Un espacio para reflexionar sobre las consecuencias de largo plazo de las decisiones de las administraciones públicas, privadas y sociales. Su enfoque es mayormente estratégico, y su método es el de las proyecciones de tipo cualitativo, con los criterios de la creación de escenarios. Su ambición es la de ir más allá de la exposición y ser un espacio libre de discusión de los interesados en este tema.
¿Porqué Cuenta Larga?
viernes, 13 de diciembre de 2024
Apartidismo
lunes, 23 de octubre de 2023
¿Qué beneficios nos ha traído la 4T?
La última vez que hice una pregunta parecida a esta, una buena amiga me dio un gran regaño. “¡Cómo crees! No veo realmente ningún beneficio” me dijo. No puedo estar del todo de acuerdo con ella. Como soy un viejo necio, quiero insistir sobre el tema. Estoy seguro de que podría equivocarme y que podría aprender de esa equivocación. Como en cualquier debate, al final de la discusión, tenemos que reconocer puntos fuertes y puntos débiles, así como aceptar también que de nuestros errores podríamos aprender.
Esta pregunta en particular es realmente difícil en un ambiente de polarización como el que estamos viviendo. Y el gran problema puede ser que no reconozcamos nuestros errores. Esta polarización nos lleva a ver todo en términos de blanco o negro, sin considerar que la realidad tiene múltiples colores. También es algo que nos hace ver todo en una o dos dimensiones, cuando la realidad es en tres dimensiones o posiblemente más. En el asunto del que platicamos, la pregunta sería: ¿Ha habido algún tema, alguna de las acciones de la 4T que le podamos encontrar algo bueno, algún beneficio? Bueno, algo está ocurriendo con la 4T. Una parte importante de la población se pone a rezar cuando se entera de las propuestas e ideas que quiere implementar esta agrupación. Y eso tiene algo de bueno.
En la historia de nuestro país, lo normal en el electorado ha sido una enorme apatía, una indiferencia importante por las cuestiones políticas. Hasta los finales del siglo XX había una gran despreocupación por la situación del país. Se reconocían situaciones peligrosas, se vivieron asuntos preocupantes, pero siempre había la confianza en que el país era lo suficientemente fuerte y que resistiría incluso las decisiones más erróneas. Ante la visión de peligros reales o imaginarios, siempre se decía que este es un país que ha aguantado mucho. Que, por otro lado, los poderes fácticos pondrían en orden a los políticos y evitarían que causasen demasiado problema. Y, en última instancia, los gringos intervendrían porque no les convendría tener un país vecino con situaciones demasiado diferentes a las que les interesan a los Estados Unidos. Con ese convencimiento, una buena parte de nuestra sociedad dormía el sueño de los justos.
Ya no ocurre así. La llegada al poder de la 4T ha logrado el despertar de esa parte de la población que estaba dormida. Para efectos políticos, el gran cambio que estamos viendo es el de una ciudadanía preocupada y ocupada de una manera que no se había visto probablemente en varias décadas. La ciudadanía y sobre todo la clase media, que era ligeramente mayoritaria antes de la llegada de la 4T, ha cambiado mucho en su posición. Se han convencido de que la política es algo muy importante, tanto que no se le puede dejar a los políticos, sin que haya una participación social.
Ciudadanos de todos los signos políticos han llegado a la conclusión de que necesitamos aprender a razonar, a debatir y difundir, así como manifestar de una manera muy clara nuestras posiciones en lo político. Y esto es un cambio fundamental. Uno que no ha terminado, qué posiblemente tendrá alcances insospechados. Porque claramente podemos esperar muchos bienes de este interés ciudadano.
La gran pregunta es: este despertar, ¿bastará? ¿Llegará a tiempo? ¿Será suficiente? Uno de los temas recurrentes de la oposición es que estamos ante la última oportunidad. Nos quieren convencer de que, si no se logran cambios sustanciales, después será inútil tratar de hacer cualquier cambio. O ocurrirá tan a largo plazo, qué requerirá varias generaciones para lograr mejorar la situación. Cómo pasó en Rusia y en menor medida en los países de Europa oriental que estuvieron en la órbita soviética.
Lo que no queda claro es: ¿qué se le está ofreciendo a esta ciudadanía, que ha despertado y que busca opciones diferentes? En varias de las formaciones políticas, se nos está ofreciendo más de lo mismo, nos tratan de convencer de que así llegaremos a otros resultados. Lo que, según el dicho que se le atribuye Albert Einstein, es una señal de la locura: hacer lo mismo esperando resultados diferentes. Tal vez será porque la oposición política y la mayoría de sus facciones todavía no entienden que, el hecho de que una parte sustantiva del electorado está en contra de la 4T, no significa necesariamente que esté a favor de sus contrincantes. Son muchos los que esperan cambios sustanciales en todas las facciones de la clase política, y están insatisfechos con la oferta actual de ambos bandos.
Pero hay que reconocer que esto ha sido un gran logro. Exageraciones, propuestas poco confiables y una situación de falta de respeto por el votante común han logrado finalmente despertar al ciudadano sin poder. Y mientras unos y otros solo repiten sus propuestas ya conocidas y en muchos casos aborrecidas, el ciudadano ahora está alerta. Ha despertado y será muy difícil volver a adormecerlo con eslóganes de mercadotecnia política. Y esto me parece a mí algo muy esperanzador. Ciertamente, uno de los beneficios que nos ha traído la gestión de la 4T.
Antonio Maza Pereda
viernes, 21 de octubre de 2022
¿Cuándo nos convencieron?
¿En qué momento nos convencieron a la mayoría de la comunidad de que el Gobierno puede hacer todo mejor que la Sociedad?
¿De que busca honestamente nuestro bien, a pesar de que abundan los ejemplos de que “se sirven con la cuchara grande”, en vez de servirnos a todos, y nos convencimos de que ven por el bien de la mayoría, cuando todos vemos muchos casos donde solamente algunos se benefician?
¿Cuándo empezamos a creer que saben educar a nuestros hijos mejor que nosotros, porque nosotros somos inútiles para buscar su bienestar? ¿De qué cuidarán mejor nuestra salud, cuando todos nosotros estamos conscientes de que el sistema de salud pública está dejando afuera a muchas categorías de enfermos, sobre todo a los niños?
¿De qué manera aceptamos que ellos pueden darnos un mejor nivel económico, y que lograrían un reparto más equilibrado de los bienes producidos por la Sociedad? ¿Cuándo quedamos en dejarle la responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente, y dejamos de hacer nuestra parte en su cuidado?
¿De qué nos informarían verazmente como gastan nuestros recursos, cuando estamos viendo que frecuentemente recibimos información equivocada? ¿De que nos representarían dignamente ante otras naciones, preocupándose únicamente de nuestros intereses nacionales?
Y la lista podría seguir de modo casi indefinido. Probablemente nunca tan pocos pudieron convencer a tantos de aceptar sus puntos de vista y negar lo que nos dicen nuestros propios ojos. Porque, no importa cuál es la facción política de que hablemos, todos están convencidos y nos quieren convencer de que la solución está en el sistema de gobierno. “¡Es que no hay otra manera!”, nos dicen una y otra vez. “El problema no está en el concepto de gobierno, está en las personas que lo ejercen. Dennos el poder a nosotros y verán cómo cambian las cosas”, argumentan.
En otras palabras, nos están pidiendo un acto de fe. Fe en el sistema de dar a una minoría el poder sobre la Sociedad. Que la solución está en darle aún mayor poder a alguna de las minorías que pretenden gobernarnos. En lugar de analizar a fondo de qué manera la Sociedad puede administrarse a sí misma, para lograr mejores resultados.
Nos han dividido y el que divide vencerá. Nos han convencido de que no nos podemos organizar solos. Y las facciones políticas podrán estar en desacuerdo en muchas cosas, pero en esto todos están de acuerdo: qué necesitamos que nos gobiernen. Que sin ellos somos inútiles.
Todos lo dicen a su manera: desde el dicho del conde de Floridablanca, que nos decía que “debemos callar y obedecer”, hasta el lema de Porfirio Díaz, “poca política y mucha administración”. Desde el programa de Pierre Samuel du Pont de Nemours, de “dejar hacer, dejar pasar” hasta el concepto marxista leninista, llevado a sus máximas consecuencias por Stalin, de la “dictadura del proletariado”.
Nos han convencido de que solos no podemos y que a futuro podremos menos; que cada vez los necesitamos más y les debemos de dar una cuota de poder cada vez mayor. ¿Será posible que nosotros, los ciudadanos de a pie, los sin poder podamos sacudirnos ese mito dañino de que necesitamos de la casta política para poder funcionar? ¿Habrá manera de que podamos asumir nuestro papel de mandantes para ponerle límites a los mandatarios y tener medios efectivos para llamarlos a cuentas para quitarles aquellas áreas de poder en donde han demostrado que no están sirviendo a la Sociedad?
No será mientras sigamos permitiendo que nos dividan. No será mientras no nos quitemos ese sentimiento de inferioridad frente al Gobierno. No será mientras no hayamos aprendido a construir confianza los unos con los otros. Mientras sigamos creyendo en el gran mito de que del Gobierno debemos esperar todos los bienes, nuestro futuro será de gobiernos cada vez más intervencionistas, que no necesariamente fuertes, y una Sociedad cada vez más débil.
Antonio Maza Pereda