¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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domingo, 4 de diciembre de 2016

Sí, todavía hay clases


En los últimos días, entre las noticias de las primeras acciones de Trump y los homenajes a Castro, se dieron dos noticias nacionales que invitan a reflexionar. A pensar en serio.

Estábamos a duras penas digiriendo la noticia de que nuestros diputados federales se habían asignado “en lo obscurito” como de costumbre, un aguinaldo de 500,000 pesos (libres de impuestos, es de pensarse) cuando se anunció como un gran triunfo el aumento de los salarios mínimos, el mayor en muchos años, el cuál será de 80 pesos diarios.

La desproporción es enorme. 500,000 pesos equivalen a 6250 días de salario mínimo, unos 17 años de ingresos de un trabajador que gana el mínimo legal. Y eso es el aguinaldo. Supongamos que el aguinaldo es el 25% de la percepción anual de un diputado: en tal caso el diputado estará ganando anualmente el equivalente a 68 años de ingresos de un trabajador de salario mínimo o 204 años de esos salarios mínimos en sus tres años de gestión. Evidentemente, nuestros legisladores siguen creyendo firmemente que hay clases. La clase de los que se merecen todo y las que no merecen un mejor nivel de vida.

Aquí no se trata de hacer demagogia. Si los 400 diputados no cobraran nada y su salario se repartiera equitativamente a toda la población, alcanzaría para dar poco más de seis pesos al año a cada uno. Nada que nos saque de pobres. El tema de la desproporción es lo importante. En tiempos de recortes de gastos y de personal, de limitación de recursos para gastos básicos, de retraso del pago a los proveedores del Gobierno, el hecho de que los que deberían representarnos mantengan ese tren de ingreso, es una pésima noticia. Aunque todo se haya hecho legalmente, si bien a escondidas de sus representados.

El otro tema, el de más fondo, es lo escaso del salario mínimo. La COPARMEX pedía un  aumento mayor, no mucho, pero lo suficiente para mandar un mensaje a la sociedad: no podemos seguir así. No podemos aceptar la solución muy a la mexicana diciendo  que, de veras, ya casi nadie gana el salario mínimo. Excepto jornaleros y trabajadores del campo. O los meseros, gasolineros y otros muchos que reciben sus salarios mínimos y se “acompletan” con las propinas. 

De acuerdo con el Reporte del Desarrollo Mundial del Banco Mundial, la línea de pobreza está establecida en 2 dólares de 2005 por persona. Con una inflación mundial muy baja, estaría entre 2.30 o un poco más en este año. Pero dejémoslo en 2 dólares al día por persona. Nuestro nuevo salario mínimo de 80 pesos equivale a 4 dólares al día, dependiendo de la especulación diaria. O sea, que una familia de cuatro personas, si tiene dos empleados  de salario mínimo, estaría exactamente en la línea de la pobreza. Con un solo empleado de salario mínimo estaría aún más lejos de esa línea. Vergüenza nos debería dar presentar como un triunfo ese nuevo y mejorado salario mínimo, uno que no rebasa la línea mundial de la pobreza. Y que solo  alcanza si padre y madre, más alguna aportación de los hijos, contribuyen a rebasar esa línea.

Pese a todas las afirmaciones demagógicas, pese al hecho innegable de cada vez hay más clase media, es un hecho que todavía aceptamos ingresos muy elevados para la “clase política” pagados por los impuestos de todos, incluso de los que ganan el salario  mínimo o menos que pagan los impuestos al valor agregado de su escaso consumo.

¿Cuándo despertaremos? ¿Cuándo nos pondremos a pensar en serio en soluciones reales, no demagógicas, no electoreras, no transitorias para este tema de la reducción radical de la pobreza? Tenemos en México excelentes técnicos en economía y desarrollo, que hasta nos “piratean” los organismos internacionales. Hay con quién plantear soluciones, Lo que falta es que este sea un tema para la mayoría y sobre todo para los que no somos pobres. De una clase política que sin el menor pudor se “sirve con la cuchara grande”, no es de esperarse que nos vengan las soluciones.

martes, 12 de agosto de 2014

Productividad y Salarios Mínimos

Productividad y salario mínimo

Antonio Maza Pereda
Ahora que algunos políticos les ha preocupado lo poco remunerativo que es el salario mínimo y han decidido que es el momento de establecer consultas para decidir si este salario debería modificarse, han ocurrido, como era de esperarse, una serie de comentarios y ataques tanto a los políticos como, me parece, a los empresarios.
Quienes, aún sin decirlo esta manera, quisieran aumentar los salarios mínimos por decreto, seguramente suponen que las empresas tienen ganancias fabulosas y que fácilmente podrían aumentar los salarios mínimos sin que les afectara mayormente. En otras palabras, sería como "quitarle un pelo a un gato". Esto, por supuesto, viene del dogma marxista de la supervalía, la cantidad de dinero que, en opinión de Marx, se le roba al trabajador.  Obviamente, la inmensa mayoría de los más de 4 millones de empresarios que hay en México (de las empresas micro y pequeñas) no están en el caso de tener ganancias fabulosas.
Pero, por otro lado, algunos expertos y, por supuesto, los organismos empresariales dicen, no sin razón, que no se puede aumentar los salarios si no se aumenta la productividad del trabajador. Y ahí lo dejan. Tal parecería como que el tema está en manos del trabajador: “¿Quieren ganar más? Sean más productivos”.
Lo que probablemente nadie toma en cuenta es que la productividad laboral tiene muy poco que ver con el trabajador. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) los factores que influyen en la productividad laboral son: el equipamiento del trabajador, la calidad y mantenimiento de su equipamiento, el entrenamiento que reciben, la disposición (lay out) de la planta, la aplicación de estudios de tiempos y movimientos, la planeación, administración y control de la producción, los arreglos ergonómicos que reduzcan la fatiga del trabajador, el "clima" laboral y, por supuesto, la disponibilidad del trabajador para llevar a cabo su tarea. La mayor parte de estos aspectos no dependen del trabajador. ¿Cree usted qué, en las empresas mexicanas, esos aspectos hemos mencionado están en su óptimo?
El trabajador mexicano, si es debidamente equipado, entrenado, motivado, alimentado y se le dan las condiciones adecuadas de trabajo, es tan productivo como el que más. Y la mejor demostración nos la dan nuestros paisanos que son contratados por su productividad en las empresas de los Estados Unidos. También lo ha demostrado la Ford Motor Company que tiene en Hermosillo, Sonora uno de sus plantas armadoras con mayor productividad en el mundo. Y no tiene obreros extranjeros.
Pero, obviamente, dar al trabajador todas las condiciones para que tenga la máxima productividad no es algo barato. Pocas empresas tienen el equipamiento, o las condiciones adecuadas para tener la máxima productividad. De manera que parece que estamos en un círculo vicioso: no tenemos dinero para tener mejor productividad y, al no tener mejor productividad, no podemos pagar mejor a los trabajadores. ¿Cómo romper con ese círculo vicioso?
Por otro lado, y hay pocos que lo mencionen, cuando una empresa tiene mayor productividad y paga salarios adecuados, pero no vende más, el resultado es el desempleo. Por ejemplo, el trabajador español tiene una productividad de $50 dólares por hora de trabajo, mientras que el trabajador mexicano tiene una productividad de $17 por hora[i]. Un poco menos de la tercera parte. Pero, al no haber aumentado la capacidad de vender de las empresas españolas, el resultado es que una cuarta parte de su fuerza laboral está desempleada. Y en el caso de los jóvenes en edad laboral, están desempleados aproximadamente el 50%. Y, hasta donde yo sé, las ventas no están en manos de los trabajadores.
¿Habrán medido las consecuencias nuestros políticos? ¿Habrán medido nuestros líderes empresariales?
Creo yo que estamos ante un tema complejo, con múltiples aristas, y que no se puede resolver atendiendo sólo una parte de la situación. Mejorar los salarios laborales es un tema de justicia. Pero, por otra parte, se requieren inversiones importantes, que no se pueden hacer fácilmente. Se requiere también aumentar sustancialmente los mercados, tanto interno como externo, para evitar que ese aumento de productividad que permitiría aumentar los salarios, provoque desempleo. Nada fácil. En un tema complejo como éste las soluciones deben de atender simultáneamente a varios aspectos que por décadas hemos mantenido sin soluciones.
La mejora de las capacidades productivas de las empresas no puede lograrse de la noche a la mañana. La productividad, en los países que han logrado un aumento rápido, han sido en el mejor de los casos aumentos del 1 al 2% anual. O sea que, para poder alcanzar el nivel de productividad que tienen los europeos, probablemente deberíamos de hablar, si somos extraordinariamente buenos, de 25 años. Los españoles lo lograron en 32 años. Pero, por otro lado, no podemos esperar toda una generación para que nuestros trabajadores tengan salarios remuneradores.
No, no tengo la solución. Pero también sé que no tenemos una solución viable en todas las posiciones que está presentando este debate sobre los salarios. Y creo que hace falta hacer una labor extensa y profunda para encontrar soluciones viables. Porque, las que se han puesto sobre la mesa, no lo son.



[i]The Conference Board Total Economy Database™,January 2014, http://www.conference-board.org/data/economydatabase/