plazo, sus ingresos. Además, el gobierno debe pagar a especialistas en educación que diseñen y supervisen nuevos métodos de enseñanza. Y nada de eso es gratis.

·       Otro ejemplo: el asunto de la seguridad ciudadana. Tenemos un número muy bajo de policías. Japón, uno de los países con más alto sentido cívico y respeto por el Estado de derecho, tiene 2.1 agentes por cada mil habitantes, mientras que, en México, donde no podemos presumir de respeto por la ley, tenemos solo 0.8 policías por cada mil habitantes, menos de la mitad por persona que en Japón. Eso, solamente en el número de elementos. Hay que considerar el equipamiento, entrenamiento e instalaciones de la policía, más su remuneración, que hace que cada agente pueda ser más eficaz. Y todo eso, por supuesto, cuesta. Al ciudadano le cuesta el tiempo y esfuerzo dedicado a denunciar las transgresiones a la ley y colaborar con los agentes del orden. Además del esfuerzo de vigilancia y auditoría ciudadana, que cuesta en tiempo y preparación del ciudadano. De nuevo, eso no es barato.

·       El asunto de la salud: otro campo donde tenemos deficiencia.  Hay un severo déficit de especialistas qué ha hecho que, en ocasiones, se inauguren hospitales y después no se puedan operar por no tener el personal necesario.  Poner al día la infraestructura es un tema recurrente.  El costo de medicamentos más avanzados, que todavía no se usan en México, es otra área.  Otros aspectos como la logística de abastecimiento, el personal de apoyo de enfermería y mantenimiento de las instalaciones, deficiente en muchos casos, hacen que no haya una actividad eficaz. Además de la programación de cirugías que, en ocasiones, es excesivamente tardada.  Por otro lado, es necesario que la población contribuya con hábitos de higiene, prevención de las enfermedades y apego a los tratamientos, para que la labor del médico pueda ser eficaz.

Se podría continuar con más ejemplos. Todos ellos tienen algo en común: nada es gratis. Todo va a costar en términos de recursos gubernamentales y también en esfuerzo de la población. Si, como ciudadanos, no estamos conscientes de esto, nos vamos a encontrar con que no hay recursos suficientes para dar atención mínima a la población. Desgraciadamente, es muy difícil que se mejore la situación en estos y otros temas sin una reforma fiscal y un cambio de fondo en la actuación de los gobiernos, apoyada por una participación mucho más activa de los ciudadanos.

Curiosamente, como lo vimos en las campañas electorales recientes, ninguno de los candidatos quiso tratar el asunto de que el gobierno requiere de mayores recursos, tanto en dinero como en apoyo ciudadano.  Por un lado, los políticos no quieren dar un papel más importante a la ciudadanía, más allá de su participación con el voto.  Por el otro, ninguno se arriesga a volverse impopular al dejar claro el hecho de que se necesitan, y se seguirán necesitando, mayores recursos.

 Ustedes y yo, ciudadanos, ¿estamos dispuestos a tomar la iniciativa de exigir más, pero también estar dispuestos a dar más? ¿Estamos preparados para pasar de una actitud de adolescente, que siempre está dispuesto a pedir algo más, pero poco dispuesto a tomar sus responsabilidades, para pasar a una actitud de adultos?  Claramente, estamos en el momento de hacernos responsables, en mucha mayor medida, de las necesidades de nuestro país. Si no estamos dispuestos a hacerlo, no tendremos derecho a quejarnos.

Antonio Maza Pereda

viernes, 19 de julio de 2024

México ante Trump: escenarios

 El fallido atentado contra Donald Trump, aumentó sus probabilidades de ganar las elecciones en los Estados Unidos. Ante esta situación, muchos de los analistas, tanto nacionales como extranjeros, se han dedicado a desarrollar diferentes escenarios. Es importante tener claro qué se entiende por ese concepto, que muchas veces es mal entendido. Este fue creado por una compañía de consultoría de los Estados Unidos, The Rand Corporation, en los tiempos de la Guerra Fría, principios de los cincuenta del siglo XX, cuando se le pidió a esa compañía, quien tenía un grupo muy poderoso de matemáticos, crear la estrategia de una guerra nuclear.

Ese grupo de matemáticos pensaron en un método que no incluyera aspectos matemáticos ni probabilidades, dado que no había historial de guerras nucleares. Y a eso le llamaron escenarios. Precisamente con la idea de que no se trataran de tomar demasiado en serio esos análisis, ni tratar de obtener de ahí decisiones firmes. Simplemente decir: “si tal situación ocurriera, entonces las consecuencias serían estas, y habría que actuar así”.

Este método no busca medir probabilidades. Se habla solamente de posibilidades, que no son necesariamente lo mismo. Este esquema, que ha sido muchas veces mal usado, se podría aplicar a la situación que podríamos tener frente al triunfo de Donald Trump, y ver cuáles son las consecuencias que podríamos esperar para nuestro país.

Es difícil definir algún número de escenarios. Para efectos de este artículo, se usarán solamente dos posibilidades y, de ahí en adelante, se podrían pensar en otras variantes. Un escenario sería el escenario Victoria Aplastante, donde Donald Trump triunfa con un amplísimo margen y además también gana en el Congreso; se queda sin contrapesos que le puedan impedir hacer su voluntad. Y a otro le podríamos llamar el escenario Manos Atadas, donde efectivamente gana, no por un margen muy abultado, pero pierde en el Congreso y, por lo tanto, sus contrapesos son  fuertes. En estos dos escenarios, veamos las posibles consecuencias para México.

En el aspecto de los inmigrantes ilegales: si ocurre la Victoria Aplastante, se volverían a endurecer las deportaciones.  Se pondrían nuevas reglas, fondos para impedir y limitar importantemente estas inmigraciones ilegales. Por otro lado, en un escenario donde Trump tiene las Manos Atadas, continuarían habiendo límites a la emigración, como lo hicieron los gobiernos demócratas, aliviando los peores aspectos de tipo político para conservar el voto de los latinos.

Otra área de consecuencias sería el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TEMEC). En la Victoria Aplastante, Trump ampliaría los obstáculos para México en el libre comercio. Por otro lado, en el escenario de las Manos Atadas, habría una negociación más ajustada a las necesidades de los tres países. Porque hay que reconocer que a los tres les conviene este Tratado. Aquí, posiblemente, también habría que enfrentar la presión de los sindicatos de los EE. UU., que son una de las fuerzas que apoyan a los demócratas y quienes se han quejado permanentemente de que las condiciones laborales en México son sumamente desfavorables para ellos. Y han insistido en que se puedan pagar mejores salarios a los trabajadores mexicanos.

La reubicación de empresas, el llamado Near Shoring que significa dejar de estar abasteciendo a Estados Unidos desde países muy lejanos y buscar su abastecimiento en zonas cercanas. En el escenario de la Victoria Aplastante, Trump seguramente tratará de capturar lo más posible de la producción de regreso a los Estados Unidos. En cambio, si tuviera las Manos Atadas, posiblemente le daría más impulso a la relocalización de las empresas cercanas al país.

El tema del narcotráfico: con la Victoria Aplastante, habría una presión más fuerte contra los narcotraficantes y, posiblemente, intervenciones militares en forma directa. Por otro lado, no es de esperar que se limitara el tráfico de armas, dado que buena parte de los votantes de Trump están en contra de que se pongan límites a la compra del armamento. Si tuviera las Manos Atadas, habría extradiciones de narcotraficantes, presionando a los funcionarios mexicanos para aumentarlas. Habría ataques encubiertos a los traficantes, sin una intervención abierta de las fuerzas armadas de los EE. UU. Ataques quirúrgicos, pensados para acabar con algunos líderes importantes. Con las Manos Atadas, habría alguna limitación de armas, que es una bandera de los demócratas.

 Finalmente, ¿qué ocurriría con las remesas? Es una manera de presionar fuertemente al gobierno mexicano. Las remesas legales son ya tan grandes como varios de los rubros de la economía mexicana. Tan relevantes como el petróleo y el turismo. Es un modo de presionar fuertemente al gobierno mexicano para que se haga la voluntad de Donald Trump. Posiblemente, se crearía una regulación limitante o impuestos a las remesas. Y, desde luego, con las Manos Atadas no se usarían las remesas como una manera de presionar al gobierno mexicano.

 Estos son solamente algunos ejemplos. Puede haber otros escenarios, sobre todo internacionales. La amistad de Trump con Putin, podría cambiar la guerra en Ucrania, y su amistad con Netanyahu alargaría el conflicto en Palestina. Para efectos de ilustrar el concepto, se comentan dos de ellos, pero es probable que pueda haber otras combinaciones. El gobierno mexicano no tiene total libertad de acción frente a una potencia tan importante como la de Estados Unidos. Y nuestras economías están tan fuertemente ligadas que no se puede olvidar que una depende en buena parte de la otra. Valdría la pena analizar otras opciones y, sobre todo, estar pensando desde ahora qué hacer en el caso de que se dé cualquiera de esos posibles escenarios, para no tener que estar improvisando. 

Antonio Maza Pereda

lunes, 15 de julio de 2024

Sociedad rota

 A riesgo de ser repetitivo, hay que volver a entrar al tema de la división en nuestra sociedad. Un quiebre, un enfrentamiento entre los miembros de esta. ¿Cuál es su origen? No es algo nuevo. Es cierto que determinadas tendencias políticas han influido más o menos; que algún presidente o dirigente ha aprovechado más este método, pero hay que decir que es un problema que viene de siglos.

 Nuestra sociedad, desde el principio de su formación, tuvo áreas donde había poca relación entre los distintos grupos sociales. Algo que viene de los tiempos de la colonia, donde el sistema de castas, que dividía a la población en diferentes tipos de personas, con diferentes derechos y privilegios. Desde los peninsulares, que tenían muchísimos derechos, hasta las castas indígenas o de origen afromexicano, las cuales tenían poquísimos.

También, aparte de este tema puramente racial, hemos tenido otras divisiones: de tipo económico, de estudios o de alcurnia.  Por ejemplo, cuando se habla de los pobres, depende mucho de quién lo está diciendo. Es muy posible que una persona de clase adinerada hable, por ejemplo, de un profesor de universitario, diciendo que es “un muerto de hambre”. Mientras que la gente con educación avanzada hable de los “burros cargados de oro”.

Una pregunta interesante sería: ¿ha existido realmente un esfuerzo serio por evitar este tipo de ruptura? Es muy difícil encontrar ejemplos. Se han creado cosas como el Instituto Nacional Indigenista, que supuestamente tenía como objeto mejorar la situación de los grupos indígenas. Pero muchas veces sus soluciones o apoyos resultaron ser acciones cosméticas, que tenían que ver con el modo de hablar o con el modo de tratar a las personas, pero no entraban al punto de fondo. Ese fue el caso del indigenismo, que en algunos tiempos intentaba lograr que los indígenas perdieran su cultura, con el pretexto de “civilizarlos”.

Veamos el apoyo a las personas discapacitadas donde, por ejemplo, la gran mejora que se ha hecho es: ya no decirles inválidos, sino que son personas con capacidades diferentes. Lo cual no deja de ser algo puramente cosmético. Algo en el lenguaje, que tiene alguna importancia, pero que no resuelve de fondo el problema. Por ejemplo: lograr que una persona con una discapacidad motora o visual, cuando obtenga algún tipo de empleo, reciba el mismo salario que alguien que haga trabajos similares.

O hablar de la gran división de nuestra sociedad, que se puede decir que todavía es mundial: la discriminación a la mujer en muchísimos campos, no solamente el laboral. Consideren el trato discriminatorio al género femenino, la poca apreciación por sus logros y la falta de tomar realmente en cuenta sus opiniones, que pueden ser valiosas y enriquecedoras y que no se están aprovechando. Y, por supuesto, en la remuneración. Pero eso sí: nos damos por muy satisfechos porque hablamos de hombres y mujeres, niñas y niños, ingenieros e ingenieras, presidentes y presidentas, como si eso ya resolviera realmente la ruptura de fondo. Y ese es un tema que es importante y que no se está atendiendo, más que de estas formas cosméticas.

Hay que tener muy claro que esto no va a ser una situación que se resuelva rápidamente. Aquí tenemos una cuestión relevante, pero que no ha sido urgente y, por lo tanto, se ha pospuesto de manera indefinida.

Tenemos que encontrar el modo de resolver este problema. Cuando se dan este tipo de rupturas, cuando se tienen este tipo de diferencias, es fácil que un populista, o incluso una persona de buena fe, pero mal orientada, sean escuchados. Simplemente, porque otros, tal vez con mejores ideas, con mejores orientaciones, no están actuando. No nos podemos quejar de que la población prefiera al demagogo, que aprecie sus dádivas, o apoyos. No es culpa de quien acepta esos beneficios, porque no han encontrado otros que les hayan dado algo que les permita aliviar un poco esa división.

En el análisis después de las elecciones en México, nos hemos encontrado muchas quejas en el sentido de decir que la gente votó por quién le diera más y que su actitud política era “estirar la mano” a ver cuánto les llegaba. Curiosamente, a muchos votantes no les importó si el gobernante miente o es inepto. “Otros, nos podían haber dado y no lo hicieron”, nos dicen. “Este, por lo menos, nos dio algo”, agregan.

¿Cuál es la solución? En el largo plazo, a la nación no le conviene esto. Probablemente, hay un problema de liderazgo. ¿Quién tiene el arraigo y el arrastre para encabezar el proceso de reducir esas fracturas? Difícilmente podemos confiar en la clase política. Todos los diferentes partidos se han dedicado con singular alegría a sembrar el odio y provocar la división, siguiendo la frase atribuida a Maquiavelo: “divide y vencerás”.

Tal vez algunos elementos del sector privado podrían tener ese papel. O las iglesias que, en general, salen mejor calificadas en las encuestas de confianza ciudadana, junto con las universidades.  Urge reunir a los mejores pensadores de este país para encontrar soluciones, aunque sean parciales, a esta división que nos aqueja. Y concientizar a la ciudadanía de que este problema es vital y hay que atender su solución. Urgentemente.

Antonio Maza Pereda

lunes, 8 de julio de 2024

¿Quién nos reconciliará?

 A más de un mes de las elecciones, la sociedad mexicana sigue con un ánimo rijoso. Algo entendible en aquellos que perdieron y por mucho. Está bien: que pidan su derecho; pero no está del todo bien el modo de hacerlo. Los perdedores, que no han logrado todavía entender claramente por qué perdieron, siguen aferrados a que es una elección de Estado. Lo cual probablemente es verdad. Pero que no es la única razón por la cual, una proporción tan importante de la población, votó por propuestas diferentes de las suyas.

Por otro lado, nos encontramos en la 4T una intención de radicalizar sus propuestas, escalando los ataques a la prensa, a los jueces, a los magistrados, y en términos generales, atacando a una parte de la sociedad: los que no quisieron votar por ellos. Con lo cual solamente están confirmando los temores que tenían parte de los ciudadanos, lo que pasaría si la 4T triunfara: que habrían ataques y antagonismos fuertes.  En medio de todo esto, no encontramos ningún intento de autocrítica. Es que la autocrítica no deben manejarla solamente los perdedores, sino también quienes ganaron.

Hay que entender por qué, después de tantas prédicas por ambos bandos, pidiendo una votación copiosa, seguimos teniendo una baja participación. Lo cual quiere decir: o que al votante no les importaron los resultados, o que no veía una diferencia clara entre lo que estaban ofreciendo los candidatos. Por otro lado, la 4T también debería de estar haciendo una especie de autocrítica. En el buen sentido de la palabra: no pensando de la crítica como algo que siempre es negativo. Sería muy importante entender también por qué ganaron. ¿Qué es lo que la votación les dice? ¿Cuál es el mandato de los ciudadanos?

 Resulta con que ahora quieren llevar a cabo, de manera acelerada, una parte de sus propuestas, que no fueron la razón por la cual ganaron. No es lo mismo pensar que ganaron porque la ciudadanía comparte toda su plataforma, que suponer que votaron por agradecimiento con los apoyos sociales, o que ganaron por tener muchos más promotores del voto que sus contrincantes.

Es importante que, los que ganaron, sepan exactamente qué es lo que quieren los votantes que los apoyaron. ¿Cuáles fueron sus razones? De otra manera, están haciendo supuestos que probablemente no funcionen. Por ejemplo: es muy claro que mucho de la votación fue una aprobación a los apoyos sociales. De lo cual, no hay la menor duda. Sin embargo, también es cierto que las encuestas disponibles dicen que cosas como el famoso “abrazos, no balazos” no cuentan con la aprobación de la mayoría de la población. Y que muchos hablan precisamente de que esa es de las tareas pendientes que tiene la 4T. Actualmente, lo que están proponiendo es meramente continuar con la misma política, y es muy claro que no están siguiendo un mandato que les da la sociedad.

¿Qué es lo que se está haciendo? Hay un desgano general. Una molestia porque la casta política, no está entendiendo las cosas. Es necesario realmente lograr una despresurización del sistema. De muchas maneras. Tristemente, ninguno de los partidos, está tratando de hacer un esfuerzo serio por entender por qué ganaron o perdieron las pasadas elecciones. Y mientras no se sepa de una manera clara, es muy difícil que cualquiera de ellos pueda actuar en consecuencia con lo que la ciudadanía está pidiendo.

Las preguntas son: ¿puede nuestro país realmente soportar esos niveles de enfrentamiento? ¿Cuál es la importancia de lograr una reconciliación nacional? No estamos viendo un esfuerzo importante para lograr tal reconciliación. Y esto es extremadamente necesario. ¿Quién nos reconciliará? Por décadas tuvimos un sentido de nacionalidad, una hermandad, que no viene solamente de la educación, sino que procede de las acciones del día con día. ¿Cómo recuperarlos?

Necesitamos algunos acuerdos básicos. ¿Quién nos ayudará a reconstruir el patriotismo? Empezando porque, el concepto mismo, no nos queda muy claro. En aspectos éticos, si quiere usted, también en asuntos religiosos: acordar el sentido del bien y del mal, que es algo que se nos ha perdido. Lo que podemos llamar bondad o maldad, es uno de los acuerdos mínimos que toda la población debería tener muy claro. También el Estado de derecho, tan golpeado en nuestro país, tan perdido como concepto, que no tenemos claro y no sabemos realmente cómo recuperarlo.

¿Cómo podremos lograr esta reconciliación? El primer punto es, seguramente, tener claro qué hace falta. Hay que reconocer que no tenemos una unidad nacional que nos permita ir adelante. Y que seguir atizando la división entre los mexicanos, no puede crear la concordia que nos permita mejorar.

Para algunos, el asunto parece prácticamente imposible. Nos hace falta un Gandhi, y no se ve alguno en el horizonte.  No falta quien dice, un poco en broma y un poco en serio, que solamente un milagro de la Virgen de Guadalupe puede volver a reconciliarnos a los mexicanos. Es posible que algo de esa magnitud haga falta.

Pero eso no quiere decir que debemos sentarnos a esperar a ver si el milagro ocurre solo. Es necesario aportar buena parte de nuestro trabajo, de nuestra vida, de nuestra actividad, para lograr precisamente esta clase de resultados. Y, además, con prisa. Urge lograr esta reconciliación

Antonio Maza Pereda

lunes, 1 de julio de 2024

Debates

Como algunos, he estado proponiendo como una solución para la educación política de nuestra sociedad, y también para ayudar a la toma de decisiones en las elecciones, implementar y generalizar el uso de debates. Buenos debates, abundantes debates.  Debatir propuestas, debatir situaciones, debatir capacidades de los candidatos.

Sin embargo, al ver el triste resultado del debate en los Estados Unidos entre los dos candidatos a presidente, tal vez debería revisar mis ideas. Los resultados de ese debate fueron muy pobres. Se dedicaron básicamente a atacarse el uno al otro, incluso por temas intrascendentes, como quién jugaba mejor al golf. Como si jugar al golf, fuera una cualidad para ser presidente, o demostrase su capacidad para tomar decisiones.

Hubo, además, abundancia de noticias falsas, desgraciadamente de ambos lados. Con la idea de tratar de convencer a los que ya están convencidos de sus embustes. ¿Cuál fue la credibilidad de este tipo de declaraciones? Por ejemplo, cuando el señor Trump declaró que Estados Unidos es un país tercermundista. ¿Alguien, con un mínimo conocimiento de la economía, puede sostener esa falsedad?

¿Cómo fue la credibilidad de estos debates? Se extraña el pensamiento lógico, un análisis crítico de las situaciones. Se dedicaron básicamente a la inteligencia emocional. Con la cual es muy difícil tomar buenas decisiones. Aunque mucha gente asegura que es el modo ideal para hacerlo. No cabe duda de que buscaron manipular al auditorio, a una población que tiene dificultad para entender la lógica y que se apoyan en una visión superficial de la política.

Lo que estamos necesitando, realmente, es pensamiento crítico. Debatir debería ser un ejercicio de lógica. No un torneo de engaños. Es necesario aprender a reconocer las mentiras. ¿De qué manera? Reconocer los embustes es difícil. Tenemos pocas herramientas para hacerlo. El pensamiento crítico, sobre todo, es muy útil. Es algo que, aunque se enseña en las escuelas, sobre todo en países donde está muy arraigada la democracia, la mayoría de la población no sabe manejarlo. Desgraciadamente.

 Deberíamos de tener, frente a las declaraciones de los políticos, desconfianza. Un sano escepticismo. Creerles, hasta que nos hayan dado una demostración. Hasta que podamos decir que nos han probado sus afirmaciones. En ese tipo de debates trataron de crear impresiones, no de presentar hechos. Que es precisamente lo contrario de lo que un debate debería ser: un examen de ideas.

 Una solución a largo plazo es desarrollar en la población el modo de analizar y tener criterios de credibilidad, lo que es complicado. Algunos están proponiendo y transmitiendo análisis basados en el lenguaje no verbal. Lo cual no está mal: al analizar un debate, puede ayudar a decir quién está sorprendido, quién está angustiado, quién está dudando, y quién está mintiendo. Y eso puede ser útil. Pero, es un lenguaje que no puede ser manejado por la mayoría de la población.

Claramente, los medios tienen que jugar un papel en la credibilidad de los argumentos debatidos.  Deberían contribuir de modo importante en ese análisis. En el debate en Estados Unidos que comento, los que verdaderamente hicieron una buena tarea fueron los moderadores, que presentaron preguntas relevantes y, cuando alguno de los candidatos se estaba saliendo del tema, le decían: “Señor, le quedan tantos segundos y todavía no responde la pregunta”.  Con lo cual se manejó de una manera correcta el debate. Porque otro modo de debatir, para no contestar, es olvidarse de lo que se está debatiendo, ignorando la posición del contrincante y dedicarse a su propio rollo sin responder al otro. Que fue lo que estaban haciendo los candidatos.

Hay que hacer una campaña importante de educación, empezando posiblemente por los comunicadores, para que comprendan en dónde están las fallas y cómo tener credibilidad al debatir. Contra esto nos encontramos con que la población se ha transformado, de alguna manera, en grupos que ya tienen lo que Edward de Bono llamaba “las burbujas de lógica”: personas o grupos que creen que la verdad consiste en aceptar solo lo que confirma sus creencias, que lo lógico es solo lo que ya creen.

¿Hay que abandonar los debates? No lo creo. Hay que mejorarlos, aprender a llevarlos a cabo, sea de manera oral o por escrito, y adquirir las habilidades de pensamiento crítico. Y no perder la esperanza: los seres humanos fuimos creados con la capacidad de razonar, y podemos recuperar esa habilidad. Solo hay que alimentarla con lógica, buenos argumentos e información de calidad. Se puede. Hay que hacerlo realidad.

Antonio Maza Pereda