Un espacio para reflexionar sobre las consecuencias de largo plazo de las decisiones de las administraciones públicas, privadas y sociales. Su enfoque es mayormente estratégico, y su método es el de las proyecciones de tipo cualitativo, con los criterios de la creación de escenarios. Su ambición es la de ir más allá de la exposición y ser un espacio libre de discusión de los interesados en este tema.
¿Porqué Cuenta Larga?
¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.
Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
viernes, 24 de abril de 2026
Errores y su justificación
Errar es de humanos; perseverar en el error, es diabólico, decían los romanos hace siglos. En estas últimas semanas, han estado apareciendo consistentemente en los medios escándalos sobre diferentes tipos de errores, algunos graves, otros no tanto. . Esto es lo que hemos visto en días recientes, por ejemplo, en el desastre ecológico en el Golfo de México que, finalmente, después de haber estado negándolo y justificándolo de distintas maneras, se llega a saber qué ocurrió. O el descarrilamiento del ferrocarril interoceánico, con víctimas fatales, que se comunicó de modo parecido.
Obviamente, los errores que más se publican son aquellos que se achacan al gobierno, porque generalmente son más mediáticos. Ahí, la cultura de la justificación está más arraigada. Nos avergüenzan los errores y tratamos de evitar que se sepan. Al cometer algún error, buscamos justificarnos y echarle la culpa a alguien más. De esa manera, nos perdemos la posibilidad de aprender de nuestros errores: analizarlos para aprovecharlos.
Esto tiene que ver con el miedo a las consecuencias. Que se nos culpe de la falla, por ejemplo. Creemos que quienes pagan los errores no son normalmente los directivos, sino el personal del más bajo nivel. Pero, al justificar las fallas, no estamos aprendiendo de ellas. Si no hay aprendizaje, los errores continúan y se vuelven cada vez más graves. Al retrasar la solución, sus efectos son mayores. Aquí hay un problema fundamental: falta de confianza y temor al desprecio público. Más entendible en el gobierno, que está siendo escrutado permanentemente por los medios, que buscan mejores resultados de audiencia cuando muestran errores y atacan fuertemente a quienes, presuntamente, los cometieron.
El gobierno espera el ataque de sus opositores y eso hace que sienta necesidad de ocultar las fallas. Pero esta cultura se da también en otros campos: las empresas, familias, escuelas, organizaciones no gubernamentales o filantrópicas. Ocultan sus fallas por temor a ser criticados. Un asunto que probablemente se ha convertido en una parte de nuestra cultura. ¿Cómo lograr cambiarla? Aceptando nuestros errores, los cuales no reconocemos por temor a que las consecuencias sean más graves que la falla misma.
Una metodología sencilla para analizar las fallas, se ha llamado la autopsia de los errores. Entender qué es lo que está ocurriendo, tener una visión clara de esta situación, qué parte era previsible y cual inevitable. Cómo reaccionar más rápidamente o limitar el daño. Ver qué era previsible y, por lo tanto, que se puede hacer para evitarlo en el futuro. También distinguir cuáles son los errores graves y los leves, cuales frecuentes y cuales no, con lo cual concentrar nuestros esfuerzos en donde obtengamos los mayores resultados posibles. Sin echar culpas a otros.
Pero hay otro tipo de autopsia, también importante: la autopsia de los logros. Los partidos políticos, por ejemplo, no siempre tienen claro, cuando llegan al poder, que no es que ellos ganaran, no es que sus propuestas fueran mejores y la gente los quiera mucho, sino que sus opositores eran tan malos, que el electorado no quiere ni oír hablar de ellos. Necesitamos aprender y enseñar a administrar el error. Mientras no aprendamos de las fallas, no las podremos resolver. Y esto es importante en todos los campos. En el fondo, se requiere reconstruir la confianza entre las organizaciones, el electorado y los individuos, para cambiar la cultura de la justificación. Ahí está la solución a este problema.
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