¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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viernes, 6 de marzo de 2026

¿Machismo o patriarcalismo?

Como todos los años, el 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, el 8M. Un tema donde ha habido mejoras y logros más importantes y profundos en los siglos XX y XXI que en milenios de historia de la humanidad. Ahora se está hablando en términos que tampoco son nuevos, pero que han tenido poca difusión fuera de medios muy especializados. Recientemente, se ha introducido el asunto del patriarcalismo como algo complementario al tema, muy tratado, del machismo. Un punto viejo, pero que no estaba siendo visible. ¿Qué es el patriarcalismo? Es la forma como se organiza la sociedad, como se ha manejado, verdaderamente, en toda la historia escrita de la humanidad, si no es que desde tiempos anteriores. Es una manera de actuar que hace ver como normal muchos de los aspectos de discriminación que padece la mitad de la humanidad. Ante eso, ¿qué deben hacer las mujeres? Honestamente, no lo sé. No me atrevo a opinar. ¿Podría yo darles algún consejo que les dé mejores resultados que los que han logrado en estos últimos siglos? Claramente, no. Pero es importante considerar que el tema del machismo y del patriarcalismo es un problema de todos. No es un inconveniente solo para las mujeres. Es un asunto de la humanidad. Hay que hablar de lo que debemos hacer los hombres al respecto. Ahí, pudiera tener alguna opinión. Muchas veces se ve como una solución a estos asuntos de discriminación de género, lo que algunos llaman el patriarcalismo benévolo. Es un patriarcalismo que pone al hombre a cargo de aspectos sociales, desde la familia hasta los países. Pero en donde el hombre trata bien a la mujer, la cuida, la protege, pero de fondo no le da plenamente su lugar. Es benévolo. Sin embargo, tratar a la mujer como una menor de edad es, claramente, uno de los problemas más importantes. El patriarca benévolo ve a la mujer como valiosa pero frágil, alguien que necesita ser protegida. Ponerla en un pedestal; sin embargo, ese pedestal a la vez le limita su libertad. Es algo difícil de enfrentar, precisamente porque no hay un daño inmediato, visible y claro, como lo puede haber en un machismo violento. ¿Qué hacer? Desgraciadamente, tanto las familias como organizaciones e instituciones ven al patriarcado benévolo como la solución, pero dejan de lado el aspecto central: ¿Quién está al frente? El patriarca, indiscutiblemente. Y, por cierto, no necesariamente el patriarca solamente trata como inferiores o menores de edad a las mujeres, sino también, muchas veces, a los hombres de menor relevancia dentro de su grupo social. Recuerdo, hace algunos años, una conversación que tuve con una buena amiga, compañera de trabajo, quien años después de que trabajamos juntos, fue nombrada la primera mujer rectora de un campus en el sistema del Instituto Tecnológico de Monterrey. Hablando de situaciones de la vida diaria, comentaba ella que se da la situación de que el marido está más que dispuesto a colaborar con la esposa en todo lo que haga falta. Pero ella decía: “No es nada más colaborar, ¿de qué te vas a responsabilizar?” Y esto es algo sumamente importante. Se trata de asumir responsabilidades. Y rendir cuentas de ellas. Mucho más que solamente colaborar. Para la mujer es más fácil entender en dónde tienen que ocurrir los cambios. Finalmente, ellas son las que han ubicado con claridad el problema y lo padecen en carne propia. Mientras que los hombres hemos estado muy cómodos con nuestras situaciones, incluso en el caso de que seamos patriarcas benévolos, y no vemos la urgencia de lograr un cambio. Tenemos que ir más allá del aspecto de la colaboración y lograrlo en áreas muy concretas, muy prácticas, en la familia, en las situaciones de trabajo, en la política, en la sociedad. Ir más allá de lo que hace el patriarca benévolo, que siente que hace su gran colaboración a la promoción de la mujer, porque le da “permiso” de hacer lo que tiene derecho y necesidad de llevar a cabo. El que, benévolamente, permite a la mujer que actúe en una sociedad moderna, de manera que tenga acceso a los beneficios y logros que esta sociedad ofrece. Hay que hacernos propietarios del proceso de cambio. Encontrar la manera de medir si verdaderamente están habiendo resultados y de rendir cuentas de esas responsabilidades que hemos aceptado. ¿Es posible? Yo creo que sí. Lo que no sé es qué tan rápido puede ocurrir. Hay mucho en juego y hay cambios que están ocurriendo muy rápidamente. A aquellos que pueden, realmente, ser considerados como machos, incluso machos agresivos, les va a costar mucho trabajo aceptar esta situación. Lo que se requiere realmente es una colaboración plena. Responsabilizarnos, hombres y mujeres, por este cambio en la Sociedad. Puede parecer que la solución de fondo a esta división entre hombres y mujeres es dejar que actúe el amor. Pero no basta. El patriarca benévolo es cariñoso, amoroso, hasta tierno. Pero desde su situación de superioridad. Como amas a una niña, pero sin auténtico respeto. Se necesita respeto a sus cualidades, a sus puntos de vista, a sus necesidades. Una combinación de amor y respeto. Y que esa combinación nos lleve a vencer el miedo. Porque es claro que los hombres tenemos pánico de abandonar nuestro papel de patriarcas. A veces por temor al conflicto. Es más fácil quedarse callado o evitar el combate a través de algún chiste, como un modo de ocultar el problema. También tenemos miedo a nuestra incompetencia. No es fácil aceptar que no podríamos atender debidamente a los hijos o a los ancianos. O en cosas mucho más simples como, por ejemplo, el abastecimiento de la familia. Se trata de hacernos verdaderamente responsables. No meramente acompañar a nuestra pareja a sus compras. Más de fondo: Tememos perder nuestro estatus. Claramente, no será fácil ni rápido. ¿Cómo puede colaborar el varón, el ciudadano particular, para apoyar el cambio en su círculo de influencia? Habrá que lograr cambios pequeños, pero significativos. Cómo mostrar desagrado por los chistes que ridiculizan a las mujeres. No aceptar que las interrumpan en una conversación de trabajo sin escuchar su opinión. Cómo no permitir que los hombres se apropien de sus ideas y las presenten como propias. Cambios pequeños, pero importantes, que van modificando la cultura. ¿Habrá otros? Seguramente. Habrá que pedir a las mujeres que nos los señalen.

miércoles, 12 de marzo de 2025

Día internacional de la Mujer

Una vez más, como todos los años, volvemos al M8, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo. No sobra decir que no es una celebración, no es un motivo de felicitación. Todavía no: no hay suficientes cambios que puedan celebrarse. Es más bien una conmemoración. Como se ha dicho muchas veces en situaciones parecidas, es para que no se nos olvide, para que no tengamos fuera de nuestra conciencia el hecho de que la mitad de la humanidad no está siendo tratada de una manera correcta. Y hay el riesgo de que sea algo que deje de ser noticioso, y como se repite año con año, deje de ser importante para algunos. Los comentarios de este evento, el pasado sábado, donde hubo manifestaciones en muchísimas ciudades, ocurrieron el domingo por la mañana, y para el lunes ya se había olvidado el tema y se estaba hablando de otros asuntos mucho menos relevantes, mucho menos trascendentales. El riesgo es que esta conmemoración se vuelva parte del paisaje, como la entrada de la primavera. “Toca el M8, habrá manifestaciones, habrá algunos inconvenientes, algunas declaraciones, y hasta la próxima. Ya ocurrió, ya cumplimos, no hay más que hacer”, es la tónica para algunos. De fondo, lo importante es preguntarnos. ¿Verdaderamente ha habido avances? “No mucho”, dicen las mujeres, “la situación no mejora”, añaden. Puede ser que haya algo engañoso en esto. Efectivamente, tal vez lo que está ocurriendo es que hay más mujeres que se sienten en la libertad de denunciar el modo como son tratadas. Cuando antes, tal vez consideraban que ese era su papel en esta vida. Como varón, es difícil decir si, efectivamente, hay mejoras. Son ellas quienes tienen que decirnos si hay avances. Sí, hay algunas cosas que el gobierno presume y celebra. El hecho, por ejemplo, de la paridad de género en los puestos políticos, en las posiciones de la administración pública. Que es en realidad lo que el gobierno puede hacer. Difícilmente, el gobierno puede cambiar la cultura de la población, y la Sociedad. Y no es que sea inútil. Claramente, es importante que el gobierno tome una posición clara. La pregunta que podrían hacer algunas mujeres, es decir: “¿y en qué nos beneficia el hecho de que hay el mismo número de senadores que de senadoras?”. “Cuando finalmente los coordinadores de las distintas bancadas generalmente son hombres. Y en todo caso, se les pide a las mujeres que aprueben, como se ha dicho, sin cambiar ni una coma, lo que les presenta su partido”. Hay un poco, tal vez, de cinismo en esto, pero no es del todo equivocado. Lo importante no es solo que haya paridad, sino también cuál es el acceso efectivo a la toma de decisiones. Porque no se trata de un asunto meramente de cantidad, que haya el mismo número de gobernadores que de gobernadoras. ¿Cuántas, verdaderamente, tienen acceso a las decisiones? Estamos en el primer año en que gobierna al país una mujer. Y es de esperarse que el mero hecho de su presencia, que sea quien tome decisiones muy importantes, será algo que beneficie a todas. No es algo inútil, pues. El gobierno da un mensaje claro. Ahora, hay que dar la posibilidad a las mujeres para que estén listas para asumir esos puestos. No solamente porque hay un reglamento de paridad, sino por el hecho de que han sido preparadas de una manera importante, para que puedan tomar decisiones mejor o igual, por lo menos, que los hombres. Y eso es lo que realmente importa. El gran asunto es si las mujeres verdaderamente sienten que se les discrimina menos. Aún más, si verdaderamente sienten que hay menos violencia hacia ellas. Desde la más común, como es la violencia económica, donde sus familias les asignan menor presupuesto familiar por el mero hecho de ser mujeres, pasando por el hecho de los maridos que no se hacen cargo de sus obligaciones y le cargan toda la responsabilidad económica a la mujer, hasta el otro extremo, el del feminicidio. Y estamos viviendo en esos extremos. No es claro que verdaderamente estemos mejorando. Es difícil medir si efectivamente está ocurriendo tal avance. Y no es una cuestión meramente de encuestas de opinión, sino ver qué ocurre en la realidad. Tenemos en esto, sobre todo en el punto de vista laboral, una especie de círculo vicioso. El ideal es que a igual trabajo se dé igual remuneración. Y es bastante claro que esto no ocurre en la mayoría de las empresas. Seguimos teniendo la idea, de que los hombres tienen necesidades mayores, porque son el sostén de las familias. Y como ya se ha dicho en alguna otra ocasión, estamos ignorando el hecho estadístico de que al menos un tercio de los hogares están siendo sostenidos por las mujeres. Eso suponiendo que los datos que tiene el censo sean correctos, porque muchas veces la esposa no quiere decir que su marido no se hace responsable de sus obligaciones, y por lo tanto no lo declara al censo. En este círculo vicioso, no es solo la idea de que es el hombre el que sostiene la familia, sino también un hecho de que los hombres, por regla general, tienen más antigüedad en los puestos de trabajo y también mayor capacidad para la toma de decisiones. Pero hay aquí también una falacia. Si nunca se les ha dejado a las mujeres participar en la toma de decisiones, es muy difícil que tengan esa capacidad. Simplemente, no se les permitió jugar ese juego. No se les da el puesto porque no tienen las capacidades, no se les prepara, no hace un esfuerzo consciente, para que cada vez tengan mejor capacitación en ese sentido. Y es uno de los problemas de la famosa paridad de género, que no asegura que, efectivamente, se esté dando su exposición a experiencias formativas. Simplemente, por el hecho de ser mujer se les da el acceso a un puesto. Tiempo después, empiezan a fallar por el mero hecho de que no han sido capacitadas, y se refuerza la idea de que las mujeres no son capaces para esos tipos de responsabilidades. Por otro lado, habría que preguntarse cómo Sociedad y, sobre todo, preguntar a las mujeres: ¿verdaderamente sienten menos miedo cuando se trasladan solas, en sus momentos en los que están sin apoyo? ¿Se sienten verdaderamente más seguras en este país, cuando en general toda la población estamos sintiendo que no tenemos seguridad? ¿Y las mujeres, cómo lo sienten? Queda un largo camino por recorrer. El tema de la paz es un punto que abarca mucho, pero sobre todo las mujeres son las más afectadas por este asunto. El gobierno debe de hacer su tarea. Pero solo actuará si la Sociedad lo exige. El problema es el cambio cultural. Cambios que son difíciles, que todavía pueden tomar décadas y hasta posiblemente generaciones. Son cambios lentos, difíciles, y también muy poderosos. Y eso es lo que estamos viviendo. Un cambio lento y muy extenso. La mitad de la humanidad está buscando cómo debemos de cambiar y nos lo está exigiendo. Sabemos que no podemos seguir así. Y debemos pedirles, benditas damas, señoronas, que no quiten el dedo del renglón, porque lo necesitamos tanto o más que ustedes. Antonio Maza Pereda

domingo, 10 de marzo de 2024

Para que no se olvide: M8

 No celebramos. No felicitamos. No es un día de alegría. El Día Internacional de la Mujer, M8 como se le dice de manera sintética, es una conmemoración fúnebre. Esa fecha recuerda el fallecimiento de 129 mujeres trabajadoras que perdieron la vida en una fábrica de Nueva York en 1911. Las trabajadoras se habían puesto en huelga pidiendo mejoras salariales, los dueños de la empresa las encerraron con llave para que no pudieran abandonar los talleres; ocurrió un incendio, y las trabajadoras no pudieron huir, con el resultado que se comenta.  Posteriormente, se definió esta fecha para recordar ese trágico hecho. No, no es una fecha para felicitar a las mujeres.  Es una conmemoración. Es un hecho trágico y doloroso. Una fecha que hay que destacar, para que no se olvide.  Para que recordemos que la situación de la mujer ha sido terrible por milenios. Y que falta mucho por lograr para que su situación sea, por lo menos, justa.

Después de un largo tiempo de conmemoraciones, claramente hay cambios. Y también es cierto que no todos ellos han sido para bien. Se han logrado avances en leyes y reglamentos, pero también es cierto que la violencia contra la mujer no se ha reducido. Incluso se puede decir que la pandemia trajo un incremento en el registro de reportes de violencia contra las mujeres. Es difícil decir con precisión cuál es la situación real. Una posibilidad es que ahora las mujeres se sienten más facultadas para denunciar los actos de violencia, mientras que todavía hace poco muchas lo veían como algo totalmente inútil e incluso una oportunidad para que las autoridades menores las revictimizaran. Todavía se dice, probablemente sin muchas bases, que solo se denuncia el 10 % de los delitos y de esa proporción denunciada, únicamente el 10 % termina en un dictamen judicial. Los números son demasiado redondos para ser creíbles, pero deben ser una proporción similar a esa. O sea, que el gran problema es la impunidad.

Un cambio importante en nuestra situación es que en las próximas elecciones federales, dos mujeres son las más probables triunfadoras para ser presidentas de la república y una cantidad significativa de mujeres triunfarán en los próximos comicios de nivel estatal y municipal. Y, lo más interesante, el hecho de tener una mujer en la Presidencia ha sido aceptado sin discusión.  En los congresos federales y locales muchos puestos serán ocupados por mujeres. Lo cual claramente es un avance considerable.  Es de esperarse que haya cada vez mayor proporción de mujeres en puestos de gobierno, y que también haya mayores probabilidades de que exista igualdad de derechos, en la práctica, para las mujeres.

Pero, claramente, eso no es suficiente. Desde hace ya algunas décadas ha aumentado el número de mujeres en puestos de autoridad y no hay una correlación con la disminución de la violencia contra la mujer.  Es decir, aunque hay mayor proporción de mujeres en puestos de mando, el aumento de la violencia a las mujeres   continua.  Y esto es porque el gobierno solo puede actuar de algunos modos muy limitados.  Puede establecer cuotas de género en algunas ocupaciones que domina,  puede crear  nuevas figuras de delito y aumentar sustancialmente  las penalidades.  Como se ha estado haciendo.  Pero ninguna de esas acciones ha permitido reducir sustancialmente la violencia contra las mujeres.

 Es muy importante que sigamos pidiendo, tanto hombres como mujeres, más acciones para evitar esta discriminación.  Pero también es un hecho que la solución de fondo no viene del gobierno, viene de la Sociedad: de las costumbres,  de la cultura,  de la educación en la familia y en la escuela.   Y es ahí donde se necesita una acción más decidida. Una determinación que debe ser de todos.

 Hay muchos pendientes por resolver.  La discriminación laboral,  expresada en salarios inferiores para las mujeres,  cuando tienen trabajos equivalentes a los de los hombres,  así como el llamado “techo de cristal”,  qué hace que  haya una gran desproporción entre los puestos de nivel superior ocupados por hombres  comparados con los ocupados por mujeres.  Otros aspectos importantes, como pueden ser  las guarderías y las escuelas de tiempo completo, que permitan a las mujeres tener trabajos  con mejor nivel de  remuneración.  La conciencia de qué casi un tercio de los hogares son sostenidos por mujeres, lo cual hace insostenible el concepto de qué los hombres tienen que ganar más porque sostienen a los hogares. Hay que considerar los cambios sociales con mayor cantidad de madres solas y solteras, familias abandonadas por el varón y situaciones similares que hacen que las cargas laborales de la mujer sean cada vez mayores.

 El tema de fondo, el más difícil: el de la violencia contra la mujer.  La situación de 10 muertes por feminicidio al día, y el crecimiento de las violaciones, no se resuelven con cuotas de género y mayor acceso a los altos niveles de gobierno. El asunto es fundamentalmente uno de convencimiento de la Sociedad, en su conjunto, de que no es posible continuar la situación que denuncian estas mujeres que ya perdieron la paciencia y que se manifiestan  el 8 de marzo. Esto debería ser una preocupación fundamental de todos los mexicanos.  En buena hora tengamos una mujer presidenta: seguramente ayudará.  En buena hora es que haya más mujeres dispuestas a manifestarse públicamente y hacer sentir su disconformidad y su miedo por esta situación que ya ha durado demasiado. Esta tarea es una tarea de todos y los hombres tenemos que tomar conciencia de que no es una necesidad solo para las mujeres, sino para toda la Sociedad.

Antonio Maza Pereda