¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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jueves, 10 de marzo de 2016

Profesores: un activo estratégico para el País


Para mi gusto, de entre las Reformas Estructurales, ya casi olvidadas, al menos en los medios, la más estratégica es la Reforma Educativa. Por la materia que le toca, no porque esté bien hecha. No hay algo más importante para este país que lograr una educación a la altura de la de nuestros competidores internacionales. Desgraciadamente, al menos en lo que fue visible, el enfoque no fue ese.

No se ha presentado un diagnóstico claro de dónde están las brechas entre el nivel que tenemos en nuestra educación comparado contra el que tienen otros países. Sí, algo tenemos con las evaluaciones que hacen organismos internacionales. Pero siempre hay el riesgo de estar comparando "peras con manzanas". La impresión que se dio a la ciudadanía fue que la mayor parte del problema venía de los docentes, en menor medida de la implementación de tecnología en la enseñanza y, al final, la dignificación de las escuelas y lograr su funcionalidad. De estos temas, al menos mediáticamente, al que se le dio más importancia fue a la evaluación de los profesores. De ellos, con el primer secretario de Estado a cargo del tema, hubo un enfoque amenazante: "aquellos que no den el ancho, serán despedidos", o algo parecido. Lo cual, previsiblemente, provocó miedo y rechazo en los profesores que, en su inmensa mayoría, no tienen la culpa de no estar bien capacitados por el sistema que ahora pretende evaluarlos. Después se ha dado marcha atrás, con el nuevo secretario, en un enfoque mucho más conciliador. Pero el tema sigue ahí.

Luego está el aspecto de la remuneración, que no ha sido tratado fondo. Los profesores viven, sino un voto de pobreza, al menos uno de austeridad. Un profesor gana casi siempre menos de lo que ganaría un profesionista con su misma preparación y experiencia. De hecho, en la enseñanza básica y de otros niveles, no es raro encontrar profesores vendiendo Tupperware, cremas u otros bienes, para complementar su ingreso. O trabajando un segundo turno, a costa de su salud y del tiempo que deberían dedicar a su preparación y la olvidada, pero fundamental labor de calificar los trabajos escolares.

Eso, si tienen plaza. Muchos trabajan por honorarios; sobre todo en escuelas privadas. Hay universidades, públicas y privadas,  donde hasta el 70% del profesorado trabaja sin plaza. Lo cual significa menor pago y ausencia de prestaciones sociales, de salud así como de fondo de retiro. El profesor es como una pieza intercambiable. Si ya no puede seguir, si sale del campo de la enseñanza, no hay problema. Siempre hay modo de encontrar un reemplazo. Es barato despedirlo. Y esto se nota. A la sociedad no le ha importado esta situación. Este sistema produce costos bajos y por eso se mantiene.

La importancia de los profesores y profesoras, en el aspecto social, rebasa el ámbito de la enseñanza. Es interesante el hecho de qué, si papá y mamá trabajan, los maestros pasan tanto o más tiempo con nuestros hijos del que pasamos los padres,  si descontamos las horas de sueño. En la adolescencia, donde se da un natural distanciamiento con los padres, muchos alumnos acuden a los profesores buscando consejo y apoyo. Y también después los adultos jóvenes. Una influencia muy fuerte y que, en la inmensa mayoría de los casos, es positiva. Pero que se da de una manera espontánea, por la vocación de los profesores. No se les forma para eso.

Es importante que, como sociedad, vayamos más allá de la justa exigencia de que los maestros estén preparados y exijamos también que se les trate con equidad, se les remunere bien, se les equipe bien, se les den instalaciones adecuadas y una preparación y actualización suficientes. No será regalando “tablets” como se va a mejorar sustancialmente el nivel educativo que necesita el país. Si queremos ser serios, se requiere revisar y rediseñar esta reforma que, si se deja tal como está, tiene toda la probabilidad de ser fallida.


lunes, 8 de febrero de 2016

Un golpe de Estado disfrazado: redacción de la Constitución de la Ciudad de México



El grupo redactor del proyecto de Constitución de la Ciudad de México solo representa a algunas  de las corrientes de la Izquierda. Si tienen éxito, cualquier otra línea política que no sea la suya, podrá ser declarada anticonstitucional.

Valiéndose de su predominancia en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México y, posiblemente, aprovechando que la atención de gran parte del público está concentrada en la visita de Papa Francisco, en la primera semana de febrero de 2016, se tomó protesta al grupo redactor de la Constitución de la Ciudad de México. Un grupo monocolor, representante únicamente del PRD y que no toma en cuenta otras voces que pudiera ser necesario incluir. Han decidido ir por una vía excluyente y, podía decirse, facciosa, al incluir únicamente a los que piensan igual que ellos.

No es algo nuevo. Para cierta izquierda, hay un dogma laico que se sigue rigurosamente. El dogma de que solo la izquierda representa legítimamente a los intereses del pueblo y que todos los demás son “enemigos de clase”. Según este dogma, solo hay intelectuales de izquierda. Los únicos que merecen ser conocidos como activistas y “luchadores sociales” son los izquierdistas.  Las demás opiniones no merecen ser incluidas.

Claro, para tapar ese sol con un dedo, se dice que habrá amplias consultas. Pero sobre un proyecto ya formado, en el que no se dejaron participar voces discordantes y que no se permitió participar a sectores muy representativos. Pero el proyecto ya estará hecho, los tiempos apremiarán, y se buscará que la consulta se haga de manera masiva, de modo que las voces de expertos disidentes quedarán sofocadas por la gran cantidad de opiniones.

¿Por qué excluyeron a personajes de la talla de Luis Rubio, José Woldenberg y Enrique Krause, por ejemplo? ¿Acaso no tendrán mucho que decir? ¿Por qué no incluir intelectuales como Macario Schettino o Jorge Trasloheros? ¿Por qué dar la representación de las voces católicas a las Católicas por el Derecho a Decidir, que difícilmente representan a la opinión católica mayoritaria? ¿Por qué no se incluyeron los gremios empresariales como la COPARMEX o la CANACO? Y estos solos son algunos ejemplos. Amplios sectores de la población no están representados en esta redacción. Tampoco los otros partidos políticos,   universidades privadas, las ONG’s que no son de izquierda y muchas otros grupos de opinión.

En el mejor de los casos, tienen una ceguera ideológica, que hace que  consideren que ellos son los únicos aptos para opinar. En el peor de los casos, se trata de imponer a otros que no opinan igual que ellos, una Constitución que les permitirá perpetuarse en el poder. En cualquier caso, lo que tiene es un talante excluyente, buscando un instrumento que les permita evitar cualquier oposición a sus ideas, por el fácil camino de declarar anticonstitucional todo pensamiento que no sea el suyo.

¿Qué se puede hacer? Al parecer, como decían los abuelos, golpe dado ni Dios lo quita. Pero creo que hay otras posibilidades. Desde luego, denunciar y protestar. Dar a conocer este bien maquinado golpe contra las opiniones disidentes, buscando una dictadura ideológica, basada en una aparente legalidad. No es algo menor, y eso está en manos  de todos.

Lo otro es más difícil, pero posible. Vencer la muy mexicana tendencia a fragmentar nuestras acciones y opiniones, unificar a todos los excluidos de este proyecto y presentar, antes de que el Gobierno de la Ciudad y su equipo de redactores presenten su proyecto amañado y faccioso, un proyecto alternativo. Uno que tome en cuenta que la  nuestra no es una ciudad monocolor, que tenemos una gran riqueza en la variedad de las opiniones y que creemos que la democracia no consiste en acallar a las opiniones diversas sino escucharlas a todas e incorporar sus diferencias en algo que, como la Constitución, no consiste en tratar de resolver todo, sino únicamente establecer los mínimos indispensables para que la ciudadanía pueda tener una convivencia fructífera.


domingo, 3 de enero de 2016

Y Usted, ¿Cómo va a pintar este año?



No, no me equivoqué. La pregunta usual en esta época es: “A Usted, ¿cómo le pinta el año?”. Después de la cual, todos empezamos a hacer especulaciones más o menos infundadas sobre cómo va a cambiar este año, en comparación del que acaba de terminar. Especulaciones teñidas por nuestro optimismo o pesimismo, con nuestras tendencias políticas o ideológicas, con lo que dicen “los enterados”. Por ejemplo, en estos días me decía un conocido: “Este año tiene que ser bueno, porque no es posible que sea peor que el que acaba de terminar”. Muy divertido y sin duda optimista, pero sin ninguna otra base más que la esperanza.

Y los “enterados” no están mucho mejor. En estos días antes del año nuevo, los cinco días aciagos que tenía el calendario azteca, busqué leer comentarios sobre cómo será este 2016. Recuerdo en particular los comentarios de la señora Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, persona muy enterada. ¿Y qué dijo?:  Escaso crecimiento económico en 2016, para los países desarrollados, menor crecimiento en los países en desarrollo, sobre todo en Brasil, precios bajos para las materias primas, incluido el petróleo, intereses ligeramente mayores, problemas demográficos en los países desarrollados… en fin, la situación de diciembre de 2015, repetida todo 2016. Nada que  cualquiera que lee los periódicos no supiera ya. Decepcionante. Y ese fue más o menos el tono de otros comentaristas.

Reconozco que esperaba más. Algún concepto diferente. Por ejemplo: ¿cómo mejorará la economía de los países con el bajo costo de energía? ¿De qué manera puede impulsarlos? ¿Cómo hará más competitivos a países pobres que usaban petróleo caro? ¿Dónde se están generando nuevos mercados que sean el motor de la economía mundial?  Nada de esto. No cabe duda de que la mayor pobreza del mundo en este momento es la escasez de ideas nuevas, de conceptos poderosos. Las viejas recetas ya no dan para más.

Pero, volviendo a mi pregunta inicial: Usted, ¿qué  va a hacer? ¿De qué color va pintar usted su año 2016?

¿Esperará a que las señales estén claras? ¿Esperará a que alguien le indique que hacer? Bueno, es un enfoque prudente… pero si espera demasiado, para cuando reaccione otros se habrán adelantado y a usted solo le quedarán las migajas. Y esto es cierto para usted en lo personal, para empresas grandes y pequeñas así como para los países. ¿Su actitud será la de agacharse y esperar a que pase la tempestad? ¿O será la de aprender a navegar en medio de la turbulencia?

¿Va a dejar que los Gobiernos compongan las cosas o está dispuesto a hacer su parte? Porque hay mucho por hacer. Por ejemplo:
  • Volverse más productivo en lo personal o en lo empresarial. Prepararse mejor y hacer que su empresa genere más conocimiento y lo aproveche mejor.
  • Buscar nuevos mercados o, mejor aún, crearlos.
  • Pagar  a tiempo a sus proveedores y acreedores. Conozco  empresas muy exitosas, con sello de Socialmente Responsables que están pagando a sus proveedores a tres y cuatro meses, con lo cual contribuyen a la lentitud de la economía, en un momento en que tenemos los intereses más bajo de muchos años y la ganancia por pagar lentamente es mínima.
  •  Pagar lo justo a empleados. En estudios de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior) dicen que en este momento se paga a los recién egresados de las carreras universitarias menos que hace una década, haciendo el ajuste por la inflación. Y no hablemos del poder adquisitivo del salario mínimo general o de los salarios mínimos profesionales.
  • Ser más participativo en lo gremial, lo social y en lo político
A un joven muy querido, que me deseaba un buen año, le pregunté: “Y tú, ¿Contribuirás  para que sea un año mejor? Porque esperamos mucho de ti” La misma pregunta me la hago a mí mismo. Y me atrevo a hacérsela a Usted. ¿Cuál va a ser nuestra contribución? Porque la situación, el año 2016, no se va a componer sola


lunes, 14 de diciembre de 2015

Por fin, ¿un acuerdo contra el calentamiento global?


Termina la reunión COP21 (Conference of Parties 21), en París, el encuentro para obtener un acuerdo sobre el cambio climático y una meta clara sobre cuánto debe reducirse ese  cambio. No es que haya sido un acuerdo fácil: lo único que se ha logrado es una meta aceptada por los 195 países representados en dicha conferencia. Falta todavía que esos 195 países obtengan de sus respectivos congresos la aprobación para ese tratado. Después de lo cual, para el año 2018 deberán presentar un plan de trabajo para cada país. Y todavía quedarán muchos puntos que ver en la implementación de ese plan.

Hay muchas cosas que observar en este aspecto. Los dos países que más contribuyen a la huella de carbono en el entorno son Estados Unidos (24%) y China (14%), las economías número uno en número dos del mundo. El grueso de la huella de carbono procede de los países desarrollados y de las economías más poderosas. ¿Están dispuestos a hacer los gastos necesarios? Los países en desarrollo dicen, y de alguna manera no les falta razón, que para que ellos puedan crecer sus economías  en condiciones que limiten el uso de combustibles orgánicos, tardarán más y les costará más. Por lo cual se ha hablado de algunas transferencias de dinero a estos países para que puedan adoptar medidas para limitar la huella de carbono. Un nuevo modo de ayuda internacional que, comprensiblemente, genera mucho escepticismo, cuando se analiza el pobre resultado de la ayuda mundial al desarrollo en los últimos 70 años.

Puede discutirse mucho la importancia de la huella de carbono en el calentamiento global. Se toma como referencia la temperatura promedio global en el año 1778, antes de la era industrial, hasta nuestros días. El calentamiento global en el período 1778-2014  fue de 0.8 °C, pero se pronostica un crecimiento de la temperatura global de entre 1.4 °C y 5 °C antes del año 2100. El acuerdo propone una meta de no más de 2 °C de calentamiento comparado con la temperatura global del año 1778, es decir, que la temperatura para el año 2100 no haya aumentado más que 1.2 °C comparado con la temperatura actual. Parece que no es mucho, pero las consecuencias pueden ser importantes. Y hay muchas dudas sobre la temperatura global en el año 1778: las mediciones se hacían solo en países muy desarrollados y los termómetros no eran igual de precisos que los actuales. Todavía en 1960, una buena práctica era calibrar los termómetros nuevos, porque podían tener fallas hasta de 2 grados centígrados, aunque hubieran pasado el control de calidad de sus fabricantes. También hay otras razones para las dudas sobre el impacto de la huella de carbono. Las fuerzas de la naturaleza tienen una influencia mucho mayor que la que nos imaginamos. Por ejemplo, las erupciones volcánicas importantes pueden bajar la temperatura global más que los esfuerzos que pueden hacer los Estados.
Se habla mucho de medidas regulatorias y de inversiones fuertes en investigación y desarrollo. Pero, muy probablemente, el papel de la ciudadanía mundial será mucho más importante para lograr una reducción importante en la huella de carbono. El tema es si la población, en general, está dispuesta a hacer los sacrificios necesarios para que esto se logre.

Hay varios puntos en donde los ciudadanos podríamos hacer una diferencia. Desde luego, tendremos que estar dispuestos a pagar mayores impuestos. La investigación y desarrollo no es barata, el cambio de equipos generadores de electricidad para eliminar los que usan combustibles basados en carbono, no es barato. Sí, es cierto que se  generarán muchos empleos con estos cambios, pero de alguna manera habrá que pagar por ellos. Y los gobiernos no tienen más dinero del que les puedan extraer a los contribuyentes. En México, antes incluso del anuncio de los resultados de esta reunión, el sector privado ya estaba exigiendo al gobierno que no les pida que pague por el cambio a una economía más sustentable. En otras palabras, lo que están pidiendo es que los contribuyentes sean quienes paguen por ese cambio. Lo cual ocurriría de todas maneras; si los negocios tienen que gastar más para ser más sustentables, habrán de repercutir esos costos adicionales en los precios de lo que vendan.

A un nivel más personal: ¿estaría usted dispuesto, si es que tiene un automóvil, a no usar automóviles grandes y preferir los autos más pequeños que generan menor huella de carbono? Porque, en promedio, una “mini van” deja casi el triple de dióxido de carbono en el ambiente que un auto de los más pequeños, por kilómetro recorrido. ¿Estaría usted dispuesto a conducir a una velocidad menor en las carreteras? Los autos emiten menos gas carbónico cuando trabajan en su velocidad de crucero más eficiente, entre 80 y 90 km/h. ¿Estaría usted dispuesto a caminar más en distancias cortas y usar cuando fuera posible el transporte público? Porque, cuando se comparte el transporte, la emisión de carbono al ambiente por persona transportada se reduce.


De hecho, independientemente de lo que se logre a través de acuerdos como los que se están diseñando en este momento, una parte importante de la solución está en manos de la ciudadanía. Somos nosotros los que podemos reducir la demanda de gases invernadero, a través de nuestras costumbres que muchas veces han aumentado la presencia de gas carbónico en el medio ambiente. La gran pregunta es: ¿Estamos dispuestos a asumir nuestra parte?

sábado, 28 de noviembre de 2015

¿Cuáles son los argumentos en contra de la independencia de Catalunya?


¿Qué argumentos hay en  contra de la independencia de  Catalunya? ¿De qué manera quieren los demás españoles convencer a los catalanes de que no se independicen? En los medios ha aparecido una gran diversidad de argumentos, de distinto mérito y profundidad.

Hay argumentos muy superficiales. Por ejemplo: el hecho de que el  Club de Fútbol Barcelona deje de estar presente en las competencias internacionales, por no ser parte de la liga Española. Como si el Mónaco no fuera parte de la Eurocopa. O que los colores de la Señera, la bandera catalana, están en la bandera Española. Es como si dijeran que, ya que el partido mexicano PRI usa los colores de la bandera mexicana, todos los mexicanos deberían de votar por ese partido (lo que, de paso, creen muchos dirigentes de ese partido). O el hecho de que Catalunya ha formado parte de España por muchos siglos, un argumento que podían haber esgrimido los musulmanes en contra de la Reconquista de Andalucía. O el argumento de que los partidos separatistas están tratando de ocultar su corrupción a través de sus campañas secesionistas. Como si los partidos españoles fueran ejemplo de probidad. Es como el comal que le dice a la olla: “no me toques porque me tiznas”.

Tiene más fuerza el argumento económico, porque no es difícil argumentar que Catalunya perdería al no tener los mercados de la Península y quedar fuera de la Unión Europea. Si es que fuera así: Catalunya es la 14ª economía de Europa, algo nada despreciable. Pero también es cierto que España perdería casi el 20% de su producto interno bruto y algo más de eso en recaudación fiscal, así como una parte importante de su comercio interior y sus exportaciones. Todo ello, perdiendo casi el 16% de la población. Sí, Catalunya perdería, pero también perdería el resto de España. España es más fuerte económicamente y más competitiva internacionalmente con Catalunya que sin Catalunya.

El otro argumento, el electoral, señala que sólo el 46% de los votantes en las pasadas elecciones votaron por los partidos separatistas. Pero eso, en realidad, tiene arreglo: basta que al declarar independiente a Catalunya se les desconozcan los derechos electorales a los andaluces, murcianos y valencianos que han emigrado a esas provincias. Lo cual puede hacerse dándoles derechos legales para trabajar, sin darles derechos electorales. O bien, dejando que abandonen las provincias para darles trabajo a su gran número de desempleados. Cosas que puede hacer un país independiente, como lo hicieron algunos países hispanoamericanos al declarar sus independencias y expulsar a un número importante de españoles.
Está el argumento de la legalidad: la independencia catalana va contra la Ley. Cierto. Pero, de fondo, la mayoría de los procesos de independencia de los países, han sido ilegales. Lo fue Irlanda, lo fue Israel, lo fueron muchos países africanos, lo fue la India en la mayor parte de su proceso de independencia. Lo fue toda Hispanoamérica, y los reinos de Europa tardaron mucho en reconocer su independencia.
Probablemente el argumento más fuerte es el argumento de la unidad de España. Un logro de muchos siglos, de una larga lucha de reconquista y una historia de toda clase de calamidades, incluyendo la invasión francesa y la pérdida de Gibraltar así como de las colonias y la  guerra  civil. Pero dentro de este argumento hay una parte formal y una parte sustantiva. La parte formal es la legislación, la Constitución. Éstas, tienen fuerza en tanto cuanto reflejen la realidad de la ciudadanía. De otro modo, es un formalismo en el cual no cree la población. Si, por supuesto que se puede obligar, incluso con la fuerza de las armas y con acciones policiacas, a que se conserve una unidad que vaya a contrapelo de una parte importante de la población. Se puede lograr, pero no se puede convencer por esos medios. Pueden encarcelar a los dirigentes secesionistas, a riesgo  de convertirlos en mártires y profundizar en el descontento de la población que no quiere ser parte de España. Otras medidas, como un bloqueo económico en caso de que se dé la independencia, tendrían un efecto parecido. Puedes rendir por hambre a la población, pero los ejemplos históricos de aislamiento económico a países como Cuba y como el que ocurrió en los cuarentas para la España franquista, demuestran que raramente esas medidas cambian fundamentalmente las cosas. Porque se trata de convencer, no de vencer. 

Lo que no se lee en las argumentaciones publicadas, es un ánimo de convencer a los catalanes de que España los quiere. No he visto, salvo alguna excepción, argumentaciones en las que se diga que los españoles quieren a Catalunya, que necesitan la unidad porque son valiosos para España. Es muy difícil convencer a alguien de que se quiere la unidad acusando a los catalanes de separatistas, sediciosos, vanidosos, engreídos y tontos. Qué, sin usar estas palabras exactas, ése es el tono que se desprende de la lectura de muchos artículos en contra de la independencia de Catalunya. No alcanzo a comprender cómo habrá quien crea que, a través de escarnios,  se puede convencer a alguien de que buscamos la unidad. Si yo fuera catalán, la lectura de la prensa que se opone a la independencia de Catalunya me convencería de que, efectivamente, los españoles no aprecian a los catalanes y que quieren solamente seguir teniendo una fuente de impuestos y un mercado disponible, pero que no buscan de fondo una unidad basada en el aprecio mutuo.

¿Hay otros medios de lograr la unidad? Sí, pero no son rápidos de implementar y los resultados pueden tardar en materializarse. Se trata de reconstruir la Unidad así, en mayúsculas, basada en el convencimiento de que nos queremos y nos necesitamos. La secesión de  Catalunya es una tragedia, porque ya existe en los corazones y solo falta formalizarla. Es una tragedia  como cuando un esposo abandona a su mujer e hijos. Ni los argumentos legales ni los económicos lo van a convencer, porque la separación ya ocurrió, solo falta formalizarla. ¿Se puede reparar esa separación? Sí, pero no es sencillo. Los argumentos jurídicos, económicos, sociales y hasta religiosos no bastan para reconstruir esa unidad.


En el caso de Catalunya, habría que empezar por entender las razones que tienen los  catalanes para creer que los demás españoles los han tratado injustamente. Y, una vez entendidas, pedir perdón.  Muy difícil, pero si la Iglesia por medio de San Juan Pablo II pidió perdón por hechos ocurridos hace muchos siglos, otros podrían hacerlo. Claro, entiendo que esto es lo último que los partidos políticos van a hacer. Esto tiene que salir de la Ciudadanía y es la Ciudadanía la que debe convencer a los políticos de hacerlo. Y también los catalanes deben estar dispuestos a hacer lo mismo. Porque  ante una tragedia de esta magnitud, no es momento de mezquindades, legalismos ni demostraciones de fuerza.  Hay que, con magnanimidad, reconstruir una relación que nunca debería haberse roto. Con reglas claras, con generosidad, con amor. Porque así hay que tratar a todos los españoles.

lunes, 19 de octubre de 2015

¿Por qué no se recuperan los precios del petróleo?

Conste que no soy un experto en economía petrolera ni tampoco economista. Como estudioso de la estrategia de negocios, sin embargo, creo que algo puedo opinar en un tema que tiene mucho que ver con el análisis de la estructura industrial de Michael Porter.

Hay que tomar muy en cuenta que las leyes de la oferta y la demanda no funcionan del todo en los oligopolios, sobre todo cuando están organizados como un cártel,  como es la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo u OPEC por sus siglas en inglés). En ese caso, los precios han dependido más de manipulaciones políticas y de oferta que a una demanda real del petróleo.
Algunos datos: en Diciembre de 1998, el precio del petróleo estaba en 10.40 dólares el barril. Doce años después, el precio rompe la barrera de los 100 dólares,  y se mantiene así hasta septiembre de 2014 donde baja a 96 y de ahí cae rápidamente llegando en Enero de 2015 a 55 dólares. Y, como dice The Economist, ahora las empresas petroleras ya desearían que el petróleo llegara de nuevo a 50 dólares.

Nada de esto tiene que ver con el crecimiento de la economía mundial. Ni hay correlación con el cambio en el consumo de petróleo. Se alega que hay exceso de oferta, pero no anuncian medidas para un recorte de esa oferta.

Hay otros hechos no mencionados. El regreso de Irán al mercado, después de levantarles las sanciones internacionales  limitando su exportación. La ocupación de zonas petroleras por el Estado Islámico, que está vendiendo petróleo en el mercado negro a precios de hasta 30 dólares por barril. Pero, tal vez más importante, la entrada en operación del proceso de “fracking” para extraer petróleo y gas de ciertos tipos de estructuras geológicas, proceso que ha convertido a EEUU en el segundo productor de hidrocarburos del mundo. Y algo muy importante: a la industria petrolera de EEUU se le levantó la prohibición de exportar. De modo que no solo está produciendo más, sino que está en el mercado como un jugador desde el lado de la oferta.

Ante esto, consciente o inconscientemente, la OPEP está siguiendo el análisis de Porter. Reducen los precios para evitar la entrada de competidores que tienen alto costo de producción. Con esto, se espera, los productores con el sistema “fracking” ya no serán rentables a estos precios. Pero no siempre ocurre eso.

Al inicio de los 80, los precios de petróleo eran muy altos. Casi 90 dólares el barril, a precios constantes de 2008. A esos precios, países que eran productores menores, como Ecuador y Nigeria, desarrollan sus campos y entran al mercado internacional. Pero, más importantemente, Inglaterra y Noruega desarrollan los campos del Mar del Norte y empiezan a abastecer a Europa con un costo logístico menor. Bajan los precios del petróleo, pero los nuevos productores ya habían hecho las inversiones para desarrollar sus campos. Tenían lo que se llaman “costos hundidos”. No ganaban nada con dejar de producir y tenían que recuperar sus inversiones, aunque fuera a un plazo mayor. ¿Pasará esto ahora? Los gastos de desarrollo de campos con “fracking” ya están hechos. No es creíble que dejen de producir o que dejen sin completar las inversiones ya iniciadas.
Hay, por supuesto, otros factores. Si creemos en las teorías de la conspiración, esto le crea graves problemas a Rusia, y le impide ser la superpotencia que fue y podría volver a ser. Esto le pega todavía más fuerte a la Venezuela de Maduro, y hace que no pueda dar petróleo barato a Cuba, Bolivia y otros. Y, en otra línea de la conspiración, a las empresas automotrices les viene bien la gasolina barata, porque de otro modo, los coches eléctricos serían muy viables y eso no les conviene ni a ellas ni a los productores de petróleo.
Otro aspecto, más basado en hechos, es un análisis hecho por el Fondo Monetario Internacional y el Deutsche Bank, sobre el presupuesto de los países de la OPEP. A menos de 100 dólares el barril, la mayoría de ellos tendrán un déficit presupuestal fuerte: las excepciones son Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, pero aún ellos necesitan al menos 70-80 dólares el  barril para tener balance presupuestal. Eso significa que algunos de ellos, sobre todo los de la península arábiga, están gastando sus reservas, que son considerables. Otros, como Venezuela por ejemplo, no disponen de reservas para aguantar mucho tiempo y tendrán que endeudarse. Si hallan quien les quiera prestar. O bajar drásticamente su nivel de vida.

Muy difícil hacer escenarios aquí, sobre todo porque los cárteles existen para modificar  en cierta medida el efecto de las leyes de la economía. Sus  decisiones serán políticas y su lógica no es únicamente económica, sino una de preservar su fuerza oligopólica. Si la historia sirve de alguna guía, nos diría que después de la caída de precios en el 81, los precios se mantuvieron en el nivel medio-bajo por más de 20 años. Y eso sin contar que se predice que en los próximos 5 a 10 años entrarán al mercado nuevas tecnologías para rehabilitación de pozos petroleros agotados. Lo que podría hacer mayor la oferta de petróleo y sería aún más difícil el aumento de sus precios.

De modo que en estos escenarios hay dos impulsores importantes: La necesidad de muchos de los productores de petróleo de balancear sus presupuestos y evitar agotar sus reservas de divisas, lo cual les llevaría a tratar de volver a precios, tal vez no tan altos, pero más cercanos a los precios del 2012-2013 o, por otro lado, la necesidad de evitar nuevos jugadores en el mercado de energéticos y sus efectos a largo plazo, lo cual tendría como consecuencia bajar aún más los precios.  Este último escenario podría tener como efecto menores costos para la economía mundial y un respiro para la crisis económica que en unas decenas de meses más cumplirá diez años. Y otras consecuencias que no son menores: un incentivo para usar carros más grandes y consumidores de gasolina, con su impacto correspondiente en el ambiente.

Un ambiente complejo, muy difícil si no imposible de pronosticar matemáticamente y para el cual hay que preparar escenarios para tener planes alternos y atender la situación.


lunes, 5 de octubre de 2015

¡Que se nos van los catalanes!

Un tema muy español. Las provincias catalanas quieren separarse de España. La semana pasada hubo unas elecciones locales que fueron presentadas, por el gobierno separatista catalán, como si fuera un plebiscito sobre la separación de Catalunya. Un tema que no es, en lo esencial, exclusivamente español. Situaciones similares, si bien menos agudas, se presentan en otras partes del mundo e incluso en México. Un tema del siglo XXI. Uno de Cuenta Larga.

Detrás del independentismo catalán, está una larga serie de agravios: algunos centenarios y otros relativamente recientes. El desprecio que han sentido en muchos gobiernos centrales de España, que en algún extremo llegaron a intentar desaparecer su lengua y su cultura. La imposición abusiva de cargas en la que se percibe una injusta participación en los impuestos que se recogen en las distintas provincias españolas. Y en el fondo, el sentirse envidiados y despreciados al mismo tiempo. Abusos que no se han reconocido, agravios de los que no se ha pedido perdón.

Mucho  hay de cierto en sus agravios: los catalanes proveen el 25% de la recaudación fiscal de España, y recibe a cambio una participación relativamente pequeña de ese ingreso. Eso, a pesar de que pagan las tasas de impuestos más elevadas de España. Se quejan, por ejemplo, de que su gasto en salud está mal financiado porque lo que reciben del gobierno central es escaso. Y este es sólo un ejemplo.

En el debate, la argumentación que están ofreciendo los demás españoles a favor de la no secesión de Catalunya, no reconoce agravios ni busca la conciliación. En términos generales, el tono es de ataque, de demostrar sus fallas, de acusarlos de no cumplir con los mandatos constitucionales que aceptaron, por ejemplo, y de tratar de convencerlos de que la economía catalana tendría mucho que perder si se separara de la española. Hasta llegar a los argumentos intrascendentes, como la dificultad del equipo de fútbol Barcelona para mantener su nivel internacional si no jugara en la liga española.

Me da la impresión de un marido que está tratando de evitar que su esposa lo divorcie, y los argumentos  que da, fueran: que ella es bastante inútil, un tanto antipática, y que no podrá sostenerse económicamente si él no la estuviera apoyando. Por no decir, que perdería a sus amistades comunes. Yo no sé qué le parezca usted, pero a mí me parece que a esa esposa no le harían mayor impresión esos argumentos. Y algo así sucede en este debate. Algo he leído de la prensa española y no he encontrado absolutamente nada en el sentido de que a los españoles les importen los catalanes. De que los necesiten.  Nada sobre la hermandad entre los hispanos, nada en el sentido de que “nos necesitamos y que, aunque como buenos hermanos nos peleamos, en el fondo nos queremos mucho”.

Francamente, desde la lógica de los argumentos a favor de mantener la unión, parece muy difícil que Catalunya no se independice. En el fondo del debate se ven agravios, se ven rencores, puede ser que, en algún caso, hasta odio. De ambas partes. Mala base para negociar. Mala situación para lograr un acuerdo, si ambas partes no están dispuestas a perdonar y, por duro que sea, lograr en alguna medida olvidar. Que no es fácil, pero es lo único que puede lograr sanar las heridas entre las comunidades catalanas y el resto de España.

Como decía anteriormente, este no es un tema exclusivamente español. En Europa hay situaciones parecidas, si bien no tan agudas. Los lombardos en Italia, los  corsos en Francia, por poner dos ejemplos, también han expresado ideas separatistas. Y por razones históricas, culturales, y fiscales similares a las que expresan los catalanes. En la propia España, los valencianos, los gallegos y los eúskaros han expresado su necesidad de mayor autonomía o incluso de independencia. Según algunos futurólogos, en este siglo se estaría presentando en todo el mundo un esquema de zonas económicas de libre comercio, como la Unión Europea, el tratado de libre comercio de América del Norte y los tratados del Pacífico, con normativas comunes, con situaciones fiscales homologadas, y con fraccionamiento de los países en diferentes regiones autónomas. Estos futurólogos ven que, como reacción a las grandes alianzas comerciales, habría un reforzamiento de las autonomías locales. Lo cual no es tan mala idea: las alianzas entre las grandes naciones al principio del siglo XX, provocaron la Primera Guerra Mundial y en parte también la Segunda.

¿Podría ocurrir algo parecido en México? En alguna medida, las semillas ya están aquí. En concreto, esa es la postura del EZLN, buscando la autonomía para las comunidades indígenas. Y lo mismo ocurre con diversos estados donde se busca promover los "usos y costumbres" de los indígenas. Ellos también tienen agravios centenarios, de expoliación de sus tierras y sus comunidades, de desprecio y discriminación a sus culturas y lenguas, así  como  un intento que empezó con los liberales del siglo XIX para "castellanizarlos". La diferencia es que estos grupos no tienen el impacto económico que tienen los catalanes en España y, por lo tanto, para la mayoría de la población es un tema de escasa importancia.

Pero no son los únicos. También los neoloneses sienten como un agravio que ellos participan muy fuertemente en los impuestos que recauda Hacienda, y sienten que no reciben una parte proporcional de lo que entregan. En ciertas zonas del país, en los noventas, se veían en varias ciudades las pintas diciendo: "haz patria, mata un capitalino". Las mismas semillas de odio, los mismos agravios que se mantienen, podrían llevar a esa situación. En un escenario, si en los desiertos de Chihuahua y Coahuila que tienen formaciones geológicas similares a las de Texas, se hicieran descubrimientos importantes de petróleo, se rompería la dependencia que tienen los estados del norte respecto al resto del país y la tentación de independizarse sería muy fuerte.


Al final, lo que importa es que los países se mantienen unidos por lazos de cariño, de aprecio y de solidaridad entre sus diferentes comunidades. La lengua común, la historia común, incluso la religión que mayormente se profesa, no son suficientes para mantener la unión. Y, para demostración, basta ver lo difícil que ha sido unir a los países de América Latina. En España, como en México y en el resto del mundo, la unión se dará cuando todos reconozcamos públicamente que nos necesitamos los unos a los otros, que nos apreciamos los unos a los otros, que nos importa el destino de nuestras distintas comunidades. Que estamos dispuestos a hacer algo para remediar los agravios, reconocer lo que nos debemos los unos a los otros, y cultivar nuestra amistad y aprecio entre todos nosotros.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Combate a la pobreza


Magros los resultados del Combate a la Pobreza, nos reporta el tercer informe de Gobierno de la administración Peña Nieto.

En su administración ha aumentado en más de un millón 990 mil el número de pobres. En cambio, la pobreza extrema ha mejorado: Hay 86,647 personas que ya no están en la pobreza extrema. Y qué bueno. Una reducción del 0.8% en la pobreza extrema, mientras que la pobreza total ha aumentado un 3.7%. Todo ello gracias a un gasto en Desarrollo Social del Presupuesto Federal que excede los 200,000 millones de pesos en dos años. O sea, poco más de dos millones  de pesos por persona que dejó de estar en pobreza extrema, en estos mismos años. Esto sin contar las múltiples aportaciones de la Sociedad, desde las “Patronas” que alimentan migrantes, los Hogares Providencia, los Kilos de Ayuda, los Bancos de Alimentos y otras múltiples iniciativas que en algo habrán contribuido a reducir esa pobreza extrema, aunque no se les reconozca.

Números fríos, hasta que uno considera que esos no son números: son familias, son niños, son adultos mayores. Son gente que, literalmente muere de hambre. Qué bueno que se estén haciendo estos esfuerzos. Que mal que tengamos más de 11 millones de personas en pobreza extrema y que casi dos millones de personas más hayan caído en la pobreza o han nacido en ella. 

No se ve autocrítica, al menos en público, por parte de esta Administración. Pero la artífice del programa contra la pobreza ya no está al frente. Ojalá el nuevo Secretario traiga nuevas ideas, porque urge un cambio de enfoque.

Es fácil  criticar el modelo de los comedores para gente en pobreza extrema. Yo no lo critico: por humanidad, por decencia, nuestra Sociedad no puede dejar que haya gente que muera de hambre o viva muy disminuida por su deficiente nutrición. Lástima que no se hayan dado datos de la reducción de muertes o enfermedades por desnutrición. Hubiera sido mucho más indicativo de los resultados del combate a la pobreza. Es cierto, sin embargo,  que este modelo se presta a usos clientelares y electorales. Habría que demostrar que hay abusos, porque ahí está el riesgo. Pero no compro el argumento de dejar a la gente con hambre para no caer en esos peligros.

Otra crítica se centra en el dicho “No hay que darle un pescado al que tiene hambre, hay que enseñarlo a pescar”. Lo cual también tiene algo de cierto. Las personas que asisten a los comedores del gobierno, no han salido de pobres; han salido de su inanición. Pero, si no se le da el pescado al hambriento, mañana estará muerto y no habrá manera de enseñarlo a pescar. O estará tan débil por el hambre que le costará mucho trabajo aprender. Hay que hacer las dos cosas: darle de comer y darle las capacidades para que pueda salir de pobre. Y en esto hay un punto clave. Se trata de que la gente sea independiente en lo económico, no que se construya una codependencia entre pobres y gobiernos. Y en eso hay mucho por hacer para el nuevo secretario del ramo.

Lo que me parece inaceptable fue la excusa que dio la ex secretaria a cargo de este programa, para su pobre desempeño. No sé por qué me recordó a un grupo de señoras de la “alta” sociedad, criticando a sus sirvientas: “Estas no pueden salir de pobres, porque tienen muchos hijos”. Porque ese fue su argumento. No señora. Las cosas son mucho más complejas. En México la natalidad ha bajado a la mitad desde 1970 a la fecha y, con la pena, las familias no viven mejor. Y esto es cierto a nivel rural como el urbano. Hay que generar riqueza, empleos bien pagados. No se trata de hacer cuentas pueriles del tipo de que “entre menos burros más olotes”. Si eso fuera la única solución, las zonas despobladas por la emigración serían áreas prósperas.

Lo que hay que hacer es dejarse de excusas. Una sana autocrítica, preferentemente pública, no vendría mal. Reconozcamos que no somos un país rico en recursos naturales. Solo el 14% del territorio es cultivable y solo la mitad de este tiene riego. Nos estamos acabando la pesca y ya nos gastamos el petróleo que, para colmo, ahora vale menos. Nuestra población tiene un pésimo nivel educativo y, aunque pueda haber honrosas excepciones, la gente sin las capacidades básicas que deberían dar las escuelas, no pueden prosperar, aunque les den “tablets”. Los emprendedores en pequeño no necesitan dadivas, necesitan simplificación administrativa de a de veras, que les permita ser eficientes. Necesitan un sistema de impuestos fácil de administrar y cumplir, no uno que le cueste al micro empresario casi lo mismo que paga en impuestos. Y esto es solo una parte de lo que se podría hacer.

Ojalá ahora sí, en serio, sin buscar protagonismos ni el aplauso de los medios o de los políticos, el Estado, Gobierno y Sociedad, nos pongamos a impulsar este proceso. Que no es un proceso de un sexenio: si empezamos ahora y no quitamos el dedo del renglón en una generación habremos reducido sustancialmente esta vergüenza nacional.


sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Tuvo algo de bueno el Informe?

A riesgo de que se enojen conmigo algunos de mis amigos y Usted, amable lector, le daré mi opinión honesta. He  tratado de oír y leer lo más posible de los comentarios sobre el Informe Presidencial, presentado en público el pasado 2 septiembre. El consenso no puede ser más negativo: difícilmente se encuentra en la prensa independiente, ni en las redes sociales a alguien que no le haya parecido que el Informe fue malo. Pero creo que no hay nada tan malo que no tenga un poco de bueno. Creo que en el Informe y en el proceso en torno a su presentación hay cosas positivas que destacar.

Para empezar, a diferencia de otros Informes presidenciales que me ha tocado escuchar, en este se puso el énfasis en los resultados, no en las actividades. Y eso es muy importante: en la mayoría de los Informes presidenciales y gubernamentales se encuentra una larga relación de actividades, sin explicar si esas han dado los resultados que buscaban. Así, se reportan por ejemplo inauguraciones de hospitales que después no entran en funcionamiento por falta de médicos, como ha ocurrido en varios estados de la República. Otro ejemplo: en algunos Informes se ha hablado de una actividad de educación para 25 millones de niños y adolescentes. Nunca se ha mencionado la calidad de educación ni se han precisado los resultados que se están obteniendo de esta actividad. Y eso, desde un punto de vista totalmente técnico de la Administración es muy importante. De manera que este Informe, al enfatizar los resultados,  ha hecho un cambio notable.

Otro tema diferente es la veracidad de esos datos. En el estado de desconfianza con el que la ciudadanía está juzgando el desempeño de esta administración, es de esperarse que la mayoría opine, muchas veces sin bases, que las cifras están "maquilladas". Algo extraordinariamente positivo, en mi opinión, es la actividad de grupos de la sociedad civil que han asumido la responsabilidad de validar esa información. Por ejemplo, @ElSabuesoAP que, asociado con otros grupos, emprendió la tarea de convocar y capacitar a un grupo de ciudadanos para revisar el sustento de las afirmaciones que tiene el Informe. Interesantemente, de 21 temas revisados sólo encontró dos verdaderos. De los demás, cinco se calificaron como verdades a medias, nueve se calificaron de engañosos, uno discutible y cuatro difíciles de probar. Ninguno fue calificado de falso o casi falso. Independientemente del resultado, lo que me parece un gran logro es que grupos de la sociedad civil hayan asumido esta responsabilidad y hayan hecho públicos sus resultados. Bien hecho. Ojalá tengamos más grupos así; ojalá pronto estemos evaluando con el mismo rigor todas las declaraciones de nuestros mandatarios.

Por otro lado, la información que se nos dio, aún si hubiera sido escrupulosamente cierta, le hace falta un elemento muy importante: el contexto. ¿A qué me refiero? Los logros que se reseñaron no nos dan ninguna referencia respecto a lo planeado. Por ejemplo: se construye una determinada cantidad de kilómetros de carretera. ¿Es mucho o es poco de acuerdo a lo que decía el Plan Nacional de Desarrollo? Se nos habla de un buen número de escuelas de tiempo completo. ¿A qué porcentaje de cumplimiento van de acuerdo a las promesas de campaña, debidamente registradas ante notario? Esto es otro elemento fundamental en cualquier tipo de administración, sea pública o privada. Los resultados son relevantes en comparación con los planes y las obligaciones que se han asumido. Sin ese contexto, esa información es muy poco valiosa. En descargo de esta administración, debo decir que esto ha sido una falla común en todos los Informes presidenciales que he podido revisar. Pero esa unanimidad no sirve para disculpar: para que se pueda juzgar correctamente esos resultados no basta con compararse lo que ocurrió en otras administraciones o lo que ocurre en otros países.

Pero, para mi gusto, lo más importante y destacable es el hecho de que por primera vez en la historia de México un presidente reconoce públicamente y mediante su Informe al Congreso, que existe una profunda desconfianza hacia su administración. Yo no encuentro ningún ejemplo parecido de ninguno de los presidentes que hemos tenido en nuestra historia. Y eso me parece un excelente principio: todo funcionario público debería admitir públicamente el hecho de que la ciudadanía no le tiene confianza, si es el caso. Esto, obviamente, no es suficiente. Pero sin empezar por ahí, es muy difícil avanzar más. Por supuesto, estoy consciente de que no se ha logrado frenar esa desconfianza y me cuesta mucho trabajo creer que con el " Decálogo" que se nos propone, la remedie. Me pregunto, amable lector y lectora: ¿ha aumentado su confianza hacia esta administración, a raíz de escuchar el Informe o leer sus transcripciones y comentarios? Francamente, lo dudo mucho. Y es que la confianza no se gana fácilmente. En épocas anteriores, se creía que bastaba con una buena oratoria, con la elocuencia de los gobernantes para ganar la confianza de la ciudadanía. Ahora se confía, ciegamente, en las técnicas de mercadotecnia política. Y, claramente, ninguno de los dos enfoques está resultando en un aumento de la confianza ciudadana.

Es claro que para ganar de nuevo la confianza se necesitan hechos, muy visibles y que no requieran de la validación de los propios miembros de la administración. Hechos que sean tan claros que a la ciudadanía no les quede duda de los mismos. Es una tarea por hacer. Un buen principio sería que, junto con el reconocimiento de la desconfianza generalizada, se dijera a la ciudadanía y al Congreso, que en teoría nos representa, cuáles son las medidas concretas que se tomarán para enmendar esa peligrosísima brecha entre nuestros mandatarios y nosotros, los mandantes.


Esos son mis razones para no poder ver este Informe totalmente en negro o totalmente en blanco: es claramente un conjunto de luces y sombras. De poco sirven ambos extremos. Una ciudadanía madura debe tener la capacidad de reconocer aciertos sin caer en la adulación y reconocer también las fallas sin satanizar a quien las comete. Nosotros, ciudadanos, no debemos caer en el pesimismo, pero tampoco podemos ser ilusos. Hay que ver cuáles son los elementos sobre los cuales podemos construir, reconocer los obstáculos y las dificultades, y no quitar el dedo del renglón. Somos los ciudadanos, somos los mandantes y no se nos debe olvidar que los mandatarios están ahí para cumplir con nuestro mandato.

sábado, 22 de agosto de 2015

¿Dónde están los nuevos mercados?

No se avanza. La economía mundial está más que estancada. También la economía de México. Y no es cosa de decir que hay otros que están peor: se acabó el tiempo de las vacas gordas y estamos en el de las vacas flacas. Los diagnósticos son lastimosamente incompletos, cortoplacistas, y no conducen a soluciones. No es un tema de intereses, paridades, medidas monetarias o ajustes fiscales. Medidas de austeridad algo sirven, en el corto plazo, pero no generan nuevos mercados.

¿Dónde está un nuevo Keynes, dicen algunos? Aunque la cruda realidad es que las medidas keynesianas no lograron soluciones definitivas: EEUU solo salió de la gran depresión mediante la Segunda Guerra Mundial. Porque, históricamente, las grandes crisis económicas se han resuelto por la guerra, el hambre o la emigración. Las grandes oleadas de emigraciones irlandesas, suecas e italianas, corresponden a las grandes depresiones o hambrunas en esos países.

Descartando esas situaciones tan dolorosas, ¿qué opciones hay? Si lo supiera, no estaría yo aquí escribiendo: estaría enriqueciéndome vendiendo la solución a los países poderosos. Pero la única solución que veo es la de encontrar nuevos mercados. La mayoría de los países emproblemados tienen un elevado desempleo, una capacidad productiva desocupada y poblaciones envejecidas a las que hay que sostener, que consumen poco y no pueden impulsar la economía. El caso de libro de texto es Grecia, pero con menor gravedad ocurre en la mayoría de Europa y en Japón, que empieza a medir su estancamiento en décadas.

Hablando hace poco con un español, que me hablaba de sus medidas de recorte presupuestal, reducción de intereses y asuntos similares, le preguntaba: ¿Dónde están sus nuevos mercados? Para lo cual no tuvo respuesta. ¿Cuáles son sus nuevos productos, empresas, modelos de negocio? Otra vez, silencio. Y eso se repite en muchos países de Europa. ¿Cuáles son los nuevos mercados de Grecia? Buena pegunta. ¿Recuerda Usted algún producto griego de exportación? ¿Alguna marca griega de alcance mundial? Si lo sabe, mis respetos. Y ahora, que con las medidas de austeridad, han quitado las exenciones de impuestos a sus sitios turísticos, y que los europeos tienen poco dinero para turistear, su situación se ve bastante difícil.

Ante esta triste situación, una nación europea está creciendo, modestamente, pero sólidamente: Alemania. ¿Qué hace la diferencia? Cuando se derrumbó la zona Soviética, Alemania Occidental absorbió a la Alemania Oriental, con una economía muy débil, una población con muy  bajo poder adquisitivo. Y se dedicaron a poner al día a Alemania Oriental. No solo esto: empezaron a ofrecer ciudadanía a las minorías de habla germánica, que existían en varios países de la órbita soviética. Esto generó un gran mercado interno para el cual había que crear capacidades, nuevos productos, construcción, etcétera. Y es un proceso que no ha terminado y que sigue dándole a la economía germana un mercado hacia el cual pueden seguir creciendo. Podría decirse que Alemania está siendo recompensada por su generosidad al ayudar a las poblaciones que absorbió al terminar la Guerra Fría.

Y para otros países, ¿Dónde están los nuevos mercados? A riesgo de equivocarme, digo que lo único que puede generar crecimiento mundial, es ayudar a los países pobres y de economía intermedia a desarrollar en serio sus economías. Ayudarlos a que produzcan, no a que compren los  productos elaborados de los países ricos.  No dar limosnas disfrazadas de “ayudas” que solo dan alivio a corto plazo. Hacer que haya más economías prósperas. Actuar en serio contra la corrupción y no propiciarla como hacen muchas de sus empresas. Cuando los africanos tengan el nivel de consumo que tienen los países pobres de Europa, como Grecia, por ejemplo (pobres comparados al nivel europeo, pero ya quisiéramos tener su ingreso per cápita) habrá para el Mundo mercados nuevos que impulsarán la economía de todos.

Y,  a propósito, en México tenemos una situación similar. Nuestros 50 millones de pobres son una enorme oportunidad. Elevarlos al nivel de la clase media generaría un impulso que nos ayudaría a dejar de crecer a los niveles ridículos que lo estamos haciendo. Nada simple. Tendríamos que dejar posiciones ideológicas obsoletas que nos impiden dejar de ver al pobre como sujeto de lástima y limosnas o como una clientela que nos genera votos a cambio de dádivas, y verlos como sujetos de su propio desarrollo. Tendríamos que combatir en serio a la corrupción a todos los niveles. Tendríamos que hacer sacrificios, no hay duda. Y a nadie nos gusta hacerlo.
Los apoyos filantrópicos a los pobres solo generan soluciones a corto plazo y crean dependencia. Pueden ser muy  necesarios, como una solución  de emergencia, pero no sirven a largo plazo. Son soluciones heroicas, pero no se pueden estar usando a tiempo completo. Es como si un enfermo tiene que amputarse un miembro para evitar la muerte. Hay que hacerlo, no hay duda. Pero esa es una solución de emergencia: no puede seguírsele amputando miembros al enfermo permanentemente. Hay que ir a la causa y resolver de fondo.


Creo que tenemos delante una gran oportunidad: una población del tamaño de muchos países europeos: los mexicanos pobres. Por solidaridad, por amor a los nuestros, hay que ayudarlos: pero ahí está también la solución a muchos de nuestros problemas económicos. Se dice que cuando no hay opciones, no hay estrategia. Solo hay la obligación de seguir ese camino. Y, a largo plazo, no veo otro remedio que resuelva seriamente estos males mexicanos y mundiales.

domingo, 16 de agosto de 2015

La quiebra del sistema educativo

Una revisión somera de los resultados de la prueba PLANEA (Plan Nacional para la Evaluación de la Educación)   da resultados más preocupantes que los que han atraído la atención de los medios: la “devaluación hormiga” del peso, la caída del precio del petróleo, la fuga de Joaquín Guzmán o los desfiguros de algunos personajes famosos.

El hecho de que, en promedio, solo el 12.2% de los egresados de preparatoria aprobaron en comprensión de la lectura y solo el 6.4% aprobaron en matemáticas, nos debería tener muy preocupados. A corto y mediano plazo, no se puede ser competitivo como país, con estos resultados. A largo plazo, significa la profundización de la pobreza. Y estos son, recordemos, los egresados de bachillerato. Los mismos que piden, ¡exigen!, que los admitan a las universidades de forma automática. Y luego nos asombra la baja eficiencia terminal de las universidades. Y luego nos extraña que los mejores egresados de las mismas requieran hasta dos años de re-entrenamiento cuando los contratan las empresas  de clase mundial que operan en México.

Algunos datos por Estado de la evaluación son interesantes y sorprendentes. Puebla y Durango, que no son precisamente de los estados más ricos del País, están entre los cinco primeros lugares en estas evaluaciones. Y el Distrito Federal, en el último lugar en matemáticas y entre los cinco peores en lectura, a pesar de ser una de las entidades federativas con mayor presupuesto y de que no tiene las  interrupciones de clases que padecen los estados dominados por los maestros de la CENTE. De hecho, el DF califica peor en ambas pruebas que Oaxaca.

Si, por supuesto, estos son argumentos a favor de la Reforma Educativa. Evaluar a los profesores es un primer paso, pero en sí, solo es el principio. De ahí sigue  una re capacitación masiva de todo el profesorado, misma de la que nadie ha hablado. Porque no se resuelve el tema despidiendo maestros. En primer lugar, por justicia: ellos no tienen la culpa de que no hayan sido debidamente capacitados. Y en segundo lugar, porque no hay muchos maestros altamente capacitados y desempleados que vengan a sustituir a los maestros que no aprueben su evaluación. Aun cuando solo el 10% o 20% fueran rechazados.

Pero eso no resuelve el problema de una parte importante de la población económicamente activa, que ya egresó de las escuelas y que ha sido deficientemente capacitada. Porque este desastre educativo no ocurrió en este año; solo se midió hasta ahora. Esto es el fruto de décadas de descuido de la educación y, muy probablemente, si esta evaluación se hubiera hecha hace una década, los resultados hubieran sido iguales o peores.

¿Qué vamos a hacer, como país, para volver a capacitar en esas habilidades clave a la población que ya egresó de las escuelas? ¿Podemos conformarnos con esa situación y esperar a que dentro de 12 años, los egresados de bachillerato, con mejores profesores, ya tengan un nivel decente de lectura y matemáticas? Y conste que estoy siendo optimista: esto supondría que los maestros quedaran capacitados el año próximo.

Esto requiere de un pacto nacional, de una gran alianza de todos los sectores y de todas las tendencias políticas. Un gran proyecto para capacitar masivamente a la población en la comprensión de la lectura y, posiblemente, la comprensión de la palabra hablada. Y, por supuesto, en los conceptos fundamentales de la aritmética y las bases de matemáticas. Será caro y doloroso. Igual que es el rescate de una empresa en quiebra, pero no hay soluciones fáciles ni baratas a problemas crónicos.


Claro, no faltarán los que dirán que esto no hace falta. Son los mismos a los que les conviene la ignorancia masiva, porque hace a la gente fácil de manipular. Porque le conviene a sus intereses políticos, económicos o religiosos. Pero, para el interés general de la Nación, si queremos detener a largo plazo el crecimiento de la pobreza, si queremos prosperar en un mundo cada vez más globalizado y cada vez mejor capacitado, si queremos dejar de  competir pagando bajos salarios,  no hay otros caminos.

sábado, 8 de agosto de 2015

Corrupción: Ya nos cansamos

Va de nuevo. A riesgo de aburrirlos, pero he tenido tantas reacciones, la inmensa mayoría positivas, para mi anterior artículo sobre este tema que me parece obligado seguir pensándolo con Ustedes.

Mi primera reflexión es hacia mí mismo, hacia mi temor de aburrirlos. Siento que esa es una de las razones por las cuales los organismos intermedios, ONG ’s, medios y particulares no hemos tenido constancia en presentar el tema. Después de unas semanas del caso Guzmán Loera, que abre un debate sobre la corrupción, el tema está siendo abandonado en los medios. Nada se ha resuelto, nada se ha hecho por castigar a culpables de ese y otros muchos casos célebres de corrupción.

Los corruptos y los que deberían combatir la corrupción están apostando a nuestro aburrimiento, a nuestro afán de sensacionalismo, a nuestro corto poder de mantener la atención sobre los temas de la conducción de la Nación. Y, una vez más, están ganando la apuesta. Bastará con que haya un nuevo escándalo, algún crimen pasional o algún enredo amoroso de los “famosos”, para que nuestra atención se desvíe y abandonemos el tema… hasta que se desentierre algún nuevo caso de corrupción. Así no se puede avanzar.

Otro tema: es claro que la mayoría, si no es que toda la ciudadanía es víctima de la corrupción. Y que esa mayoría, antes silenciosa y ahora expresándose a través de las redes sociales, vería con mucha alegría que viviéramos en un Estado de Derecho, y se combatiera en serio la corrupción. Pero la minoría, los corruptos y corruptores quieren mantener la imagen de que la corrupción es cultural, es generalizada. Es como el adolescente que se enfrenta a sus padres diciéndoles que se quiere hacer un tatuaje. ¿Cuál es su argumento? “Es que todos se están tatuando”. Lo cual, en primer lugar no es cierto, Cuando uno profundiza, son unos cuantos los que se tatúan. Y, por otro lado, el que todos hagan algo, no es un argumento válido. El que todos fumen, no le quita lo dañino al tabaco. El que todos fueran alcohólicos, pongamos por caso, no quita el daño a  la salud que el alcoholismo genera. Ni la cantidad de accidentes viales que ocasiona.

Claro, es de discutirse como se puede reducir la corrupción. Hasta ahora el enfoque ha sido: aprobar leyes más duras, poner reglamentos más severos qué, en general, han resultado contraproducentes porque generan nuevas oportunidades de corrupción. Todo esto seguido de una implementación y seguimiento inconstante, para el escaparate de los medios, tomando algunos casos célebres con una gran publicidad y  continuando después con los “negocios como siempre”. Un ejemplo: hace años, en medio de un gran despliegue mediático, se encarceló a un exdirector general de PEMEX. Se le juzgó y cumplió su sentencia. ¿Se redujo la corrupción en PEMEX? Para nada. En todo caso, las mordidas se hicieron más costosas, tomado como pretexto que el corrupto tendría que enfrentar riesgos mayores.

Ha faltado imaginación. El método ha sido: se destapa un escándalo, se generan nuevas leyes y reglamentos, se promulgan con un gran despliegue mediático, se hace como que se cumple y seguimos… hasta el próximo escándalo. El método ha sido un rotundo fracaso. O, si yo creyera en las teorías de la conspiración,  creería que ese es el modo como los corruptos  mantienen apaciguada a la ciudadanía.

Hay otras cosas que se podrían hacer y no se hacen. Como educar, por ejemplo. Una generación entera ha pasado por el sistema educativo  sin recibir clases de civismo y pronto serán dos generaciones que no conozcan ese tema. Y no es que fuera un programa con un excelente contenido. Para nada. Pero en algo ayudaba. Hace falta que toda la ciudadanía y los que pronto serán los nuevos ciudadanos recibamos capacitación en ética ciudadana, política, social, económica, de negocios y de otros temas similares. Hacen falta acciones ciudadanas para auditar el desempeño de los gobernantes, de manera profunda y constante, sin esperar a que venga un nuevo escándalo. Las contralorías sociales no han sido particularmente exitosas, pero es una excelente idea. Hace falta dejar de hacer como que se llevan  cabo e implementarlas con fuerza. Es necesario no aburrirnos de denunciar la corrupción, con mucha fuerza  y aprovechando los nuevos medios de comunicación social. Hay que vigilar a los medios y exigir que no se oculten los escándalos de corrupción “menor”, y, por supuesto, seguir dando a  conocer los grandes casos. Hacen falta debates públicos de ciudadanos para denunciar pero, sobre todo, para construir soluciones.


Sí, la corrupción no somos todos. Sí, la mayoría somos  víctimas de la corrupción, no somos los que la impulsan. Pero es claro que nada se resuelve quedándonos como espectadores pasivos, chismorreando, escandalizándonos, pero sin hacer nada al respecto.

sábado, 4 de julio de 2015

La tragedia griega, segunda edición

En los últimos años, y en especial en las últimas semanas, la prensa de negocios nos ha hablado de la "Tragedia Griega", apodo que le han puesto a la crisis económica que está ocurriendo en Grecia. Una tragedia que, en realidad, no es solo griega, sino fundamentalmente europea. La verdad, toda la comunidad comparte la misma situación, las mismas causas y la misma incapacidad de tener soluciones para su tragedia. Grecia es solo el caso más agudo. Y me parece que esto no se está entendiendo.
Visto a corto plazo, la tragedia procede del endeudamiento provocado por la crisis económica mundial iniciada en el año 2008 o 2009, según el autor al que usted le crea. Sin embargo, nos encontramos que la tragedia no es únicamente griega. Portugal, y España, presentan síntomas muy semejantes a los que presenta la economía griega. Las medidas para resolverlos son muy similares: recorte presupuestal, mayormente en el gasto social, y aportación de cantidades fabulosas de fondos procedentes de la Comunidad Europea.
Visto en términos de largo plazo, las raíces de este problema son mucho más antiguas. En los años cincuenta del siglo XX, la mayoría de los estados de Europa occidental adoptaron el concepto del "Estado Benefactor". Se basaron en dos supuestos importantes: el aumento de la productividad de los europeos y la permanencia de la pirámide poblacional. Para reforzar este concepto, se promovió una intensa campaña para convencer a la población de reducir la natalidad. 60 años después nos encontramos con la situación de que la población de Europa, en muchos países y en muchos sectores, ya está,  en una alta proporción, en la edad de retiro, que no es precisamente aquella donde se puede esperar la mayor productividad. Por otro lado, al reducirse drásticamente la natalidad, la proporción del gasto social que puede sostenerse a partir de la aportación de los trabajadores en edad laboral, se hace cada vez menos sostenible.
Por esta razón, en la mayoría de estos países las soluciones están basadas en la reducción del gasto social, la reducción de las pensiones y leyes para posponer la edad de retiro. Y, además, el desempleo juvenil está en cifras espeluznantes. En Grecia, por ejemplo, el 32.9% de la población tiene 55 años o más, de los cuales el 20.2 % son mayores de 65 años. El 26.8% de la población económicamente activa   está desempleada, mientras que en los jóvenes el desempleo es de 55.3%  (en las mujeres es de 63.2%).
Por si fuera poco estos jóvenes, muchos con estudios avanzados, no se muestran muy dispuestos a entrar a trabajos en el campo o en las fábricas, con lo que se crea una demanda para mano de obra poco o medianamente especializada. Y a esa mano de obra, hay que importarla y darle prestaciones sociales.
Grecia es un caso del llamado “invierno demográfico”. Su  población crece al 0.01% anual, esencialmente el “crecimiento cero”. Los hijos por mujer son 1.4, muy por debajo del 2.1 por mujer, que se considera necesario para que la población se renueve.
Claramente, habrá que tomar algunas medidas de Corto Plazo. Pero van a ser solamente una "curita" cuando se necesita cirugía mayor. Las medidas de Largo Plazo no darán resultados rápidamente. Eso es claro para todos. Lo grave es que no se están proponiendo soluciones de largo plazo. Por ejemplo, encontrar empleos productivos para los jóvenes que hoy no encuentran empleo, para evitar tener una generación completa de personas dependientes de la beneficencia pública. Resolver el problema de una emigración que no pueden evitar a largo plazo, porque, parafraseando a Keynes, en el largo plazo todos los actuales trabajadores estarán muertos y no es suficiente la población con residencia legal para sustituirlos. Y no en un plazo demasiado largo. Hay que llevar a cabo soluciones dolorosas, como por ejemplo, trabajar en la base de la pirámide de los países menos desarrollados para generar un crecimiento sostenible de la economía mundial, que no esté basado en el consumismo de unos pocos sino en el consumo de los muchos que tengan un nivel de vida decente.
Las renegociaciones que les proponen Europa y los organismos internacionales a Grecia, no resuelven el problema de fondo. Les darían fondos para  cubrir los pagos inmediatos de sus deudas, pero eso no da ni un euro más a la población. Le pueden prestar al gobierno griego para que pueda pagar las pensiones, pero eso no crea trabajos productivos. En este momento, el 50% de su población depende del Gobierno para su ingreso. Pero esos puestos agregan poco valor; no se genera riqueza. De hecho, desde que empezó la  crisis, el PIB de Grecia ha caído más de 20%. Su deuda pública es del 174.5% de su PIB. Si tuviéramos las mismas proporciones, sería como si México debiera 2.3 millones de millones de dólares; actualmente debemos algo más de 500 miles de millones de dólares, en proporción, menos de la cuarta parte de lo que deben los griegos.
Pero, en principio, la Comunidad Europea tiene la misma problemática. Una población envejecida, combinada con alto desempleo juvenil, hace que no puedan esperar un crecimiento económico robusto, porque los ancianos por definición consumen poco y los desempleados tampoco consumen mucho. Los trabajadores ilegales, mal pagados y obligados a apoyar a sus familias en los lugares de origen, no contribuyen mucho al consumo. Una proporción creciente del dinero que puede usar los gobiernos, se van en pagos de pensiones y subvenciones de desempleo, mientras que la base de contribuyentes se reduce. Y los malabarismos monetarios que están haciendo, no ayudan a generar nuevos mercados que soporten el crecimiento de sus economías.
El referéndum griego que hoy nos tiene muy preocupados, tiene escasa importancia. Fuera de la Unión Europea, Grecia tiene aún menores oportunidades de mejorar. Pero, aun quedándose  y aceptando la austeridad que se le impone, no hay una solución de plazo medio a su dificultad para crecer, porque eso depende de un mercado interno, hoy muy deprimido, y de un mercado externo al que no están llegando y para el cuál no se ve una estrategia.

No está fácil, ¿verdad? Por demasiado tiempo se estuvo posponiendo una visión de Largo Plazo. Ahora, no habrá medidas fáciles ni indoloras. Por el bien de la economía mundial, ojalá todavía haya tiempo. Y ojalá aprendamos de esta tragedia para que tomemos a tiempo las medidas necesarias.

sábado, 20 de junio de 2015

La evaluación de los docentes: de nuevo, el conflicto.

Debo reconocer que en este tema no puedo ser imparcial. Mi abuela fue maestra rural. Varias de mis primas y mis hermanos son o han sido maestros. Yo empecé a dar clases a los 18 años, y hasta la fecha sigo siendo profesor; siempre de tiempo parcial. De modo que usted, estimado lector o lectora, debe considerar que tengo un sesgo a favor de los profesores.
No estoy de acuerdo, sin embargo, con los métodos que están usando algunos docentes. No puedo estar de acuerdo con la violencia, no puedo estar de acuerdo con usar la suspensión de clases como método de presión. El interés primordial de la nación son sus niños;  su salud y educación son las necesidades fundamentales que hay que atender de la mejor manera posible.
Creo, sin embargo, que la Reforma Educativa fue desarrollada sobre las rodillas, sin un conocimiento profundo de las realidades del profesorado en nuestro país, y sin tomar en cuenta opiniones calificadas de quienes imparten educación y de las familias, quienes les confían a sus hijos.
Creo que es bastante obvio que hay que evaluar la educación. Yo puedo dar testimonio de qué, a lo largo de los años, los alumnos que me llegan vienen cada vez menos preparados incluso en las habilidades básicas, por ejemplo de la aritmética, de la comprensión de la lectura, y hasta en conceptos tan fundamentales como el concepto de cantidad. Y eso no es casual. Yo reconozco en  mis alumnos mucho esfuerzo y constancia; pero claramente estos conceptos básicos y los hábitos que facilitan el aprendizaje nunca les fueron impartidos de la manera correcta. Creo, por lo tanto, que hay que evaluar la educación. Pero no sólo a los docentes: hay que evaluar en primer lugar a quienes administran de educación pública de este país: los secretarios de educación federales y estatales. A quienes diseñan los planes de estudio. También a la estructura de la Secretaría de Educación Pública. Inspectores, directores de área, directores de las escuelas. Y, por supuesto, a profesores y alumnos. En algún momento se decidió que los alumnos tendrían pase automático al siguiente año escolar, con lo cual se dio un fuerte golpe a la calidad de los egresados.
Hoy se pretende evaluar únicamente a los maestros. Y cabría hacer muchas preguntas. ¿Cómo exigirles un alto nivel de competencia cuando se les impartieron clases en las Escuelas Normales y Universidades Pedagógicas con un nivel deficiente de enseñanza? ¿Cómo esperar que el profesor se mantenga actualizado, cuando no se le paga de manera que pueda sostenerse de modo decoroso y tiene que tener dos plazas o un trabajo adicional para que el ingreso le alcance?
 Y, tal vez, la pregunta más importante: ¿para qué se está evaluando? Si escuchamos las declaraciones de los altos funcionarios del sistema educativo y de algunas ONGs dedicadas al asunto, parecería que el objeto de estas evaluaciones es cesar a los profesores que no las aprueben. Con lo cual, como era de esperarse, se ha provocado el temor y enojo de muchos maestros que ven en riesgo su medio de subsistencia.   El asunto es que no hay modo  real de cumplir esta amenaza. Se supone (y todavía no hay una certeza, aunque parezca absurdo) que tenemos más de 1 millón de maestros en las escuelas públicas. Supongamos que solamente el 20% fallara en las evaluaciones, lo cual sería un verdadero triunfo. ¿Dónde están 200,000 profesores preparados, de alta calidad y sin empleo, disponibles para llenar todas las plazas que dejarán desocupadas esos profesores ineptos? Simplemente, no los hay. Tristemente, y no sólo en este aspecto, las autoridades educativas tanto del sector público como el sector privado, han partido del concepto de que el profesor es una pieza intercambiable, abundantemente disponible en el mercado,  y que siempre habrá una gran oferta de profesores disponibles. La realidad nos demuestra que muchas de las plazas vacantes han sido llenadas mediante el pluriempleo de los profesores.
Por supuesto que hay una opción, pero no se ha hecho pública de una manera suficientemente clara. Ver a la evaluación como un sistema para ubicar el nivel de competencia del profesor. Una vez ejecutada esa ubicación,  diseñar los programas de actualización que sean necesarios para que los profesores verdaderamente se pongan al día. Posteriormente volver evaluar, encontrar las lagunas que hayan quedado en esta recapacitación, y volver evaluar.   Claro, podríamos encontramos a un plomero o un lechero que compraron la plaza y que, no importa qué cantidad de capacitación se le dé, nunca llegarán a estar en el nivel necesario. Pero no es el caso de la mayoría de los profesores.
 Por supuesto, también es necesario emprender una revisión a fondo de la estructura de educación pública y, aunque algunos le moleste, también a la educación privada. La estructura no es todo, pero una estructura deficiente, con liderazgos improvisados, tampoco es la más conducente para que haya una alta calidad de la enseñanza. Y, finalmente, también es importante la capacitación de los padres de familia para que puedan acompañar, motivar y, dado el caso, presionar a los alumnos para que logren resultados superiores. Esto, me dicen, es el secreto de los excelentes resultados de los alumnos en Corea, Japón y China. El alumno no existe en el vacío, existe en el seno familiar. Nosotros, padres de familia, también debemos hacer nuestra parte para que los hijos sean exitosos en su educación formal. Y de esto, ni una palabra en la tan mencionada Reforma Educativa.
Tal parece, y no quiero pecar de suspicaz,  que hay algunos que hacen como que impulsan la Reforma, pero que con sus declaraciones públicas, y sus acciones sólo han logrado exacerbar el problema. Hay que reconocer que aquí ha habido toda clase de intereses. Intereses políticos, la compra de la paz a corto plazo a través de dar grandes cantidades de dinero a los líderes magisteriales, e incluso un cierto sector de la sociedad a la que le ha convenido que la población tenga una educación formal de baja calidad. Sin duda, ha habido a quienes les ha convenido que nuestra población se mantenga en la ignorancia. Y tal parece que algunos sectores autonombrados "progresistas" pretenden con sus tácticas de negar muchas horas de educación a los niños, lograr que la población siga en la ignorancia.
 Yo creo que es  el momento de  hacer una sana autocrítica. Reconocer que hay cosas que modificar en la Reforma Educativa. Reconocer que se requerirá más de una Reforma y que tal vez necesitemos de un criterio general y varios pasos sucesivos de implementación, para aprender de los errores, e ir mejorando el proceso. Incorporar a los profesores y a los padres de familia de una manera pública y masiva en la discusión, no solo  de la Reforma en sí, sino del concepto de educación que este país requiere. Crear grandes metas nacionales para alcanzar niveles suficientes de educación,  como la mayoría de los países están planeando en este momento. Nuestros hijos no merecen menos. Y, para los que ya no alcanzaremos un sistema educativo reformado, hay que llevar a cabo una gran campaña de re alfabetización, de adquisición de habilidades básicas numéricas, lógicas y de análisis, de estudio y auto capacitación. Porque no podemos conformarnos con que los que ya no alcanzaron la Reforma se queden sin las habilidades mínimas para ser productivos en esta Sociedad.

Y, no menos importante, tenemos que aumentar el aprecio social por los maestros. No deben ser los profesionales peor pagados del país. No pueden ser usados como piezas intercambiables de bajo costo. Hay que apoyarlos, hacerlos crecer, sin tratarlos como villanos pero tampoco como víctimas. Tratarlos como la piedra fundamental que son para nuestra Sociedad. Como adultos. Como los seres pensantes que ayudan a que nuestros hijos sepan pensar.

martes, 23 de diciembre de 2014

¿Fin del embargo a Cuba?


"Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba": Juan Pablo II, visita a Cuba, 1998

Después de 11 meses de conversaciones en Canadá, los presidentes de Cuba y Estados Unidos llegan a una serie de acuerdos. Más de 50 años habían pasado sin que hubiera acuerdos formales; en esta ocasión se logra una liberación de presos de ambas naciones, la promesa de levantar algunas de las previsiones del embargo que Estados Unidos había decretado en contra de Cuba y de pedir al Congreso de Estados Unidos que elimine el embargo permanentemente.
Es claro que no a todo mundo le parecerá buena esta situación. Huber Matos (1918-2014), Armando Valladares y otros miles de presos de conciencia sentirán que no se ha hecho justicia. Yoani Sánchez y otros perseguidos por tratar de expresar libremente su opinión sentirán que quienes los persiguieron se salen con la suya. Pero no son los únicos: ya han empezado a circular en las redes sociales comentarios sobre los miembros del Partido Comunista Cubano que van a devolver su carnet del partido porque sienten que el gobierno de Raúl Castro ha traicionado sus principios.
Pero, finalmente, lo importante es la gente, lo importante es el pueblo de Cuba. Es cierto que el bloqueo que se les impuso no logró quebrantar al gobierno de los Castro, pero también es cierto que a pesar de que otros países comerciaban con Cuba, su situación económica era y es bastante angustiante para la población. En 1959 Cuba era uno de los países más desarrollados de América Latina[1], desde la Revolución  no ha podido eliminar la carestía de bienes de consumo, el racionamiento de alimentos, el deterioro de la infraestructura urbana y otros muchos males.
Las familias, separadas por el exilio, todavía encuentran muchas dificultades para poder reunirse o al menos visitarse. El nivel de vida de los cubanos se mejora en parte gracias a las remesas se les envía el exilio cubano, pero claramente todavía es insuficiente. Entre las promesas de Obama está la de facilitar el las visitas y las remesas de los exiliados cubanos a sus familias. Pero claramente eso no es lo más importante. Lo ideal sería que el gobierno cubano liberalice las posibilidades de inversiones extranjeras para poder ampliar el mercado de trabajo y mejorar los ingresos de los cubanos. Algo que no es nada fácil, pero que los chinos ya demostraron que puede hacerse.
Es muy pronto para poder decir que resultados tendrán estas nuevas condiciones en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Al desaparecer el bloqueo, desaparece también el gran pretexto para explicar por qué el sistema económico cubano no ha dado resultados de desarrollo y bienestar que siempre han prometido. Habrá que ver sí, sin el bloqueo, ahora podrán tomar un camino de desarrollo acelerado. Algo que, si lo logran, a los capitalistas duros les causaría una gran desazón.
Yo espero fervientemente que todo esto sea para bien de los cubanos. Que estos convenios les permita mejorar su situación económica, que favorezcan la democratización de su sistema de gobierno, que den una mayor suma de libertades a los intelectuales, opositores al régimen y al pueblo en general. También espero fervientemente que ambas partes, Estados Unidos y Cuba, puedan lograr relaciones abiertas y leales; nada sería más decepcionante que encontrar que se negoció tramposamente y que lo único que se buscara fueran los reflectores de los medios.
Espero que sea así, no sólo para el bien del pueblo de Cuba sino también para el de Estados Unidos.



[1] El fin de la confusión, Macario Schettino, Editorial Paidós, 2014,

lunes, 8 de diciembre de 2014

Declaración Patrimonial


Probablemente la noticia  de los últimos tiempos y un primer caso en toda la historia México: el Presidente y su señora esposa declararon públicamente sus patrimonios. Algo  muy importante: un hecho, un ejemplo que debería hacerse obligatorio para todos los funcionarios públicos de primer nivel, en los tres órdenes de Gobierno. Y no porque haya que responder a señalamientos o acusaciones. Porque eso es importante para que los gobernantes vuelvan a merecer la confianza que necesitan para tener verdadera gobernabilidad. Algo que hay que hacer aunque la Ley no los obligue.  Por salud del Estado.
Desde luego, los parientes de esos funcionarios también deberían declarar sus patrimonios. De otra manera, un corrupto cubriría sus bienes mal habidos poniéndolos a nombre de sus familiares. Si los parientes no declaran, la desconfianza persistirá. Sí, deberían declararlos aunque no sean funcionarios públicos ni la ley los obligue.
Además, habría que anexar las declaraciones al fisco del declarante, de manera que el contribuyente pueda ver si hay proporción entre los ingresos legales y el monto de su patrimonio. El patrimonio sin referencia  a los ingresos dice muy poco.
También puede ocurrir que el funcionario haya obtenido ingresos ilícitos y no se hayan reflejado en su patrimonio; que se hayan usado para “comprar voluntades” o para adquirir poder. No es un tema fácil; la declaración de patrimonio e ingresos son importantes, pero no cuentan toda la historia. Ni son totalmente determinantes para demostrar que el funcionario no haya caído en actos de corrupción.
Y, por supuesto, deberían acompañarse por los comprobantes respectivos, De otro modo, volvemos al principio: creerle al funcionario se vuelve un acto de fe. Y la  ciudadanía ya no está para hacer actos de fe basados en la palabra del funcionario.
¿Por qué hemos llegado a este punto?  La pregunta sobra. Como dice el ranchero, la mula no era arisca; la hicieron así a palos. Ahora tenemos que ir más allá de los mínimos a nos obligan las leyes. Si lo quiere ver  así, por interés propio de nuestros políticos. O por patriotismo, si quiere verlo románticamente.
Por supuesto, eso también requeriría que la ciudadanía se comprometiera a revisar y validar esas declaraciones y a pedir todas las explicaciones necesarias. Y no solo un grupo, sino varios para tener diferentes opiniones. Y hacer más difícil que coopten a los participantes.
Estamos en una situación de una gran desconfianza. Y la confianza es un factor fundamental para la gobernabilidad democrática. Claramente las dictaduras (perfectas o imperfectas) no necesitan de la confianza de los gobernados. Lo único que necesitan en una gran capacidad de coacción para silenciar a las voces disidentes. Y, por cierto, como se ha demostrado una y otra vez, la confianza es un factor determinante para el desarrollo económico y social de los países.
Un Estado fuerte no es el que puede imponer su voluntad sobre la ciudadanía. Un Estado fuerte es uno que tiene la confianza de los gobernados, que se ha ganado una autoridad moral de manera que la población sigue a sus gobernantes, los apoyan y contribuyen a los objetivos que han hecho suyos. Un Estado fuerte no necesita manipular a la ciudadanía mediante el engaño, la mercadotecnia o la violencia. O las dádivas a sus grupos clientelares actuando, como decía Octavio Paz como el Ogro Filantrópico.
Y esto, por supuesto, aplica a los gobernantes, y también a los demás políticos que desean sustituirlos. Ya desde ahora, sin estar en el Poder deben ir construyendo la confianza. No basta con que derroten a los que son indignos de confianza.
Nosotros, ciudadanos de a pie, ya no podemos seguir dejando algo tan importante como es la ´política en manos de los políticos. No podemos, por indolencia o desinterés, esperar a que el cambio de personas mejore las cosas. La mejoría del Estado es una función de todos los ciudadanos. Dejar esa mejora en manos de los políticos, la Historia lo ha demostrado, es una i

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Y si no hubiera partidos políticos?

Con los acontecimientos de los últimos años y, más pronunciadamente, los de los últimos dos meses es claro que hay una demanda social. No estamos conformes con ninguno de los partidos políticos. Y, razones más o razones menos, la ciudadanía siente que los partidos no nos representan, que no les importa lo que nos importa a los ciudadanos, que lo que hacen legalmente nos sale bastante caro y que lo que hacen por fuera de la ley posiblemente nos sale más caro todavía. Y, de vez cuando, actúan criminalmente. De ahí que muchos ciudadanos, cuando se les señalan los asuntos de Ayotzinapan o cualquier otro que han ocurrido durante la gestión de uno u otro partido, una respuesta común es la de: "A mí no me importa cuál es el partido, se trata del Gobierno". Todos son igual de malos.
Y, ante ese descontento, hay muchos que se preguntan: ¿No podríamos vivir sin partidos políticos? De hecho, los partidos políticos un fenómeno relativamente nuevo; antes del siglo XVIII o XIX  se hablaba muy poco de partidos. Y no sólo porque los sistemas fueran monárquicos: en la democracia griega no había propiamente partidos. No deja ser un fenómeno relativamente moderno. Pero, ¿cuáles serían las opciones? Muy en concreto, ¿qué se podría hacer en México?
Desde luego, está la opción del anarquismo. El cual, al menos conceptualmente, parte de la base de que el ser humano es bueno por naturaleza y que es el Gobierno quien lo corrompe. Pero, claro, resulta difícil creer en esa bondad de la naturaleza humana. Francamente no creo que la ciudadanía estuviera tranquila encomendando nuestro Gobierno a quienes proclaman que “la violencia es la partera de la Historia”.
Están, desde luego, las formaciones políticas que dicen no ser partidos, sino movimientos. Algunos más conocidos, otros menos. Pero, al final, hablamos del mismo tipo de grupo con otro nombre.
Luego están los ejércitos. De muchos tipos: desde el EZLN, el ELN, el ERPI y otros. Varios de ellos comprometidos a llegar al poder mediante las armas; uno de los argumentos menos democráticos. Y no faltarán quienes pongan su esperanza en el Ejército Nacional. No, decimos la mayoría: el nuestro es un ejército institucional. Pero, si hacemos memoria, también se consideraba al Ejército chileno como uno de los ejércitos más profesional, institucional y democrático de América. Y no faltará quien, de pura desesperación, consideren que la salvación del país está en tener una dictadura militar, similar a las que han tenido en diversos momentos los países sudamericanos.
¿Otras opciones? ¿Darle el poder a los civiles? Lo hicieron en Sudamérica con Collor de Melo y con Fujimori y los resultados no fueron precisamente brillantes. Al parecer, hay quienes consideran que no ser político es garantía de honestidad y de buen acierto para gobernar. A mí me parece que esa argumentación  es muy poco sólida. ¿Confiarlo a los académicos? Conociendo algunos, francamente me parecería que no todos tienen las capacidades. ¿A la prensa? ¿A los organismos empresariales? ¿A las ONGs? ¿Al clero? La verdad, no se ve claro una agrupación que tenga la plena confianza de la ciudadanía y que pueda sustituir a los partidos políticos. De manera que cuando, viniendo de gente de buena fe y preocupada por la situación del país, escucho la propuesta de que no tengamos partidos políticos, me quedo pensando: ¿y cómo los sustituimos?
Seamos claros: para nada estoy de acuerdo en que sigamos dentro de lo que algunos llaman "la partidocracia". Los resultados han sido fatales, y ellos no parecen tener ninguna idea clara de cómo deberían cumplirle mejor a la ciudadanía. No en el discurso: ahí sí es fácil arreglar el mundo. El chiste es dar resultados, sistémicos y de largo plazo, en la práctica.
Creo, sin embargo, que tiene que haber soluciones. Y la respuesta tiene que venir de esta masa informe que somos la ciudadanía. Hasta ahora nos ha sido fácil desentendernos de la labor de vigilar y controlar a aquellos que hemos elegido para qué, supuestamente, nos representen. Necesitamos construir instituciones ciudadanas, estas sí, escrupulosamente ajenas a los políticos de cualquier signo, con fuerza legal para ejercer una auditoría de las acciones de nuestros representantes. Y no sólo con el voto: el mecanismo de hacer pagar sus fallas en los partidos en las elecciones es un mecanismo demasiado lento y las leyes y reglamentos han sido construidas de manera que fácilmente se pueda evitar ese tipo de control.
¿Quiere oír mi utopía? Conste que es una utopía, algo prácticamente irrealizable. Habría que desbandar a todos los partidos políticos. Darles un tiempo para reorganizarse pero con algunas limitaciones: no podrían tener entre sus miembros a aquellos políticos que hayan ganado puestos de elección, o que hayan recibido algún nombramiento dependiente de los presidentes y gobernadores. Por otro lado, tendrían obligatoriamente que cambiar de nombre y de colores. Esto porque, a través de decenios, todos los partidos han creado una “imagen de marca” usando para ello nuestras contribuciones. Y, por supuesto, se limitaría el número de partidos mediante el número de firmas que podrían recabar para su constitución y se les asignaría a todos un presupuesto bajo e igual. De esta manera, ningún partido podría tener ventajas sobre los demás excepto por la calidad de las propuestas y los candidatos que seleccionen.
Y, complementariamente, a las compañías de medios se les limitaría severamente para que no puedan hacer publicidad en mayor proporción a unos políticos que a los otros. Y esto, mediante con penalidades tan severas como la de poder quitarles, en un extremo, hasta la concesión.

Todo esto requeriría, imprescindiblemente, de una amplia participación de los ciudadanos como contralores de las agrupaciones políticas. Ya pasó el momento en que podríamos desentendernos de las acciones de los políticos y llegó el de darnos cuenta de que la política es demasiado importante como para dejársela a los políticos. ¿Estaremos a la altura?