¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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miércoles, 26 de mayo de 2021

Preguntas a los candidatos (2)

 

Las preguntas que tienen respuesta fácil nunca son las fundamentales.

Richard P. Rumelt

 

¿Qué hará para mejorar la educación?

Ya antes de la pandemia teníamos un severo problema en la educación de acuerdo con las evaluaciones internacionales. Hace ya bastante tiempo que salimos muy bajos en muchos de los temas, mayormente en los de matemáticas y comprensión del lenguaje. Las preocupaciones de nuestros gobiernos en estos temas han sido mínimas, y en particular no le han importado a la 4T. O al menos, nunca lo han expresado. No faltan los típicos adeptos de las teorías de la conspiración que dicen que, a la casta política, lo que menos les interesa es que la población mejore su capacidad de pensamiento crítico.

Viene la pandemia y nos encontramos con una disminución importante del nivel educativo. Baja que no es atribuible a los profesores, que han hecho hasta lo imposible por aprovechar las condiciones de enseñanza remota, pero que no pueden evitar el problema inherente al hecho de que la comunicación entre profesor y alumno se limita de manera importante. Sobre todo, en los aspectos de relación, de inteligencia emocional. Y eso en los casos donde puede haber comunicación. En los casos de amplias zonas del país donde no hay comunicación con una calidad aceptable, la situación es peor. Y, por supuesto, la enseñanza asíncrona mediante la televisión tiene complicaciones aún mayores. Y tampoco es un problema de alumnos y padres de familia: es un hecho que la mayoría han hecho grandes esfuerzos para tratar que la educación continúe con buen nivel, pero les ha sido imposible influir de un modo decisivo

Algunos de los candidat@s han dicho, palabras más, palabras menos, que para mejorar la educación, aumentarán el número de horas de clase y la calidad del profesorado. Suena lógico, pero la implementación no es tan fácil. Si se aumentara al doble las horas de clase en las escuelas públicas, nos encontraríamos con varios problemas:

  •  Prácticamente todas las escuelas públicas trabajan dos turnos. ¿Dónde se pondrá a los alumnos si se ocupa el doble de horas? La infraestructura actual no basta. ¿Cuánto costará duplicar el número de salones de clase? ¿Cuánto tiempo se llevará hacerlo? Claramente no alcanza un sexenio para llevarlo a cabo. Si, además, al regresar a clases se ocupará solo una fracción de las aulas existentes a causa de la pandemia, el problema es aún mayor. Simplemente, seguiremos teniendo clases remotas, con sus inconvenientes. Y se necesitarán clases remediales para reponer el deterioro que ya tenemos y que no va a reducirse apreciablemente.
  •  Más importante: ¿De dónde van a salir el doble de maestros? Porque, dados los salarios actuales, casi todos los maestros trabajan más de un turno. ¿De dónde vamos a sacar un millón de maestros para poder duplicar la plantilla de los maestros actuales, y que además sean maestros de alta calidad?
  • La pregunta fácil, es la tercera: ¿De dónde saldrá el dinero para ese gasto? La respuesta es sencilla: del sufrido causante cautivo, el que siempre paga por todas estas cosas. ¿Cuánto nos aumentarán los impuestos?

No es que no quiera que mejoren las cosas o que me guste ver obstáculos. Mi punto es que no veo un plan concreto, un estudio formal, para hacer que este ofrecimiento se vuelva una realidad.  Creo que nosotros, ciudadanos de a pie, tenemos el derecho de hacer esta pregunta y pedir una respuesta razonable.

Antonio Maza Pereda

 

domingo, 11 de diciembre de 2016

La educación, un desastre


Cada poco tiempo, nos  vuelven a recordar que estamos en uno de los peores lugares en la educación entre los países de la OECD, gracias a la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés). Dado que es una evaluación independiente, es tomada muy en cuenta para ver el avance de nuestros estudiantes y, en consecuencia, de nuestro sistema educativo.

Como se ha vuelto costumbre, volvimos a ocupar los últimos lugares en las habilidades básicas de matemáticas, lectura y  ciencia. También ocurrió el acostumbrado torneo de críticas y evasivas, en redes sociales y medios tradicionales. La imputación más frecuente fue al Secretario de Educación, a los distintos grupos magisteriales y, como era de esperarse, se usó el magro resultado como una demostración de lo insuficiente de la Reforma Educativa.

¿Qué tan justas son estas críticas? ¿Qué tan acertadas son las evasivas? En términos generales, creo que ambos lados se quedan cortos. El tema se ha vuelto un proyectil que puede arrojarse al enemigo político, sin que nadie sienta la necesidad de proponer maneras de aumentar nuestra eficiencia educativa. No se ve un análisis a fondo fuera del sobado “pónganse a trabajar” y el novedoso “déjennos el futuro a los niños”, que podría discutirse ampliamente.

En particular vale la pena revisar la idea de que esto es una crisis y que hay que atenderla rápidamente. Suena lógica. Lo que no hay es una guía de ruta. La exhortación es a hacer algo, pronto y bien. Pero, ¿qué? La realidad es que la mejora de la educación no ocurrirá rápidamente. Y mientras sigamos atorados en temas políticos, menos. El tema del manejo sindical del profesorado, sigue usando los criterios corporativos de “los gobiernos emanados de la Revolución”, tratando de tener control político de varios millones de maestros y sus familiares.  Y eso ya no funciona.

El problema, en mi opinión, es que la educación es del tipo de tema qué, siendo extremadamente importante, nunca ha sido visto como urgente. Es algo que no da resultados rápidos y, por lo tanto, no puede ser mostrado como resultado de una administración. Y a nuestros políticos les gustan los resultados rápidos y vistosos, que son los que pueden ayudar electoralmente. Es el tipo de temas en donde los resultados tardan años de crearse y medirse. Al muchacho que entra hoy a la educación preescolar, tardaremos 15 años para ver si verdaderamente quedó preparado para para ser un buen ciudadano, capaz de contribuir a la sociedad y de actuar en el mercado laboral de manera que pueda generar riqueza al país. Mientras tanto, podremos medir si memorizó, si puede resolver problemas, si entiende lo que lee. Pero la adquisición de hábitos sociales y de aprendizaje está por verse.  Mediremos su actividad; y solo cuando egrese del sistema, podremos medir  los resultados.

Hay otros temas de fondo que revisar. A lo que estamos llamando educación en realidad es solo instrucción. La educación incluye la formación de valores, la forja del  carácter, el desarrollo de la posibilidad de formar convicciones propias. Y eso, usted perdone, no es lo que propicia nuestro sistema educativo. Solo da instrucción y lo hace mal, como lo demuestra la multicitada prueba PISA.

Nuestra Constitución, en su artículo 3º dio en la práctica un monopolio casi total del Estado sobre la Educación, sujetando a la educación privada a ser supervisada y vigilada por los burócratas de la educación. Se siguió el modelo de los regímenes totalitarios y los teóricos del control del Estado sobre la población. Al auto asignarse la educación, estos estados buscaron y buscan tener a una ciudadanía que no tenga elementos para cuestionar al Ogro Filantrópico que describió magistralmente  Octavio Paz.

Pero lo peor fue que la población, las familias, aceptaron el modelo y no se  cuestionó ni se trató de complementar sus deficiencias. Lo padres más conscientes se aseguraron de que los hijos hicieran lo que se les decía en la escuela. Los menos conscientes, abdicaron su responsabilidad en profesores y autoridades, sin cuestionar los resultados. Y al desaparecer los exámenes, la mayoría de los padres de familia supusieron que las autoridades sabrían lo que hacían. Los pocos que estaban en desacuerdo no protestaban por temor a causarles problemas a los hijos.

Una minoría trató de dar una educación privada a sus hijos y hoy se dan cuenta, a causa de las pruebas PISA, de que pagaron por la educación dos veces: una con sus impuestos y otra con cuotas a escuelas privadas que, de acuerdo a esas pruebas, no mejoran la capacidad de sus hijos. Como dijo Macario Schettino: el sistema ha logrado unificar la educación en México: es igual de mala en todos los niveles socioeconómicos.

El tema ha sido enfocado mal desde el principio. La educación es un tema multifactorial. No se resuelve regalando tablets, creando escuelas de elite., evaluando a los maestros y corriendo a los malos. No se puede mejorar si los padres de familia siguen convencidos de que el Gobierno es el principal responsable de la educación y el único que tiene que opinar, porque nos está haciendo el favor de educar a nuestros hijos. Hay que romper con estructuras de poder políticas, convencer a los padres de responsabilizarse de la educación,  darles  prestigio y relevancia social a los maestros y remunerarlos de acuerdo a ello. Como han hecho Singapur, Korea, Finlandia y otros países campeones en este tema. Y, lo siento mucho,  pero no será rápido. Porque es un cambio social y de valores muy profundo. Razón de más para que empecemos lo antes posible. Porque este es nuestro problema más importante.

sábado, 2 de julio de 2016

Educación: ¿Estamos haciendo todo lo posible?


A una semana de los hechos de Nochixtlán, a muchos días de bloqueos en varios estados y de las detenciones de dirigentes de la CENTE, aunque hay un diálogo, el tema de la oposición a la Reforma Educativa aparenta estar en un punto muerto. El diálogo ocurre "en lo oscurito”, que se sepa no hay avance y de lo único que se escucha es de  medidas emergentes, como el puente aéreo para subsanar la escasez que se empieza a presentar en varias poblaciones. Y qué bueno que sea así: hay una urgencia y hay que atenderla.

Pero el tema de fondo sigue ahí. Porque el asunto no es la evaluación de los maestros, ni siquiera la Reforma Educativa. El tema de fondo es la muy deficiente capacitación que tenemos muchos de los mexicanos. Los niños, sobre todo. Pero también una parte muy importante de la población tiene conocimientos muy deficientes. Porque por muchas décadas nuestra educación no ha estado a la altura de nuestras necesidades.

Si mañana se resolvieran las diferencias con los maestros, si dentro de un año (cosa extraordinariamente difícil) se lograra capacitar y poner en un alto nivel todos los profesores, todavía estaríamos a más de nueve años de tener egresados con los niveles que debe tener la secundaria y a doce años de tener egresados con el nivel adecuado para la preparatoria.

Pero, ¿qué pasa con toda la gente que ya fue mal capacitada y que no está a la altura de los requerimientos de una sociedad moderna? ¿Qué hacer con los millones de personas que hoy tienen por todo bagaje educativo una preparación deficiente? Para este enorme déficit de capacidades, no hay soluciones en la Reforma Educativa ni en la discusión pública que se tiene en este momento en medios sociales, medios tradicionales y entre la población en general. No estamos viendo el impacto a mediano y largo plazo de este déficit que podemos arrastrar todavía por décadas. Al no estar viendo el problema, malamente se podrán estar proponiendo soluciones.

En mi opinión, parte del asunto es que, como sociedad, hemos dejado en manos del gobierno todo el tema de la educación. Sí, podemos denunciar, y de hecho lo hacemos. Podemos quejarnos, y de hecho lo hacemos. Pero nuestra actitud es muy parecida a la siguiente: "Yo ya pago mis impuestos, de modo que yo ya no tengo más responsabilidad que exigirle al gobierno que dé la educación que se requiere".  Y la verdad, es que el gobierno no tiene la capacidad para resolver por sí solo este asunto.

Es importante que los padres de familia nos hagamos responsables por apoyar la instrucción, complementar y si hace falta suplementar los conocimientos que se imparten en los niños en las escuelas. Y agregar otros que en las escuelas nunca se les van a dar: buenos hábitos, valores, sentido de responsabilidad, y otros muchos más. También es importante que las empresas, de todos los tamaños, apoyen a sus empleados en todos los niveles, pero sobre todo en los niveles más básicos, para que actualicen sus capacidades. No basta con quejarse de lo mal preparados que llegan a las empresas. 

Lo cual es un problema mayúsculo. Pero claramente, si toda la sociedad desde la familia, cuerpos intermedios, organizaciones religiosas y sociales, grupos gremiales y asociaciones de apoyo a la población no empezamos a trabajar activamente en estos temas, nuestro atraso educativo seguirá creciendo y, como se ha demostrado de innumerables maneras, el atraso educativo va de la mano del estancamiento o deterioro económico de toda la sociedad. Excepto, claro está, una minoría muy pequeña que sí tiene acceso a una educación de muy alta calidad. Es curioso ver cómo los grupos que se quejan, y con justa razón, de la mala distribución de la riqueza, no ven en el deterioro creciente del sistema educativo una de las causas fundamentales de esa mala distribución. Es más: resulta bastante claro, que los grupos que pretenden defender la educación mediante paros y suspensión de actividades educativas, consideran esta pérdida de conocimientos como un mal menor en comparación con sus otras reivindicaciones.

El tema tiene un claro ingrediente político. Pero no es el único. La solución tiene que venir de la sociedad. Por varias vías: exigiendo a los gobiernos en todos los niveles, a los organismos gremiales y al propio profesorado que desarrollen mecanismos que mejoren sustancialmente la calidad de la educación. Pero la otra vía es la participación ciudadana.

Hay propuestas para esto. Por ejemplo, la escuela hogareña (home schooling en inglés). Escuelas parroquiales. Instituciones dedicadas a la regularización de los estudios las cuales, a propósito, están creciendo exponencialmente en muchos Estados, precisamente para subsanar la deficiente capacitación que reciben los alumnos de las escuelas, públicas y privadas. Pero el tema va más allá de sustituir a la escuela pública. El tema fundamental es como hacer que a toda la población, de edad escolar y de otras edades se les apoye de una manera efectiva para mejorar los resultados que obtienen u obtuvieron en su tiempo en la escuela.

Una tarea enorme. Porque la mayoría de los padres fueron formados también en un sistema escolar deficiente, y seguramente recibieron menos años de estudio que sus hijos. De manera que malamente podrán apoyar a sus hijos en sus estudios. Así que había que empezar precisamente por capacitar a los padres de familia. Y en las empresas, donde muchos de los empleados tienen una capacidad insuficiente para el trabajo que desempeñan, habría que formar también asesores que ayuden a los empleados para alcanzar los niveles que requieren.

Hay que estar conscientes de que éste no es un problema exclusivamente mexicano. En un estudio reciente (2015) desarrollado por la Organización para la Cooperación y  Desarrollo Económico  (OCDE)  se encontró que mientras el 74% de las instituciones educativas consideran que sus egresados salen preparados adecuadamente, el 42% de los empleadores consideran que esos egresados no cuentan con las capacidades necesarias. Y eso es el promedio que incluye a los países más desarrollados y a otros de desarrollo intermedio, como México.

Pero esto no debería ser de ningún modo un consuelo. El que otros países tengan este mismo problema no nos absuelve de la necesidad de encontrar una solución. Y la solución debe ser masiva, porque masivo es el daño que está resintiendo toda nuestra población, empezando por los niños. Y si no hay un esfuerzo de toda la sociedad para que cada quien haga su parte para ayudar a otros a tener las capacidades necesarias y también para mantenerse cada uno de nosotros actualizándose a sí mismo, la solución tardará tanto tiempo, que no podremos evitar sufrir daños muy importantes. La solución está en las manos de la sociedad.

El primer paso es reconocer que tenemos un problema. Y actuar en consecuencia. No es fácil, no será barato. Pero la alternativa, la de seguir como estamos, tendrá un costo mucho mayor.


jueves, 10 de marzo de 2016

Profesores: un activo estratégico para el País


Para mi gusto, de entre las Reformas Estructurales, ya casi olvidadas, al menos en los medios, la más estratégica es la Reforma Educativa. Por la materia que le toca, no porque esté bien hecha. No hay algo más importante para este país que lograr una educación a la altura de la de nuestros competidores internacionales. Desgraciadamente, al menos en lo que fue visible, el enfoque no fue ese.

No se ha presentado un diagnóstico claro de dónde están las brechas entre el nivel que tenemos en nuestra educación comparado contra el que tienen otros países. Sí, algo tenemos con las evaluaciones que hacen organismos internacionales. Pero siempre hay el riesgo de estar comparando "peras con manzanas". La impresión que se dio a la ciudadanía fue que la mayor parte del problema venía de los docentes, en menor medida de la implementación de tecnología en la enseñanza y, al final, la dignificación de las escuelas y lograr su funcionalidad. De estos temas, al menos mediáticamente, al que se le dio más importancia fue a la evaluación de los profesores. De ellos, con el primer secretario de Estado a cargo del tema, hubo un enfoque amenazante: "aquellos que no den el ancho, serán despedidos", o algo parecido. Lo cual, previsiblemente, provocó miedo y rechazo en los profesores que, en su inmensa mayoría, no tienen la culpa de no estar bien capacitados por el sistema que ahora pretende evaluarlos. Después se ha dado marcha atrás, con el nuevo secretario, en un enfoque mucho más conciliador. Pero el tema sigue ahí.

Luego está el aspecto de la remuneración, que no ha sido tratado fondo. Los profesores viven, sino un voto de pobreza, al menos uno de austeridad. Un profesor gana casi siempre menos de lo que ganaría un profesionista con su misma preparación y experiencia. De hecho, en la enseñanza básica y de otros niveles, no es raro encontrar profesores vendiendo Tupperware, cremas u otros bienes, para complementar su ingreso. O trabajando un segundo turno, a costa de su salud y del tiempo que deberían dedicar a su preparación y la olvidada, pero fundamental labor de calificar los trabajos escolares.

Eso, si tienen plaza. Muchos trabajan por honorarios; sobre todo en escuelas privadas. Hay universidades, públicas y privadas,  donde hasta el 70% del profesorado trabaja sin plaza. Lo cual significa menor pago y ausencia de prestaciones sociales, de salud así como de fondo de retiro. El profesor es como una pieza intercambiable. Si ya no puede seguir, si sale del campo de la enseñanza, no hay problema. Siempre hay modo de encontrar un reemplazo. Es barato despedirlo. Y esto se nota. A la sociedad no le ha importado esta situación. Este sistema produce costos bajos y por eso se mantiene.

La importancia de los profesores y profesoras, en el aspecto social, rebasa el ámbito de la enseñanza. Es interesante el hecho de qué, si papá y mamá trabajan, los maestros pasan tanto o más tiempo con nuestros hijos del que pasamos los padres,  si descontamos las horas de sueño. En la adolescencia, donde se da un natural distanciamiento con los padres, muchos alumnos acuden a los profesores buscando consejo y apoyo. Y también después los adultos jóvenes. Una influencia muy fuerte y que, en la inmensa mayoría de los casos, es positiva. Pero que se da de una manera espontánea, por la vocación de los profesores. No se les forma para eso.

Es importante que, como sociedad, vayamos más allá de la justa exigencia de que los maestros estén preparados y exijamos también que se les trate con equidad, se les remunere bien, se les equipe bien, se les den instalaciones adecuadas y una preparación y actualización suficientes. No será regalando “tablets” como se va a mejorar sustancialmente el nivel educativo que necesita el país. Si queremos ser serios, se requiere revisar y rediseñar esta reforma que, si se deja tal como está, tiene toda la probabilidad de ser fallida.


sábado, 12 de septiembre de 2015

Combate a la pobreza


Magros los resultados del Combate a la Pobreza, nos reporta el tercer informe de Gobierno de la administración Peña Nieto.

En su administración ha aumentado en más de un millón 990 mil el número de pobres. En cambio, la pobreza extrema ha mejorado: Hay 86,647 personas que ya no están en la pobreza extrema. Y qué bueno. Una reducción del 0.8% en la pobreza extrema, mientras que la pobreza total ha aumentado un 3.7%. Todo ello gracias a un gasto en Desarrollo Social del Presupuesto Federal que excede los 200,000 millones de pesos en dos años. O sea, poco más de dos millones  de pesos por persona que dejó de estar en pobreza extrema, en estos mismos años. Esto sin contar las múltiples aportaciones de la Sociedad, desde las “Patronas” que alimentan migrantes, los Hogares Providencia, los Kilos de Ayuda, los Bancos de Alimentos y otras múltiples iniciativas que en algo habrán contribuido a reducir esa pobreza extrema, aunque no se les reconozca.

Números fríos, hasta que uno considera que esos no son números: son familias, son niños, son adultos mayores. Son gente que, literalmente muere de hambre. Qué bueno que se estén haciendo estos esfuerzos. Que mal que tengamos más de 11 millones de personas en pobreza extrema y que casi dos millones de personas más hayan caído en la pobreza o han nacido en ella. 

No se ve autocrítica, al menos en público, por parte de esta Administración. Pero la artífice del programa contra la pobreza ya no está al frente. Ojalá el nuevo Secretario traiga nuevas ideas, porque urge un cambio de enfoque.

Es fácil  criticar el modelo de los comedores para gente en pobreza extrema. Yo no lo critico: por humanidad, por decencia, nuestra Sociedad no puede dejar que haya gente que muera de hambre o viva muy disminuida por su deficiente nutrición. Lástima que no se hayan dado datos de la reducción de muertes o enfermedades por desnutrición. Hubiera sido mucho más indicativo de los resultados del combate a la pobreza. Es cierto, sin embargo,  que este modelo se presta a usos clientelares y electorales. Habría que demostrar que hay abusos, porque ahí está el riesgo. Pero no compro el argumento de dejar a la gente con hambre para no caer en esos peligros.

Otra crítica se centra en el dicho “No hay que darle un pescado al que tiene hambre, hay que enseñarlo a pescar”. Lo cual también tiene algo de cierto. Las personas que asisten a los comedores del gobierno, no han salido de pobres; han salido de su inanición. Pero, si no se le da el pescado al hambriento, mañana estará muerto y no habrá manera de enseñarlo a pescar. O estará tan débil por el hambre que le costará mucho trabajo aprender. Hay que hacer las dos cosas: darle de comer y darle las capacidades para que pueda salir de pobre. Y en esto hay un punto clave. Se trata de que la gente sea independiente en lo económico, no que se construya una codependencia entre pobres y gobiernos. Y en eso hay mucho por hacer para el nuevo secretario del ramo.

Lo que me parece inaceptable fue la excusa que dio la ex secretaria a cargo de este programa, para su pobre desempeño. No sé por qué me recordó a un grupo de señoras de la “alta” sociedad, criticando a sus sirvientas: “Estas no pueden salir de pobres, porque tienen muchos hijos”. Porque ese fue su argumento. No señora. Las cosas son mucho más complejas. En México la natalidad ha bajado a la mitad desde 1970 a la fecha y, con la pena, las familias no viven mejor. Y esto es cierto a nivel rural como el urbano. Hay que generar riqueza, empleos bien pagados. No se trata de hacer cuentas pueriles del tipo de que “entre menos burros más olotes”. Si eso fuera la única solución, las zonas despobladas por la emigración serían áreas prósperas.

Lo que hay que hacer es dejarse de excusas. Una sana autocrítica, preferentemente pública, no vendría mal. Reconozcamos que no somos un país rico en recursos naturales. Solo el 14% del territorio es cultivable y solo la mitad de este tiene riego. Nos estamos acabando la pesca y ya nos gastamos el petróleo que, para colmo, ahora vale menos. Nuestra población tiene un pésimo nivel educativo y, aunque pueda haber honrosas excepciones, la gente sin las capacidades básicas que deberían dar las escuelas, no pueden prosperar, aunque les den “tablets”. Los emprendedores en pequeño no necesitan dadivas, necesitan simplificación administrativa de a de veras, que les permita ser eficientes. Necesitan un sistema de impuestos fácil de administrar y cumplir, no uno que le cueste al micro empresario casi lo mismo que paga en impuestos. Y esto es solo una parte de lo que se podría hacer.

Ojalá ahora sí, en serio, sin buscar protagonismos ni el aplauso de los medios o de los políticos, el Estado, Gobierno y Sociedad, nos pongamos a impulsar este proceso. Que no es un proceso de un sexenio: si empezamos ahora y no quitamos el dedo del renglón en una generación habremos reducido sustancialmente esta vergüenza nacional.


domingo, 16 de agosto de 2015

La quiebra del sistema educativo

Una revisión somera de los resultados de la prueba PLANEA (Plan Nacional para la Evaluación de la Educación)   da resultados más preocupantes que los que han atraído la atención de los medios: la “devaluación hormiga” del peso, la caída del precio del petróleo, la fuga de Joaquín Guzmán o los desfiguros de algunos personajes famosos.

El hecho de que, en promedio, solo el 12.2% de los egresados de preparatoria aprobaron en comprensión de la lectura y solo el 6.4% aprobaron en matemáticas, nos debería tener muy preocupados. A corto y mediano plazo, no se puede ser competitivo como país, con estos resultados. A largo plazo, significa la profundización de la pobreza. Y estos son, recordemos, los egresados de bachillerato. Los mismos que piden, ¡exigen!, que los admitan a las universidades de forma automática. Y luego nos asombra la baja eficiencia terminal de las universidades. Y luego nos extraña que los mejores egresados de las mismas requieran hasta dos años de re-entrenamiento cuando los contratan las empresas  de clase mundial que operan en México.

Algunos datos por Estado de la evaluación son interesantes y sorprendentes. Puebla y Durango, que no son precisamente de los estados más ricos del País, están entre los cinco primeros lugares en estas evaluaciones. Y el Distrito Federal, en el último lugar en matemáticas y entre los cinco peores en lectura, a pesar de ser una de las entidades federativas con mayor presupuesto y de que no tiene las  interrupciones de clases que padecen los estados dominados por los maestros de la CENTE. De hecho, el DF califica peor en ambas pruebas que Oaxaca.

Si, por supuesto, estos son argumentos a favor de la Reforma Educativa. Evaluar a los profesores es un primer paso, pero en sí, solo es el principio. De ahí sigue  una re capacitación masiva de todo el profesorado, misma de la que nadie ha hablado. Porque no se resuelve el tema despidiendo maestros. En primer lugar, por justicia: ellos no tienen la culpa de que no hayan sido debidamente capacitados. Y en segundo lugar, porque no hay muchos maestros altamente capacitados y desempleados que vengan a sustituir a los maestros que no aprueben su evaluación. Aun cuando solo el 10% o 20% fueran rechazados.

Pero eso no resuelve el problema de una parte importante de la población económicamente activa, que ya egresó de las escuelas y que ha sido deficientemente capacitada. Porque este desastre educativo no ocurrió en este año; solo se midió hasta ahora. Esto es el fruto de décadas de descuido de la educación y, muy probablemente, si esta evaluación se hubiera hecha hace una década, los resultados hubieran sido iguales o peores.

¿Qué vamos a hacer, como país, para volver a capacitar en esas habilidades clave a la población que ya egresó de las escuelas? ¿Podemos conformarnos con esa situación y esperar a que dentro de 12 años, los egresados de bachillerato, con mejores profesores, ya tengan un nivel decente de lectura y matemáticas? Y conste que estoy siendo optimista: esto supondría que los maestros quedaran capacitados el año próximo.

Esto requiere de un pacto nacional, de una gran alianza de todos los sectores y de todas las tendencias políticas. Un gran proyecto para capacitar masivamente a la población en la comprensión de la lectura y, posiblemente, la comprensión de la palabra hablada. Y, por supuesto, en los conceptos fundamentales de la aritmética y las bases de matemáticas. Será caro y doloroso. Igual que es el rescate de una empresa en quiebra, pero no hay soluciones fáciles ni baratas a problemas crónicos.


Claro, no faltarán los que dirán que esto no hace falta. Son los mismos a los que les conviene la ignorancia masiva, porque hace a la gente fácil de manipular. Porque le conviene a sus intereses políticos, económicos o religiosos. Pero, para el interés general de la Nación, si queremos detener a largo plazo el crecimiento de la pobreza, si queremos prosperar en un mundo cada vez más globalizado y cada vez mejor capacitado, si queremos dejar de  competir pagando bajos salarios,  no hay otros caminos.

sábado, 8 de agosto de 2015

Corrupción: Ya nos cansamos

Va de nuevo. A riesgo de aburrirlos, pero he tenido tantas reacciones, la inmensa mayoría positivas, para mi anterior artículo sobre este tema que me parece obligado seguir pensándolo con Ustedes.

Mi primera reflexión es hacia mí mismo, hacia mi temor de aburrirlos. Siento que esa es una de las razones por las cuales los organismos intermedios, ONG ’s, medios y particulares no hemos tenido constancia en presentar el tema. Después de unas semanas del caso Guzmán Loera, que abre un debate sobre la corrupción, el tema está siendo abandonado en los medios. Nada se ha resuelto, nada se ha hecho por castigar a culpables de ese y otros muchos casos célebres de corrupción.

Los corruptos y los que deberían combatir la corrupción están apostando a nuestro aburrimiento, a nuestro afán de sensacionalismo, a nuestro corto poder de mantener la atención sobre los temas de la conducción de la Nación. Y, una vez más, están ganando la apuesta. Bastará con que haya un nuevo escándalo, algún crimen pasional o algún enredo amoroso de los “famosos”, para que nuestra atención se desvíe y abandonemos el tema… hasta que se desentierre algún nuevo caso de corrupción. Así no se puede avanzar.

Otro tema: es claro que la mayoría, si no es que toda la ciudadanía es víctima de la corrupción. Y que esa mayoría, antes silenciosa y ahora expresándose a través de las redes sociales, vería con mucha alegría que viviéramos en un Estado de Derecho, y se combatiera en serio la corrupción. Pero la minoría, los corruptos y corruptores quieren mantener la imagen de que la corrupción es cultural, es generalizada. Es como el adolescente que se enfrenta a sus padres diciéndoles que se quiere hacer un tatuaje. ¿Cuál es su argumento? “Es que todos se están tatuando”. Lo cual, en primer lugar no es cierto, Cuando uno profundiza, son unos cuantos los que se tatúan. Y, por otro lado, el que todos hagan algo, no es un argumento válido. El que todos fumen, no le quita lo dañino al tabaco. El que todos fueran alcohólicos, pongamos por caso, no quita el daño a  la salud que el alcoholismo genera. Ni la cantidad de accidentes viales que ocasiona.

Claro, es de discutirse como se puede reducir la corrupción. Hasta ahora el enfoque ha sido: aprobar leyes más duras, poner reglamentos más severos qué, en general, han resultado contraproducentes porque generan nuevas oportunidades de corrupción. Todo esto seguido de una implementación y seguimiento inconstante, para el escaparate de los medios, tomando algunos casos célebres con una gran publicidad y  continuando después con los “negocios como siempre”. Un ejemplo: hace años, en medio de un gran despliegue mediático, se encarceló a un exdirector general de PEMEX. Se le juzgó y cumplió su sentencia. ¿Se redujo la corrupción en PEMEX? Para nada. En todo caso, las mordidas se hicieron más costosas, tomado como pretexto que el corrupto tendría que enfrentar riesgos mayores.

Ha faltado imaginación. El método ha sido: se destapa un escándalo, se generan nuevas leyes y reglamentos, se promulgan con un gran despliegue mediático, se hace como que se cumple y seguimos… hasta el próximo escándalo. El método ha sido un rotundo fracaso. O, si yo creyera en las teorías de la conspiración,  creería que ese es el modo como los corruptos  mantienen apaciguada a la ciudadanía.

Hay otras cosas que se podrían hacer y no se hacen. Como educar, por ejemplo. Una generación entera ha pasado por el sistema educativo  sin recibir clases de civismo y pronto serán dos generaciones que no conozcan ese tema. Y no es que fuera un programa con un excelente contenido. Para nada. Pero en algo ayudaba. Hace falta que toda la ciudadanía y los que pronto serán los nuevos ciudadanos recibamos capacitación en ética ciudadana, política, social, económica, de negocios y de otros temas similares. Hacen falta acciones ciudadanas para auditar el desempeño de los gobernantes, de manera profunda y constante, sin esperar a que venga un nuevo escándalo. Las contralorías sociales no han sido particularmente exitosas, pero es una excelente idea. Hace falta dejar de hacer como que se llevan  cabo e implementarlas con fuerza. Es necesario no aburrirnos de denunciar la corrupción, con mucha fuerza  y aprovechando los nuevos medios de comunicación social. Hay que vigilar a los medios y exigir que no se oculten los escándalos de corrupción “menor”, y, por supuesto, seguir dando a  conocer los grandes casos. Hacen falta debates públicos de ciudadanos para denunciar pero, sobre todo, para construir soluciones.


Sí, la corrupción no somos todos. Sí, la mayoría somos  víctimas de la corrupción, no somos los que la impulsan. Pero es claro que nada se resuelve quedándonos como espectadores pasivos, chismorreando, escandalizándonos, pero sin hacer nada al respecto.

sábado, 20 de junio de 2015

La evaluación de los docentes: de nuevo, el conflicto.

Debo reconocer que en este tema no puedo ser imparcial. Mi abuela fue maestra rural. Varias de mis primas y mis hermanos son o han sido maestros. Yo empecé a dar clases a los 18 años, y hasta la fecha sigo siendo profesor; siempre de tiempo parcial. De modo que usted, estimado lector o lectora, debe considerar que tengo un sesgo a favor de los profesores.
No estoy de acuerdo, sin embargo, con los métodos que están usando algunos docentes. No puedo estar de acuerdo con la violencia, no puedo estar de acuerdo con usar la suspensión de clases como método de presión. El interés primordial de la nación son sus niños;  su salud y educación son las necesidades fundamentales que hay que atender de la mejor manera posible.
Creo, sin embargo, que la Reforma Educativa fue desarrollada sobre las rodillas, sin un conocimiento profundo de las realidades del profesorado en nuestro país, y sin tomar en cuenta opiniones calificadas de quienes imparten educación y de las familias, quienes les confían a sus hijos.
Creo que es bastante obvio que hay que evaluar la educación. Yo puedo dar testimonio de qué, a lo largo de los años, los alumnos que me llegan vienen cada vez menos preparados incluso en las habilidades básicas, por ejemplo de la aritmética, de la comprensión de la lectura, y hasta en conceptos tan fundamentales como el concepto de cantidad. Y eso no es casual. Yo reconozco en  mis alumnos mucho esfuerzo y constancia; pero claramente estos conceptos básicos y los hábitos que facilitan el aprendizaje nunca les fueron impartidos de la manera correcta. Creo, por lo tanto, que hay que evaluar la educación. Pero no sólo a los docentes: hay que evaluar en primer lugar a quienes administran de educación pública de este país: los secretarios de educación federales y estatales. A quienes diseñan los planes de estudio. También a la estructura de la Secretaría de Educación Pública. Inspectores, directores de área, directores de las escuelas. Y, por supuesto, a profesores y alumnos. En algún momento se decidió que los alumnos tendrían pase automático al siguiente año escolar, con lo cual se dio un fuerte golpe a la calidad de los egresados.
Hoy se pretende evaluar únicamente a los maestros. Y cabría hacer muchas preguntas. ¿Cómo exigirles un alto nivel de competencia cuando se les impartieron clases en las Escuelas Normales y Universidades Pedagógicas con un nivel deficiente de enseñanza? ¿Cómo esperar que el profesor se mantenga actualizado, cuando no se le paga de manera que pueda sostenerse de modo decoroso y tiene que tener dos plazas o un trabajo adicional para que el ingreso le alcance?
 Y, tal vez, la pregunta más importante: ¿para qué se está evaluando? Si escuchamos las declaraciones de los altos funcionarios del sistema educativo y de algunas ONGs dedicadas al asunto, parecería que el objeto de estas evaluaciones es cesar a los profesores que no las aprueben. Con lo cual, como era de esperarse, se ha provocado el temor y enojo de muchos maestros que ven en riesgo su medio de subsistencia.   El asunto es que no hay modo  real de cumplir esta amenaza. Se supone (y todavía no hay una certeza, aunque parezca absurdo) que tenemos más de 1 millón de maestros en las escuelas públicas. Supongamos que solamente el 20% fallara en las evaluaciones, lo cual sería un verdadero triunfo. ¿Dónde están 200,000 profesores preparados, de alta calidad y sin empleo, disponibles para llenar todas las plazas que dejarán desocupadas esos profesores ineptos? Simplemente, no los hay. Tristemente, y no sólo en este aspecto, las autoridades educativas tanto del sector público como el sector privado, han partido del concepto de que el profesor es una pieza intercambiable, abundantemente disponible en el mercado,  y que siempre habrá una gran oferta de profesores disponibles. La realidad nos demuestra que muchas de las plazas vacantes han sido llenadas mediante el pluriempleo de los profesores.
Por supuesto que hay una opción, pero no se ha hecho pública de una manera suficientemente clara. Ver a la evaluación como un sistema para ubicar el nivel de competencia del profesor. Una vez ejecutada esa ubicación,  diseñar los programas de actualización que sean necesarios para que los profesores verdaderamente se pongan al día. Posteriormente volver evaluar, encontrar las lagunas que hayan quedado en esta recapacitación, y volver evaluar.   Claro, podríamos encontramos a un plomero o un lechero que compraron la plaza y que, no importa qué cantidad de capacitación se le dé, nunca llegarán a estar en el nivel necesario. Pero no es el caso de la mayoría de los profesores.
 Por supuesto, también es necesario emprender una revisión a fondo de la estructura de educación pública y, aunque algunos le moleste, también a la educación privada. La estructura no es todo, pero una estructura deficiente, con liderazgos improvisados, tampoco es la más conducente para que haya una alta calidad de la enseñanza. Y, finalmente, también es importante la capacitación de los padres de familia para que puedan acompañar, motivar y, dado el caso, presionar a los alumnos para que logren resultados superiores. Esto, me dicen, es el secreto de los excelentes resultados de los alumnos en Corea, Japón y China. El alumno no existe en el vacío, existe en el seno familiar. Nosotros, padres de familia, también debemos hacer nuestra parte para que los hijos sean exitosos en su educación formal. Y de esto, ni una palabra en la tan mencionada Reforma Educativa.
Tal parece, y no quiero pecar de suspicaz,  que hay algunos que hacen como que impulsan la Reforma, pero que con sus declaraciones públicas, y sus acciones sólo han logrado exacerbar el problema. Hay que reconocer que aquí ha habido toda clase de intereses. Intereses políticos, la compra de la paz a corto plazo a través de dar grandes cantidades de dinero a los líderes magisteriales, e incluso un cierto sector de la sociedad a la que le ha convenido que la población tenga una educación formal de baja calidad. Sin duda, ha habido a quienes les ha convenido que nuestra población se mantenga en la ignorancia. Y tal parece que algunos sectores autonombrados "progresistas" pretenden con sus tácticas de negar muchas horas de educación a los niños, lograr que la población siga en la ignorancia.
 Yo creo que es  el momento de  hacer una sana autocrítica. Reconocer que hay cosas que modificar en la Reforma Educativa. Reconocer que se requerirá más de una Reforma y que tal vez necesitemos de un criterio general y varios pasos sucesivos de implementación, para aprender de los errores, e ir mejorando el proceso. Incorporar a los profesores y a los padres de familia de una manera pública y masiva en la discusión, no solo  de la Reforma en sí, sino del concepto de educación que este país requiere. Crear grandes metas nacionales para alcanzar niveles suficientes de educación,  como la mayoría de los países están planeando en este momento. Nuestros hijos no merecen menos. Y, para los que ya no alcanzaremos un sistema educativo reformado, hay que llevar a cabo una gran campaña de re alfabetización, de adquisición de habilidades básicas numéricas, lógicas y de análisis, de estudio y auto capacitación. Porque no podemos conformarnos con que los que ya no alcanzaron la Reforma se queden sin las habilidades mínimas para ser productivos en esta Sociedad.

Y, no menos importante, tenemos que aumentar el aprecio social por los maestros. No deben ser los profesionales peor pagados del país. No pueden ser usados como piezas intercambiables de bajo costo. Hay que apoyarlos, hacerlos crecer, sin tratarlos como villanos pero tampoco como víctimas. Tratarlos como la piedra fundamental que son para nuestra Sociedad. Como adultos. Como los seres pensantes que ayudan a que nuestros hijos sepan pensar.