¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

viernes, 20 de febrero de 2026

Ilusos

Iluso: Propenso a ilusionarse con demasiada facilidad o sin tomar en cuenta la realidad. Diccionario de la Lengua Española Hemos tenido en las últimas semanas mucha diversión para los usuarios de las redes sociales. Temas como el libro “Ni Venganza ni Perdón”, donde se retratan conflictos internos de la 4T. También nos informaron de importantes funcionarios, atrincherados uno en el Centro de Investigación y Docencia Económica, el otro en la Secretaría de Educación Pública, negándose a aceptar que han sido despedidos. Y esto, además de los cambios y reubicaciones de servidores públicos de muy alto nivel, en las semanas pasadas. Los medios han tenido mucho trabajo para comentar estos asuntos. Se dice que son las típicas patadas bajo la mesa, que ya no están siendo tan ocultas como eran. Y algunos de la oposición están contentísimos. Muy ilusionados. Los comentaristas están haciendo un festín de toda esta información. Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, dicen algunos, se está empoderando. Otros están hablando de una guerra civil dentro de la 4T y predicen una implosión a corto plazo. Además de otros asuntos, como por ejemplo las presiones de tipo político y económico de parte del señor Donald Trump y los problemas que tiene la 4T con sus partidos aliados a propósito de la Reforma Electoral. ¿Será cierto? Supongamos que sea así. ¿Quiere decir que en automático va a cambiar la situación en nuestro país? ¿Que la oposición ganará sin tener una propuesta clara? ¿Sin tener un programa para ganar las elecciones intermedias y las del año 2030? La realidad es que estamos viviendo un sistema de gobierno, que es el autoritarismo. Un sistema que tiene por lo menos 500 años, o pudieran ser hasta 700 de antigüedad. Han cambiado las formas, tal vez la ideología, pero no el modo de gobernar. Agréguele usted uno de los parámetros de los fundamentos del autoritarismo, el hecho de que a las personas se les coloca en sus puestos exigiendo un 90 % de lealtad y un 10 % de capacidad. Como ocurrió desde la Colonia hasta nuestros días. Nada nuevo. Hace casi un siglo, Manuel Gómez Morín, fundador del Partido Acción Nacional, y un intelectual considerado entre los más valiosos en el país, en su época, tuvo un dicho que resulta muy interesante y que se aplica a nuestra situación actual. Él decía: “Que no haya ilusos para que no haya desilusionados”. ¿A qué se refería? Hablaba de una situación parecida a la que estamos viviendo ahora. Hay muchas personas que se hacen ilusiones de un cambio sin esfuerzo, simplemente porque cambien las situaciones en el exterior o porque el gobierno actual se autodestruya. Y eso se presta, por supuesto, a grandes desengaños. El fondo del asunto es que necesitamos responsabilidad ciudadana. Los ciudadanos, sobre todo aquellos sin partido, debemos tener una visión clara de lo que está ocurriendo. Necesitamos saber de política, entender las consecuencias de las decisiones de Estado, debatir, buscar propuestas, encontrar posibilidades, cada cual desde su lugar, todos en la medida de sus capacidades. Eso es lo que realmente nos está haciendo falta. Mientras no veamos una reacción vigorosa de la ciudadanía, tratando de desarrollarse, de formarse, de informarse, de opinar y de debatir los hechos que ocurren dentro del gobierno, como los de los últimos días, esas situaciones seguirán sirviendo para divertir a muchos y para ilusionar a otros.

viernes, 13 de febrero de 2026

Una nación enferma

No me estoy refiriendo al brote de sarampión que estamos padeciendo en este momento. En principio, se le está dando suficiente atención. No como en situaciones pasadas. No, se trata de otro tipo de enfermedades. Las que son de la Nación, que no son solamente del gobierno, sino de la Sociedad. Como en cualquier enfermedad, hay que partir de un buen diagnóstico, atender su curación, continuar con medidas de prevención para evitar que el mal se vuelva a reproducir y, finalmente, la reconstrucción: cómo se remedian los daños que haya causado esta enfermedad. Y esto no es tan obvio en los problemas de salud social. Necesita un diagnóstico que requiere especialistas, lo que no es un problema difícil. En nuestro país hay suficientes personas pensantes que pueden apoyar a la Sociedad para hacer este tipo de diagnóstico, pero es necesario que el mismo venga de personas imparciales. No es deseable que lo haga el propio gobierno, porque son también parte de la enfermedad. Tal vez uno de los problemas más graves que tenemos, el enemigo de la amistad social, sea el autoritarismo. Un modo de ser muy extendido que hay en el país, muy probablemente desde su nacimiento y desde antes aún, en los tiempos prehispánicos, donde el autoritarismo era la regla. Esto lo tenemos hoy de muchas maneras. Lo encontramos en las escuelas, en todos los niveles, por supuesto en la familia, en los trabajos, en las relaciones entre dirigentes y colaboradores, en los sindicatos, en el gobierno, en las relaciones entre los propios gobernantes y hacia la población. Otra enfermedad es la violencia. Que se da de muy diversas maneras y no únicamente aquella que se reporta en los medios. La que encontramos en el hogar, en el trabajo, en la calle y, por supuesto, la de los crímenes mayores. Que afecta a una parte importante de nuestra población y que no se han encontrado soluciones de fondo, a corto o largo plazo. Una enfermedad particularmente compleja es la discriminación. Que se da en muchos campos, a través de la sociedad: en las familias, en las labores económicas y también a veces en aspectos de tipo religioso o educativo. Excluye a grupos completos de la población, de diferentes maneras: raciales, por edades, por sexo o por creencias religiosas o políticas. Es difícil de erradicar. Y genera estratos sociales dañados, muy difíciles de sanar, mientras no se reconozca que efectivamente existe una discriminación que impide salir de esta situación. Tal vez la enfermedad más extendida e importante sea una irresponsabilidad frecuente. Cada vez que se le hace algún señalamiento a políticos, a empleadores, a cualquier otro grupo social, la respuesta inmediata es negar el asunto. Después, asignarle la culpa a alguien más. Y esto es algo que se está extendiendo. Claramente, no es que todos sean irresponsables, pero abundan. Y ese es un asunto mayor. Seguramente hay más de estas enfermedades que tiene nuestra Sociedad. Hay poco análisis. La curación se deja al azar. Casi nada de prevención, y mucho menos de reconstrucción del tejido social. De poco sirve seguir echándole la culpa a los gobiernos o a distintos grupos sociales, sin entrar a una solución de fondo. Aquí hay tarea para la ciudadanía.

viernes, 6 de febrero de 2026

¿Creceremos?

En días pasados hubo el anuncio de un crecimiento relativamente menor del PIB durante 2025, en el orden de un 0.7 %. Un resultado que es ligeramente menor que el crecimiento de la población, lo cual quiere decir que no hemos tenido un crecimiento importante. Después vinieron una serie de pronósticos para el 2026. Algunos economistas pronostican un crecimiento del 1%; hay otros que pronostican algo más cercano al 3 %. Resulta curiosa esa diferencia de crecimiento. Ciertamente, la economía no es una ciencia exacta. La base de este pronóstico optimista son las promesas de inversión que se esperan del sector privado y del sector público. Y los conceptos ideológicos de los pronosticadores. La base de todo esto viene de un plan del gobierno, interesante, llamado Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, donde se propone una inversión de 5.6 billones de pesos (millones de millones de pesos), en el lapso de 5 años, de aquí al año 2030. Lo cual generará 400,000 empleos directos en el año 2026. Estamos suponiendo que bastaría con tener más infraestructura para que, en automático, la economía crezca. Lo cual también significaría que en México tenemos una inversión importante, dispuesta a arriesgar, pero que no lo hace porque no hay infraestructura suficiente. Habría que demostrar que esto efectivamente ocurre así. Y que no hay otros hechos, como podrían ser los factores de mercado o la inseguridad, tanto jurídica como en el aspecto de la violencia, que hay que considerar. Si estamos hablando, por ejemplo, de crear 400,000 empleos en 2026, suena como un número impresionante. Pero, por otro lado, si lo comparamos con la población económicamente activa de México, que es de 61.9 millones de personas, estamos hablando de un crecimiento que no llega al 1 % de esa población. Ante esta incertidumbre, hay que plantear escenarios. Un método que no es fácil de usar, y que en México se utiliza poco. Esa técnica considera fuerzas impulsoras. Para este caso, la primera es el éxito en la negociación del Tratado TEMEC. Un punto fundamental: si no se logra una buena negociación, es muy difícil pensar en que los pronósticos de crecimiento importante se cumplan. Otra fuerza impulsora es el cumplimiento de las promesas del sector privado. Y la tercera fuerza es el crecimiento de la economía de los Estados Unidos. Porque, aun si funciona bien la negociación y se cumplen las promesas, si nuestro mercado más relevante de exportación falla, será muy difícil lograr un crecimiento económico notable. Si esas tres fuerzas se alinean favorablemente, el plan es viable. Si no, su éxito es dudoso. Tal vez el concepto más difícil, pero el que está más en las manos del gobierno mexicano, es lograr la confianza de los inversionistas. Pero hay que atender una dificultad. Todas las inversiones tendrían rectoría del Estado y en todas la iniciativa privada será minoritaria. En esas condiciones, probablemente sea complicado obtener inversionistas que estén dispuestos a arriesgar su dinero para invertirlo en algo que ellos no controlan. Habrá que esperar. Hay que aplaudir la idea de tener una planeación importante, pero hay que pensar que la planificación en sí no es más que el primer paso. Habrá que esperar a la implementación. Por el bien de México, que tenga mucho éxito.

viernes, 30 de enero de 2026

Confianza… o falta de ella

“La confianza es la expectativa que surge, en una comunidad, de un comportamiento regular, honesto y cooperativo basado en normas compartidas.” Francis Fukuyama, en su libro Trust Fukuyama, investigador estadounidense y ensayista en temas sociopolíticos, hace un estudio interesante de diferencias entre países similares con diferentes grados de confianza entre los miembros de la Sociedad. Por ejemplo, hace una comparación entre el norte y el sur de Italia y la correlación con su éxito económico. En esa y muchas otras comparaciones, hay una gran relación entre el nivel de confianza y la prosperidad. Él llega a la conclusión de que la confianza en la Sociedad es un indicador importante del éxito, del reparto de la riqueza y la preocupación por el bien común. No solo se trata de confianza en el gobierno, sino también entre todos los miembros de la Sociedad. Cuando estamos en un ambiente de violencia, el gobierno eliminando los límites y contrapesos a sus acciones, hay motivos para la desconfianza. Un caso. Tenemos escasa inversión privada. Se supone que crecimos el año pasado algo menos del 0.7 % del PIB. No es una tragedia, pero crecimos menos de lo que crece la población. Y eso va a significar menos dinero por individuo. Las promesas de inversión privada, que se hicieron públicamente, ¿se están cumpliendo? El nearshoring, una gran oportunidad, ¿está ocurriendo? Casi toda la inversión, es retención de utilidades. Menos mal. Quiere decir que no está habiendo fuga de capitales. Pero no entra dinero fresco. Algo está impidiendo la inversión. ¿Será la falta de confianza? Creo que sí. Esta no se da por mandato, ni a través de la mercadotecnia política. La confianza se gana. Se construye con el cumplimiento de las promesas y con el reconocimiento de los errores. El autor sostiene que una falla fundamental en el análisis sociopolítico actual es que el debilitamiento institucional es atribuido exclusivamente a errores del Estado, malas políticas públicas, liderazgos incompetentes, directrices legales deficientes. ¿Le recuerda algo a usted? . Las instituciones no operan en el vacío, dice el autor. Su eficacia depende de la confianza existente en la sociedad. Un pendiente en nuestra sociedad es reconstruir la paz. Pero, ¿realmente es posible construir la paz sin confianza? Generalmente, estamos buscando que alguien más provea la paz. Y no nos vemos como constructores de esa confianza. La culpa de la falta de confianza casi siempre la achacamos a los demás. Pero deberíamos estar tratando de hacernos dignos de ella. Además de ayudar a otros para que la desarrollen a su alrededor. Se ha hablado mucho de un concepto valiosísimo, el de la amistad social. Algo fundamental, para que puedan funcionar con armonía las naciones y las organizaciones. Pero sin confianza es prácticamente imposible tenerla. ¿Qué podemos hacer en lo personal? ¿De qué manera podemos convertirnos en personas dignas de confianza? En los detalles pequeños como el cumplimiento de nuestras obligaciones, de nuestros compromisos, aunque sean cuestiones menores. Crear un ambiente en el cual lo extraño, lo raro, sea que se actúe de una manera que no sea digna de confianza. Y ahí es donde tenemos una labor todos los ciudadanos sin partido. Si no podemos llegar a ser una sociedad donde seamos dignos de confianza, no podemos avanzar en lo demás.

viernes, 23 de enero de 2026

Davos 2026

Concluye el Foro Económico Mundial en Davos, en su edición 2026, el evento anual que lleva ya 56 reuniones y que incluye participantes de gobiernos, académicos, líderes empresariales y medios. En esta ocasión trataron los riesgos globales, la confrontación económica, la baja en la confianza de los empresarios y la necesidad de diálogo y colaboración. Se habló de mejora en equidad económica, en innovación, responsabilidad y compromiso empresarial para lograr un desarrollo sostenible y equitativo. En conjunto, salir del estancamiento que vivimos. Participó el presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trump. Sin oponerse a los temas tratados, propone soluciones diferentes. Y, como es de esperarse, sin reconocer que él mismo ha contribuido a la incertidumbre que se refleja en los asuntos tratados. Propone negociaciones bilaterales, mientras que el consenso del Foro tiende a proponer soluciones multilaterales. No habló de sostenibilidad, pero no tomó la actitud beligerante de su primera administración. Afirma que Europa no va bien. Es una declaración seria. Que, por cierto, aceptan también muchos de sus ciudadanos, que hacen que los partidos, considerados como conservadores, estén ganando posiciones en muchos de los países de la Unión Europea. Y también eso ocurre en Estados Unidos, donde muchas personas están convencidas de que la situación no va bien. Lo más noticioso de este evento fueron las participaciones del señor Trump. Sus opiniones han sido más difundidas y examinadas, tanto por los que están de acuerdo con él como por aquellos que no lo quieren para nada. Opacó de manera importante las conclusiones del Foro. Puede decirse que es quien más está influyendo en la situación mundial, para bien o para mal. Nos guste o no lo que opina. No extrañaría que, en algún momento, un grupo de medios lo nombren la persona del año. No porque estén de acuerdo con él, sino porque reconozcan que en este momento es la persona que más influye en los destinos del mundo. Actualmente, es el único personaje importante que está proponiendo soluciones diferentes. Los demás concuerdan en otros enfoques, los mismos que no están funcionando. Puede ser que Trump se equivoque. Pero valdría la pena examinar a fondo sus propuestas sobre la situación mundial, desapasionadamente. En este momento, los medios y muchos expertos están cayendo en la falacia conocida como ad hominem (a la persona), que consiste en aceptar o rechazar una propuesta basado en las características de quien la propone; no por los méritos de la propuesta misma. Por ejemplo, quienes las rechazan basados en que, quien propone, es un fascista o que tiene un enfoque de capitalismo salvaje, que es simpático o antipático, senil o visionario. Bien puede ser que ninguna de las propuestas del Foro ni las de Trump sean las adecuadas. Eso nos llevaría a tratar de producir nuevas propuestas. Lo cual sería un bien. El fenómeno Donald Trump, no es únicamente la persona, sino toda una tendencia que tiene un apoyo bastante importante dentro de la nación más poderosa del mundo. No podemos olvidarlo. Tenemos que analizar, debatir, ver de qué manera lo que se está proponiendo influye, nos atañe. No solo a gobiernos, realmente a todos, porque entre todos estaremos pagando las consecuencias si no se atiende bien la situación de estancamiento que estamos viviendo.

viernes, 16 de enero de 2026

Reforma electoral

En este movido y muy noticioso inicio del año de 2026, se ha pasado un tanto de noche el asunto de la reforma electoral. Aparentemente, el objeto de esta propuesta es reducir los costos de una democracia que nos resulta costosa, considerando qué tan efectiva es para nosotros. Nuestra manera de elegir representa el balance de fuerzas entre la clase política y no necesariamente las necesidades de la mayoría, los que somos ciudadanos sin partido. Hay quien dice que no tendremos una democracia viable mientras en las boletas electorales no haya la posibilidad de votar por “ninguno de los nominados”. Si triunfara esa opción, los partidos estarían obligados a presentar nuevos candidatos. Ahí está el fondo del asunto. Los candidatos de los partidos políticos no necesariamente representan las necesidades de la población y muchas veces se vota por el menos malo, por el que consideramos el mal menor. El costo de elegir representantes es alto. Esto se hizo a sabiendas de que hay poderes fácticos que tienen la capacidad de influir en el gobierno. Supuestamente, también se buscaba evitar la intervención del crimen organizado en la política. Lo que ha demostrado que fue bastante inútil. Al quitar los llamados representantes plurinominales, que son representantes de las minorías, se le da una ventaja injusta al partido en el poder. ¿Cómo reducir los costos y lograr un pluralismo que permita que todas las voces sean escuchadas? Uno de los problemas no resueltos de la democracia es el tema de la tiranía de las mayorías. Estas, cuando llegan al gobierno, tienen muchas posibilidades de gobernar simplemente por la fuerza del número, sin obligación de convencer ni de demostrar. Tenemos un sistema con pocos balances y contrapesos. Una auténtica democracia tiene que dar cabida a otros modos de pensar. Gobernar para todos, dicen. Tenemos una cantidad muy importante de representantes espléndidamente pagados y que responden poco a las necesidades de la población. Si la única solución a esto es reducir el número de los representantes plurinominales, se habrá logrado un fortalecimiento de la clase política tradicional. En realidad, si se desea reducir los costos de la representación ciudadana, esa reducción debe ser pareja. Un ejemplo: ¿tenemos, realmente, necesidad de 400 diputados federales? ¿No sería suficiente para un buen debate tener 200 de ellos? Nos hace falta, además de la oposición política, una oposición ciudadana no partidizada. La reacción ha venido de los partidos satélites de la 4T: el Partido Verde Ecologista y el Partido del Trabajo, quienes resienten la reducción de financiamiento a los partidos, por un lado, y la reducción de los representantes plurinominales. La votación de esos partidos satélites les es imprescindible para la 4T para poder aprobar esta reforma. Por eso, se ha pospuesto su presentación a febrero. Tenemos un tiempo valioso para estudiar la situación y presentar propuestas alternativas. Es un momento importante para hacer oír nuestra voz. No tenemos que esperar a que se presente esta propuesta en un momento en que la atención ciudadana esté ocupada en otros temas aparentemente más urgentes. Porque de esto depende que nuestra democracia siga perfeccionándose. No hay que dejar esta modificación a los políticos. La clase política buscará, por razón natural, su beneficio. Su supervivencia es su valor supremo. Y como ciudadanos sin partido, tenemos que ver más allá de las propuestas de esa clase política.

viernes, 9 de enero de 2026

Captura de Maduro

“Mal comienza la semana para quien lo ahorcan en lunes”, decía un antiguo dicho español. Y algo así nos recuerda la situación que estamos viviendo respecto a Venezuela. Un presidente en funciones ha sido detenido por militares de un país extranjero. Y llevado al territorio de ese país para ser juzgado. Todo ello, en los primeros días de este año. Un primer resultado es que la vicepresidenta de Venezuela queda a cargo y empieza a haber algunas negociaciones con el gobierno de Donald Trump. Se habla de que Venezuela dará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, para dedicarlos a la mejora de la situación del país. Parece mucho dinero, pero en realidad se trata solo, en el mejor de los casos, de un 2.5 % del PIB de Venezuela. Importante, pero no como para resolver las dificultades económicas de ese país. Y, comparado con el PIB de los EE. UU., equivale al 0.007 % del PIB de ese país. Nada que explique el negocio fabuloso que la izquierda dice que busca la administración Trump. Llama la atención el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos se niegue a negociar la situación con los ganadores de los anteriores comicios. Dicen en EE. UU. que necesitan poder actuar con los que pueden tener control de la situación. Es decir, tratar con el ejército. En el fondo está la inoperancia de la Organización de las Naciones Unidas para atender situaciones complejas como las que ha estado viviendo Venezuela. Por ejemplo, la construcción de la paz después de que Maduro negó a aceptar los resultados de una elección, y el encarcelamiento de una gran cantidad de opositores en respuesta a ese resultado. Lo cual, para las Naciones Unidas, se quedó en algunos extrañamientos, algunas observaciones, sin que pudiera haber una respuesta sólida. Ahora, no es de esperar una acción contundente para sancionar la captura del presidente Maduro. El obstáculo para la Organización de Naciones Unidas, es la manera como se construyó el Consejo de Seguridad de esta, el cual incluye los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, que tienen el poder de veto ante cualquier resolución de este Consejo. Con lo cual se paralizó a la ONU, en casos como este. La historia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha sido marcada por los vetos de los distintos participantes, preocupados por sus propias necesidades. Esto, por supuesto, también trae dudas respecto a otros conflictos que están ocurriendo. El antiquísimo conflicto entre China y Taiwán, el de Ucrania que no termina de resolverse, por no hablar de Palestina y el Estado de Israel, y otros muchos que siguen brotando y no tienen una solución fuerte porque la estructura de las Naciones Unidas no puede dar respuesta. Ahora se habla de una invasión armada a Groenlandia para anexarla a los Estados Unidos. En este momento cualquier cosa puede sonar creíble. ¿Cuál debería ser el papel de un ciudadano del mundo, el del ciudadano sin partido, ante esta situación? Tenerlo muy presente. La ONU no está dando resultados. Y esto hay que debatirlo, comentarlo, estudiarlo a fondo y buscar soluciones más viables. No puede estar la humanidad sin un mecanismo eficaz para limitar las guerras.