Cuenta Larga... una visión de largo plazo
Un espacio para reflexionar sobre las consecuencias de largo plazo de las decisiones de las administraciones públicas, privadas y sociales. Su enfoque es mayormente estratégico, y su método es el de las proyecciones de tipo cualitativo, con los criterios de la creación de escenarios. Su ambición es la de ir más allá de la exposición y ser un espacio libre de discusión de los interesados en este tema.
¿Porqué Cuenta Larga?
¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.
Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
viernes, 30 de enero de 2026
Confianza… o falta de ella
“La confianza es la expectativa que surge, en una comunidad, de un comportamiento regular, honesto y cooperativo basado en normas compartidas.” Francis Fukuyama, en su libro Trust
Fukuyama, investigador estadounidense y ensayista en temas sociopolíticos, hace un estudio interesante de diferencias entre países similares con diferentes grados de confianza entre los miembros de la Sociedad. Por ejemplo, hace una comparación entre el norte y el sur de Italia y la correlación con su éxito económico. En esa y muchas otras comparaciones, hay una gran relación entre el nivel de confianza y la prosperidad. Él llega a la conclusión de que la confianza en la Sociedad es un indicador importante del éxito, del reparto de la riqueza y la preocupación por el bien común. No solo se trata de confianza en el gobierno, sino también entre todos los miembros de la Sociedad. Cuando estamos en un ambiente de violencia, el gobierno eliminando los límites y contrapesos a sus acciones, hay motivos para la desconfianza.
Un caso. Tenemos escasa inversión privada. Se supone que crecimos el año pasado algo menos del 0.7 % del PIB. No es una tragedia, pero crecimos menos de lo que crece la población. Y eso va a significar menos dinero por individuo. Las promesas de inversión privada, que se hicieron públicamente, ¿se están cumpliendo? El nearshoring, una gran oportunidad, ¿está ocurriendo? Casi toda la inversión, es retención de utilidades. Menos mal. Quiere decir que no está habiendo fuga de capitales. Pero no entra dinero fresco. Algo está impidiendo la inversión. ¿Será la falta de confianza? Creo que sí. Esta no se da por mandato, ni a través de la mercadotecnia política. La confianza se gana. Se construye con el cumplimiento de las promesas y con el reconocimiento de los errores.
El autor sostiene que una falla fundamental en el análisis sociopolítico actual es que el debilitamiento institucional es atribuido exclusivamente a errores del Estado, malas políticas públicas, liderazgos incompetentes, directrices legales deficientes. ¿Le recuerda algo a usted? . Las instituciones no operan en el vacío, dice el autor. Su eficacia depende de la confianza existente en la sociedad. Un pendiente en nuestra sociedad es reconstruir la paz. Pero, ¿realmente es posible construir la paz sin confianza? Generalmente, estamos buscando que alguien más provea la paz. Y no nos vemos como constructores de esa confianza.
La culpa de la falta de confianza casi siempre la achacamos a los demás. Pero deberíamos estar tratando de hacernos dignos de ella. Además de ayudar a otros para que la desarrollen a su alrededor. Se ha hablado mucho de un concepto valiosísimo, el de la amistad social. Algo fundamental, para que puedan funcionar con armonía las naciones y las organizaciones. Pero sin confianza es prácticamente imposible tenerla. ¿Qué podemos hacer en lo personal? ¿De qué manera podemos convertirnos en personas dignas de confianza? En los detalles pequeños como el cumplimiento de nuestras obligaciones, de nuestros compromisos, aunque sean cuestiones menores. Crear un ambiente en el cual lo extraño, lo raro, sea que se actúe de una manera que no sea digna de confianza. Y ahí es donde tenemos una labor todos los ciudadanos sin partido. Si no podemos llegar a ser una sociedad donde seamos dignos de confianza, no podemos avanzar en lo demás.
viernes, 23 de enero de 2026
Davos 2026
Concluye el Foro Económico Mundial en Davos, en su edición 2026, el evento anual que lleva ya 56 reuniones y que incluye participantes de gobiernos, académicos, líderes empresariales y medios. En esta ocasión trataron los riesgos globales, la confrontación económica, la baja en la confianza de los empresarios y la necesidad de diálogo y colaboración. Se habló de mejora en equidad económica, en innovación, responsabilidad y compromiso empresarial para lograr un desarrollo sostenible y equitativo. En conjunto, salir del estancamiento que vivimos.
Participó el presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trump. Sin oponerse a los temas tratados, propone soluciones diferentes. Y, como es de esperarse, sin reconocer que él mismo ha contribuido a la incertidumbre que se refleja en los asuntos tratados. Propone negociaciones bilaterales, mientras que el consenso del Foro tiende a proponer soluciones multilaterales. No habló de sostenibilidad, pero no tomó la actitud beligerante de su primera administración.
Afirma que Europa no va bien. Es una declaración seria. Que, por cierto, aceptan también muchos de sus ciudadanos, que hacen que los partidos, considerados como conservadores, estén ganando posiciones en muchos de los países de la Unión Europea. Y también eso ocurre en Estados Unidos, donde muchas personas están convencidas de que la situación no va bien.
Lo más noticioso de este evento fueron las participaciones del señor Trump. Sus opiniones han sido más difundidas y examinadas, tanto por los que están de acuerdo con él como por aquellos que no lo quieren para nada. Opacó de manera importante las conclusiones del Foro. Puede decirse que es quien más está influyendo en la situación mundial, para bien o para mal. Nos guste o no lo que opina. No extrañaría que, en algún momento, un grupo de medios lo nombren la persona del año. No porque estén de acuerdo con él, sino porque reconozcan que en este momento es la persona que más influye en los destinos del mundo.
Actualmente, es el único personaje importante que está proponiendo soluciones diferentes. Los demás concuerdan en otros enfoques, los mismos que no están funcionando. Puede ser que Trump se equivoque. Pero valdría la pena examinar a fondo sus propuestas sobre la situación mundial, desapasionadamente. En este momento, los medios y muchos expertos están cayendo en la falacia conocida como ad hominem (a la persona), que consiste en aceptar o rechazar una propuesta basado en las características de quien la propone; no por los méritos de la propuesta misma. Por ejemplo, quienes las rechazan basados en que, quien propone, es un fascista o que tiene un enfoque de capitalismo salvaje, que es simpático o antipático, senil o visionario. Bien puede ser que ninguna de las propuestas del Foro ni las de Trump sean las adecuadas. Eso nos llevaría a tratar de producir nuevas propuestas. Lo cual sería un bien.
El fenómeno Donald Trump, no es únicamente la persona, sino toda una tendencia que tiene un apoyo bastante importante dentro de la nación más poderosa del mundo. No podemos olvidarlo. Tenemos que analizar, debatir, ver de qué manera lo que se está proponiendo influye, nos atañe. No solo a gobiernos, realmente a todos, porque entre todos estaremos pagando las consecuencias si no se atiende bien la situación de estancamiento que estamos viviendo.
viernes, 16 de enero de 2026
Reforma electoral
En este movido y muy noticioso inicio del año de 2026, se ha pasado un tanto de noche el asunto de la reforma electoral. Aparentemente, el objeto de esta propuesta es reducir los costos de una democracia que nos resulta costosa, considerando qué tan efectiva es para nosotros. Nuestra manera de elegir representa el balance de fuerzas entre la clase política y no necesariamente las necesidades de la mayoría, los que somos ciudadanos sin partido.
Hay quien dice que no tendremos una democracia viable mientras en las boletas electorales no haya la posibilidad de votar por “ninguno de los nominados”. Si triunfara esa opción, los partidos estarían obligados a presentar nuevos candidatos. Ahí está el fondo del asunto. Los candidatos de los partidos políticos no necesariamente representan las necesidades de la población y muchas veces se vota por el menos malo, por el que consideramos el mal menor.
El costo de elegir representantes es alto. Esto se hizo a sabiendas de que hay poderes fácticos que tienen la capacidad de influir en el gobierno. Supuestamente, también se buscaba evitar la intervención del crimen organizado en la política. Lo que ha demostrado que fue bastante inútil. Al quitar los llamados representantes plurinominales, que son representantes de las minorías, se le da una ventaja injusta al partido en el poder. ¿Cómo reducir los costos y lograr un pluralismo que permita que todas las voces sean escuchadas? Uno de los problemas no resueltos de la democracia es el tema de la tiranía de las mayorías. Estas, cuando llegan al gobierno, tienen muchas posibilidades de gobernar simplemente por la fuerza del número, sin obligación de convencer ni de demostrar. Tenemos un sistema con pocos balances y contrapesos. Una auténtica democracia tiene que dar cabida a otros modos de pensar. Gobernar para todos, dicen.
Tenemos una cantidad muy importante de representantes espléndidamente pagados y que responden poco a las necesidades de la población. Si la única solución a esto es reducir el número de los representantes plurinominales, se habrá logrado un fortalecimiento de la clase política tradicional. En realidad, si se desea reducir los costos de la representación ciudadana, esa reducción debe ser pareja. Un ejemplo: ¿tenemos, realmente, necesidad de 400 diputados federales? ¿No sería suficiente para un buen debate tener 200 de ellos? Nos hace falta, además de la oposición política, una oposición ciudadana no partidizada.
La reacción ha venido de los partidos satélites de la 4T: el Partido Verde Ecologista y el Partido del Trabajo, quienes resienten la reducción de financiamiento a los partidos, por un lado, y la reducción de los representantes plurinominales. La votación de esos partidos satélites les es imprescindible para la 4T para poder aprobar esta reforma. Por eso, se ha pospuesto su presentación a febrero. Tenemos un tiempo valioso para estudiar la situación y presentar propuestas alternativas. Es un momento importante para hacer oír nuestra voz. No tenemos que esperar a que se presente esta propuesta en un momento en que la atención ciudadana esté ocupada en otros temas aparentemente más urgentes. Porque de esto depende que nuestra democracia siga perfeccionándose. No hay que dejar esta modificación a los políticos. La clase política buscará, por razón natural, su beneficio. Su supervivencia es su valor supremo. Y como ciudadanos sin partido, tenemos que ver más allá de las propuestas de esa clase política.
viernes, 9 de enero de 2026
Captura de Maduro
“Mal comienza la semana para quien lo ahorcan en lunes”, decía un antiguo dicho español. Y algo así nos recuerda la situación que estamos viviendo respecto a Venezuela. Un presidente en funciones ha sido detenido por militares de un país extranjero. Y llevado al territorio de ese país para ser juzgado. Todo ello, en los primeros días de este año.
Un primer resultado es que la vicepresidenta de Venezuela queda a cargo y empieza a haber algunas negociaciones con el gobierno de Donald Trump. Se habla de que Venezuela dará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, para dedicarlos a la mejora de la situación del país. Parece mucho dinero, pero en realidad se trata solo, en el mejor de los casos, de un 2.5 % del PIB de Venezuela. Importante, pero no como para resolver las dificultades económicas de ese país. Y, comparado con el PIB de los EE. UU., equivale al 0.007 % del PIB de ese país. Nada que explique el negocio fabuloso que la izquierda dice que busca la administración Trump. Llama la atención el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos se niegue a negociar la situación con los ganadores de los anteriores comicios. Dicen en EE. UU. que necesitan poder actuar con los que pueden tener control de la situación. Es decir, tratar con el ejército.
En el fondo está la inoperancia de la Organización de las Naciones Unidas para atender situaciones complejas como las que ha estado viviendo Venezuela. Por ejemplo, la construcción de la paz después de que Maduro negó a aceptar los resultados de una elección, y el encarcelamiento de una gran cantidad de opositores en respuesta a ese resultado. Lo cual, para las Naciones Unidas, se quedó en algunos extrañamientos, algunas observaciones, sin que pudiera haber una respuesta sólida. Ahora, no es de esperar una acción contundente para sancionar la captura del presidente Maduro.
El obstáculo para la Organización de Naciones Unidas, es la manera como se construyó el Consejo de Seguridad de esta, el cual incluye los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, que tienen el poder de veto ante cualquier resolución de este Consejo. Con lo cual se paralizó a la ONU, en casos como este. La historia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha sido marcada por los vetos de los distintos participantes, preocupados por sus propias necesidades.
Esto, por supuesto, también trae dudas respecto a otros conflictos que están ocurriendo. El antiquísimo conflicto entre China y Taiwán, el de Ucrania que no termina de resolverse, por no hablar de Palestina y el Estado de Israel, y otros muchos que siguen brotando y no tienen una solución fuerte porque la estructura de las Naciones Unidas no puede dar respuesta. Ahora se habla de una invasión armada a Groenlandia para anexarla a los Estados Unidos. En este momento cualquier cosa puede sonar creíble.
¿Cuál debería ser el papel de un ciudadano del mundo, el del ciudadano sin partido, ante esta situación? Tenerlo muy presente. La ONU no está dando resultados. Y esto hay que debatirlo, comentarlo, estudiarlo a fondo y buscar soluciones más viables. No puede estar la humanidad sin un mecanismo eficaz para limitar las guerras.
martes, 16 de diciembre de 2025
Cortesía y Paz
Uno de los requerimientos imprescindibles para la construcción de un país más justo, que es obtener una paz duradera, y que muchas veces se olvida, es la cortesía. Esto ocurre en nuestra sociedad, donde la polarización crece. Se podría decir que la amabilidad es un aspecto del respeto, aunque muchas veces piensa que puede ser una acción puramente de forma .Sin embargo, si no tenemos ese fundamento en la raíz de nuestro comportamiento, será difícil tener paz.
En otro tiempo se consideraba que México era un país de quien se decía: “Se exagera en la cortesía”. Teníamos fama entre todos los hispanohablantes de que en México todo se trataba con mucho cariño. Se buscaba evitar al máximo el enfrentamiento, el enojo entre los que se estaban comunicando. Tristemente, ya no podemos decir lo mismo. La amabilidad es una parte de la comunicación que la hace efectiva y facilita la comprensión de valores más profundos, como una especie de inicio de la relación, un puente entre las diferencias. Y lo estamos olvidando.
¿En qué momento perdimos ese valor de la urbanidad y de qué manera ocurrió que, al volvernos cada vez menos corteses los unos con los otros, se facilitó el enfrentamiento y la polarización? No falta quien insiste en el aspecto de que la cortesía puede tener algo de falso, que se trata a la otra persona bien para no parecer que estamos en conflicto o para manipularla, pero que de fondo no hay una amabilidad auténtica. Efectivamente, habría que estar alertas en eso. Pero, por otro lado, cuando se trata con descortesía a algún otro, de entrada, se está presuponiendo que no merece un auténtico respeto.
El camino para ir perdiendo la amabilidad propia del mexicano ha sido largo. Se empezó por la comicidad basada en palabras altisonantes. Y, por otro lado, decir que la cortesía era hipocresía. Que había que ser muy auténtico. Y parte de la autenticidad se podía medir por el hecho de que no se mantenían formas corteses. Y así se fue deteriorando poco a poco este valor que en otro momento fue muy distintivo de nosotros.
Decimos que uno de los propósitos fundamentales para nuestra sociedad, en los próximos años, es la construcción de la paz. Si consideramos que debe ser una tarea primordial para los ciudadanos sin partido, debemos evitar totalmente el uso de formas poco corteses. Incluso en temas de la vida diaria, en la conversación ordinaria donde no se debaten situaciones complejas. Con pequeños detalles, ahí es como se va construyendo una sociedad con cordialidad de unos con otros, que nos permite ir resolviendo los problemas de la paz, tan agudos, que tenemos actualmente.
Y no, no se trata de nostalgia, no se trata de volver al pasado. Cada generación, cada cultura tiene que crear sus propios modos para ejercer la amabilidad. Pero el fondo siempre será el mismo: mostrar respeto, aceptar al otro como alguien con el mismo valor que uno mismo. Para nosotros, ciudadanos sin partido, que hemos vivido en carne propia ese modo de tratar a los demás como inferiores, es algo primordial. Eso se da en todas las áreas de la sociedad. Necesitamos un acuerdo para crear la cordialidad que permita revertir nuestra situación de polarización, que es el origen de la violencia que nos aqueja. Exijamos ser tratados cortésmente.
Conciliación y reconciliación
“No preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país”. John F. Kennedy
Estamos empezando un nuevo año. Una época de esperanza y la posibilidad de un nuevo comienzo. Para algunos de nosotros, el propósito central para el próximo año 2026 es tener una mejor situación en el aspecto de la Paz. ¿De qué maneras el ciudadano sin partido puede contribuir a la construcción de ese propósito?
En mi opinión, no hay necesidad más urgente que la de revertir la polarización, que es el obstáculo mayor para la construcción de la Paz. Una tarea casi imposible sin la contribución de los ciudadanos. Hay aspectos fundamentales en eso: tenemos que lograr conciliación entre sectores con opiniones diversas, al mismo tiempo que logramos una reconciliación entre quienes están enfrentados. Una gran tarea, dirá usted, difícil de lograr a corto plazo. Estoy de acuerdo. Razón de más para empezar lo más pronto posible con esta labor.
Por conciliación entendemos el esfuerzo por comprendernos, debatir los problemas de la Sociedad y dar a conocer nuestras opiniones, sin exigir el cumplimiento de nuestro punto de vista. Aceptar otras visiones. En la reconciliación estamos hablando de algo parecido, pero estamos partiendo de otra situación, de una donde ya había alguna unidad de criterios, algunas intenciones en común y que se han perdido dichos acuerdos por diversos motivos. Y mediante la reconciliación queremos regresar a la situación original.
¿Qué podemos hacer, como ciudadanos sin partido? En lo personal, escuchar más, juzgar menos, informarnos en diversas fuentes, no contribuir al discurso de odio. En lo cívico y lo democrático: ser ciudadano participativo, defender el Estado de derecho y educar en principios democráticos. En lo social, apoyar causas comunes, ajenas a los partidos, y actuar como mediador entre personas o grupos enfrentados, buscando puntos de encuentro.
Es claro que hay acciones por parte del gobierno y distintas organizaciones que buscan lograr la Paz. Pero también es cierto que es muy difícil tener una paz completa, sin una colaboración muy amplia de los ciudadanos y, en particular, la de aquellos que somos la mayoría de la población: los ciudadanos que no pertenecemos a ninguno de los partidos políticos. Qué, por otra parte, somos los que padecemos en mayor medida los efectos de la falta de paz.
Se dice, y posiblemente con razón, que los ciudadanos sin partido no tienen una motivación fuerte para participar. Eso, que era una verdad irrefutable, está variando muy rápidamente. Cada vez hay más conciencia de que no le podemos dejar a los gobiernos la tarea de restaurar una paz duradera. Habrá quien piense que, a algunos en el gobierno, les conviene la desorganización ciudadana y la zozobra, la intranquilidad, la angustia que la falta de paz nos provoca. Puede ser que sí, pero también es cierto que un país sin paz termina siendo ingobernable, y eso a nadie nos conviene. Amigo, amiga: como ciudadanos, es importante que demos un paso al frente, que encabecemos el esfuerzo por construir una paz duradera. Sin nosotros, las soluciones estarán cada vez más lejos. Ahí está la respuesta a esa pregunta: ¿qué podemos hacer por nuestro país?
Construyendo la Paz
En esta época festiva, donde todos estamos pensando en los regalos que daremos y los que nos gustaría recibir, ¿cuál es el regalo que más nos gustaría, como sociedad civil? Si se hiciera una encuesta imparcial, seguramente el resultado sería que la población quisiera tener el regalo de la Paz. Una paz completa, confiable, duradera y que alcance a toda la población, a todos los niveles sociales.
Valdría la pena preguntarnos qué es lo que puede hacer la sociedad civil, de qué manera podría estar contribuyendo, probablemente de un modo decisivo, a que se reduzca el nivel de violencia que estamos sufriendo en este momento. Cosa que, por otro lado, también ya había sido advertida: que las soluciones que se proponen como las más efectivas son, precisamente, las de largo plazo. Las soluciones de corto plazo, siendo importantes, no dan soluciones completas. Sí, se requiere una reforma de fondo de la Sociedad, de nuestra cultura. Lo cual es algo verdaderamente lento y particularmente difícil.
. La renovación debe ser de la Sociedad y también en la persona, porque al final de cuentas los cambios en la Sociedad son el resumen de los cambios en las personas. A nivel privado, valdría la pena cuestionarnos: ¿qué tanto tengo una actitud violenta en mi vida diaria? ¿Cuáles son los cambios que requiero en lo personal? ¿Soy realmente alguien que promueve la Paz? ¿Cómo es mi manera de ver la vida, es verdaderamente pacífica? ¿O soy de los que ataco a otros que no piensan lo mismo que yo?
También necesitamos un cambio en el trato. En la vida diaria, donde también puede haber conflictos y recriminaciones. Cuando tenemos alguna diferencia, ¿podemos decir que somos constructores de la Paz? Porque al final del día, cualquier conflicto humano es porque alguno quiere imponer a otro su voluntad y convencer o hacer creer que sus principios y sus valores son los que verdaderamente valen.
Tenemos que encontrar medios para lograr una conversión, un cambio de valor; un cambio de corazón si queremos construir realmente la Paz. Ya sé que seguramente a más de uno le molesta este tipo de afirmación. La conversión del país no se va a lograr únicamente por medios violentos. Hay que respondernos en silencio para nosotros mismos: ¿qué tanto la violencia que estamos padeciendo solo es la exageración de nuestras costumbres familiares y sociales? Me temo que si hacemos esta pregunta y la tratamos de contestar honestamente, podremos encontrar muchas semillas de la violencia en nuestro trato diario, que no escala, que no llega a las alturas de lo que estamos viviendo. Pero, finalmente, es el mismo concepto: imponer mi voluntad a la voluntad del otro, sin respetar sus propias necesidades y sus propios derechos.
Es algo que valdría la pena estar meditando en esta época de fin de año, donde se habla de paz y armonía con una frecuencia mayor; recordamos canciones donde habla de la noche de paz y temas parecidos. Podría ser un asunto interesante de reflexión personal. Empezar a decir dónde puedo transformar mi actitud, mi manera de ver las cosas, precisamente en esta época donde le cantamos a la Paz, pero no necesariamente la estamos construyendo.
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