Un espacio para reflexionar sobre las consecuencias de largo plazo de las decisiones de las administraciones públicas, privadas y sociales. Su enfoque es mayormente estratégico, y su método es el de las proyecciones de tipo cualitativo, con los criterios de la creación de escenarios. Su ambición es la de ir más allá de la exposición y ser un espacio libre de discusión de los interesados en este tema.
¿Porqué Cuenta Larga?
lunes, 25 de noviembre de 2024
Totalitarismo, el gran riesgo
lunes, 19 de agosto de 2024
Las odiadas ONG’s
El debate sobre los cambios a la Constitución mexicana se ha cargado en un aspecto en particular, que es el del rediseño del sistema judicial. Un punto muy importante, pero parece que los otros temas que están puestos a discusión no se están atendiendo.
Recientemente, algunos de los afectados hablan de la desconfianza que hay sobre el manejo que se propone para las organizaciones no gubernamentales (ONG’s) y en general para las organizaciones de la sociedad civil. Es claro que estas organizaciones forman parte del esquema de contrapesos que la Sociedad quiere tener en cualquier sistema democrático.
Esto tiene, como raíz, la desconfianza, una sana desconfianza, de la sociedad civil frente a los excesos que pudieran llegar a tener los gobiernos, aun aquellos que hayan sido elegidos democráticamente.
Y esta desconfianza es respondida en los mismos términos por parte del gobierno, que no confía en la sociedad civil, aunque muchas veces, de dientes para afuera, diga que está para servirla. Las organizaciones no gubernamentales no agotan el concepto de la sociedad civil. Hay quien habla del tercer sector, donde el primero sería el gobierno, el segundo las organizaciones lucrativas, y el tercer sector, serían precisamente las organizaciones no gubernamentales.
Lo que pretende remediar en las modificaciones a la Constitución, nace de esa desconfianza. Efectivamente se han llegado a dar abusos. Organizaciones no gubernamentales y organismos de la sociedad civil se han prestado, a veces, para evasión de impuestos, o para para adoctrinar a la población. Y, por otra parte, se les puede llegar a acusar de que ignoran las necesidades y los derechos de las mayorías o de las minorías. De modo que, efectivamente, hay algo que atender.
La sociedad civil necesita disponer de algún contrapeso. No puede firmar un cheque en blanco a los gobiernos, aunque hayan sido elegidos democráticamente. Y es necesario reglamentar estos conceptos de las organizaciones no gubernamentales. La gran pregunta es: ¿hasta dónde?
Es claro que, para los ciudadanos, resulta que los gobiernos tienden a buscar un mayor control sobre la Sociedad. Y esto se da en todos los tipos de gobierno, incluso los más democráticos. Pero se encuentran con mayor fuerza cuando se trata de gobiernos izquierdistas o populistas que buscan controlar y manipular a la Sociedad de manera que siempre acepten sus criterios. Pero pocos se salvan. Los gobiernos tienden a centralizar el poder y toman medidas para que esto se logre. Entre otras, evitar la existencia de los contrapesos a su acción.
En cuanto a las ONGs, hay una complicación adicional: la gran cantidad de ONGs globales, las cuales generalmente han sido vistas como banderas de las izquierdas, aunque no necesariamente sea el único caso. Estas ONGs globales, muchas veces son acusadas de que tratan de imponer criterios ajenos a los que tienen las sociedades sobre las que tratan de influir. Muchas veces, las derechas tienen una gran desconfianza por las ONGs globales. Las que perciben como ajenas a sus planteamientos y como un mecanismo de adoctrinamiento. La ONU, ha sido muchas veces acusada precisamente por estas derechas, como un mecanismo que trata de crear un gobierno mundial donde ignorarían los derechos y las costumbres de las naciones. Como un intento de globalizar las culturas, ignorando las necesidades y las características de cada sociedad.
Por tanto, han sido atacadas por las derechas, por actividades anti-natalidad o en pro del aborto y de la eutanasia. Existe desconfianza y una intención importante de limitar o incluso destruir organismos internacionales. Por ejemplo, el caso de la Comunidad Económica Europea, que está bajo ataque de grupos de extrema derecha e incluso en algunos casos, sin un tinte ideológico, como fue el caso del famoso Brexit que sacó al Reino Unido de la Gran Bretaña de la Comunidad Europea.
El gran tema es: ¿cómo podemos tener un balance sano, entre la libertad que debe darse a las organizaciones de la sociedad civil, quienes tienen todo el derecho de organizarse sin intervención del gobierno, y al mismo tiempo tener un mínimo de control que evite los abusos, y que permita a la Sociedad y sus organizaciones defenderse ante los tribunales de ataques que puedan tener por los gobiernos?
Y, por supuesto, es un tema que va muy relacionado con el asunto de lo judicial, porque si se cancela o se limita severamente el derecho al amparo o si se da la elección de los jueces a los partidos, entonces nos podríamos encontrar con que los ataques que se le hagan a las ONGs formarán parte de la Constitución y serían, por lo tanto, inatacables. Necesitamos un buen balance, un modo que permita a estas organizaciones seguir haciendo su función.
Antonio Maza Pereda
lunes, 24 de junio de 2024
Polarización o diversidad
A tres semanas de concluido el proceso de elecciones generales, en México seguimos bajo presión. En cierto modo, parecería que seguimos en campaña, sujetos a una lógica de ataque y defensa de diferentes argumentos, como si los partidos todavía tuvieran que ser juzgados para obtener el voto.
Estamos recibiendo señales contradictorias. Aparentemente, una búsqueda de apaciguamiento, sobre todo con el sector privado y los grandes capitales. Pero, por otro lado, continúa el ataque al bando perdedor. Como si ellos todavía pudieran revertir la situación. Parecería que todavía se necesita que los votantes avalen con su voto a quienes triunfaron.
Para efectos prácticos, la polarización continúa. Se sigue hablando de conservadores y liberales, de chairos y fifís, y se sigue tratando de ganar las mentes y los corazones de los votantes. Curiosamente, esto ha ocurrido mayormente entre la izquierda, tanto en su clase política como en sus adherentes. No tanto entre sus contrincantes: sus partidos está más enfocados a las acciones en los tribunales, pero sus partidarios siguen atacando a los triunfadores como si nada hubiese ocurrido.
Hay quien dice que esto está bien. Algunos, dicen que esto nos sirve para darnos cuenta de los problemas de gran parte de la sociedad. Si efectivamente eso fuera así, sería muy bueno. Polarizar por sí solo, sin embargo, no lo es. Lleva a la división. Hace ver las situaciones en blanco y negro. En la naturaleza, bajo ciertas condiciones, los polos iguales se rechazan. Y eso es lo que está ocurriendo. En lo social, cuando hay polarización, la opinión pública se divide en dos campos. Esto fortalece a las facciones extremas que ganan apoyo. Como consecuencia de la polarización, las voces moderadas pierden influencia.
Más que polarizar lo que necesitamos es tener la capacidad de aceptar, incluso darle la bienvenida a la diversidad de opiniones. Desarrollar la capacidad de poder ver puntos de vista diferentes, sin atacar o sentirnos atacados. Tener la posibilidad de entender que otros, que no opinan igual, no son nuestros enemigos.
Reconocer, e incluso abrazar, la diversidad, es entender que quienes opinan diferente que nosotros, no son necesariamente malvados. Tampoco es que todos sean bondadosos. Es admitir la posibilidad de buena voluntad en todos los que opinan, hasta que se demuestre lo contrario. Puede darse por ignorancia, por defectos en su manera de razonar. Es aceptar la posibilidad de buena fe, sin ser ingenuos: también pudiera haber mala fe. Pero no en todos los casos de aquellos que no aceptan nuestras opiniones. En general, los que opinan diferente, tienen razones. Es importante entenderlas y ver cómo se puede, sobre dichas diferencias, construir acuerdos.
Tomemos como ejemplo el debate más destacado en este momento. Mientras un bando opina que es necesaria una reforma para poder quitar o al menos limitar la corrupción del Poder Judicial, sus contrincantes ven esa propuesta como un modo de concentrar el poder de la presidencia, de manera que no existan contrapesos a su actividad. Y, curiosamente, la discusión no se centra en demostrar la intención de quitar contrapesos, ni tampoco en demostrar que el Poder Judicial es irremediablemente corrupto y que, únicamente, mediante el voto popular, se remediará esa corrupción. La discusión importante debería ser: ¿cómo lograr quitar la corrupción protegiendo los contrapesos que, nuestra Constitución y los países democráticos, tienen para evitar la posibilidad de las dictaduras?
Por supuesto, eso es más difícil y requiere mayor estudio. Exige la cooperación de las mejores mentes del país para encontrar soluciones óptimas. Desde luego, este alegato se ha vuelto un diálogo de sordos. Aprovechando la mayoría calificada que espera obtener la 4T, se quiere legislar contra reloj, logrando el proceso completo de cambio constitucional en los primeros treinta días de la nueva legislatura. Sin “cambiar ni una coma”. Aunque no resulte muy claro cuáles son las ventajas de ese apresuramiento. Esta prisa podría ser el enemigo de una reflexión, que se ve necesaria.
Este caso es solamente un ejemplo. Un tema particularmente importante para la República, está siendo discutido, sin aceptar reconocer las diferentes motivaciones y necesidades de una sociedad que es muy diversa. Necesitamos, como ciudadanos, aceptar nuestra diversidad, reconocer que no siempre tenemos la razón y que el otro no siempre está equivocado. Que es posible que cada uno de los bandos tenga elementos valiosos en sus planteamientos y que hay que reconocerlos por el bien de la ciudadanía.
Antonio Maza Pereda