¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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viernes, 23 de octubre de 2026

La vejez que no estamos preparando

Estamos entrando en una etapa electoral que, al menos, tiene un lado útil: abre espacios para reflexionar sobre por quién votar, qué temas deberían debatirse, qué propuestas vale la pena explorar y quién puede ofrecer resultados creíbles. Nos enfrentamos, sin embargo, a una gran desconfianza hacia la clase política. A eso se suman el desconocimiento de muchos asuntos públicos y, hay que reconocerlo, el desinterés de una parte importante de los votantes. Todo ello dificulta aprovechar la oportunidad de mejorar la calidad de nuestro voto. Uno de esos temas es la atención a los ancianos. La pensión para adultos mayores es, sin duda, uno de los programas más visibles de la 4T. Su necesidad difícilmente puede discutirse. La pregunta es otra: ¿es suficiente? No lo es. El apoyo económico resuelve una parte del problema, pero está orientado principalmente a lo asistencial. No responde por sí solo a necesidades de salud, vivienda, cuidados, ahorro, protección frente a la dependencia o posibilidades de continuar activos. Tampoco resuelve la pregunta de cómo financiar todo eso en el largo plazo. El asunto se vuelve más importante porque México está envejeciendo. La fecundidad ya se encuentra por debajo del nivel de reemplazo generacional y, con el paso de los años, habrá una proporción mayor de personas de edad avanzada frente a la población económicamente activa. Esto no significa que el sistema esté condenado al fracaso, pero sí que mantenerlo sin cambios será cada vez más difícil. A ello se suma la informalidad. Más de la mitad de los trabajadores mexicanos están fuera de esquemas laborales formales. Eso significa menos aportaciones a la seguridad social, pensiones insuficientes o inexistentes y una presión creciente sobre los recursos públicos. Por eso el problema no puede resolverse solamente aumentando periódicamente una transferencia económica. A corto plazo, el apoyo asistencial es necesario. Para millones de personas no existe hoy una alternativa mejor. Pretender eliminarlo sería ignorar una realidad evidente. A mediano plazo se necesita una reforma fiscal seria y una rendición de cuentas igualmente seria. No se trata solamente de recaudar más: hay que saber de dónde vendrán los recursos, en qué se gastarán y qué resultados producen. A largo plazo, el reto es todavía mayor porque requiere cambios culturales. Uno de ellos está en la salud preventiva. Necesitamos que una cantidad mucho mayor de personas llegue a la edad de retiro en buenas condiciones físicas y mentales. Eso mejora su calidad de vida y reduce la presión económica sobre sus familias y sobre el sistema de salud. Otro cambio es fomentar una cultura de ahorro para el retiro. Vivimos en una sociedad que estimula mucho el consumo y poco el ahorro de largo plazo. Consumir genera actividad económica y empleo, desde luego. El problema está en encontrar un equilibrio: disfrutar el presente sin llegar a la vejez dependiendo exclusivamente de otros. Ese ahorro, además, necesita reglas claras y estabilidad. Quien ahorra durante décadas para su retiro debe tener confianza en que esos recursos cumplirán precisamente ese propósito. Hay otro aspecto del que hablamos todavía menos: la educación permanente. Llegar a cierta edad no debería significar quedar automáticamente fuera de la vida productiva. Muchas personas mayores pueden seguir trabajando, asesorando, enseñando o realizando actividades que complementen sus ingresos y aprovechen la experiencia acumulada durante años. El objetivo debería ser que la asistencia sea una red de protección para quien la necesita, no el único modelo disponible para millones de personas mayores. Eso cambiaría también la manera en que entendemos la vejez: no solamente como una etapa que requiere apoyo, sino como una etapa que todavía puede aportar mucho a la sociedad. Ahora bien, ¿ha escuchado usted debatir seriamente estas propuestas —u otras mejores— entre gobierno y oposición? Poco. La política está demasiado concentrada en el corto plazo. Una transferencia puede anunciarse hoy y producir resultados políticos mañana. En cambio, prevenir enfermedades, fomentar el ahorro, reducir la informalidad o impulsar la educación permanente puede tardar años, incluso una generación, en dar frutos. Ahí está precisamente el problema. Los cambios de largo plazo rara vez producen beneficios electorales inmediatos, pero alguien tiene que comenzarlos. Keynes escribió que, a largo plazo, todos estaremos muertos. La frase se refería a otro problema económico, pero sirve aquí para plantear una paradoja: nosotros quizá no veremos todos los frutos de lo que hagamos hoy. Nuestros hijos y nuestros nietos sí. Atender a los ancianos no puede reducirse a entregarles dinero. Eso es necesario, pero incompleto. Una sociedad que realmente se preocupa por su vejez tiene que comenzar mucho antes de que sus ciudadanos lleguen a ella.

viernes, 2 de octubre de 2026

Partidos y elecciones 2027

Una de las comidillas políticas de la semana pasada tuvo que ver con las encuestas utilizadas por MORENA para seleccionar sus candidaturas a las gubernaturas en disputa en 2027. Algo poco habitual en la política mexicana. Históricamente, las dirigencias partidistas han tenido un peso decisivo en la selección de candidatos. Muchas decisiones se toman en lo oscurito y después se informa a los militantes que las autoridades, habiendo escuchado a sus fuerzas vivas, han llegado a una conclusión. Ahora, después de presumir de una democracia interna superior a la de sus adversarios, MORENA enfrenta presiones de sus adherentes, aliados y medios de comunicación. Los resultados permiten intentar una radiografía del balance de fuerzas en la coalición: quién obtuvo cada candidatura, quién quedó fuera y qué acuerdos se hicieron. Hay, naturalmente, una parte de especulación: conocemos los resultados, no todas las negociaciones. Bien decían los ancianos: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Y si algo han presumido MORENA y sus aliados es su unidad. ¿Permanecerá ante las presiones? En el análisis de las organizaciones puede utilizarse una metáfora tomada de las propiedades de los materiales: estructuras frágiles, deformables, robustas, resilientes y antifrágiles, según cómo reaccionan ante los esfuerzos a los que son sometidas. Una estructura frágil se rompe cuando la presión supera su resistencia; una deformable cambia de forma y conserva esa modificación; una robusta resiste sin alteraciones importantes. La resiliente se deforma, pero después recupera su forma. Finalmente, una estructura antifrágil aprovecha determinadas presiones para fortalecerse. Como el músculo, que desarrolla nuevas capacidades mediante el entrenamiento y la recuperación adecuados. La metáfora resulta útil para observar a los partidos, aunque una misma organización puede reaccionar de manera distinta según la presión que recibe. Desde la perspectiva de un ciudadano sin partido, propongo utilizar estas categorías para analizar el panorama electoral. Empecemos por los principales partidos de oposición. Han enfrentado derrotas, pérdidas de cuadros y dificultades para construir propuestas que vayan más allá de criticar al gobierno. ¿Son organizaciones capaces de reconstruirse o estructuras cuya respuesta ha sido replegarse? Los partidos de nueva creación enfrentan otra prueba: formar cuadros y desarrollar estructuras capaces de sobrevivir más allá del entusiasmo inicial de sus promotores. El Partido del Trabajo presenta un caso interesante. Su relación con MORENA muestra la importancia de un aliado menor cuando sus votos son necesarios para determinados acuerdos legislativos. ¿Hasta dónde se adapta a las necesidades del partido mayoritario y en qué asuntos conserva posiciones propias? Algo distinto ocurre con el Partido Verde. Ha enfrentado críticas, entre ellas las relacionadas con las prácticas familiares en la política, sin perder relevancia como aliado. ¿Su capacidad consiste en recuperar posiciones después de los conflictos o estos le han permitido desarrollar nuevas fortalezas? Movimiento Ciudadano gobierna Jalisco y Nuevo León y busca construir una presencia nacional con identidad propia. Habrá que observar cómo responde a las tensiones entre sus dirigencias, gobiernos estatales y aspiraciones electorales. La prueba no consiste solamente en conservar posiciones, sino en aprender de los conflictos. ¿Y MORENA? Probablemente sea el caso más complejo. Habría que conocer mejor el peso de sus distintos grupos: moderados y duros, claudistas y obradoristas, sin olvidar las tendencias cruzadas que produce la incorporación de numerosos políticos provenientes de otros partidos. Difícilmente una organización de esas dimensiones responde igual en todos los estados y ante todas las presiones. Algunos analistas interpretan que, en estados como Aguascalientes y Querétaro, MORENA privilegió los equilibrios internos sobre la competitividad electoral. En San Luis Potosí, la negociación con el Partido Verde muestra otra faceta de estas tensiones. Son interpretaciones discutibles, pero plantean una pregunta importante: ¿qué ocurre con los conflictos que estas decisiones dejan pendientes? Las recientes selecciones ofrecen material para estudiar estas diferencias. ¿Qué sucede cuando los aspirantes derrotados no aceptan los resultados? ¿Cuánto puede ceder una dirigencia sin perder autoridad? Sobre todo, ¿los conflictos sirven para mejorar los mecanismos de decisión o solamente se resuelven mediante acuerdos que permiten llegar a la siguiente elección? Este es un ejercicio de interpretación basado en información pública, sin pretender un diagnóstico definitivo. Pero vale la pena profundizar: la manera en que los partidos procesan sus conflictos nos dice algo sobre su organización y sobre la forma en que pueden ejercer el poder. Para quienes no militamos en ninguno de ellos, observar estas conductas puede ayudarnos a construir mejores criterios para orientar nuestro voto. No basta con escuchar discursos de unidad, promesas electorales o críticas a los adversarios. Importa observar qué hacen cuando las circunstancias se complican. Porque una cosa es sobrevivir a las presiones y otra, bastante distinta, aprender de ellas para fortalecerse.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Llenar plazas no es convencer

Las fiestas patrias dejaron plazas llenas. Hubo conciertos, espectáculos y concentraciones multitudinarias en buena parte del país. Para el gobierno, esa respuesta es una señal de respaldo. Conviene tomar la afirmación con calma. El 16 de septiembre no es de ningún gobierno: es de la nación. La gente sale por la familia, por el concierto gratuito y porque es día de fiesta, y lo ha hecho con administraciones de todos los colores. Confundir asistencia con adhesión es un error viejo, y lo han cometido todos los que han estado en el poder. Queda entonces la pregunta que importa rumbo a 2027: esa capacidad de convocatoria, ¿está convenciendo a los ciudadanos sin partido, o solamente confirmando a los ya convencidos? En México, la mayoría de los electores no están inscritos en ningún partido. Ahí se definen las elecciones intermedias, y ahí es donde la plaza llena no llega. Llama la atención que, después de una demostración tan importante de convocatoria, siga predominando un discurso que identifica adversarios, reparte culpas y presenta las críticas como ataques. Hay avances que deben reconocerse —la mayor visibilidad de las mujeres y de los pueblos originarios, por ejemplo, en asuntos que vienen de muy lejos—, pero no borran lo que pesa en la vida diaria. La seguridad, el empleo y el costo de la vida seguirán siendo la vara con la que se mide a cualquier gobierno. El problema aparece cuando, en lugar de discutir eso, el debate se concentra en encontrar culpables. Y la responsabilidad no recae solamente en la 4T. La oposición ha adoptado el mismo método con entusiasmo: sus dirigentes también han hecho de la descalificación su principal producto comunicativo, y también prefieren el video viral a la propuesta legislativa. Si el ataque le funcionó a unos, del otro lado concluyeron que podía funcionarles igual. El resultado es una competencia por exhibir las mentiras, exageraciones y verdades a medias del contrario. Una cosa es criticar y otra convertir al adversario en enemigo. La democracia necesita oposición, vigilancia y crítica del poder. Pero cuando toda diferencia termina convertida en una confrontación entre buenos y malos, dejamos de discutir qué propuesta es mejor y empezamos a discutir quién merece más nuestra indignación. Para muchos, en el gobierno y en la oposición, señalar errores y proponer cambios parece casi una traición a la Patria. Es justamente lo contrario. Atreverse a diferir también es una forma de patriotismo, porque significa preocuparse por el rumbo del país. Quien exige que se calle la crítica en nombre de la unidad no está defendiendo a México: está defendiendo su posición. Por eso las fuerzas opositoras tendrían que preguntarse si responder a la polarización con más polarización construye realmente una alternativa. No basta con atacar mejor. Quien no se identifica con ningún partido no necesita más enojo; necesita razones. Y las razones exigen algo que hoy escasea en los dos bandos: propuestas concretas, verificables, con números. Podemos tener diferencias profundas sin convertirnos en una sociedad de enemigos. Nadie necesita abandonar sus convicciones para escuchar una buena propuesta del otro lado, ni renunciar a la crítica para reconocer un acierto ajeno. Lo que hay que dejar atrás es la idea de que dividir a los mexicanos es una estrategia aceptable para obtener o conservar el poder. Esa decisión no está solo en manos de los partidos. Los ciudadanos sin partido pesarán en 2027, y son quienes pueden obligar a las fuerzas políticas a dejar de hablar únicamente con los suyos. La pregunta relevante no es quién consigue indignarlos más, sino quién logra darles mejores razones para confiar en un proyecto de futuro. La polarización llena plazas y moviliza a los convencidos. Construir una mayoría —y, sobre todo, construir un país— requiere bastante más.