¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 2 de mayo de 2022

Plan educativo

 

La propuesta al principio de la semana pasada, fue la de una reforma en la educación básica. En el acelerado ritmo de propuestas de reformas, el tema fue rápidamente desplazado por la reforma electoral. Lo cual no quiere decir que la propuesta de reforma en la educación básica haya pasado totalmente desapercibida. Hubo reacciones, señaladamente un desplegado propiciado por Gilberto Guevara Niebla, uno de los líderes históricos de la izquierda, en el cual se recogían una cantidad importante de críticas a dicha propuesta. Algo particularmente curioso, que muestra que no existe una total homogeneidad en las posturas de la izquierda. Lo cual, por otro lado, no sólo es de esperarse, sino incluso es algo saludable. Nos hemos acostumbrado, desgraciadamente, a posiciones monolíticas de las fracciones políticas, muchas de ellas con la idea de que sólo se puede estar de acuerdo con ellos de una manera total y radical o, en caso de diferir en algo, fácilmente te conviertes en su enemigo o, llevándolo al extremo, en un traidor a la Patria.

Hay algo interesante en el tema de la educación. Difícilmente se encuentra a alguien que opine que la educación no es importante. Pero habiendo unanimidad en este aspecto, es claro que no todos tienen el mismo sentido de urgencia para la mejora de la educación. O sea que la educación probablemente será siempre un tema importante pero no urgente. De manera que con cierta facilidad se pospone. Hasta que el asunto se vuelve una crisis. Esto tiene que ver, por supuesto, con la naturaleza misma de la educación. Las consecuencias de una reforma educativa no se verán rápidamente, no importa el esfuerzo que se haga para ponerla en práctica. Los resultados de cualquier reforma en este campo normalmente se verán en el largo plazo: sí estamos haciendo reformas en la educación básica será muy difícil ver el efecto de los cambios antes de 5 o 6 años. Mientras que, si esta reforma se postpone un año o 2, los resultados no serán muy diferentes.

Habiendo dicho esto, sí vale la pena tratar de hacer el análisis de los resultados previsibles de lo que hoy se propone. Se habla de una reforma que no promueva los conceptos del neoliberalismo. Una que vaya en contra del egoísmo de la población. Se propone que el alumno ya no sea el centro de la educación, sino la comunidad. Sin que quede muy claro cómo se diseñarán los planes de estudio, en caso de que se trate de aplicar algún tipo de planeación, para el caso de comunidades que no son totalmente homogéneas. Y no queda claro quién tomará la decisión sobre cuál de las tendencias de la comunidad tendrá primacía.

Se insiste también en que los temas deberán cambiar: poner el énfasis en los usos y costumbres de las comunidades, sus festividades, su cultura, y menos esfuerzo en cosas abstractas como puedan ser la aritmética, la geometría, el lenguaje y otros temas que pudieran servir para que la gente se vuelva, de alguna manera, neoliberal. Otro concepto es eliminar evaluación de los alumnos sustituyéndola por una autoevaluación. Lo cual, si estamos hablando de educación básica, dejaría pendiente resolver el modo de acelerar la madurez de los educandos de 7 a 12 años para que puedan hacer una autoevaluación válida.

Llama particularmente la atención la idea de erradicar el egoísmo. Un anhelo secular de la humanidad, documentado desde la Grecia clásica, pero que seguramente estaba ya presente mucho antes. Ha sido el tema de casi todas las religiones y de una buena parte de los filósofos. Y después de milenios de estar tratando de cambiar el egoísmo de una buena parte de la población, los resultados siguen siendo muy escasos. ¿Será acaso que la 4T tiene una fórmula que la humanidad aún no ha descubierto y qué piensa aplicar en esta reforma?

Entre los que se han opuesto públicamente a esta reforma, varios han dicho que estos conceptos no se aplican en ningún país. Lo cual puede que sea cierto a nivel macro, pero se han venido aplicando en las normales rurales y en algunos sectores de la CENTE. Con el resultado de que, con cierta frecuencia, los egresados de las normales rurales llevan a cabo “movimientos sociales” exigiendo que se creen plazas para los egresados de sus escuelas. Y esto es porque muchos de los egresados de estas no encuentran empleo, debido a que las habilidades que han adquirido no son las que se requieren para el sistema educativo actual.

Quedan otros puntos pendientes. La propuesta de reforma es únicamente para la educación básica. No queda claro cómo se compaginará el tipo de preparación de los alumnos de educación básica con los requerimientos de la educación media y superior, que generalmente establecerán conocimientos, como los de ciencias, matemáticas o lenguaje que no se le estarán proporcionando a los alumnos de la educación básica. ¿Será necesario agregar al sistema educativo algunos años lectivos donde los que tengan la posibilidad de avanzar a otros niveles educativos? ¿Recibirán cursos remediales para poder incorporarse a la educación media y superior? De aplicarse a rajatabla esta propuesta, estaremos perpetuando la pobreza, porque la gran mayoría no podrá acceder a la educación media y superior.

Claramente hay mucho por discutir. Esto es mucho más que una ocurrencia: es un cambio que no se ha consultado con la población y que tiene un matiz más ideológico que técnico. Es importante discutir todos los otros temas de corto plazo, en particular el tema electoral, pero también es importante que no se olvide este asunto, que en este momento no es tan lucidor.

Antonio Maza Pereda

domingo, 11 de diciembre de 2016

La educación, un desastre


Cada poco tiempo, nos  vuelven a recordar que estamos en uno de los peores lugares en la educación entre los países de la OECD, gracias a la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés). Dado que es una evaluación independiente, es tomada muy en cuenta para ver el avance de nuestros estudiantes y, en consecuencia, de nuestro sistema educativo.

Como se ha vuelto costumbre, volvimos a ocupar los últimos lugares en las habilidades básicas de matemáticas, lectura y  ciencia. También ocurrió el acostumbrado torneo de críticas y evasivas, en redes sociales y medios tradicionales. La imputación más frecuente fue al Secretario de Educación, a los distintos grupos magisteriales y, como era de esperarse, se usó el magro resultado como una demostración de lo insuficiente de la Reforma Educativa.

¿Qué tan justas son estas críticas? ¿Qué tan acertadas son las evasivas? En términos generales, creo que ambos lados se quedan cortos. El tema se ha vuelto un proyectil que puede arrojarse al enemigo político, sin que nadie sienta la necesidad de proponer maneras de aumentar nuestra eficiencia educativa. No se ve un análisis a fondo fuera del sobado “pónganse a trabajar” y el novedoso “déjennos el futuro a los niños”, que podría discutirse ampliamente.

En particular vale la pena revisar la idea de que esto es una crisis y que hay que atenderla rápidamente. Suena lógica. Lo que no hay es una guía de ruta. La exhortación es a hacer algo, pronto y bien. Pero, ¿qué? La realidad es que la mejora de la educación no ocurrirá rápidamente. Y mientras sigamos atorados en temas políticos, menos. El tema del manejo sindical del profesorado, sigue usando los criterios corporativos de “los gobiernos emanados de la Revolución”, tratando de tener control político de varios millones de maestros y sus familiares.  Y eso ya no funciona.

El problema, en mi opinión, es que la educación es del tipo de tema qué, siendo extremadamente importante, nunca ha sido visto como urgente. Es algo que no da resultados rápidos y, por lo tanto, no puede ser mostrado como resultado de una administración. Y a nuestros políticos les gustan los resultados rápidos y vistosos, que son los que pueden ayudar electoralmente. Es el tipo de temas en donde los resultados tardan años de crearse y medirse. Al muchacho que entra hoy a la educación preescolar, tardaremos 15 años para ver si verdaderamente quedó preparado para para ser un buen ciudadano, capaz de contribuir a la sociedad y de actuar en el mercado laboral de manera que pueda generar riqueza al país. Mientras tanto, podremos medir si memorizó, si puede resolver problemas, si entiende lo que lee. Pero la adquisición de hábitos sociales y de aprendizaje está por verse.  Mediremos su actividad; y solo cuando egrese del sistema, podremos medir  los resultados.

Hay otros temas de fondo que revisar. A lo que estamos llamando educación en realidad es solo instrucción. La educación incluye la formación de valores, la forja del  carácter, el desarrollo de la posibilidad de formar convicciones propias. Y eso, usted perdone, no es lo que propicia nuestro sistema educativo. Solo da instrucción y lo hace mal, como lo demuestra la multicitada prueba PISA.

Nuestra Constitución, en su artículo 3º dio en la práctica un monopolio casi total del Estado sobre la Educación, sujetando a la educación privada a ser supervisada y vigilada por los burócratas de la educación. Se siguió el modelo de los regímenes totalitarios y los teóricos del control del Estado sobre la población. Al auto asignarse la educación, estos estados buscaron y buscan tener a una ciudadanía que no tenga elementos para cuestionar al Ogro Filantrópico que describió magistralmente  Octavio Paz.

Pero lo peor fue que la población, las familias, aceptaron el modelo y no se  cuestionó ni se trató de complementar sus deficiencias. Lo padres más conscientes se aseguraron de que los hijos hicieran lo que se les decía en la escuela. Los menos conscientes, abdicaron su responsabilidad en profesores y autoridades, sin cuestionar los resultados. Y al desaparecer los exámenes, la mayoría de los padres de familia supusieron que las autoridades sabrían lo que hacían. Los pocos que estaban en desacuerdo no protestaban por temor a causarles problemas a los hijos.

Una minoría trató de dar una educación privada a sus hijos y hoy se dan cuenta, a causa de las pruebas PISA, de que pagaron por la educación dos veces: una con sus impuestos y otra con cuotas a escuelas privadas que, de acuerdo a esas pruebas, no mejoran la capacidad de sus hijos. Como dijo Macario Schettino: el sistema ha logrado unificar la educación en México: es igual de mala en todos los niveles socioeconómicos.

El tema ha sido enfocado mal desde el principio. La educación es un tema multifactorial. No se resuelve regalando tablets, creando escuelas de elite., evaluando a los maestros y corriendo a los malos. No se puede mejorar si los padres de familia siguen convencidos de que el Gobierno es el principal responsable de la educación y el único que tiene que opinar, porque nos está haciendo el favor de educar a nuestros hijos. Hay que romper con estructuras de poder políticas, convencer a los padres de responsabilizarse de la educación,  darles  prestigio y relevancia social a los maestros y remunerarlos de acuerdo a ello. Como han hecho Singapur, Korea, Finlandia y otros países campeones en este tema. Y, lo siento mucho,  pero no será rápido. Porque es un cambio social y de valores muy profundo. Razón de más para que empecemos lo antes posible. Porque este es nuestro problema más importante.

domingo, 16 de octubre de 2016

Ya se nos olvidó la educación


Después de muchas semanas donde el tema de los maestros estuvo en el "ojo del huracán", poniendo en las primeras planas los bloqueos, la cancelación de clases, las declaraciones en uno u otro sentido e incluso las amenazas del sector privado de negarse a pagar impuestos, el tema ha dejado de ser el foco de la atención de la ciudadanía.

Por supuesto, hay un natural cansancio cuando un tema se repite una y otra vez sin agregar nada nuevo de contenido. Lo que ocurrió en este caso. Una vez que la mayoría de los profesores regresaron a dar clases el asunto dejó de ser noticia. Tal pareciera que lo esencial es que no hubiera conflicto, aunque no se hayan hecho algunas de las cosas necesarias para que la educación del país mejore.
Porque queda mucho por hacer. Decidir en temas de corto plazo es importante, pero mucho más es ver un horizonte amplio. ¿Qué clase de egresados serán los niños que hoy entren a la escuela primaria? Si no empiezan a cambiar contenidos, programas, capacitación de docentes, y mejora de las condiciones mínimas de las escuelas, nos encontraremos con que los egresados a nivel secundaria dentro de nueve años no serán muy diferentes de los que hoy están egresando.

Se han anunciado y llevado a cabo parcialmente algunas medidas. Evaluar a los maestros, lo cual generó una gran resistencia. Posiblemente por el modo como se manejó por las autoridades que empezaron la implementación de la reforma y también por un enfoque sensacionalista de los medios que culpabilizaron a los docentes de todos los males de la educación. Se mejoraron algunas escuelas, se implementaron algunas escuelas de elite, se repartió una buena cantidad de tablets. Medidas interesantes, pero parciales. Se extraña un enfoque sistémico. La mejora de la educación no puede hacerse a pedacitos.

Todo esto ocurrió y sigue ocurriendo con una mínima consulta a familias y docentes. Ha habido una fuerte repulsa a los contenidos orientados a la educación sexual y la respuesta ha sido la descalificación, en lugar de dar seguimiento y escuchar las inquietudes de los que están en desacuerdo. Que nadie sabe en realidad si  son mayoría o no, pero aún si fueran una minoría deberían ser escuchados y atendidos. Claramente la clase política sigue sin entender que cada vez es más difícil ser autoritario e imponer sus puntos de vista supuestamente basados en "las necesidades de las grandes mayorías".

Pero, por otro lado, también hay que señalar que una vez que expresan las opiniones, que se hacen manifestaciones concretas para pedir modificaciones en todo el sistema educativo, se olvida que eso no debe ser todo. Marchas y manifestaciones no son más que el principio. Sirven para expresar el descontento, para presionar a las autoridades, pero también deberían de servir para concientizar a la ciudadanía de la necesidad de participar, de contribuir y de opinar con propuestas concretas que vayan más allá de la protesta. Qué bueno que haya grandes concentraciones, qué bueno que haya pliegos petitorios. Pero también es necesario que haya propuestas concretas que puedan oponerse y debatirse con otras propuestas. Propuestas bien armadas, con argumentos convincentes y sustentados de la mejor manera posible.

Este no es un tema que esté ocurriendo nada más en México. En todos los países hay disconformidad con los resultados de los sistemas educativos. El año pasado, el Foro de Davós publicó un estudio abarcando un centenar de países en el cual se demuestra que en países de todos los niveles de desarrollo, no están teniendo los contenidos educativos que necesitarán los niños del siglo XXI cuando lleguen a ser adultos. Obviamente, esto es más grave en los países de bajo nivel de desarrollo, pero también ocurre en los países más poderosos. Aparentemente, no es cuestión de dinero nada más. Los contenidos y los métodos educativos han cambiado poco desde el siglo XX y algunas cosas desde antes. Una educación que no atiende las necesidades de la población, es bastante inútil. Enseñar habilidades que ya no se necesitan y dejar a las empresas la tarea de complementar la educación, de manera que las personas pueden trabajar de una manera adecuada, es la falla más mencionada en ese estudio.

Y el tema no termina con la capacitación para el trabajo. El propio Foro de Davós señala la necesidad de incorporar aspectos culturales, de ciudadanía, y otros conceptos que tienen que ver con la vida más allá del mundo del trabajo. Porque no se trata nada más de formar buenos trabajadores. Hay que formar buenos ciudadanos, hay que formar gente decente, como decía uno de mis maestros más apreciados.

Y todo esto sin perder de vista los derechos de las familias a formar a sus hijos de acuerdo a sus creencias y valores. El Estado no puede, no debe imponer ideologías que las familias no aprueben. Y hay que hacer conciencia en las autoridades políticas y educativas sobre este punto fundamental.
En fin, que hay mucho por hacer. Es un tema de muy largo plazo. Algunos cínicos dicen que no se resolverá del todo hasta que se retiren los profesores que actualmente tenemos. Me parece exagerado, pero es cierto que hasta que no haya cambiado de una manera fundamental todo el sistema educativo, y se haya tenido la constancia de mantener el esfuerzo por 20 o 30 años, no tendremos resultados como los que necesitamos.


Vale la pena que nos preguntemos padres de familia, docentes y ciudadanía en general sí estamos dispuestos a hacer este esfuerzo de largo plazo, para no quitar el dedo del renglón y a aportar ideas, sugerencias, y también nuestro mandato a nuestros mandatarios. Desde el primero hasta el último.

sábado, 2 de julio de 2016

Educación: ¿Estamos haciendo todo lo posible?


A una semana de los hechos de Nochixtlán, a muchos días de bloqueos en varios estados y de las detenciones de dirigentes de la CENTE, aunque hay un diálogo, el tema de la oposición a la Reforma Educativa aparenta estar en un punto muerto. El diálogo ocurre "en lo oscurito”, que se sepa no hay avance y de lo único que se escucha es de  medidas emergentes, como el puente aéreo para subsanar la escasez que se empieza a presentar en varias poblaciones. Y qué bueno que sea así: hay una urgencia y hay que atenderla.

Pero el tema de fondo sigue ahí. Porque el asunto no es la evaluación de los maestros, ni siquiera la Reforma Educativa. El tema de fondo es la muy deficiente capacitación que tenemos muchos de los mexicanos. Los niños, sobre todo. Pero también una parte muy importante de la población tiene conocimientos muy deficientes. Porque por muchas décadas nuestra educación no ha estado a la altura de nuestras necesidades.

Si mañana se resolvieran las diferencias con los maestros, si dentro de un año (cosa extraordinariamente difícil) se lograra capacitar y poner en un alto nivel todos los profesores, todavía estaríamos a más de nueve años de tener egresados con los niveles que debe tener la secundaria y a doce años de tener egresados con el nivel adecuado para la preparatoria.

Pero, ¿qué pasa con toda la gente que ya fue mal capacitada y que no está a la altura de los requerimientos de una sociedad moderna? ¿Qué hacer con los millones de personas que hoy tienen por todo bagaje educativo una preparación deficiente? Para este enorme déficit de capacidades, no hay soluciones en la Reforma Educativa ni en la discusión pública que se tiene en este momento en medios sociales, medios tradicionales y entre la población en general. No estamos viendo el impacto a mediano y largo plazo de este déficit que podemos arrastrar todavía por décadas. Al no estar viendo el problema, malamente se podrán estar proponiendo soluciones.

En mi opinión, parte del asunto es que, como sociedad, hemos dejado en manos del gobierno todo el tema de la educación. Sí, podemos denunciar, y de hecho lo hacemos. Podemos quejarnos, y de hecho lo hacemos. Pero nuestra actitud es muy parecida a la siguiente: "Yo ya pago mis impuestos, de modo que yo ya no tengo más responsabilidad que exigirle al gobierno que dé la educación que se requiere".  Y la verdad, es que el gobierno no tiene la capacidad para resolver por sí solo este asunto.

Es importante que los padres de familia nos hagamos responsables por apoyar la instrucción, complementar y si hace falta suplementar los conocimientos que se imparten en los niños en las escuelas. Y agregar otros que en las escuelas nunca se les van a dar: buenos hábitos, valores, sentido de responsabilidad, y otros muchos más. También es importante que las empresas, de todos los tamaños, apoyen a sus empleados en todos los niveles, pero sobre todo en los niveles más básicos, para que actualicen sus capacidades. No basta con quejarse de lo mal preparados que llegan a las empresas. 

Lo cual es un problema mayúsculo. Pero claramente, si toda la sociedad desde la familia, cuerpos intermedios, organizaciones religiosas y sociales, grupos gremiales y asociaciones de apoyo a la población no empezamos a trabajar activamente en estos temas, nuestro atraso educativo seguirá creciendo y, como se ha demostrado de innumerables maneras, el atraso educativo va de la mano del estancamiento o deterioro económico de toda la sociedad. Excepto, claro está, una minoría muy pequeña que sí tiene acceso a una educación de muy alta calidad. Es curioso ver cómo los grupos que se quejan, y con justa razón, de la mala distribución de la riqueza, no ven en el deterioro creciente del sistema educativo una de las causas fundamentales de esa mala distribución. Es más: resulta bastante claro, que los grupos que pretenden defender la educación mediante paros y suspensión de actividades educativas, consideran esta pérdida de conocimientos como un mal menor en comparación con sus otras reivindicaciones.

El tema tiene un claro ingrediente político. Pero no es el único. La solución tiene que venir de la sociedad. Por varias vías: exigiendo a los gobiernos en todos los niveles, a los organismos gremiales y al propio profesorado que desarrollen mecanismos que mejoren sustancialmente la calidad de la educación. Pero la otra vía es la participación ciudadana.

Hay propuestas para esto. Por ejemplo, la escuela hogareña (home schooling en inglés). Escuelas parroquiales. Instituciones dedicadas a la regularización de los estudios las cuales, a propósito, están creciendo exponencialmente en muchos Estados, precisamente para subsanar la deficiente capacitación que reciben los alumnos de las escuelas, públicas y privadas. Pero el tema va más allá de sustituir a la escuela pública. El tema fundamental es como hacer que a toda la población, de edad escolar y de otras edades se les apoye de una manera efectiva para mejorar los resultados que obtienen u obtuvieron en su tiempo en la escuela.

Una tarea enorme. Porque la mayoría de los padres fueron formados también en un sistema escolar deficiente, y seguramente recibieron menos años de estudio que sus hijos. De manera que malamente podrán apoyar a sus hijos en sus estudios. Así que había que empezar precisamente por capacitar a los padres de familia. Y en las empresas, donde muchos de los empleados tienen una capacidad insuficiente para el trabajo que desempeñan, habría que formar también asesores que ayuden a los empleados para alcanzar los niveles que requieren.

Hay que estar conscientes de que éste no es un problema exclusivamente mexicano. En un estudio reciente (2015) desarrollado por la Organización para la Cooperación y  Desarrollo Económico  (OCDE)  se encontró que mientras el 74% de las instituciones educativas consideran que sus egresados salen preparados adecuadamente, el 42% de los empleadores consideran que esos egresados no cuentan con las capacidades necesarias. Y eso es el promedio que incluye a los países más desarrollados y a otros de desarrollo intermedio, como México.

Pero esto no debería ser de ningún modo un consuelo. El que otros países tengan este mismo problema no nos absuelve de la necesidad de encontrar una solución. Y la solución debe ser masiva, porque masivo es el daño que está resintiendo toda nuestra población, empezando por los niños. Y si no hay un esfuerzo de toda la sociedad para que cada quien haga su parte para ayudar a otros a tener las capacidades necesarias y también para mantenerse cada uno de nosotros actualizándose a sí mismo, la solución tardará tanto tiempo, que no podremos evitar sufrir daños muy importantes. La solución está en las manos de la sociedad.

El primer paso es reconocer que tenemos un problema. Y actuar en consecuencia. No es fácil, no será barato. Pero la alternativa, la de seguir como estamos, tendrá un costo mucho mayor.