¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

viernes, 30 de octubre de 2026

¿Quién se ocupa de la empresa en pequeño?

A los empresarios mexicanos se les pide constantemente que creen empleos. Pero ¿qué propuestas ofrece la clase política para que puedan hacerlo, especialmente cuando se trata de las micro y pequeñas empresas? Se les exhorta a invertir y crecer, sin prestar suficiente atención a los obstáculos que enfrentan para sobrevivir y aumentar su productividad. No estamos hablando de un sector marginal. Según los Censos Económicos 2024 del INEGI, las micro, pequeñas y medianas empresas representan aproximadamente el 99% de los establecimientos y emplean a más del 70% del personal ocupado en ellos. Es cierto que estas cifras incluyen actividades de autoempleo, pero eso no disminuye su importancia económica y social. Las empresas en pequeño son capaces de generar puestos de trabajo con inversiones relativamente modestas, aunque también enfrentan una elevada mortalidad y grandes dificultades para consolidarse. A pesar de su número, tienen poca influencia en las decisiones económicas. El pequeño empresario debe ocuparse personalmente de vender, producir, cobrar y administrar. Difícilmente puede dedicar tiempo a las cámaras empresariales o a gestionar apoyos gubernamentales. Por eso, las organizaciones empresariales generalmente están dirigidas por empresarios medianos o representantes de empresas mayores. Quienes constituyen la inmensa mayoría de los negocios tienen escasa representación en las decisiones que los afectan. El financiamiento es un buen ejemplo. Nacional Financiera y la banca comercial ofrecen programas para las llamadas Mipymes, agrupando bajo una misma denominación a empresas de tamaños muy diferentes. Pero una empresa mediana puede disponer de personal administrativo, estados financieros, garantías e historial crediticio. Muchas micro y pequeñas empresas no reúnen esos requisitos. Así, los programas anunciados para las Mipymes pueden terminar siendo mucho más accesibles para las medianas. No basta con etiquetar recursos; hay que comprobar a quiénes llegan realmente. A esto se suma su vulnerabilidad frente a la extorsión, los robos y los clientes morosos. Para una empresa pequeña, llevar a juicio a quien no paga puede resultar más costoso que aceptar la pérdida. Tampoco dispone siempre de los conocimientos técnicos, administrativos y comerciales necesarios, ni de recursos para contratar especialistas. Exigirle productividad sin facilitarle herramientas para mejorarla es dejarla sola frente a problemas que difícilmente puede resolver. ¿Qué podría hacerse? Hay experiencias internacionales que ofrecen caminos interesantes. Una es la automatización de bajo costo, utilizada en la modernización de pequeñas empresas asiáticas, particularmente en Taiwán. No requiere necesariamente grandes inversiones: mejoras sencillas en equipos y procesos pueden aumentar considerablemente la productividad. Otra medida sería establecer créditos verdaderamente accesibles para micro y pequeñas empresas, apoyados en fondos de garantía y vinculados a proyectos viables, evaluados por consultores y académicos a costos reducidos. Los estudios de preinversión suelen representar un gasto importante y, cuando el proyecto resulta inviable, el empresario pierde lo invertido en estudiarlo. El acompañamiento técnico permitiría reducir esos riesgos y mejorar el uso del financiamiento. También es necesario superar los problemas de escala. En Italia, los consorcios de pequeñas empresas les han permitido competir en mercados internacionales mediante compras conjuntas, servicios compartidos y mecanismos colectivos de comercialización. Asociarse no significa perder independencia, sino adquirir capacidades que individualmente serían inalcanzables. La capacitación y la consultoría especializada son igualmente importantes. Podrían ofrecerse mediante esquemas de apoyo gradual: asesoría inicialmente gratuita o subsidiada, cuyo costo fuera asumiendo el empresario conforme mejorara su productividad. No se trata de impartir cursos generales, sino de resolver problemas concretos de costos, inventarios, producción, administración y comercialización. Una buena asesoría debería generar beneficios suficientes para justificar su costo. Estas propuestas no sustituyen la obligación gubernamental de garantizar seguridad, justicia y condiciones favorables para invertir. Tampoco buscan crear empresas dependientes de subsidios permanentes. Se trata de proporcionar herramientas para que puedan sostenerse, crecer y competir con sus propios recursos. Lo preocupante es que las necesidades de la empresa en pequeño rara vez ocupan un lugar central en las propuestas de la clase política. Se habla de grandes inversiones, coinversiones público-privadas y creación de empleos, mientras los apoyos existentes no siempre están diseñados para quienes enfrentan mayores dificultades. Hay organizaciones empresariales que ofrecen capacitación y asistencia técnica, principalmente vinculadas a cadenas de proveedores. Son esfuerzos valiosos, pero su alcance es limitado frente a millones de micro y pequeñas empresas que necesitan apoyo. Sin embargo, no todas las soluciones tienen que venir del gobierno. Las universidades, las organizaciones empresariales y la ciudadanía pueden crear redes de capacitación y asistencia técnica. Un recurso poco aprovechado es la experiencia de profesionales y empresarios jubilados, particularmente quienes han trabajado en empresas pequeñas. Pero estos apoyos deben diseñarse escuchando a sus destinatarios. La buena voluntad de técnicos y académicos no garantiza que sus propuestas respondan a las necesidades reales del pequeño empresario. Por razones prácticas, pero también por respeto, hay que escucharlo. Las soluciones que funcionan en empresas medianas y grandes no siempre son aplicables a las más pequeñas. Seguramente en las próximas campañas electorales volveremos a escuchar exhortaciones para crear empleos. Corresponde a la ciudadanía exigir propuestas concretas, pero también desarrollar iniciativas propias para apoyar a estos empresarios. No podemos seguir exigiendo a las pequeñas empresas que creen empleos mientras las dejamos solas frente a los obstáculos que les impiden crecer. Amigos y amigas empresarios en pequeño: aunque a veces no se note, los necesitamos mucho.

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