¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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sábado, 18 de enero de 2020

La vergüenza como arma política

En estos primeros meses del gobierno de MORENA, el debate de los temas nacionales ha sido bastante limitado. En vez de razones, hemos tenido insultos, falacias y un uso cada vez mayor de frases tratando de avergonzar al contrincante, para acallarlo. La vergüenza como arma, se podría decir. De eso, sí ha abundado. Y hasta creen que eso es debate. Eso, además de las “fake news” y los “otros datos”, tan socorridos.

Y esto no ha sido privativo de ningún bando: toda la clase política y la comentocracia han entrado a este juego. Lo cual quiere decir que a la mayoría no les funcionan los razonamientos, que no tienen la capacidad de debatir a ese nivel. Por otro lado, es curioso ver que ambos bandos piensen que pueden convencer a otros avergonzándolos. A menos que no les interese convencer: puede ser.

Algunos modos de avergonzar a otros se basan en aspectos físicos o de la personalidad de sus contrincantes. Desde las críticas por la edad del Presidente, hasta las burlas brutales contra una legisladora por su obesidad, con toda clase de calificativos, comparándola con animales, riéndose de su modo de alimentarse y más. Un ataque más propio de un “bullying” de la secundaria que de los debates legislativos. Y muchos, con eso, ya sienten que no necesitan analizar sus argumentos contra los de la legisladora. Como si el ser obeso, flaco, viejo o joven fuera una señal de que la persona no puede pensar. Como si eso signifique que no vale la pena analizar sus ideas. Al final, lo que se busca el que el atacado ya no siga participando en el debate. ¿Será acaso que les tienen miedo a sus ideas? Podría ser.

Otro tipo de ataque consiste en mostrar y demostrar que la persona cayó en contradicción. Que alguna vez proponía algo y en otras proponía lo contrario. La implicación en que la gente no puede o no debe cambiar de opinión y que debería avergonzarse de ello. No se analiza ni el momento, ni las circunstancias: basta demostrar que su contrincante dijo algo diferente hace 5 años, hace 10 años para demostrar que está equivocado. En realidad, no contradecirse no es señal que se tiene razón. Los argumentos deben ser válidos por sí mismos, sin importar cuando se dijeron, quién los dijo o cómo había opinado en otra ocasión.

Una variante es avergonzar a los otros preguntándoles por qué no hicieron algo o no tuvieron resultados cuando estuvieron en el poder o cuando eran comentaristas. “¿Dónde estaba usted cuando se cayó el sistema?” le preguntaron a un comentarista. “¿Por qué no protestó entonces?” “Probablemente porque estaba en el Kínder, peleándome por una paleta” respondió el comentarista. Bromas aparte, la idea es avergonzar a otros por su pasado y decir que, si cometió un error en el pasado, ya no tendrá derecho a opinar en el resto de su vida. Si les creyéramos, viviríamos perpetuamente paralizados por un pasado que nos apena y del que ya no podemos redimirnos.

¿Y nosotros, los ciudadanos? ¿Los sin-poder como decía Vaclav Havel? A nosotros nos toca estar alertas. No dejarnos manipular con las mentiras, las falacias, las sinrazones de la casta política. Cometimos un grave error en el pasado: darles demasiado poder a los políticos. Desinteresarnos de la política al grado de considerar de mal gusto tratar este tema en público. Sí, cometimos ese error, pero nada ganamos con avergonzarnos ni dejarnos paralizar por esa vergüenza. Nos toca reconstruir nuestro poder ciudadano. Interesándonos, estudiando, debatiendo de buena manera los grandes temas nacionales.

Nunca más, callar y obedecer. Nunca.

Antonio Maza Pereda

 

domingo, 11 de septiembre de 2016

A mayor opacidad, más teorías de la conspiración


Desconfíen siempre de las teorías de la conspiración. Son una renuncia a pensar. Enrique Krauze[1]

Por supuesto, estoy plenamente de acuerdo con la frase de Enrique Krauze, uno de los mayores pensadores de nuestra época. Sin embargo, para poder pensar se requiere tener conocimiento o, como un mínimo, información. Por esta razón, en un sistema político con  un alto nivel de opacidad las teorías de la conspiración florecen y se extienden.

 En el sistema soviético y en particular durante los tiempos de Stalin, proliferaron analistas que se autonombraron "sovietólogos”. Éstos personajes trataban de entender un sistema extraordinariamente opaco y muchas veces, para hacer sentido de la gran escasez de datos que les llegaban, hacían análisis por ejemplo del lugar ocupaban los diferentes funcionarios en el presídium de distintos eventos y median a cuantos lugares de Stalin quedaban sentados. Al analizar varios eventos, suponían que quienes se iban alejando de los lugares centrales es porque iban cayendo de la gracia del dirigente máximo y los que se iban acercando es porque iban ganando favores. De la misma manera, analizaban  como llegaban juntos y cómo permanecían juntos durante los eventos lo cual  les permitía suponer alianzas y pleitos.

En la renuncia del secretario de hacienda de México, la semana pasada, hubo una amplia semejanza con este tipo de análisis. Que si el secretario Osorio estaba del mismo lado del secretario Videgaray, que si los nuevos secretarios estaban juntos del otro lado, que si alguno de ellos se veía sombrío o distraído, a cual grupo pertenecían cada uno de ellos así como los que los sustituían en sus anteriores cargos, todo eso se prestó a amplias especulaciones. Todo ello, por la percepción de opacidad en esta decisión.

Obviamente, las teorías de la conspiración abundan en estas circunstancias. Un analista a quien respeto mucho, opina que el partido en el poder ya ve perdidas las elecciones nacionales del 2018 y que el secretario Videgaray está renunciando a su puesto para ser candidato a gobernador del Estado de México. Un escenario interesante. Otros dicen que en vista de errores muy graves, tanto los recientes como a lo largo de su desempeño en su secretaria de Estado, era ya inevitable un cambio. No falta el que especula que este cambio es el precio que el sector privado pidió para deponer su actitud de enojo contra el gobierno federal y aún otros piensan que este cambio es para dar confianza a las agencias internacionales que miden el riesgo del país.

Otras teorías tienen más que ver con el manejo de grupos en la clase política. Una conspiración que algunos imaginan es que el grupo del Estado de México estuvo apoyando de manera sigilosa la rebelión de los maestros, con el propósito de desprestigiar al secretario de Gobernación, y hacer que bajara su calificación en las encuestas de popularidad de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Y ahora pagan las consecuencias.

Otras teorías de la conspiración son de mayor alcance. Hay quienes ven la mano de expresidentes, dirigiendo los movimientos y los ataques a la administración actual.  O los que ven a la extrema izquierda coludida con uno de los grupos priistas, con el propósito de desprestigiar a su posible contrincante.

En fin, que por teorías de la conspiración no paramos. Lo cual es fruto natural de secretismo que maneja la clase política. Por ello hablamos de los diferentes círculos del conocimiento, como el llamado "círculo rojo" que son los enterados, el círculo íntimo del presidente, o los diversos círculos existen o se imaginan los diferentes analistas.

¿Habrá remedio contra las teorías de la conspiración? Probablemente sí, pero no en el corto plazo. Václav Havel, el intelectual checo que pesó fuertemente en la caída del comunismo en su país, hablaba en su influyente ensayo "El poder de los que no tienen poder" de que un sistema basado en la mentira omnipresente, es un sistema moralmente en bancarrota. Pero una bancarrota moral no se resuelve rápidamente. No es cuestión de un cambio de personas, ni siquiera de estructuras. Es un cambio que ocurre en las mentes y en los corazones de la ciudadanía. Las grandes preguntas son: ¿estamos dispuestos los ciudadanos a pagar el costo de dejar de vivir en la mentira? ¿Tendremos la paciencia y la constancia para un  cambio que puede llevar décadas?




[1] Tweet del autor, 24 de julio de 2013, @EnriqueKrauze