¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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viernes, 13 de marzo de 2020

No nos están pidiendo permiso

 

Mi anterior columna sobre el tema del 9 de marzo me ganó severas críticas, incluso la de ser “acatólico”. Pese a las críticas, sigo pensando igual sobre el tema de la violencia contra las mujeres. Y creo que les debo una explicación a ustedes, queridos lectores, por haberme calificado de ignorante. Lo cual, por cierto, también causó algún escozor.

Creo que, en temas de discriminación y violencia contra la mujer soy bastante ignorante, Y no estoy solo: la Sociedad es muy ignorante. Siendo hombre no vivo la discriminación, el machismo que sufren las mujeres. No vivo el temor de la madre de familia, único sostén de sus hijos, que no sabe si esta tarde regresará a su casa. No alcanzo a comprender el temor de la mujer que necesita un empleo y a la que amenazan con quitarle su ingreso, ya de por sí injusto, si no se presta a ciertos “servicios especiales”. No puedo sentir la rabia de la joven madre que ya no lleva a los hijos al parque porque hay hombres que se le han insinuado y hasta le han hecho comentarios salaces sobre su hijita de 4 años. Y muchos casos más, mucho más graves.

Como Sociedad estamos fallando. Y ahora, estas víctimas de nuestra ignorancia culpable proponen un paro el próximo 9 de marzo, un día sin mujeres, para hacer visible su situación. No nos están pidiendo permiso. No buscan nuestra aprobación. No la buscan de los hombres ni de las mujeres que ya han vivido tanto el machismo que lo ven como lo normal; como el pez que no se da cuenta de que está mojado, porque siempre ha vivido en ese medio.

Las críticas siguen. Desde “la más alta tribuna” se dice que toda esta protesta está creada por los corruptos que están molestos porque ya se les cobran impuestos. Que George Soros, el mismísimo diablo personificado, está metiendo dinero al paro. O, desde alguna tribuna eclesiástica, se dice que no hay que participar porque hay feministas radicales organizando este evento. Como si las mujeres fueran tan manipulables que, si participan en el paro, se van a volver neoliberales y, además, abortistas. Actitudes profundamente machistas que no les conceden a las mujeres la capacidad de razonar y evitar las manipulaciones. Y, en general, con el mensaje subyacente: “Mujeres, no entren al paro. Es por su bien: no se dan cuenta del daño que se les puede hacer”. Paternalismo del más malo. Sí, hay riesgos. Como los hay siempre cuando se quiere cambiar una situación injusta. Pero tenemos mucha culpa. Por nuestra ausencia frente a estas injusticias contra la mujer, hemos cedido esa bandera a quienes han estado dispuestos a tomarla. Ahora no podemos quejarnos.

Sí, ha habido apoyos al paro. Universidades, empresas, gobiernos en todos sus niveles, han dicho que no penalizarán ni harán descuentos a las que participen. Y se han asegurado de que el mundo lo sepa, en un claro intento de tener buena imagen ante la Sociedad. Cuando bastaba una comunicación interna a sus colaboradoras. Aún más: si de veras las apoyaran, deberían poner en marcha, con urgencia, comités en esas instituciones creando medidas para evitar la discriminación y la violencia que afecta a esas mujeres. Pero de eso no se habla nada: les basta su muy publicitado apoyo el día 9 de Marzo, aunque después todo siga igual.

Pero hay más. Varias de esas instituciones han dado el permiso, a cuenta de vacaciones o un cambio de ese paro por tiempo extra. Y a veces pidiéndole a las que se ausenten que se mantengan localizables a través del teléfono o a través del WhatsApp . Han perdido el punto central: el paro quiere hacer muy visible qué pasaría sí, de un modo impredecible, la mujer ya no pudiera ir al lugar de trabajo porque está desaparecida, ha fallecido o está en un hospital reponiéndose de la paliza que le puso su pareja. Cosas que no son predecibles, y que causaría una ausencia que había que cubrir de otra manera. A mi entender, esa es la idea del paro: el impacto que tendría una ausencia repentina de las mujeres en los hogares, las escuelas, los lugares de trabajo y en cualquier otro lugar donde estén ellas.

Al final, todas las críticas se reducen a una conclusión: “Mujeres, no entren al paro.” Y las razones para convencerlas son muchas. Tal vez una de las más poderosas es que su esfuerzo pudría salir mal, incluso contraproducente. Que sería un error. ¿Y qué? ¿Quiénes somos los demás para decirles que podrían equivocarse? ¿Acaso nosotros no nos equivocamos nunca? Todavía más: si se equivocaran, cosa que dudo, tendrían una oportunidad inmejorable: aprender de sus errores para poder actuar cada vez mejor. No tenemos derecho a negarles esa posibilidad.

Pero no creo que sea un error y no creo que vaya a salir mal. Reconozco que es mi opinión: no tengo bases para poder opinar de este modo. Y creo que los que opinan diferente de mí tampoco tienen razones que los avalen y que los hagan a prueba de errores. Claramente, es algo que hay que hacer y que debería haberse hecho hace ya mucho tiempo. Enhorabuena.

Antonio Maza Pereda

 

 

miércoles, 4 de marzo de 2020

Victimas, victimarios y nuestra Sociedad

 


En mi opinión, nuestra Sociedad tiene muy abajo en sus prioridades el tema de las víctimas. Obviamente, el hecho de que los políticos no le den prioridad al trato a las víctimas es un reflejo del hecho de que en nuestra Sociedad le damos poca importancia.

No es algo de ahora. Viene de nuestra historia: una larga relatoría de víctimas y victimarios que, como dicen, es una historia escrita por los vencedores. O, en este caso, por los victimarios o sus encubridores. No es que no haya una reacción: por supuesto, familiares y amigos de las víctimas sufren y protestan, aunque esto es un fenómeno relativamente reciente. De hecho, como ya se ha comentado en esta columna, los políticos pueden fácilmente hacerse los desentendidos de este tema y no ocurre nada importante. Como ocurrió en el caso de la familia LeBaron, como ocurrió en 2004, como ocurrió en la guerra sucia en los setentas del siglo 20,  cómo ocurrieron otros casos donde las autoridades no tomaron cartas en el asunto. Probablemente estamos hablando de los últimos cincuenta años de nuestra historia. Y los resultados no han sido demasiados.

Para agravar la situación de las víctimas, no se han tomado medidas preventivas contundentes. La mayor de las cuales y, probablemente la más efectiva, es lograr reducir sustancialmente la impunidad. Lo cual no ocurrirá de la noche la mañana: cuando más del noventa por ciento de los actos delictuosos quedan impunes, nos queda un largo camino por delante. Hablamos probablemente de décadas, y todos sabemos que a los políticos no les interesa los resultados de largo plazo: quieren ver resultados que puedan lucir dentro de su administración y poco les importa iniciar cambios que se vean a lo largo plazo.

En el caso del próximo paro de las mujeres, el próximo nueve de marzo, el tema de fondo tiene que ver con las víctimas, el gran número de mujeres que son víctimas en distintos grados de la violencia contra la mujer, por ser mujer. Desgraciadamente, para nuestra Sociedad muchos comportamientos no son considerados como victimización. Hasta recientemente, el acoso sexual o laboral se le consideraba como algo de menor importancia. El hecho de la discriminación económica, qué ocurre cuando las mujeres reciben menos salario que los hombres por un trabajo igual, tampoco se le consideraba importante. Negar el trabajo una mujer por el hecho de estar embarazada, menos. Y mucho más. Recordemos los terribles casos de las muertas de Ciudad Juarez, que al principio se consideró poco importante y no se tomó en serio hasta que fue un tema nacional.

Los protocolos de atención a víctimas, sobre todo en el caso de las mujeres, equivalen a una revictimización.             Por supuesto, no sólo para las mujeres: también ocurre en el trato de las víctimas de los pederastas clérigos, profesores, entrenadores y, por desgracia, víctimas de sus propios padres y familiares. Y no hablemos del pobre trato y escaso apoyo a la segunda víctima del aborto: la falta de medios para ayudar a las mujeres para que tengan otras opciones y no lleguen a ese extremo. Sí, existen obras muy meritorias que atienden esto. Pero no son suficientes, y la Sociedad misma cierra los ojos, mira para otro lado, o se dedica a atacar a la madre por abortar.

Antonio Maza Pereda