¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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viernes, 28 de noviembre de 2025

Violencia a la Mujer

La semana pasada se conmemoró el Día Internacional Contra la Violencia a la Mujer. Más allá de los individuos, tenemos un problema en nuestra cultura. La cual influye en todos los aspectos de la nación, incluso en las leyes, en las costumbres, en las prioridades, en el nivel de exigencia para los miembros de la Sociedad. Es difícil que yo, como varón, pueda tener una total comprensión de lo que significa vivir esta violencia contra una mujer. Tenemos también el problema de que lo que consideramos violencia son únicamente los casos más graves, sin considerar muchos otros modos de violentar, desde las bromas pesadas, violencia económica, acoso sexual o violaciones, llegando hasta crímenes atroces con tortura y asesinato. Es algo muy engranado en nuestra cultura, por desgracia. La reacción de la Sociedad, incluyendo los hombres, por supuesto, pero también ciertos grupos de mujeres, es la de ignorarlas, en el mejor de los casos. En el peor, atacar a quien denuncia. Las ven como personas que estorban, que molestan a una Sociedad que se siente muy tranquila con lo que está ocurriendo. Quisieran víctimas silenciosas, usando la frase machista, tan manejada: “Calladita te ves más bonita”. Están aceptando el falso sentido de superioridad del varón, basado en la fuerza bruta, la capacidad de dañar al débil. Se sostiene el rol subordinado que se les asigna a ellas y los obstáculos legales para poder ejercer su papel cívico. Se ha vuelto una costumbre. Hay expertos que ven la raíz de esta violencia contra la mujer en la debilidad del hombre. Entre más débil es el hombre, más violento se vuelve para afirmarse, para poder sentir que, verdaderamente, en algo es poderoso. Porque, generalmente, en su mundo es alguien poco importante, con pocas capacidades. Eso funciona porque las culturas tienen un modo de mantenerse y de reproducirse, a través de muchos elementos: ceremonias, vestimentas, celebraciones, el sentido de lo fundamental. Así se sostiene la misma, y por eso es complicado, lento, difícil cambiar la cultura. Lo cual no quiere decir que debamos rendirnos. De fondo, la solución más completa es el reconocimiento de que tenemos la misma dignidad. Debemos recibir el mismo respeto, independientemente de nuestro sexo. La mejor respuesta es la colaboración plena, más allá de las cuotas de género, aunque estas pueden ser consideradas útiles como un paso intermedio. Pero esa no es la solución completa. Hay que evitar radicalmente que esta causa tan importante, tan humana, se vuelva un botín político. Porque puede haber grupos y partidos que traten de lucrar con este justificado enojo de una gran cantidad de mujeres. La solución está en la colaboración. Si no logramos encontrar una manera de que hombres y mujeres trabajemos por mejorar en este tema, el resultado será temporal. No se trata de sustituir el patriarcado por un matriarcado; lo que importa es crecer en adultez. Tenemos que pasar del infantilismo, en los aspectos de relaciones entre los sexos, a la madurez. Entre más fuertes seamos, mejor nos podremos coordinar, colaborar, reconociendo y valorando nuestras diferencias. Necesitamos una ciudadanía fuerte que adopte esta bandera, se la arrebate a la clase política y se dedique a desarrollar desde la raíz, desde la infancia, desde la escuela más básica, esta relación de madurez y de entendimiento entre unos y otros. Y no estar confiados en que las soluciones vendrán con el tiempo, en el muy largo plazo. Nos urge, lo necesitamos. Amigas, hay hombres que están de su lado. ¡Animo! Nuestra colaboración beneficiará a nuestra Sociedad.

domingo, 10 de marzo de 2024

Para que no se olvide: M8

 No celebramos. No felicitamos. No es un día de alegría. El Día Internacional de la Mujer, M8 como se le dice de manera sintética, es una conmemoración fúnebre. Esa fecha recuerda el fallecimiento de 129 mujeres trabajadoras que perdieron la vida en una fábrica de Nueva York en 1911. Las trabajadoras se habían puesto en huelga pidiendo mejoras salariales, los dueños de la empresa las encerraron con llave para que no pudieran abandonar los talleres; ocurrió un incendio, y las trabajadoras no pudieron huir, con el resultado que se comenta.  Posteriormente, se definió esta fecha para recordar ese trágico hecho. No, no es una fecha para felicitar a las mujeres.  Es una conmemoración. Es un hecho trágico y doloroso. Una fecha que hay que destacar, para que no se olvide.  Para que recordemos que la situación de la mujer ha sido terrible por milenios. Y que falta mucho por lograr para que su situación sea, por lo menos, justa.

Después de un largo tiempo de conmemoraciones, claramente hay cambios. Y también es cierto que no todos ellos han sido para bien. Se han logrado avances en leyes y reglamentos, pero también es cierto que la violencia contra la mujer no se ha reducido. Incluso se puede decir que la pandemia trajo un incremento en el registro de reportes de violencia contra las mujeres. Es difícil decir con precisión cuál es la situación real. Una posibilidad es que ahora las mujeres se sienten más facultadas para denunciar los actos de violencia, mientras que todavía hace poco muchas lo veían como algo totalmente inútil e incluso una oportunidad para que las autoridades menores las revictimizaran. Todavía se dice, probablemente sin muchas bases, que solo se denuncia el 10 % de los delitos y de esa proporción denunciada, únicamente el 10 % termina en un dictamen judicial. Los números son demasiado redondos para ser creíbles, pero deben ser una proporción similar a esa. O sea, que el gran problema es la impunidad.

Un cambio importante en nuestra situación es que en las próximas elecciones federales, dos mujeres son las más probables triunfadoras para ser presidentas de la república y una cantidad significativa de mujeres triunfarán en los próximos comicios de nivel estatal y municipal. Y, lo más interesante, el hecho de tener una mujer en la Presidencia ha sido aceptado sin discusión.  En los congresos federales y locales muchos puestos serán ocupados por mujeres. Lo cual claramente es un avance considerable.  Es de esperarse que haya cada vez mayor proporción de mujeres en puestos de gobierno, y que también haya mayores probabilidades de que exista igualdad de derechos, en la práctica, para las mujeres.

Pero, claramente, eso no es suficiente. Desde hace ya algunas décadas ha aumentado el número de mujeres en puestos de autoridad y no hay una correlación con la disminución de la violencia contra la mujer.  Es decir, aunque hay mayor proporción de mujeres en puestos de mando, el aumento de la violencia a las mujeres   continua.  Y esto es porque el gobierno solo puede actuar de algunos modos muy limitados.  Puede establecer cuotas de género en algunas ocupaciones que domina,  puede crear  nuevas figuras de delito y aumentar sustancialmente  las penalidades.  Como se ha estado haciendo.  Pero ninguna de esas acciones ha permitido reducir sustancialmente la violencia contra las mujeres.

 Es muy importante que sigamos pidiendo, tanto hombres como mujeres, más acciones para evitar esta discriminación.  Pero también es un hecho que la solución de fondo no viene del gobierno, viene de la Sociedad: de las costumbres,  de la cultura,  de la educación en la familia y en la escuela.   Y es ahí donde se necesita una acción más decidida. Una determinación que debe ser de todos.

 Hay muchos pendientes por resolver.  La discriminación laboral,  expresada en salarios inferiores para las mujeres,  cuando tienen trabajos equivalentes a los de los hombres,  así como el llamado “techo de cristal”,  qué hace que  haya una gran desproporción entre los puestos de nivel superior ocupados por hombres  comparados con los ocupados por mujeres.  Otros aspectos importantes, como pueden ser  las guarderías y las escuelas de tiempo completo, que permitan a las mujeres tener trabajos  con mejor nivel de  remuneración.  La conciencia de qué casi un tercio de los hogares son sostenidos por mujeres, lo cual hace insostenible el concepto de qué los hombres tienen que ganar más porque sostienen a los hogares. Hay que considerar los cambios sociales con mayor cantidad de madres solas y solteras, familias abandonadas por el varón y situaciones similares que hacen que las cargas laborales de la mujer sean cada vez mayores.

 El tema de fondo, el más difícil: el de la violencia contra la mujer.  La situación de 10 muertes por feminicidio al día, y el crecimiento de las violaciones, no se resuelven con cuotas de género y mayor acceso a los altos niveles de gobierno. El asunto es fundamentalmente uno de convencimiento de la Sociedad, en su conjunto, de que no es posible continuar la situación que denuncian estas mujeres que ya perdieron la paciencia y que se manifiestan  el 8 de marzo. Esto debería ser una preocupación fundamental de todos los mexicanos.  En buena hora tengamos una mujer presidenta: seguramente ayudará.  En buena hora es que haya más mujeres dispuestas a manifestarse públicamente y hacer sentir su disconformidad y su miedo por esta situación que ya ha durado demasiado. Esta tarea es una tarea de todos y los hombres tenemos que tomar conciencia de que no es una necesidad solo para las mujeres, sino para toda la Sociedad.

Antonio Maza Pereda

 

lunes, 13 de marzo de 2023

8 de Marzo. ¿Hay mejora?

 Un año más. Diferentes asociaciones de mujeres nos recuerdan el Día Internacional de la Mujer. Una conmemoración madura, en el fondo más fuerte, con menos destrozos y una vez más con una reacción tibia de las autoridades y de una parte importante de la Sociedad. Obviamente es muy difícil medir el resultado de este tipo de actividades. En el año que ha pasado desde la anterior conmemoración, han aumentado las denuncias. También las solicitudes de calificar las agresiones como intentos de feminicidio. Hay un sentimiento generalizado entre muchas mujeres de que el asunto no avanza o, por lo menos, no lo hace a la velocidad que debería. No faltan quienes culpan a la pandemia del agravamiento de estas situaciones y también los que minimizan el asunto considerando que es un tema de la clase media aspiracionista y de las fifís.

¿Podemos decir, en serio, que ha habido un avance? El consenso es que no es así. Que la pandemia exacerbó la situación al mantenernos forzadamente en una relación más frecuente de lo normal, y que no se está haciendo lo suficiente. Ahora se habla más del tema: en los medios, en la agenda pública, y en el sentimiento de la Sociedad. Pero, la gran duda es: ¿hay una mejora efectiva?

Cómo es de esperarse, las facciones políticas han reaccionado con
 su tradicional falta de imaginación. No se les ocurre nada más que aumentar las penas por los distintos delitos, proponer una homologación de los códigos penales para asegurar que en todos los Estados traten del mismo modo los casos de violencia contra la mujer y feminicidio,  la ampliación de este concepto para asegurar que pueda haber penas más severas. Pero... el gran tema es la impunidad. De ser cierto lo que se está diciendo: que sólo el 10% de los casos de violencia contra la mujer se denuncian y que de los denunciados sólo el 10% llega algún tipo de sentencia absolutoria o condenatoria, el tema de las penas resulta ser irrelevante. Sí: cuando acaso te denuncian, si rara vez las autoridades te ubican y si tienes una condena, tu situación sería peor. Pero ¿cuál es la probabilidad de que eso te ocurra? Mientras haya este nivel de impunidad, de poco sirven las penas más severas. Esto no es un aspecto meramente teórico. En la práctica está demostrado que el endurecimiento de las condenas no está funcionando.

Claramente necesitamos una solución de fondo y tristemente no tenemos todavía una buena propuesta. Es muy poco probable que logremos un acuerdo entre los machistas y las feministas para mejorar la situación. Lo que necesitamos es un acuerdo de mujeres y hombres de buena voluntad, con una idea de colaboración para construir conjuntamente el tipo de solución que la Sociedad requiere y abandonar el concepto de ganar-perder qué es el que ha dominado la escasa discusión que ha habido sobre este tema. De nada están sirviendo las declaraciones ni los razonamientos más o menos lógicos. Tampoco están funcionando los señalamientos, la confrontación y la polarización. Tenemos que lograr el convencimiento de que a todos nos conviene lograr una solución mucho mejor que las que actualmente tenemos en el panorama. Tenemos que reconocer los hombres que no hemos hecho lo suficiente. No basta con declarar nuestro apoyo a las mujeres. También será importante tener claro que siempre habrá quien se oponga, desde ambos lados, a que lleguemos a un entendimiento. Porque hay a quienes les ha beneficiado la situación, la injusta situación actual contra las mujeres. También ha habido algunas mujeres, muy pocas por cierto, que han logrado beneficiarse con sus posiciones anti patriarcales. Habrá que reconocer que hay que construir un camino de solución,  que vaya logrando avances parciales y que deberá aceptar retrocesos, consolidar mejoras y recomenzar. Evaluar y reconocer los daños que hay que enmendar. Hay que admitir que no tenemos soluciones probadas, que no hay antecedentes claros que podamos aplicar inmediatamente. Más allá de las actitudes simbólicas de pedir disculpas, estar dispuestas a otorgar perdón, de crear comisiones de la verdad y otras supuestas soluciones, no hay mucho que decir. Tendremos resultados cuando mujeres y hombres de buena voluntad, logremos hacer equipo, reunir y hacer colaborar a nuestras mejores mentes y estar dispuestos a trabajar de tiempo completo para lograr propuestas que a la Sociedad le hagan sentido.

Hace tres años, escribía yo lo siguiente: “La gran pregunta, creo yo, es si los demás, la Sociedad en su conjunto, mujeres y hombres entenderemos el mensaje y dejamos claro que en una sociedad civilizada no podemos aceptar el horror de la violencia contra las mujeres, de todos  los niveles de gravedad, en todos los niveles socioeconómicos y en todos los culturales. Que no quede en anécdota. Que no quede como materia prima para chistes y memes. Que lo tomemos en serio y actuemos en consecuencia”.

 Tres años después, yo sigo pensando igual.

Antonio Maza Pereda