¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
Mostrando entradas con la etiqueta Independencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Independencia. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de septiembre de 2021

Dependencia, independencia, codependencia, interdependencia…

 

Dependencia, independencia, codependencia, interdependencia…

Antonio Maza Pereda

Estamos a días de celebrar 200 años de la consumación de la Independencia de México. Una fecha            que celebra la verdadera independencia de España, ya que el 16 de septiembre lo que celebramos es el inicio de la guerra de Independencia en 2010. Por razones más o menos oscuras, poco celebramos la consumación de la Independencia, el 27 de septiembre en 1821

Algunos ven en esto un tema cultural: celebramos la iniciación de obras, proyectos y programas y posteriormente no nos preocupa tanto la terminación, puesta en marcha y funcionamiento efectivo de eso que iniciamos. Una manía muy propia de la clase política, de todos los signos y en todos los niveles. Pero no solo en la clase política: en la era dorada de las cámaras empresariales era notorio el gran esfuerzo por firmar acuerdos y conveníos internacionales, mismos que después no se implementaban y no daban resultados. Tal vez porque la firma de los convenios es noticia y la operación exitosa de los mismos por años y décadas no da mucho de qué hablar y no sale en los medios.

Pero, en fin, la gran fiesta cívica es el 16 de septiembre, la gran liturgia del Grito de la Independencia, el desfile militar, los adornos de las casas con adornos patrióticos, la gran cena de la noche mexicana, y mucho más. Una celebración genuinamente atesorada por los mexicanos.

Pero no falta quien cuestiona si realmente tenemos esa independencia. Muchos, sobre todo del lado izquierdo del espectro político, pero también en grupos de derecha, cuestionan si verdaderamente tenemos esa independencia política, pensando en el influjo que tienen los EE. UU. en nuestra política, pero también en los temas económicos, tecnológicos y culturales, donde hay una fuerte intervención de ese país y de otras potencias.

Pero no solo tenemos esas dependencias, totales o parciales. Existe también una buena cantidad de codependencias, donde hay muchos ejemplos. Por ejemplo: la economía de los Estados Unidos en la franja fronteriza entre nuestros países depende fuertemente de las compras de los mexicanos en esa zona. De modo que, cuando hay dificultades económicas en México, esos Estados padecen fuertemente. Pero no sólo en eso: buena parte de la economía de los Estados Unidos depende de la mano de obra barata de los mexicanos, sobre todo de los ilegales, pero también de los productos con alto contenido de mano de obra que exportamos a ese país. Y al mismo tiempo, nosotros dependemos de ellos en productos de alto valor agregado y con un gran nivel tecnológico. Sobre todo, en aquellos productos que son el fruto de una importante investigación y desarrollo. Por no hablar del hecho de que muchos de nuestros científicos e investigadores han desarrollado  sus grados académicos más elevados asistiendo a universidades y centros de investigación en ese país.

Un caso que no es el único: es el mismo que ocurrió en la era soviética, cuando los países de Europa oriental tenían una fuerte codependencia con la Unión Soviética. Y como todavía ocurre entre países como Cuba y Venezuela.

Parecería que la relación más sana sería una de interdependencia. Como la que ocurre en la Unión Europea, con todas sus dificultades y aún a pesar del famoso Brexit. Una situación donde todos los países se han beneficiado de un reparto de actividades económicas, una serie de directrices económicas y sociales en común e incluso el hecho de tener una moneda única. Algo que ha sido muy difícil de lograr y que, a 70 años de los primeros convenios paneuropeos, todavía requiere de muchos ajustes.

Curiosamente, las formaciones de izquierda se oponen a este tipo de interdependencia. Y lo digo porque tanto Marx como Lenin veían como algo muy importante la creación de organizaciones internacionales, tanto políticas como económicas. De hecho, en sus tiempos a los comunistas se les acusaba de ser internacionalistas, en decremento de lo que se veía como un sano nacionalismo. Y ellos adoptaban gozosamente esa denominación: durante la guerra civil española, por ejemplo, a las brigadas organizadas por el Partido Comunista con miembros procedentes de otros países, se les llamaban las brigadas internacionales, en donde sirvió David Alfaro Siqueiros y llegó a ser coronel.

En fin: es muy importante que tengamos una auténtica independencia política y que podamos tener una sana interdependencia en los demás campos. Por más que muchos no se den cuenta, el futuro de la mayoría de los países está en lograr una sana convivencia que permita que cada uno y cada cual aporte a la comunidad internacional sus carismas, sus conocimientos y sus habilidades para el bien de todos. Sí, celebremos nuestra independencia, trabajemos porque esa independencia sea plena y beneficiosa para nuestro país, evitemos las codependencias que, finalmente, terminan dañando a ambos participantes. Y busquemos construir esta interdependencia que permitirá a todas las naciones prosperar, para bien de todos.

Antonio Maza Pereda

lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Qué tan independientes somos?


Estamos entre la fecha del inicio de la revolución de independencia de nuestro país y la de su consumación el 27 septiembre de 1821, fecha que nuestro Gobierno no celebra. Sin que haya dado nunca una explicación lógica, no sectaria, del porqué de esta omisión. No, no voy a caer sobado tema de muchas izquierdas que, basándose en las teorías de la conspiración, dicen que nuestro país no es realmente independiente y que nuestra política interior y exterior se dicta en Washington. Mucho hubo de eso siglo XIX y buena parte del siglo XX, a veces de una manera discreta y otras de modo  muy evidente, como las intervenciones de los embajadores Poinsett y Morrow. En el siglo XXI ha habido más cuidado en guardar las formas. Pero cabe la duda: ¿tenemos plena independencia?

Es claro que un país que tiene severos problemas económicos no tiene una total independencia. Siempre estará sujeto a los dictados de grupos económicos, organismos internacionales, y otros diversos grupos de presión. Si además, este país no tiene grandes riquezas, claramente estará más sujeto a esas presiones. Y contra el mito de que México es "el cuerno de la abundancia" tenemos que ver nuestras realidades: nuestro país es árido; la mayoría de los estados tienen escasez de agua. Tenemos poca tierra de labranza, aproximadamente el 14% del territorio nacional, de lo cual la mitad está sujeta a los temporales. Es cierto que tenemos un gran litoral, pero no todos nuestros mares son ricos en pesca. Tenemos petróleo, pero no somos estrictamente un país petrolero como dice Macario Schettino, uno de nuestros grandes especialistas. Y cada vez tenemos menor producción del mismo.

Tenemos una gran riqueza en nuestra población, todavía joven y lejana al invierno demográfico. Pero la mala organización de nuestro sistema productivo hace que muchas de nuestras mejores personas, en todos los niveles sociales, emigren buscando mejores oportunidades. Los que nos quedamos, vemos a nuestra población perdiendo su nivel educativo real, aunque sume años de escolaridad. La ignorancia siempre generará dependencia. Y si a todo esto le agregamos la corrupción pública y privada, esa pobreza se agudiza.

Probablemente la peor de las dependencias es la dependencia cultural. La dependencia que tenemos en muchos aspectos de la cultura popular, muy influida por valores y costumbres que no son las nuestras. La peor de las dependencias es cuando perdemos los valores de nuestra cultura, porque nos son dictados por instancias y organismos internacionales. Esta dependencia significa que estamos en riesgo de perder nuestra esencia como nación.

Para ser plenamente independientes tenemos necesidad de un mejor desempeño económico. Ningún país pobre es totalmente independiente. Pero no basta con eso. Necesitamos tener educación de más alto nivel para ser  independientes en esta era. Necesitamos una ciudadanía bien formada y actuante. Necesitamos un sector privado valiente, emprendedor y muy capacitado. También un sector público eficiente y capaz. Necesitamos independencia tecnológica, sindicatos independientes, políticos independientes.

Pero la independencia no es el único modelo. Puede ser que estemos cayendo en casos de codependencia. Una relación tóxica que hace daño muchas veces a ambas partes de la relación, aunque posiblemente a una más que a la otra. Como la codependencia que ocurre a veces en las relaciones familiares. O, como la que podría darse entre nuestro país y nuestros socios comerciales. Ellos, dependiendo nuestra mano de obra barata; nosotros dependiendo de su fortaleza económica, de sus sistemas de comercialización, de sus mercados y de su desarrollo tecnológico.

Tal vez el modelo del futuro, al que deberíamos de aspirar, es el de la interdependencia. Poder tener relaciones mutuamente beneficiosas con otros países, relaciones donde todos ganaran. Eso ha sido el ideal, tal vez no realizado plenamente, de la Comunidad Económica Europea. Esa interdependencia sólo puede funcionar si nuestra nación se fortalece. No se trata de pedir dádivas, sino de ofrecer nuestras fortalezas a cambio de una retribución justa.

En resumen, ser plenamente independientes es una tarea ardua, un camino difícil. Puede significar sacrificios para esta generación, que posiblemente no vea los resultados pero que estará construyendo para sus hijos y sus nietos. Ahí es donde debemos aplicar y aprovechar nuestro fervor patrio. Ahí es donde debemos encontrar un terreno común para conciliar hasta donde sea posible nuestras divergencias. Porque es muy difícil que una nación amargamente dividida, pueda evitar ser juguete de las fuerzas que quieren arrebatarnos nuestra independencia.