¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 25 de noviembre de 2024

Totalitarismo, el gran riesgo

“Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado” Benito Mussolini. Una de las expresiones más concisas de lo que significa el totalitarismo. Una corriente que no necesariamente es de izquierda o de derecha, como demuestran los casos de Hitler y Mussolini, y sus contrapartes, Stalin y Mao Zedong. Se trata de una situación donde el Estado ejerce un poder total, sin divisiones, donde no hay libertad. Un poder que penetra todas las estructuras de la vida pública, como decía otro ideólogo, Joseph Goebbels. Todo el poder para el Estado, sin limitantes, aunque el 46% de la población no esté de acuerdo. Hay señales muy claras cuando una sociedad se está orientando hacia el autoritarismo. Muchas veces se da un liderazgo carismático, que no se cuestiona, que siempre tiene la razón y al que se le sigue ciegamente, sin cuestionar absolutamente nada. Una situación en la que no existe espacio para la oposición. Un control absoluto, no solo de las acciones del gobierno: un dominio de la sociedad y, más importantemente, un poder sobre el pensamiento, donde no hay una opinión que discrepe, donde lo que se crea es un conjunto de creencias que son conservadas mediante represión. Represión masiva, que no es únicamente sobre algunos grupos. Una vigilancia generalizada, como la que tuvieron muchos de los regímenes totalitarios del siglo pasado. Con una policía secreta dedicada fundamentalmente a que los ciudadanos se vigilaran unos a otros, creando una cultura de la denuncia a todo el que pensara de manera diferente. Censura personalizada y completa, que no permite opiniones diferentes. Una propaganda asfixiante. En México no llegamos todavía a esto, aunque se puede decir que hay pasos en esa dirección. En nuestro país, el camino hacia el totalitarismo tiene antecedentes antiguos, procedente de los años 20 y 30 del siglo pasado, pero que no se llegó a concretar de una manera completa. Pero ya se están dando algunos pasos adicionales. En este momento, hay un control prácticamente total de las decisiones de la vida pública, desconociendo el hecho de que más del 40% de la población no estuvo de acuerdo con las ideas que sustenta la 4T. Su control de las decisiones de gobierno se ha vuelto casi absoluto y los pocos límites que podía tener y los contrapesos que podían funcionar, han sido demolidos o están en camino de serlo. Sobre todo, por la destrucción de los organismos autónomos, y la mediatización del Poder Judicial, que en la práctica ya ha quedado subordinado al Poder Ejecutivo, como lo estuvo en los tiempos de la dictadura perfecta que padecimos por más de 70 años. Esto no significa que ya estemos completamente en el totalitarismo. De hecho, es importante ver que hay diferencias en lo que es una dictadura y lo que es propiamente el totalitarismo. Y algunos aspectos a considerar para estar en esa situación, serían, por ejemplo: un control absoluto de la cultura, en el caso del totalitarismo. Así como la educación puesta al servicio del Estado, como una manera de adoctrinamiento, no para desarrollar capacidades de análisis y de discusión. Además, un control prácticamente absoluto de la información. Solo lo que dice el Estado es verdadero, se dice. Todos los demás son, como dice el próximo presidente Donald Trump. fake news, embustes. Un control sobre las creencias que llega en algunos casos de totalitarismo hasta intervenir en las religiones y la decisión de quiénes deben ser sus dirigentes. La imposición de una ideología única, y un ataque feroz para cualquier ideología diferente. En resumen, podríamos decir que todos los totalitarismos son dictaduras, pero no necesariamente todas las dictaduras llegan hasta el nivel del totalitarismo. La pregunta para la Sociedad es: ¿hay manera de vencer a un totalitarismo frente a esos retos enormes? En los extremos se han vencido a los totalitarismos mediante las guerras. Y esa es la historia de la Segunda Guerra Mundial, que fue el único modo de acabar con el totalitarismo de los nazis y de los fascistas. Pero, fuera de esos extremos militares, lo que ocurre es un derrumbe interno de esos sistemas. Y eso es lo que ha ocurrido en algunos regímenes totalitarios. Cómo pasó en Europa Oriental, en los finales del siglo XX. Las condiciones que se dieron fueron, por un lado, una resistencia basada sobre todo en la educación, el desarrollo de movimientos opositores, no necesariamente de origen político. También hubo un impulso importante de la cultura, incluso de una que se difundía clandestinamente, como fue el caso de las obras de Solzhenitsyn o de Boris Pasternak en la Unión Soviética, y en otro lado, las de Vaclav Havel en la República Checa. Algunas veces, curiosamente, influyó el apoyo de la tecnología. Por ejemplo, eso explica la primavera árabe que logró limitar, en algunos países, situaciones totalitarias. Por eso, en Venezuela, se ha limitado el uso de las redes sociales, precisamente para evitar el efecto de la tecnología. El ideal fue el caso de la “revolución de terciopelo” de la República Checa y de Eslovaquia. Donde se logró una transición pacífica, sin mayor dificultad, con una aportación importante de la ciudadanía. Encabezada por un poeta, Vaclav Havel. Que no podría considerarse realmente como un político de importancia. ¿Podrá nuestra ciudadanía desarrollar un cambio pacífico que limite el impulso hacia el autoritarismo que estamos viviendo? Antonio Maza Pereda

lunes, 19 de agosto de 2024

Las odiadas ONG’s

 El debate sobre los cambios a la Constitución mexicana se ha cargado en un aspecto en particular, que es el del rediseño del sistema judicial. Un punto muy importante, pero parece que los otros temas que están puestos a discusión no se están atendiendo. 

 Recientemente, algunos de los afectados hablan de la desconfianza que hay sobre el manejo que se propone para las organizaciones no gubernamentales (ONG’s) y en general para las organizaciones de la sociedad civil. Es claro que estas organizaciones forman parte del esquema de contrapesos que la Sociedad quiere tener en cualquier sistema democrático. 

Esto tiene, como raíz, la desconfianza, una sana desconfianza, de la sociedad civil frente a los excesos que pudieran llegar a tener los gobiernos, aun aquellos que hayan sido elegidos democráticamente.  

Y esta desconfianza es respondida en los mismos términos por parte del gobierno, que no confía en la sociedad civil, aunque muchas veces, de dientes para afuera, diga que está para servirla.  Las organizaciones no gubernamentales no agotan el concepto de la sociedad civil. Hay quien habla del tercer sector, donde el primero sería el gobierno, el segundo las organizaciones lucrativas, y el tercer sector, serían precisamente las organizaciones no gubernamentales. 

 Lo que pretende remediar en las modificaciones a la Constitución, nace de esa desconfianza. Efectivamente se han llegado a dar abusos. Organizaciones no gubernamentales y organismos de la sociedad civil se han prestado, a veces, para evasión de impuestos, o para para adoctrinar a la población. Y, por otra parte, se les puede llegar a acusar de que ignoran las necesidades y los derechos de las mayorías o de las minorías. De modo que, efectivamente, hay algo que atender.  

La sociedad civil necesita disponer de algún contrapeso. No puede firmar un cheque en blanco a los gobiernos, aunque hayan sido elegidos democráticamente. Y es necesario reglamentar estos conceptos de las organizaciones no gubernamentales. La gran pregunta es: ¿hasta dónde? 

Es claro que, para los ciudadanos, resulta que los gobiernos tienden a buscar un mayor control sobre la Sociedad. Y esto se da en todos los tipos de gobierno, incluso los más democráticos. Pero se encuentran con mayor fuerza cuando se trata de gobiernos izquierdistas o populistas que buscan controlar y manipular a la Sociedad de manera que siempre acepten sus criterios. Pero pocos se salvan. Los gobiernos tienden a centralizar el poder y toman medidas para que esto se logre. Entre otras, evitar la existencia de los contrapesos a su acción.  

En cuanto a las ONGs, hay una complicación adicional: la gran cantidad de ONGs globales, las cuales generalmente han sido vistas como banderas de las izquierdas, aunque no necesariamente sea el único caso. Estas ONGs globales, muchas veces son acusadas de que tratan de imponer criterios ajenos a los que tienen las sociedades sobre las que tratan de influir. Muchas veces, las derechas tienen una gran desconfianza por las ONGs globales. Las que perciben como ajenas a sus planteamientos y como un mecanismo de adoctrinamiento. La ONU, ha sido muchas veces acusada precisamente por estas derechas, como un mecanismo que trata de crear un gobierno mundial donde ignorarían los derechos y las costumbres de las naciones. Como un intento de globalizar las culturas, ignorando las necesidades y las características de cada sociedad. 

 Por tanto, han sido atacadas por las derechas, por actividades anti-natalidad o en pro del aborto y de la eutanasia. Existe desconfianza y una intención importante de limitar o incluso destruir organismos internacionales. Por ejemplo, el caso de la Comunidad Económica Europea, que está bajo ataque de grupos de extrema derecha e incluso en algunos casos, sin un tinte ideológico, como fue el caso del famoso Brexit que sacó al Reino Unido de la Gran Bretaña de la Comunidad Europea.  

El gran tema es: ¿cómo podemos tener un balance sano, entre la libertad que debe darse a las organizaciones de la sociedad civil, quienes tienen todo el derecho de organizarse sin intervención del gobierno, y al mismo tiempo tener un mínimo de control que evite los abusos, y que permita a la Sociedad y sus organizaciones defenderse ante los tribunales de ataques que puedan tener por los gobiernos?  

Y, por supuesto, es un tema que va muy relacionado con el asunto de lo judicial, porque si se cancela o se limita severamente el derecho al amparo o si se da la elección de los jueces a los partidos, entonces nos podríamos encontrar con que los ataques que se le hagan a las ONGs formarán parte de la Constitución y serían, por lo tanto, inatacables. Necesitamos un buen balance, un modo que permita a estas organizaciones seguir haciendo su función. 

Antonio Maza Pereda 

lunes, 24 de junio de 2024

Polarización o diversidad

 A tres semanas de concluido el proceso de elecciones generales, en México seguimos bajo presión. En cierto modo, parecería que seguimos en campaña, sujetos a una lógica de ataque y defensa de diferentes argumentos, como si los partidos todavía tuvieran que ser juzgados para obtener el voto.

Estamos recibiendo señales contradictorias. Aparentemente, una búsqueda de apaciguamiento, sobre todo con el sector privado y los grandes capitales.  Pero, por otro lado, continúa el ataque al bando perdedor. Como si ellos todavía pudieran revertir la situación. Parecería que todavía se necesita que los votantes avalen con su voto a quienes triunfaron.

Para efectos prácticos, la polarización continúa. Se sigue hablando de conservadores y liberales, de chairos y fifís, y se sigue tratando de ganar las mentes y los corazones de los votantes. Curiosamente, esto ha ocurrido mayormente entre la izquierda, tanto en su clase política como en sus adherentes. No tanto entre sus contrincantes: sus partidos está más enfocados a las acciones en los tribunales, pero sus partidarios siguen atacando a los triunfadores como si nada hubiese ocurrido.

Hay quien dice que esto está bien. Algunos, dicen que esto nos sirve para darnos cuenta de los problemas de gran parte de la sociedad. Si efectivamente eso fuera así, sería muy bueno. Polarizar por sí solo, sin embargo, no lo es. Lleva a la división. Hace ver las situaciones en blanco y negro. En la naturaleza, bajo ciertas condiciones, los polos iguales se rechazan. Y eso es lo que está ocurriendo. En lo social, cuando hay polarización, la opinión pública se divide en dos campos. Esto fortalece a las facciones extremas que ganan apoyo. Como consecuencia de la polarización, las voces moderadas pierden influencia.

Más que polarizar lo que necesitamos es tener la capacidad de aceptar, incluso darle la bienvenida a la diversidad de opiniones. Desarrollar la capacidad de poder ver puntos de vista diferentes, sin atacar o sentirnos atacados. Tener la posibilidad de entender que otros, que no opinan igual, no son nuestros enemigos.

Reconocer, e incluso abrazar, la diversidad, es entender que quienes opinan diferente que nosotros, no son necesariamente malvados. Tampoco es que todos sean bondadosos.  Es admitir la posibilidad de buena voluntad en todos los que opinan, hasta que se demuestre lo contrario. Puede darse por ignorancia, por defectos en su manera de razonar. Es aceptar la posibilidad de buena fe, sin ser ingenuos: también  pudiera haber mala fe. Pero no en todos los casos de aquellos que no aceptan nuestras opiniones. En general, los que opinan diferente, tienen razones. Es importante entenderlas y ver cómo se puede, sobre dichas diferencias, construir acuerdos.

 Tomemos como ejemplo el debate más destacado en este momento.  Mientras un bando opina que es necesaria una reforma para poder quitar o al menos limitar la corrupción del Poder Judicial, sus contrincantes ven esa propuesta como un modo de concentrar el poder de la presidencia, de manera que no existan contrapesos a su actividad. Y, curiosamente, la discusión no se centra en demostrar la intención de quitar contrapesos, ni tampoco en demostrar que el Poder Judicial es irremediablemente corrupto y que, únicamente, mediante el voto popular, se remediará esa corrupción.  La discusión importante debería ser: ¿cómo lograr quitar la corrupción protegiendo los contrapesos que, nuestra Constitución y los países democráticos, tienen para evitar la posibilidad de las dictaduras?

Por supuesto, eso es más difícil y requiere mayor estudio. Exige la cooperación de las mejores mentes del país para encontrar soluciones óptimas. Desde luego, este alegato se ha vuelto un diálogo de sordos. Aprovechando la mayoría calificada que espera obtener la 4T, se quiere legislar contra reloj, logrando el proceso completo de cambio constitucional en los primeros treinta días de la nueva legislatura. Sin “cambiar ni una coma”. Aunque no resulte muy claro cuáles son las ventajas de ese apresuramiento. Esta prisa podría ser el enemigo de una reflexión, que se ve necesaria.

Este caso es solamente un ejemplo. Un tema particularmente importante para la República, está siendo discutido, sin aceptar reconocer las diferentes motivaciones y necesidades de una sociedad que es muy diversa. Necesitamos, como ciudadanos, aceptar nuestra diversidad, reconocer que no siempre tenemos la razón y que el otro no siempre está equivocado. Que es posible que cada uno de los bandos tenga elementos valiosos en sus planteamientos y que hay que reconocerlos por el bien de la ciudadanía.

Antonio Maza Pereda