Un espacio para reflexionar sobre las consecuencias de largo plazo de las decisiones de las administraciones públicas, privadas y sociales. Su enfoque es mayormente estratégico, y su método es el de las proyecciones de tipo cualitativo, con los criterios de la creación de escenarios. Su ambición es la de ir más allá de la exposición y ser un espacio libre de discusión de los interesados en este tema.
¿Porqué Cuenta Larga?
¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.
Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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viernes, 6 de febrero de 2026
¿Creceremos?
En días pasados hubo el anuncio de un crecimiento relativamente menor del PIB durante 2025, en el orden de un 0.7 %. Un resultado que es ligeramente menor que el crecimiento de la población, lo cual quiere decir que no hemos tenido un crecimiento importante. Después vinieron una serie de pronósticos para el 2026. Algunos economistas pronostican un crecimiento del 1%; hay otros que pronostican algo más cercano al 3 %. Resulta curiosa esa diferencia de crecimiento. Ciertamente, la economía no es una ciencia exacta. La base de este pronóstico optimista son las promesas de inversión que se esperan del sector privado y del sector público. Y los conceptos ideológicos de los pronosticadores.
La base de todo esto viene de un plan del gobierno, interesante, llamado Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, donde se propone una inversión de 5.6 billones de pesos (millones de millones de pesos), en el lapso de 5 años, de aquí al año 2030. Lo cual generará 400,000 empleos directos en el año 2026.
Estamos suponiendo que bastaría con tener más infraestructura para que, en automático, la economía crezca. Lo cual también significaría que en México tenemos una inversión importante, dispuesta a arriesgar, pero que no lo hace porque no hay infraestructura suficiente. Habría que demostrar que esto efectivamente ocurre así. Y que no hay otros hechos, como podrían ser los factores de mercado o la inseguridad, tanto jurídica como en el aspecto de la violencia, que hay que considerar. Si estamos hablando, por ejemplo, de crear 400,000 empleos en 2026, suena como un número impresionante. Pero, por otro lado, si lo comparamos con la población económicamente activa de México, que es de 61.9 millones de personas, estamos hablando de un crecimiento que no llega al 1 % de esa población.
Ante esta incertidumbre, hay que plantear escenarios. Un método que no es fácil de usar, y que en México se utiliza poco. Esa técnica considera fuerzas impulsoras. Para este caso, la primera es el éxito en la negociación del Tratado TEMEC. Un punto fundamental: si no se logra una buena negociación, es muy difícil pensar en que los pronósticos de crecimiento importante se cumplan. Otra fuerza impulsora es el cumplimiento de las promesas del sector privado. Y la tercera fuerza es el crecimiento de la economía de los Estados Unidos. Porque, aun si funciona bien la negociación y se cumplen las promesas, si nuestro mercado más relevante de exportación falla, será muy difícil lograr un crecimiento económico notable. Si esas tres fuerzas se alinean favorablemente, el plan es viable. Si no, su éxito es dudoso.
Tal vez el concepto más difícil, pero el que está más en las manos del gobierno mexicano, es lograr la confianza de los inversionistas. Pero hay que atender una dificultad. Todas las inversiones tendrían rectoría del Estado y en todas la iniciativa privada será minoritaria. En esas condiciones, probablemente sea complicado obtener inversionistas que estén dispuestos a arriesgar su dinero para invertirlo en algo que ellos no controlan.
Habrá que esperar. Hay que aplaudir la idea de tener una planeación importante, pero hay que pensar que la planificación en sí no es más que el primer paso. Habrá que esperar a la implementación. Por el bien de México, que tenga mucho éxito.
domingo, 15 de enero de 2017
COPARMEX: ¿Contra el Gobierno?
Una noticia inusitada en torno al llamado “gasolinazo”,
fue el hecho de que la Confederación Patronal de la República Mexicana
(COPARMEX) se negó a firmar el Acuerdo
para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar
que presentó el Ejecutivo Federal. Sus argumentos fueron que dicho Acuerdo se presentó sin amplio estudio, en solo
tres días, sin tener suficiente consenso así como sin metas, objetivos y
medidores claros, entre otras razones. Días después la COPARMEX hizo públicas algunas
propuestas para mejorar el Acuerdo firmado por otros sectores.
Se puede estar en acuerdo o en desacuerdo con las propuestas de COPARMEX. Y qué bueno
que puedan discutirse sus ideas. Este tipo de debate es, no solo sano, sino
indispensable en este ambiente que, por decir
lo menos, es de “mal humor social”. La unanimidad forzada o fingida en un tema
tan espinoso como los aumentos de precios de la gasolina, es lo último que necesitamos.
Los acuerdos no deben ser considerados inatacables, por amplio que sea el apoyo
que se pueda lograr por ellos. El hecho que se hayan cocinado en tres días,
aunque hayan sido por catorce horas diarias como dijo uno de los participantes,
no los hace infalibles. Seguimos con el método de negociar “en lo obscurito”,
de espaldas a la ciudadanía. No logramos convencernos de que eso ya no funciona.
Pero lo inusitado no es que COPARMEX se haya
opuesto cuando el resto del sector privado estuvo de acuerdo. No es primera
vez. No en balde algunos consideran a esta Confederación como el “niño malo”
del sector privado. Y esa actitud le ha granjeado apoyo de muchos empresarios y
fama de independencia. Así como muchos odios.
No, lo novedoso es que algún organismo se
oponga al Gobierno con propuestas. Otros sectores, sobre todos los políticos, no
pasaron de los insultos o la negación. El “no al gasolinazo” que solo propone
cancelar la decisión de quitar los subsidios a la gasolina, sin proponer nada a
cambio. La clase política solo ve el “gasolinazo” como la bandera para ganar
apoyo que pueden usar ante la ausencia de logros significativos en sus propias
administraciones. Otros organismos empresariales callaron o hicieron veladas
alusiones a la “incertidumbre” y a “la dura situación que enfrentaremos”, pero
no presentaron sus propias propuestas.
Claramente, nuestro sistema político tiene que
abrirse a la discusión de las propuestas, vengan de donde vengan. Ninguna
propuesta es intocable. Debemos aprender a aceptar la oposición leal a las
acciones o ideas del Gobierno y de otros organismos, cuando sean acompañadas con
propuestas abiertas también al examen y discusión.
Desgraciadamente en nuestra cultura, no solo
en los temas políticos, sino en muchos otros temas, el que alguien nos diga que
nuestras ideas no son correctas, que son insuficientes o que podrían ser
mejoradas, lo tomamos como un insulto personal. Necesitamos despersonalizar el
debate. Acostumbrarnos a atacar las ideas sin atacar a quien las propone. Y
aceptar que quien señala las fallas en nuestras ideas no está necesariamente tratando
de desacreditarnos. Tal vez sea demasiado pedir en este momento, pero deberíamos
tratar de llegar al punto donde consideremos que quien difiere propositivamente
de nuestras ideas, nos está haciendo un favor. ¿Difícil? Seguro. No ocurrirá rápidamente.
No en este sexenio. No en el próximo.
Puede ser que muchos ya no vivamos lo suficiente para verlo.
Por mientras, hay que felicitar a COPARMEX y
tratar de copiar su ejemplo en nuestros propios campos. Acostumbrarnos a diferir
proponiendo, sin personalizar la crítica y aceptando que nuestras ideas también
sean atacadas, sin darnos por atacados en lo personal. En el ambiente social de
este inicio de milenio, donde es cada vez más difícil silenciar las ideas o
imponer la unanimidad, más vale que nos acostumbremos a oponernos propositivamente
y lealmente así como a que se nos opongan del mismo modo.
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