¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

viernes, 6 de marzo de 2026

¿Machismo o patriarcalismo?

Como todos los años, el 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, el 8M. Un tema donde ha habido mejoras y logros más importantes y profundos en los siglos XX y XXI que en milenios de historia de la humanidad. Ahora se está hablando en términos que tampoco son nuevos, pero que han tenido poca difusión fuera de medios muy especializados. Recientemente, se ha introducido el asunto del patriarcalismo como algo complementario al tema, muy tratado, del machismo. Un punto viejo, pero que no estaba siendo visible. ¿Qué es el patriarcalismo? Es la forma como se organiza la sociedad, como se ha manejado, verdaderamente, en toda la historia escrita de la humanidad, si no es que desde tiempos anteriores. Es una manera de actuar que hace ver como normal muchos de los aspectos de discriminación que padece la mitad de la humanidad. Ante eso, ¿qué deben hacer las mujeres? Honestamente, no lo sé. No me atrevo a opinar. ¿Podría yo darles algún consejo que les dé mejores resultados que los que han logrado en estos últimos siglos? Claramente, no. Pero es importante considerar que el tema del machismo y del patriarcalismo es un problema de todos. No es un inconveniente solo para las mujeres. Es un asunto de la humanidad. Hay que hablar de lo que debemos hacer los hombres al respecto. Ahí, pudiera tener alguna opinión. Muchas veces se ve como una solución a estos asuntos de discriminación de género, lo que algunos llaman el patriarcalismo benévolo. Es un patriarcalismo que pone al hombre a cargo de aspectos sociales, desde la familia hasta los países. Pero en donde el hombre trata bien a la mujer, la cuida, la protege, pero de fondo no le da plenamente su lugar. Es benévolo. Sin embargo, tratar a la mujer como una menor de edad es, claramente, uno de los problemas más importantes. El patriarca benévolo ve a la mujer como valiosa pero frágil, alguien que necesita ser protegida. Ponerla en un pedestal; sin embargo, ese pedestal a la vez le limita su libertad. Es algo difícil de enfrentar, precisamente porque no hay un daño inmediato, visible y claro, como lo puede haber en un machismo violento. ¿Qué hacer? Desgraciadamente, tanto las familias como organizaciones e instituciones ven al patriarcado benévolo como la solución, pero dejan de lado el aspecto central: ¿Quién está al frente? El patriarca, indiscutiblemente. Y, por cierto, no necesariamente el patriarca solamente trata como inferiores o menores de edad a las mujeres, sino también, muchas veces, a los hombres de menor relevancia dentro de su grupo social. Recuerdo, hace algunos años, una conversación que tuve con una buena amiga, compañera de trabajo, quien años después de que trabajamos juntos, fue nombrada la primera mujer rectora de un campus en el sistema del Instituto Tecnológico de Monterrey. Hablando de situaciones de la vida diaria, comentaba ella que se da la situación de que el marido está más que dispuesto a colaborar con la esposa en todo lo que haga falta. Pero ella decía: “No es nada más colaborar, ¿de qué te vas a responsabilizar?” Y esto es algo sumamente importante. Se trata de asumir responsabilidades. Y rendir cuentas de ellas. Mucho más que solamente colaborar. Para la mujer es más fácil entender en dónde tienen que ocurrir los cambios. Finalmente, ellas son las que han ubicado con claridad el problema y lo padecen en carne propia. Mientras que los hombres hemos estado muy cómodos con nuestras situaciones, incluso en el caso de que seamos patriarcas benévolos, y no vemos la urgencia de lograr un cambio. Tenemos que ir más allá del aspecto de la colaboración y lograrlo en áreas muy concretas, muy prácticas, en la familia, en las situaciones de trabajo, en la política, en la sociedad. Ir más allá de lo que hace el patriarca benévolo, que siente que hace su gran colaboración a la promoción de la mujer, porque le da “permiso” de hacer lo que tiene derecho y necesidad de llevar a cabo. El que, benévolamente, permite a la mujer que actúe en una sociedad moderna, de manera que tenga acceso a los beneficios y logros que esta sociedad ofrece. Hay que hacernos propietarios del proceso de cambio. Encontrar la manera de medir si verdaderamente están habiendo resultados y de rendir cuentas de esas responsabilidades que hemos aceptado. ¿Es posible? Yo creo que sí. Lo que no sé es qué tan rápido puede ocurrir. Hay mucho en juego y hay cambios que están ocurriendo muy rápidamente. A aquellos que pueden, realmente, ser considerados como machos, incluso machos agresivos, les va a costar mucho trabajo aceptar esta situación. Lo que se requiere realmente es una colaboración plena. Responsabilizarnos, hombres y mujeres, por este cambio en la Sociedad. Puede parecer que la solución de fondo a esta división entre hombres y mujeres es dejar que actúe el amor. Pero no basta. El patriarca benévolo es cariñoso, amoroso, hasta tierno. Pero desde su situación de superioridad. Como amas a una niña, pero sin auténtico respeto. Se necesita respeto a sus cualidades, a sus puntos de vista, a sus necesidades. Una combinación de amor y respeto. Y que esa combinación nos lleve a vencer el miedo. Porque es claro que los hombres tenemos pánico de abandonar nuestro papel de patriarcas. A veces por temor al conflicto. Es más fácil quedarse callado o evitar el combate a través de algún chiste, como un modo de ocultar el problema. También tenemos miedo a nuestra incompetencia. No es fácil aceptar que no podríamos atender debidamente a los hijos o a los ancianos. O en cosas mucho más simples como, por ejemplo, el abastecimiento de la familia. Se trata de hacernos verdaderamente responsables. No meramente acompañar a nuestra pareja a sus compras. Más de fondo: Tememos perder nuestro estatus. Claramente, no será fácil ni rápido. ¿Cómo puede colaborar el varón, el ciudadano particular, para apoyar el cambio en su círculo de influencia? Habrá que lograr cambios pequeños, pero significativos. Cómo mostrar desagrado por los chistes que ridiculizan a las mujeres. No aceptar que las interrumpan en una conversación de trabajo sin escuchar su opinión. Cómo no permitir que los hombres se apropien de sus ideas y las presenten como propias. Cambios pequeños, pero importantes, que van modificando la cultura. ¿Habrá otros? Seguramente. Habrá que pedir a las mujeres que nos los señalen.

viernes, 27 de febrero de 2026

Posverdad

En una época de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario. Atribuido a George Orwell Seguramente, estamos viviendo el ocaso de la verdad. Esta es una sólida metáfora: conforme avanza el ocaso, vemos con menos claridad, y cuando termina, es difícil que veamos algo sin un apoyo. La posverdad es el nombre que se le da a este ocaso. Ahí, la verdad es menos apreciada y percibida. “No existe la verdad”, nos dicen. La consecuencia es la desconfianza en lo político o social, en la vida diaria. “Todos son iguales de mentirosos”, decimos. De ahí las teorías de la conspiración. Ejemplos: Los días pasados, después del discurso a la nación del presidente Trump, hubo análisis detallados de los aspectos en los cuales se desconfía de lo que se dijo. En otro caso: la detención de uno de los principales narcos del país, cuando la señora presidenta dijo que el gabinete de seguridad haría la declaración oficial, eso fue interpretado de muchas maneras: que, en realidad, las cosas habían ocurrido de otro modo, que hubo intervención extranjera y que el fallecimiento del detenido fue con el objeto de hacerlo callar. En este ambiente de posverdad, no es de criticar a quienes desconfían. Es una consecuencia lógica, si no se cree en la verdad. Todas las declaraciones, no importa de quién sean, siempre estarán puestas en tela de juicio. No se trata de un problema religioso, como muchos piensan. No se trata solamente de que es una traición a los Diez Mandamientos. La falta de veracidad es un problema civil. Es un problema de la Sociedad en su conjunto. No se puede construir una sociedad sobre la base de que la verdad no existe. Creemos que todos, por definición, mienten. Somos víctimas de esa desconfianza. Casi sin excepción, todo político nos dice: “Yo no les voy a mentir”. Implícito está el mensaje: “Los demás, sí”. Porque, claramente, lo que quieren son personas crédulas, que les puedan hacer caso siempre. Lo vemos con políticos, con empresarios y con dirigentes. Seguramente, es una declaración de quien ya está en el ocaso de la verdad y busca aprovecharla. Casi, sin excepción. El ciudadano común tiene pocas herramientas para hacer que la Sociedad cambie. Una y otra vez a, lo largo de estas páginas, he insistido en la necesidad de debatir. No basta con hacerlo. A veces en nuestro medio confundimos un debate con un torneo: a ver quién dice más insultos, quién es más agresivo. Y eso no es lo que importa. Hay buenas prácticas que podemos usar para tener mejores debates. Una muy recomendada pero pocas veces ensayada, es usar el pensamiento crítico. En su concepto original, la crítica es un examen de las ideas para poder definir cuál es la más confiable. Y ese es el punto. No podemos seguir confundiendo el ataque con el debate. Tenemos que aprender a debatir. Pero, también, a conducir un post debate. Una vez terminado este, los asistentes discuten qué ocurrió, cuáles fueron los argumentos, cuáles tuvieron más peso. Cuáles son, por otro lado, las falacias que se usaron. Analizar el debate, para aprender del mismo. ¿Se trata de ser escépticos? De alguna manera, sí. En el ocaso de la verdad, tenemos que defendernos con un sano escepticismo. No se trata de desconfiar por desconfiar. Queremos juzgar a las ideas, no a sus ponentes. Pero hay que tener en cuenta que estamos entre personas y grupos que, de una manera científica, están buscando confundirnos y mover nuestras decisiones en la dirección que a ellos les importa.

viernes, 20 de febrero de 2026

Ilusos

Iluso: Propenso a ilusionarse con demasiada facilidad o sin tomar en cuenta la realidad. Diccionario de la Lengua Española Hemos tenido en las últimas semanas mucha diversión para los usuarios de las redes sociales. Temas como el libro “Ni Venganza ni Perdón”, donde se retratan conflictos internos de la 4T. También nos informaron de importantes funcionarios, atrincherados uno en el Centro de Investigación y Docencia Económica, el otro en la Secretaría de Educación Pública, negándose a aceptar que han sido despedidos. Y esto, además de los cambios y reubicaciones de servidores públicos de muy alto nivel, en las semanas pasadas. Los medios han tenido mucho trabajo para comentar estos asuntos. Se dice que son las típicas patadas bajo la mesa, que ya no están siendo tan ocultas como eran. Y algunos de la oposición están contentísimos. Muy ilusionados. Los comentaristas están haciendo un festín de toda esta información. Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, dicen algunos, se está empoderando. Otros están hablando de una guerra civil dentro de la 4T y predicen una implosión a corto plazo. Además de otros asuntos, como por ejemplo las presiones de tipo político y económico de parte del señor Donald Trump y los problemas que tiene la 4T con sus partidos aliados a propósito de la Reforma Electoral. ¿Será cierto? Supongamos que sea así. ¿Quiere decir que en automático va a cambiar la situación en nuestro país? ¿Que la oposición ganará sin tener una propuesta clara? ¿Sin tener un programa para ganar las elecciones intermedias y las del año 2030? La realidad es que estamos viviendo un sistema de gobierno, que es el autoritarismo. Un sistema que tiene por lo menos 500 años, o pudieran ser hasta 700 de antigüedad. Han cambiado las formas, tal vez la ideología, pero no el modo de gobernar. Agréguele usted uno de los parámetros de los fundamentos del autoritarismo, el hecho de que a las personas se les coloca en sus puestos exigiendo un 90 % de lealtad y un 10 % de capacidad. Como ocurrió desde la Colonia hasta nuestros días. Nada nuevo. Hace casi un siglo, Manuel Gómez Morín, fundador del Partido Acción Nacional, y un intelectual considerado entre los más valiosos en el país, en su época, tuvo un dicho que resulta muy interesante y que se aplica a nuestra situación actual. Él decía: “Que no haya ilusos para que no haya desilusionados”. ¿A qué se refería? Hablaba de una situación parecida a la que estamos viviendo ahora. Hay muchas personas que se hacen ilusiones de un cambio sin esfuerzo, simplemente porque cambien las situaciones en el exterior o porque el gobierno actual se autodestruya. Y eso se presta, por supuesto, a grandes desengaños. El fondo del asunto es que necesitamos responsabilidad ciudadana. Los ciudadanos, sobre todo aquellos sin partido, debemos tener una visión clara de lo que está ocurriendo. Necesitamos saber de política, entender las consecuencias de las decisiones de Estado, debatir, buscar propuestas, encontrar posibilidades, cada cual desde su lugar, todos en la medida de sus capacidades. Eso es lo que realmente nos está haciendo falta. Mientras no veamos una reacción vigorosa de la ciudadanía, tratando de desarrollarse, de formarse, de informarse, de opinar y de debatir los hechos que ocurren dentro del gobierno, como los de los últimos días, esas situaciones seguirán sirviendo para divertir a muchos y para ilusionar a otros.

viernes, 13 de febrero de 2026

Una nación enferma

No me estoy refiriendo al brote de sarampión que estamos padeciendo en este momento. En principio, se le está dando suficiente atención. No como en situaciones pasadas. No, se trata de otro tipo de enfermedades. Las que son de la Nación, que no son solamente del gobierno, sino de la Sociedad. Como en cualquier enfermedad, hay que partir de un buen diagnóstico, atender su curación, continuar con medidas de prevención para evitar que el mal se vuelva a reproducir y, finalmente, la reconstrucción: cómo se remedian los daños que haya causado esta enfermedad. Y esto no es tan obvio en los problemas de salud social. Necesita un diagnóstico que requiere especialistas, lo que no es un problema difícil. En nuestro país hay suficientes personas pensantes que pueden apoyar a la Sociedad para hacer este tipo de diagnóstico, pero es necesario que el mismo venga de personas imparciales. No es deseable que lo haga el propio gobierno, porque son también parte de la enfermedad. Tal vez uno de los problemas más graves que tenemos, el enemigo de la amistad social, sea el autoritarismo. Un modo de ser muy extendido que hay en el país, muy probablemente desde su nacimiento y desde antes aún, en los tiempos prehispánicos, donde el autoritarismo era la regla. Esto lo tenemos hoy de muchas maneras. Lo encontramos en las escuelas, en todos los niveles, por supuesto en la familia, en los trabajos, en las relaciones entre dirigentes y colaboradores, en los sindicatos, en el gobierno, en las relaciones entre los propios gobernantes y hacia la población. Otra enfermedad es la violencia. Que se da de muy diversas maneras y no únicamente aquella que se reporta en los medios. La que encontramos en el hogar, en el trabajo, en la calle y, por supuesto, la de los crímenes mayores. Que afecta a una parte importante de nuestra población y que no se han encontrado soluciones de fondo, a corto o largo plazo. Una enfermedad particularmente compleja es la discriminación. Que se da en muchos campos, a través de la sociedad: en las familias, en las labores económicas y también a veces en aspectos de tipo religioso o educativo. Excluye a grupos completos de la población, de diferentes maneras: raciales, por edades, por sexo o por creencias religiosas o políticas. Es difícil de erradicar. Y genera estratos sociales dañados, muy difíciles de sanar, mientras no se reconozca que efectivamente existe una discriminación que impide salir de esta situación. Tal vez la enfermedad más extendida e importante sea una irresponsabilidad frecuente. Cada vez que se le hace algún señalamiento a políticos, a empleadores, a cualquier otro grupo social, la respuesta inmediata es negar el asunto. Después, asignarle la culpa a alguien más. Y esto es algo que se está extendiendo. Claramente, no es que todos sean irresponsables, pero abundan. Y ese es un asunto mayor. Seguramente hay más de estas enfermedades que tiene nuestra Sociedad. Hay poco análisis. La curación se deja al azar. Casi nada de prevención, y mucho menos de reconstrucción del tejido social. De poco sirve seguir echándole la culpa a los gobiernos o a distintos grupos sociales, sin entrar a una solución de fondo. Aquí hay tarea para la ciudadanía.

viernes, 6 de febrero de 2026

¿Creceremos?

En días pasados hubo el anuncio de un crecimiento relativamente menor del PIB durante 2025, en el orden de un 0.7 %. Un resultado que es ligeramente menor que el crecimiento de la población, lo cual quiere decir que no hemos tenido un crecimiento importante. Después vinieron una serie de pronósticos para el 2026. Algunos economistas pronostican un crecimiento del 1%; hay otros que pronostican algo más cercano al 3 %. Resulta curiosa esa diferencia de crecimiento. Ciertamente, la economía no es una ciencia exacta. La base de este pronóstico optimista son las promesas de inversión que se esperan del sector privado y del sector público. Y los conceptos ideológicos de los pronosticadores. La base de todo esto viene de un plan del gobierno, interesante, llamado Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, donde se propone una inversión de 5.6 billones de pesos (millones de millones de pesos), en el lapso de 5 años, de aquí al año 2030. Lo cual generará 400,000 empleos directos en el año 2026. Estamos suponiendo que bastaría con tener más infraestructura para que, en automático, la economía crezca. Lo cual también significaría que en México tenemos una inversión importante, dispuesta a arriesgar, pero que no lo hace porque no hay infraestructura suficiente. Habría que demostrar que esto efectivamente ocurre así. Y que no hay otros hechos, como podrían ser los factores de mercado o la inseguridad, tanto jurídica como en el aspecto de la violencia, que hay que considerar. Si estamos hablando, por ejemplo, de crear 400,000 empleos en 2026, suena como un número impresionante. Pero, por otro lado, si lo comparamos con la población económicamente activa de México, que es de 61.9 millones de personas, estamos hablando de un crecimiento que no llega al 1 % de esa población. Ante esta incertidumbre, hay que plantear escenarios. Un método que no es fácil de usar, y que en México se utiliza poco. Esa técnica considera fuerzas impulsoras. Para este caso, la primera es el éxito en la negociación del Tratado TEMEC. Un punto fundamental: si no se logra una buena negociación, es muy difícil pensar en que los pronósticos de crecimiento importante se cumplan. Otra fuerza impulsora es el cumplimiento de las promesas del sector privado. Y la tercera fuerza es el crecimiento de la economía de los Estados Unidos. Porque, aun si funciona bien la negociación y se cumplen las promesas, si nuestro mercado más relevante de exportación falla, será muy difícil lograr un crecimiento económico notable. Si esas tres fuerzas se alinean favorablemente, el plan es viable. Si no, su éxito es dudoso. Tal vez el concepto más difícil, pero el que está más en las manos del gobierno mexicano, es lograr la confianza de los inversionistas. Pero hay que atender una dificultad. Todas las inversiones tendrían rectoría del Estado y en todas la iniciativa privada será minoritaria. En esas condiciones, probablemente sea complicado obtener inversionistas que estén dispuestos a arriesgar su dinero para invertirlo en algo que ellos no controlan. Habrá que esperar. Hay que aplaudir la idea de tener una planeación importante, pero hay que pensar que la planificación en sí no es más que el primer paso. Habrá que esperar a la implementación. Por el bien de México, que tenga mucho éxito.

viernes, 30 de enero de 2026

Confianza… o falta de ella

“La confianza es la expectativa que surge, en una comunidad, de un comportamiento regular, honesto y cooperativo basado en normas compartidas.” Francis Fukuyama, en su libro Trust Fukuyama, investigador estadounidense y ensayista en temas sociopolíticos, hace un estudio interesante de diferencias entre países similares con diferentes grados de confianza entre los miembros de la Sociedad. Por ejemplo, hace una comparación entre el norte y el sur de Italia y la correlación con su éxito económico. En esa y muchas otras comparaciones, hay una gran relación entre el nivel de confianza y la prosperidad. Él llega a la conclusión de que la confianza en la Sociedad es un indicador importante del éxito, del reparto de la riqueza y la preocupación por el bien común. No solo se trata de confianza en el gobierno, sino también entre todos los miembros de la Sociedad. Cuando estamos en un ambiente de violencia, el gobierno eliminando los límites y contrapesos a sus acciones, hay motivos para la desconfianza. Un caso. Tenemos escasa inversión privada. Se supone que crecimos el año pasado algo menos del 0.7 % del PIB. No es una tragedia, pero crecimos menos de lo que crece la población. Y eso va a significar menos dinero por individuo. Las promesas de inversión privada, que se hicieron públicamente, ¿se están cumpliendo? El nearshoring, una gran oportunidad, ¿está ocurriendo? Casi toda la inversión, es retención de utilidades. Menos mal. Quiere decir que no está habiendo fuga de capitales. Pero no entra dinero fresco. Algo está impidiendo la inversión. ¿Será la falta de confianza? Creo que sí. Esta no se da por mandato, ni a través de la mercadotecnia política. La confianza se gana. Se construye con el cumplimiento de las promesas y con el reconocimiento de los errores. El autor sostiene que una falla fundamental en el análisis sociopolítico actual es que el debilitamiento institucional es atribuido exclusivamente a errores del Estado, malas políticas públicas, liderazgos incompetentes, directrices legales deficientes. ¿Le recuerda algo a usted? . Las instituciones no operan en el vacío, dice el autor. Su eficacia depende de la confianza existente en la sociedad. Un pendiente en nuestra sociedad es reconstruir la paz. Pero, ¿realmente es posible construir la paz sin confianza? Generalmente, estamos buscando que alguien más provea la paz. Y no nos vemos como constructores de esa confianza. La culpa de la falta de confianza casi siempre la achacamos a los demás. Pero deberíamos estar tratando de hacernos dignos de ella. Además de ayudar a otros para que la desarrollen a su alrededor. Se ha hablado mucho de un concepto valiosísimo, el de la amistad social. Algo fundamental, para que puedan funcionar con armonía las naciones y las organizaciones. Pero sin confianza es prácticamente imposible tenerla. ¿Qué podemos hacer en lo personal? ¿De qué manera podemos convertirnos en personas dignas de confianza? En los detalles pequeños como el cumplimiento de nuestras obligaciones, de nuestros compromisos, aunque sean cuestiones menores. Crear un ambiente en el cual lo extraño, lo raro, sea que se actúe de una manera que no sea digna de confianza. Y ahí es donde tenemos una labor todos los ciudadanos sin partido. Si no podemos llegar a ser una sociedad donde seamos dignos de confianza, no podemos avanzar en lo demás.

viernes, 23 de enero de 2026

Davos 2026

Concluye el Foro Económico Mundial en Davos, en su edición 2026, el evento anual que lleva ya 56 reuniones y que incluye participantes de gobiernos, académicos, líderes empresariales y medios. En esta ocasión trataron los riesgos globales, la confrontación económica, la baja en la confianza de los empresarios y la necesidad de diálogo y colaboración. Se habló de mejora en equidad económica, en innovación, responsabilidad y compromiso empresarial para lograr un desarrollo sostenible y equitativo. En conjunto, salir del estancamiento que vivimos. Participó el presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trump. Sin oponerse a los temas tratados, propone soluciones diferentes. Y, como es de esperarse, sin reconocer que él mismo ha contribuido a la incertidumbre que se refleja en los asuntos tratados. Propone negociaciones bilaterales, mientras que el consenso del Foro tiende a proponer soluciones multilaterales. No habló de sostenibilidad, pero no tomó la actitud beligerante de su primera administración. Afirma que Europa no va bien. Es una declaración seria. Que, por cierto, aceptan también muchos de sus ciudadanos, que hacen que los partidos, considerados como conservadores, estén ganando posiciones en muchos de los países de la Unión Europea. Y también eso ocurre en Estados Unidos, donde muchas personas están convencidas de que la situación no va bien. Lo más noticioso de este evento fueron las participaciones del señor Trump. Sus opiniones han sido más difundidas y examinadas, tanto por los que están de acuerdo con él como por aquellos que no lo quieren para nada. Opacó de manera importante las conclusiones del Foro. Puede decirse que es quien más está influyendo en la situación mundial, para bien o para mal. Nos guste o no lo que opina. No extrañaría que, en algún momento, un grupo de medios lo nombren la persona del año. No porque estén de acuerdo con él, sino porque reconozcan que en este momento es la persona que más influye en los destinos del mundo. Actualmente, es el único personaje importante que está proponiendo soluciones diferentes. Los demás concuerdan en otros enfoques, los mismos que no están funcionando. Puede ser que Trump se equivoque. Pero valdría la pena examinar a fondo sus propuestas sobre la situación mundial, desapasionadamente. En este momento, los medios y muchos expertos están cayendo en la falacia conocida como ad hominem (a la persona), que consiste en aceptar o rechazar una propuesta basado en las características de quien la propone; no por los méritos de la propuesta misma. Por ejemplo, quienes las rechazan basados en que, quien propone, es un fascista o que tiene un enfoque de capitalismo salvaje, que es simpático o antipático, senil o visionario. Bien puede ser que ninguna de las propuestas del Foro ni las de Trump sean las adecuadas. Eso nos llevaría a tratar de producir nuevas propuestas. Lo cual sería un bien. El fenómeno Donald Trump, no es únicamente la persona, sino toda una tendencia que tiene un apoyo bastante importante dentro de la nación más poderosa del mundo. No podemos olvidarlo. Tenemos que analizar, debatir, ver de qué manera lo que se está proponiendo influye, nos atañe. No solo a gobiernos, realmente a todos, porque entre todos estaremos pagando las consecuencias si no se atiende bien la situación de estancamiento que estamos viviendo.