¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Y si no hubiera partidos políticos?

Con los acontecimientos de los últimos años y, más pronunciadamente, los de los últimos dos meses es claro que hay una demanda social. No estamos conformes con ninguno de los partidos políticos. Y, razones más o razones menos, la ciudadanía siente que los partidos no nos representan, que no les importa lo que nos importa a los ciudadanos, que lo que hacen legalmente nos sale bastante caro y que lo que hacen por fuera de la ley posiblemente nos sale más caro todavía. Y, de vez cuando, actúan criminalmente. De ahí que muchos ciudadanos, cuando se les señalan los asuntos de Ayotzinapan o cualquier otro que han ocurrido durante la gestión de uno u otro partido, una respuesta común es la de: "A mí no me importa cuál es el partido, se trata del Gobierno". Todos son igual de malos.
Y, ante ese descontento, hay muchos que se preguntan: ¿No podríamos vivir sin partidos políticos? De hecho, los partidos políticos un fenómeno relativamente nuevo; antes del siglo XVIII o XIX  se hablaba muy poco de partidos. Y no sólo porque los sistemas fueran monárquicos: en la democracia griega no había propiamente partidos. No deja ser un fenómeno relativamente moderno. Pero, ¿cuáles serían las opciones? Muy en concreto, ¿qué se podría hacer en México?
Desde luego, está la opción del anarquismo. El cual, al menos conceptualmente, parte de la base de que el ser humano es bueno por naturaleza y que es el Gobierno quien lo corrompe. Pero, claro, resulta difícil creer en esa bondad de la naturaleza humana. Francamente no creo que la ciudadanía estuviera tranquila encomendando nuestro Gobierno a quienes proclaman que “la violencia es la partera de la Historia”.
Están, desde luego, las formaciones políticas que dicen no ser partidos, sino movimientos. Algunos más conocidos, otros menos. Pero, al final, hablamos del mismo tipo de grupo con otro nombre.
Luego están los ejércitos. De muchos tipos: desde el EZLN, el ELN, el ERPI y otros. Varios de ellos comprometidos a llegar al poder mediante las armas; uno de los argumentos menos democráticos. Y no faltarán quienes pongan su esperanza en el Ejército Nacional. No, decimos la mayoría: el nuestro es un ejército institucional. Pero, si hacemos memoria, también se consideraba al Ejército chileno como uno de los ejércitos más profesional, institucional y democrático de América. Y no faltará quien, de pura desesperación, consideren que la salvación del país está en tener una dictadura militar, similar a las que han tenido en diversos momentos los países sudamericanos.
¿Otras opciones? ¿Darle el poder a los civiles? Lo hicieron en Sudamérica con Collor de Melo y con Fujimori y los resultados no fueron precisamente brillantes. Al parecer, hay quienes consideran que no ser político es garantía de honestidad y de buen acierto para gobernar. A mí me parece que esa argumentación  es muy poco sólida. ¿Confiarlo a los académicos? Conociendo algunos, francamente me parecería que no todos tienen las capacidades. ¿A la prensa? ¿A los organismos empresariales? ¿A las ONGs? ¿Al clero? La verdad, no se ve claro una agrupación que tenga la plena confianza de la ciudadanía y que pueda sustituir a los partidos políticos. De manera que cuando, viniendo de gente de buena fe y preocupada por la situación del país, escucho la propuesta de que no tengamos partidos políticos, me quedo pensando: ¿y cómo los sustituimos?
Seamos claros: para nada estoy de acuerdo en que sigamos dentro de lo que algunos llaman "la partidocracia". Los resultados han sido fatales, y ellos no parecen tener ninguna idea clara de cómo deberían cumplirle mejor a la ciudadanía. No en el discurso: ahí sí es fácil arreglar el mundo. El chiste es dar resultados, sistémicos y de largo plazo, en la práctica.
Creo, sin embargo, que tiene que haber soluciones. Y la respuesta tiene que venir de esta masa informe que somos la ciudadanía. Hasta ahora nos ha sido fácil desentendernos de la labor de vigilar y controlar a aquellos que hemos elegido para qué, supuestamente, nos representen. Necesitamos construir instituciones ciudadanas, estas sí, escrupulosamente ajenas a los políticos de cualquier signo, con fuerza legal para ejercer una auditoría de las acciones de nuestros representantes. Y no sólo con el voto: el mecanismo de hacer pagar sus fallas en los partidos en las elecciones es un mecanismo demasiado lento y las leyes y reglamentos han sido construidas de manera que fácilmente se pueda evitar ese tipo de control.
¿Quiere oír mi utopía? Conste que es una utopía, algo prácticamente irrealizable. Habría que desbandar a todos los partidos políticos. Darles un tiempo para reorganizarse pero con algunas limitaciones: no podrían tener entre sus miembros a aquellos políticos que hayan ganado puestos de elección, o que hayan recibido algún nombramiento dependiente de los presidentes y gobernadores. Por otro lado, tendrían obligatoriamente que cambiar de nombre y de colores. Esto porque, a través de decenios, todos los partidos han creado una “imagen de marca” usando para ello nuestras contribuciones. Y, por supuesto, se limitaría el número de partidos mediante el número de firmas que podrían recabar para su constitución y se les asignaría a todos un presupuesto bajo e igual. De esta manera, ningún partido podría tener ventajas sobre los demás excepto por la calidad de las propuestas y los candidatos que seleccionen.
Y, complementariamente, a las compañías de medios se les limitaría severamente para que no puedan hacer publicidad en mayor proporción a unos políticos que a los otros. Y esto, mediante con penalidades tan severas como la de poder quitarles, en un extremo, hasta la concesión.

Todo esto requeriría, imprescindiblemente, de una amplia participación de los ciudadanos como contralores de las agrupaciones políticas. Ya pasó el momento en que podríamos desentendernos de las acciones de los políticos y llegó el de darnos cuenta de que la política es demasiado importante como para dejársela a los políticos. ¿Estaremos a la altura?

1 comentario:

  1. Estimado Antonio:
    Excelente artículo Dr. Maza, me anoto desde el momento que se vuelva realidad esta utopía.

    Saludos

    Cesáreo Martínez.
    Alumno Dipl. TEC Alta Dirección

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