¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

lunes, 3 de febrero de 2025

Aranceles y más aranceles

La semana pasada estalló uno de los retos que hemos estado comentando, el más inmediato, el que tiene consecuencias de largo plazo. El tema de los aranceles que el señor Trump está colocando a las exportaciones mexicanas y canadienses. Aranceles que aún no es muy claro si serán por producto o serán generalizados y que tienen por objeto forzar a ambos gobiernos de esos países para tomar medidas en asuntos que los Estados Unidos quieren solucionar. Por otro lado, son problemas que los EE. UU. no han podido resolver por sus propias fuerzas. Trump supone, en todos los casos, que tanto México como Canadá podrían estar ayudando más de lo que hacen. En este momento lo que propone es un tipo de castigo. Pero estamos en la ignorancia sobre qué es lo que se está pidiendo, en concreto a México o a Canadá. En pocas palabras, están señalando qué resultados se esperan, pero no cuáles serían las medidas para lograrlo. Por ejemplo, piden mayor control de las fronteras, sin decir de qué manera se va a medir y cuáles son las acciones que se espera que estos países lleven a cabo. En el caso de México, en particular, los dos temas fundamentales son el fentanilo y limitar la migración ilegal. No queda claro por qué México considera que imponer aranceles sea problema para nuestra soberanía o una lesión de la dignidad de nuestro país. De hecho, cualquier país tiene en cualquier momento el derecho de imponer aranceles según le convenga a su economía. Y el asunto no se resuelve pidiendo mantener un diálogo entre iguales o el respeto a la dignidad de nuestro país. Lo cual, por otro lado, muchas veces esa no es una defensa suficiente. Es verdaderamente raro poder recordar algún caso de una nación fuerte que haya sido detenida en sus acciones contra una nación débil solamente con apelar al respeto a la soberanía del débil y a la dignidad de los pueblos. La triste realidad es que una nación débil no tiene más posibilidad que negociar todo lo que pueda, tratar de obtener la mejor opción posible, pero que finalmente la nación fuerte obtendrá la mayor parte de lo que desea. Y eso es algo sumamente difícil de evitar. Hemos dicho que en esto tenemos una gran incógnita. ¿Qué es lo que, de fondo, está pidiendo el gobierno de Trump? En esto no nos queda más que especular, porque no se ha hecho una declaración precisa en ninguno de los dos frentes. Supongamos, por ejemplo, que la idea del señor Trump para reducir el problema del fentanilo es pedir que México extradite a un cierto grupo de personas que ellos ya tienen ubicados y que son los que de fondo manejan ese mercado. Y que tal vez entre ellos pudieran estar personas allegadas al gobierno. Claramente, en ese caso sí valdría decir que el gobierno pide que respete nuestra soberanía y que no vamos a aceptar que nos traten de esa manera. El mero hecho de pedir que haya menos fentanilo es mucho más difícil de medir y de exigir. Por otro lado, supongamos que se quiere mejorar la situación de las empresas de Estados Unidos de tal manera que puedan ser más competitivos en su propio mercado. Y una de las quejas que se han hecho con frecuencia es que México, debido a que tenemos salarios sustancialmente más bajos que los de Estados Unidos, tenemos una competencia que ven como desleal. Y que esa diferencia está provocando cierta cantidad de desempleo en ese país. ¿Podría, por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos pedir que las empresas exportadoras de México paguen salarios equivalentes en su poder adquisitivo al que se les paga a los trabajadores de los Estados Unidos? En tal caso, sí podría pensarse en que se tiene un piso parejo para la competencia. No es algo sencillo, pero finalmente no es algo tan difícil de medir. Y puede haber un modo de certificar que eso está ocurriendo. Obviamente, habría empresas mexicanas que no podrían competir en esas condiciones, pero a lo mejor habría otras que seguramente lo podrían hacer. De hecho, algunas de las compañías automotrices establecidas en México son las más productivas del mundo, precisamente porque tienen mayor automatización y menor uso de personal. De hecho, no sabemos qué es lo que efectivamente nos están pidiendo. En eso deberíamos tener alguna idea más clara. Da la impresión de que existe un protocolo secreto, que existen peticiones que no conoce el público en general y que efectivamente podrían calificarse de lesivas para nuestra soberanía, el respeto y la dignidad de los mexicanos. Sin embargo, mientras no sepamos eso, no tenemos realmente ninguna base. La noción de que todo se va a resolver con ideas como que tenemos planes A, B, C o más, no garantiza que vamos a resolver la situación. No se ha hablado de otros problemas de fondo. Verdaderamente, tenemos que ver cuál sería el impacto en nuestra sociedad, de dónde va a financiarse el costo de crear empleos para los cinco millones de emigrantes que piensan deportar. ¿Dónde se obtendrá el dinero para la inversión en esos puestos de trabajo? Tampoco hemos hablado de cuál sería el impacto de dichas deportaciones en las remesas que recibimos de los migrantes. Lo que necesitamos es más claridad, que tengamos mejor conocimiento de cuáles son las verdaderas exigencias de Trump para poder proponer soluciones. Los aranceles son solo el arma con la que nos amenazan para exigir ciertos resultados. La cantidad que recauden los EE. UU. mediante los aranceles, no basta para resolver el tema del fentanilo ni el de la emigración ilegal. Por otro lado, defender a México amenazando con imponer otros aranceles, no resuelve la situación. Tan es así, que el señor Trump ya dijo que, en tal caso, simplemente subirá a su vez los aranceles. Lo que no sabemos con precisión es qué Trump le está pidiendo al gobierno mexicano. Claramente, nuestro Gobierno no ha confiado en la ciudadanía para mantenernos informados. Por ello, solamente tenemos respuestas vagas. Sí, sabemos cuál es el resultado que quieren. Sabemos con qué nos están amenazando. Pero no que nos piden que hagamos. Antonio Maza Pereda

lunes, 27 de enero de 2025

Retos 2025

Iniciando el año 2025, estamos en la época cuando muchos hacen pronósticos. ¿Qué nos traerá este nuevo año? No pretendo hacer profecías, que son famosas porque casi siempre fallan. Pero por lo menos hay que tener alguna idea de cuáles son los principales retos que enfrenta nuestro país. Tanto en el año 2025, pero también para los años siguientes. Puede haber diferentes tipos: retos para la Sociedad, retos para el Gobierno actual, retos para la oposición y algunos más. Hablando de la Sociedad, tal vez el reto más importante es lograr alcanzar la paz. Es necesario que se termine con la siembra sistemática de odio que nos ha caracterizado en los últimos años. Para ello también cuenta la influencia de los Estados Unidos. Si se cumplen algunas de las promesas de campaña del presidente Trump, probablemente presenciemos la guerra sintética, una guerra donde no se ataca a los ejércitos, sino que se cometen asesinatos individuales de personas que se les considera nocivas para lograr alcanzar el triunfo para quienes están combatiendo. Posiblemente, esto es lo que intentará el Señor Trump: intervenciones quirúrgicas, para eliminar a algunos a los que considera los principales enemigos de su país. Otro reto: ¿qué ocurrirá con nuestra economía? ¿Habrá una recuperación mundial? ¿Continuará la situación de endeudamiento importante de los principales países desarrollados? ¿Inflación o deflación? Tal parece que los bancos centrales están jugando un poco al aprendiz de brujo, bajando las tasas de interés. ¿Se dará reversa al impulso de la globalización? Obviamente, la situación internacional nos afectará como país. Para este Gobierno, el reto fundamental es contener el gasto, cumplir con la oferta de reducir el déficit público, y lograr un balance entre el gasto y los ingresos, algo difícil de lograr. La mejor muestra de que esto está siendo un problema, es el modo como han tratado de quedarse con los fondos de los trabajadores en el INFONAVIT. Algo que ha sido cuestionado muy fuertemente, sobre todo por los sindicatos que consideran que ese es un dinero que no es del Gobierno y no tiene derecho a utilizarlo. Claramente, se está buscando de qué manera se puede balancear el gasto que se ha programado cuando los ingresos no se prevén amplios. No se habla de reforma fiscal. Más aún, se ha dicho que no existirá un aumento de impuestos, pero resulta difícil creer que se pueda cumplir con esa promesa. Por otro lado, ¿qué se espera de la inversión? Se han hecho promesas muy alegres, que muchas veces no consisten realmente en la inversión de lo que algunos llaman dinero fresco, sino la reinversión de las utilidades que ya obtuvieron y que están en el país. Mismas que ya están utilizadas en muchas formas, como capital de trabajo, equipamiento, reparación, ampliaciones mayores, y otras cosas de ese estilo. Este es un problema fundamental. Habrá que esperar y ver si la empresa privada cumple con lo ofrecido, o si esperan a ver qué condiciones nos impone nuestro mayor socio comercial. Un reto importante, el llamado Near Shore, la relocalización de las capacidades productivas. Se ha mencionado como la gran promesa de los próximos años para México, porque tenemos una posición envidiable de cercanía al mayor mercado del mundo, con un acceso amplísimo y costos de logística muy bajos. Un obstáculo relevante es la intención de los nuevos gobernantes de los Estados Unidos, de evitar lo más posible las importaciones. En el vocabulario del señor Trump no existe el Near Shore, sino el No Shore. Es decir, importar lo menos posible. Tristemente, no hemos hecho suficiente en inversión de infraestructura, de carreteras, de vías férreas, para aprovechar esta situación. El área para desarrollar es la logística. Y esto no ha ocurrido. Las inversiones del sexenio pasado han tenido más que ver con turismo, y Pemex. Una inversión menor, para llevar a cabo el famoso ferrocarril transoceánico, el cual, por cierto, es un proyecto que procede del siglo XIX, en el fallido tratado Mac Lane-Ocampo, que no se llevó a cabo, aunque ya preveía la necesidad de crear ese ferrocarril. Y en casi 200 años estamos todavía estancados en esa misma idea. Lo cual podría ciertamente ayudar, reduciendo los costos de pasar por el canal de Panamá. El punto central para que se desarrolle verdaderamente la inversión en general y en particular el aprovechamiento del Near Shore, es la seguridad de tener un verdadero Estado de derecho, sobre todo en los aspectos de derecho mercantil, para que no sea un verdadero calvario tener que cobrar deudas insolutas. Por supuesto, eso tiene que ver también con tener un sistema judicial creíble que, verdaderamente, pueda garantizar que sea un contrapeso al ejecutivo. Seguramente hay otros retos importantes, tal vez de mucho más largo plazo. ¿Cómo mejoramos la educación privada y pública? Que ambas necesitan ser renovadas. ¿Cómo mejoramos la generación de tecnología propia? Que es una de las ofertas cruciales del nuevo régimen, y que requiere de una buena cantidad de inversión en recursos humanos. En lo cual tuvimos un atraso importante en el sexenio pasado. Un gran reto de nuestra presidenta, es mantener la unidad de la 4T. En su primer trimestre de gobierno, ya empiezan a ocurrir las acusaciones y descalificaciones entre los políticos que compitieron con la doctora Sheinbaum por el nombramiento como candidata presidencial. Mientras que otro precandidato, procedente de un partido aliado, ya está anunciando la formación de un movimiento para ser presidente el próximo sexenio. Hay un reto mayúsculo: el de lograr la confianza de ese 46 % del electorado que no votó por el Gobierno actual. Y también lograr, por el lado de la oposición, reconstruir partidos, movimientos o sociedades intermedias viables, y que verdaderamente empiecen a influir sobre la Sociedad. Año de retos y, como ocurre con frecuencia, un año que puede traer oportunidades, si no nos dejamos paralizar por estos temores. Antonio Maza Pereda

viernes, 20 de diciembre de 2024

Observatorios ciudadanos

En estas páginas se han propuesto, como medio de participación apartidista de la ciudadanía, crear observatorios de la acción del gobierno y de las situaciones de nuestra Sociedad. Hay ventajas al crear observatorios. No requieren de un gran número de miembros, como lo requeriría un partido. Pueden establecerse muy rápidamente y empezar con un grupo relativamente pequeño de participantes, debidamente cualificados para lo que se está haciendo, con un costo relativamente bajo, porque no se requiere tener una estructura importante como la podrían tener algunos organismos gubernamentales. Pueden empezar en pequeño y ser fácilmente escalables; hacerlos crecer conforme se va desarrollando el tema. Y también establecerlos por área. Por poner un ejemplo: un observatorio de la situación económica, podría empezar con un observatorio de los precios del aguacate. Algo relativamente fácil de llevar a cabo con un grupo relativamente limitado de personas. Después, irlo escalando conforme se va aumentando el número de participantes, llevarlo a otras áreas donde se puede hacer la misma observación sin un costo sustancialmente mayor. Por ejemplo, el precio de los limones. Hay que considerar que los observatorios reflejan la opinión pública. Aquí habría que hacer una distinción. Estamos hablando de auténtica opinión pública. Hoy en día se habla de que los medios, los periódicos, las cadenas de televisión, son opinión pública. La realidad es que no siempre la reflejan, Y por ello se habla que no es información pública, sino la información publicada. Que es algo muy diferente. Esta es fácilmente manipulable y, de hecho, puede responder a las ideas o a intereses de quienes publican. Mientras que, en un observatorio ciudadano, tenemos una opinión pública que es más difícil de manipular. Aunque también hay que considerar que, si la oposición puede crear este tipo de observatorios, también el gobierno puede crear los suyos y salir con el argumento de que “tienen otros datos”. Habría que definir el alcance de estos observatorios. Y tener una idea de que es necesario validar tanto el contenido, como su independencia. Lo que uno esperaría es que fuera el propio público el que validara lo que se está publicando. Y hay que generar también un esquema para ello Ya se han comentado aquí algunos temas de observación. Sin pretender ser exhaustivo, estas son otras posibilidades: • Mortalidad y morbilidad de diferentes padecimientos. Entendiendo la morbilidad como la frecuencia con la que ocurre un padecimiento en la población, y la mortalidad por la posibilidad de morir, una vez que uno adquiere la enfermedad. • Abasto de medicamentos, tanto al sector público como al privado. Que tan frecuentemente se encuentra escasez de determinados medicamentos, como ocurrió durante la pandemia, en la que fue muy visible una reducción importante de los medicamentos y de la atención para los niños con cáncer. • Retrasos en las citas, para poder acceder a los servicios de salud de segundo o de tercer nivel. • Cómo cambia la esperanza de vida. Conocer las opiniones sobre las razones por las cuales esto ocurre y medir la cantidad de enfermedades prevenibles que se están dando. • Educación, tanto pública como privada. ¿Qué tan disponible está para el público en general, así como la calidad de la enseñanza que el alumnado recibe? • La empleabilidad de los egresados de los distintos niveles, visto desde el ángulo de los empleadores, cuál es la necesidad de cursos remediales, para poner en condiciones de llevar a cabo un empleo en los que están siendo contratados. • Remuneración, tanto de los docentes como de los egresados. • Derechos humanos: ¿cuántos hechos denunciados han requerido de llevar a cabo protestas o manifestaciones para lograr ser atendidos por los funcionarios públicos que tienen la obligación de resolverlos? ¿Qué tanto las recomendaciones de derechos humanos, pueden hacerse obligatorias para el gobernante? Lo importante es tener conciencia de asuntos que requieren de una observación del ciudadano, para poder validar la acción del gobernante. Es de esperar que los gobiernos no acepten este tipo de vigilancia, porque están buscando la gobernabilidad y, para la clase política, esta procede de que no los cuestionen. De manera que es muy difícil lograr que un gobierno pueda hacer este tipo de observación de modo imparcial. La validación de los observatorios ciudadanos, entonces, debería darse por la propia ciudadanía. Siempre habrá discrepancias con los gobiernos cuando se establezcan observatorios. Ahí está precisamente la demostración de que son necesarios. Y nos urge tener verdaderamente otro tipo de información que la que el gobierno nos permite conocer. Antonio Maza Pereda

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Oposición ciudadana

Antonio Maza Pereda En las últimas semanas, se ha estado hablando de desarrollar una nueva oposición. Quienes lo están proponiendo, hablan de crear un nuevo partido o algo similar. No se está considerando la necesidad y la importancia de tener una oposición ciudadana, desarrollada por votantes que están tratando de intervenir en el desarrollo de nuevas ideas, nuevos conceptos para el manejo del gobierno del país. Una oposición ciudadana que no esté orientada a crear un nuevo partido, a la que podríamos llamar una oposición apartidista. Es importante considerar que la materia prima de un buen gobierno, es información con alto valor agregado. Desgraciadamente, estamos trabajando básicamente con información que tiene el valor de dato. Un dato que a veces no está confirmado o, en todo caso, su único valor es el hecho de estar disponible. Para que podamos hablar de información, esos datos tienen que estar validados, clasificados y fácilmente recuperables. Para tener un poco más de valor, podríamos cambiar esa información en conocimiento, agregando análisis, con el mayor valor posible. Ahí ya tendremos validada y disponible esa información con una investigación, un análisis completo. De ahí podríamos pasar a otro nivel, donde el conocimiento se convierte en inteligencia, que ya tiene una idea clara de los hechos, de las consecuencias de ese conocimiento, y se pueden hacer evaluaciones en forma de pronósticos o de escenarios. Y finalmente llegaríamos al máximo grado de valor que pueden tener esos datos que originalmente eran de muy poco valor, cuando se convierten en sabiduría: tenemos un aprendizaje que permite aplicar esa información a otros campos diferentes de aquel donde se originó. Se habla de que la información es poder, lo cual en parte es cierto. El problema es que muchos, en el gobierno, consideran que el poder de la información consiste en poderla ocultar, en convertirla en secretos de Estado, para poderla usar según lo deseen. Esa idea de ocultar la información no es algo nuevo. Winston Churchill decía que la verdad es “algo tan valioso, que hay que protegerla mediante una escolta de mentiras”. En pocas palabras, hay que ocultarla y hacerla difícil de entender. Desde luego, muchos operan así. La información es relevante cuando sabemos sus consecuencias, cuando podemos convertirla en sabiduría y cuando nos sirve para tomar decisiones. Desgraciadamente, algunos ocultan información y conocimiento, con el objeto de evitar que sean atacados por las decisiones de su gobierno. Una de las ideas que podría manejar la sociedad civil, sería la formación de observatorios ciudadanos: grupos de votantes, debidamente formados, que analicen las acciones que están ocurriendo en el país, los trabajos del gobierno y den un juicio sobre ello. Hay varios campos donde se pueden crear estos observatorios. Recientemente, y en parte por una participación importante de las Iglesias, se han creado observatorios de la paz, que están en proceso de desarrollo: un ejemplo de una red de observatorios ciudadanos. Un observatorio tiene varias tareas a desarrollar, por ejemplo: • ¿Cuál es la situación en el asunto que se está estudiando? Supongamos que es el tema de la paz. ¿Cómo está? ¿Cuáles son las raíces sociales? La pobreza, por ejemplo, la impunidad, el mal desempeño de los gobiernos, incluso conceptos de tipo ideológico. • ¿Cuáles son sus tendencias? Este problema de la paz, ¿aumenta o disminuye? ¿En qué área se vuelve más agudo? Y, por supuesto, ¿cuáles son las motivaciones de quienes están actuando en contra de la paz o quienes, por omisión, han permitido que crezca el odio? • Pensar en las raíces de la impunidad. Entre otras cosas, habría que ver cuál es la estructura de los que están contra la paz. ¿Hay grupos desorganizados o se habla de delincuencia organizada? Sabemos con bastante claridad que se está confundiendo la delincuencia organizada con ataques a la paz, que no necesariamente siempre es el único caso. • La otra parte que hay que ver es: cuáles son las propuestas concretas, cuáles son las posibles soluciones para tener la paz. Porque hay muchos modos de tener paz, como ocurrió en algún momento en la llamada pax romana, donde había paz en el imperio romano por la opresión militar que se ejercía sobre muchas comunidades. O lo que ahora se dice de la pax narca: zonas del país donde hay relativa tranquilidad, porque ya quienes dominan son los narcos y no existe oposición. Otro observatorio importante es el de lo económico. Viendo cuál es la situación, tratando de definir con claridad qué tan buena y qué tan oportuna es la información económica que estamos recibiendo de parte del gobierno. • ¿Cuáles son las bases para que haya un buen desarrollo económico? Se habla, entre otras cosas, de la confianza que existe en la sociedad, no solamente hacia el gobierno, sino también hacia la estructura misma de los negocios. ¿Cuáles son las ventajas competitivas y comparativas que tiene nuestro país para poder ser exitoso en ese aspecto económico? • Asuntos de tipo ideológico, en donde se habla de que algún sistema es muy bueno para generar riqueza y otro es el bueno para poder distribuirla. • ¿Cuál es la situación global en la economía? No podemos seguir pensando en que somos los únicos que generamos movimiento económico. Estamos en una situación global, nos guste o no, concuerde o no con nuestras raíces ideológicas. Una situación global que se ve no solo en la economía, sino también en el conocimiento, en el aspecto de las patentes y los secretos industriales. Y, un punto importante para poder obtener provecho de la economía y de las investigaciones, es la valoración de la investigación y el desarrollo. Hay más posibilidades de tener observatorios, que ya no caben en este pequeño ensayo, pero que abordaré próximamente. Lo que es muy relevante en todos estos observatorios es lograr que los observadores puedan obtener el conocimiento, agregarle valor, ver la situación actual y sus tendencias, cuáles son las soluciones y sus consecuencias, y darle difusión. Porque finalmente, generar resultados de observatorios no es suficiente. Se necesita poder poner esa información lo más ampliamente posible en manos de la ciudadanía. Antonio Maza Pereda

viernes, 13 de diciembre de 2024

Apartidismo

De un artículo anterior, surgieron algunas preguntas de mis lectores. “¿Por qué la obstinación en el apartidismo?” "¿Por qué la insistencia en la necesidad de una oposición apartidista?” A lo cual le di una respuesta relativamente breve, diciendo que la razón de ser de los partidos, es obtener el poder para un grupo y lograr que gobierne. Pero al mismo tiempo es su mayor tentación: la corrupción. Obviamente, tuve algunas observaciones que vale la pena aclarar. Partiríamos de una cita famosa de un político inglés, del siglo XIX, Lord Acton, quien decía, y cito: “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Claramente, no es el único que ha opinado así. Se encuentran algunas citas parecidas en Maquiavelo y en Rousseau, uno de los ideólogos de la Revolución Francesa. Así como en Mijaíl Bakunin, uno de los fundadores de la corriente moderna del anarquismo. Lo que se puede criticar aquí es lo absoluto del dicho. Es decir, que no hay ninguna otra opción: que quien tiene poder absoluto, siempre se volverá absolutamente corrupto. Lo que no necesariamente ocurre. Pero también es cierto que es una gran tentación. Claramente, cuando alguien tiene el poder absoluto, es decir, un poder sin contrapesos, un poder sin frenos, verdaderamente requiere ser un verdadero santo para no abusar de ese poder. El modelo actual de nuestra democracia, no solamente en nuestro país, sino en el mundo entero, es muchas veces tener un poder concentrado en partidos políticos. Desde quien tiene un partido único, hasta quien permite cantidades inmanejables de partidos políticos. Finalmente, se busca concentrar poder, sea a través de las votaciones, o a través de alianzas. Habría que desarrollar un modelo donde el papel de los partidos fuera diferente. Donde no tuvieran que estar conectados necesariamente con el ejercicio del poder, sino solamente el de concentrar, concertar y combinar las elecciones para poder elegir a quienes deben de gobernar según la ciudadanía. Y una vez hecho esto, dejar de tener un papel en el gobierno en cualquiera de los tres poderes. Claramente, podemos pensar que esto es una utopía. Y también es cierto que es difícil lograr una reforma integral de los partidos políticos. Hay que discutir si el papel de los partidos debe ser temporal, actuando solamente mientras duren las elecciones. Tenemos que lograr tener “un piso verdaderamente parejo” para todos los participantes. Lo cual, hoy en día, cuesta mucho trabajo lograr. Los partidos existentes han estado recibiendo cantidades importantes de recursos que les han permitido desarrollar capacidades que les permiten estar en ventaja ante sus contrincantes. Para tener “un piso parejo”, habría que eliminar la posición competitiva, construida por años y décadas de estar recibiendo recursos, que les han permitido crear ventajas que son difíciles de remontar por quienes crean un nuevo partido. En esta utopía, podría pensarse en una moratoria de, por lo menos, unos cinco o diez años, durante la cual los funcionarios de administraciones anteriores a todos los niveles tendrían prohibido participar en los partidos políticos y en las elecciones. Para que no puedan aprovechar un prestigio que fue generado a través de fondos financiados por la ciudadanía y por sus impuestos. También, obligar a los partidos a cambiar de nombre, colores e imagen, porque eso ha sido resultado de una inversión que hizo la ciudadanía para permitirles operar. Y podría haber otros cambios parecidos. Pero reconozco que esto, verdaderamente, es difícil. Pero el concepto es adecuado. Deberíamos tener una idea clara de cómo se podría crear ese “piso parejo” para los partidos reformados. Se necesitaría también una auditoría ciudadana, independiente de los partidos, que se asegurara de que estas reglas se cumplan. Y, desde luego, leyes que pudieran hacerse cumplir por jueces adecuadamente preparados para ello. No es fácil, hay que reconocerlo. Hay que tratar de ver hasta dónde se puede llegar, porque esto tiene grandes dificultades. Por un lado: ¿dónde hay ciudadanos que no hayan participado en los niveles importantes de decisión de los partidos existentes, que se formen y tengan la disponibilidad para poder encauzar la democracia con nuevas instituciones? Por otro lado, que tengan conocimiento de la política y de la democracia para poder mejorarla. Habría que pensar en una transición. Es claro que no podemos aspirar a un remedio rápido, ni completo. Sería una labor de ir construyendo poco a poco lo necesario. Apostar también a la educación de la ciudadanía, para que pueda exigir, a quienes estén desarrollando esas nuevas posibilidades y a quienes los auditen, que reformen esta parte de la democracia. Finalmente, habría que confiar en que esto será posible, gracias al sentido común del votante. Creer lo que en algún momento dijo Abraham Lincoln: que “no se puede engañar a todos durante todo el tiempo”. Ese sentido común, nutrido por un conocimiento profundo de lo que significa ser ciudadano. Eso es lo que puede modificar nuestra situación. Antonio Maza Pereda

lunes, 9 de diciembre de 2024

¿Verdaderamente, necesitamos una oposición?

La respuesta es sí, pero no cualquier tipo de oposición. Los partidos que actualmente están haciéndola de oposición, están en una situación de implosión. ¿Qué quiere decir eso? Que se vuelven pequeños y más pequeños, cada vez menos y menos relevantes, menos prestigiados. Y eso no puede durar mucho. Los partidos satélites, los que forman parte de la alianza gobernante, tampoco tienen mucho futuro. Seguirán en la medida que les permitan vivir y les convengan a la 4T. Por otro lado, se está proponiendo la creación de nuevos partidos. No queda muy claro quiénes serían los más adecuados. Es claro que eso no basta. Habrá que tener un sistema para crear nuevos partidos, porque son útiles para organizar a la ciudadanía en las elecciones. Pero más allá, es importante tener formaciones ciudadanas, lo que algunos tratadistas llaman las “organizaciones intermedias”. Que no son el Estado, que es la expresión máxima de la organización de la sociedad. Pero tampoco son la familia, que es su célula, sino que tienen un lugar intermedio. Lo que necesitamos es una oposición apartidista. ¿Qué significa esto? Una oposición que no dependa de los partidos y que, de alguna manera, rechace ser parte de estos. ¿Cuál es la razón de fondo de no querer tener una oposición apartidista? La esencia de los partidos políticos es obtener y consolidar el poder. Crear una base que les permita gobernar. Para eso existen. Si no tienen esa idea, ciertamente no sirven como partidos. La función de los partidos es, precisamente, ganar elecciones. Y ahí está también su gran tentación. Es que, al final de cuentas, quien busca gobernar, busca la gobernabilidad. No hay gobernabilidad más completa que la de los totalitarismos. Que son, justamente, formaciones políticas que buscan eliminar cualquier posible oposición o contrapeso para poder gobernar de manera absoluta. De esto se dan diferentes variantes. Y otras maneras de gobierno, incluyendo diferentes tipos de tiranía. Esa es la gran tentación de los partidos políticos. Claro, también están lo que se llaman los poderes fácticos. Asociaciones empresariales, por ejemplo. Grupos de asociaciones que viven de las mercedes del gobierno y que dependen de ello. El famoso cuarto poder, el poder de la prensa, que también forma parte de este tipo de oposición, de alguna manera. Y otros más: grupos corporativos, religiosos y hasta algunos de la delincuencia organizada. Pero lo que necesitamos, de lo que estamos hablando, es que en la Sociedad Civil, la que no es parte de los partidos, y que no depende de ellos, puede y debe tener otras funciones. Con sus ventajas y sus desventajas. Entre otras que, por definición, está atomizada, muy dividida, muy dispersa, y carece de organización, que es probablemente la mayor de sus debilidades. Este concepto de una oposición apartidista no es común y no existe en muchos países. Es necesario desarrollar estos conceptos, de los que hay poca experiencia, pero que son fundamentales. ¿Cuáles serían las funciones que uno esperaría de una oposición apartidista? Por supuesto, se daría por hecho que no tratan de obtener el poder para sí mismos, sino que buscan instruir y conducir a la sociedad, a los ciudadanos, para que participen en política desde su lugar, en organizaciones intermedias. Algunos ejemplos: • Análisis de la situación política y social del país. Actualmente, lo que tenemos es casi un monopolio estatal de la información, más algunas fuentes adicionales, entre otras, la prensa, los medios organizados, las redes sociales. Necesitamos cambiar el papel que tienen los partidos en la difusión y análisis de la información. Los partidos, como es costumbre, siempre negarán lo positivo que ha hecho su opositor y también destacarán lo negativo. Es fundamental tener información sin sesgo o, al menos, diferentes modos de interpretarla. • Educación política y social de la ciudadanía, del votante. Que conozcamos las bases de la política y de lo social. Entender las consecuencias de las leyes y de la propia Constitución, de manera de poder informar y discutir de modo informado. • Un gobierno en la sombra. Algo que existe en algunos países, que a veces lo aplican los propios partidos políticos, y que en México no se ha logrado consolidar, aunque ha habido algunos intentos. La función del gobierno en la sombra es analizar lo que el gobierno está ofreciendo y lo que está logrando. Proponer opciones. Analizar las consecuencias de los hechos del gobierno, en los tres poderes de la Unión. Estaría formado por especialistas y ciudadanos comunes que se dediquen precisamente a analizar la labor del gobierno. • Agenda ciudadana. Actualmente, su definición está en manos del gobierno y de los poderes fácticos. Y han sido extraordinariamente exitosos para influir en el votante. Buscar el monopolio de esa agenda, es fundamental para cualquier gobierno autoritario. Necesitamos tener alternativas, evitar ese monopolio y dar a la ciudadanía otras opciones. Y esto se crea analizando, básicamente, cuáles son las prioridades de la ciudadanía y las del país. • Debate civilizado, bien informado, sin tendencias de tipo partidista, hasta despersonalizado, donde no se trate de atacar a las personas. Evitar el ataque personal, que nos ha hecho muchísimo daño en nuestro país. Cuando se ataca a un gobernante porque tiene el pelo blanco, o porque tiene kilos de más o de menos, hemos perdido la base, la noción de debatir. Se trata de evaluar sus propuestas, sus resultados, sus actuaciones, pero de un modo despersonalizado. Tener un debate civilizado, evitando cualquier ataque a las personas, que es una de las formas más usadas de falacia que se usa en la política mexicana. • Auditoría ciudadana de la labor de los gobiernos, con auditores que no tengan una relación ni dependencia del gobierno. De manera que puedan dar una opinión desinteresada. El gobierno tiene sus propios medios para hacer su auditoría; es una evaluación pagada por ellos mismos. Falta una auditoría independiente. Será un largo camino, la solución no es sencilla, pero es imprescindible. No podemos pensar en salir de una situación tan estancada como la que estamos teniendo, sobre todo pensando en que se está dejando de escuchar a un porcentaje muy importante de la ciudadanía. Presenciamos la decadencia de una oposición partidista y una ciudadanía en confusión, con temor, y sin ver de qué manera puede contribuir al bienestar del país, sin pasar por el yugo de los partidos políticos. Tenemos que salir de esta situación. Y los partidos, viejos y nuevos, no nos sacarán de ella. Antonio Maza Pereda

domingo, 1 de diciembre de 2024

Revirtiendo el autoritarismo

Una cuestión importante, después de haber reflexionado sobre el totalitarismo, es: ¿verdaderamente se puede revertir una situación así? La oposición en este 2024 tomó como un tema frecuente decir que, si caemos en dictadura, ya no habrá vuelta atrás. Ese era el asunto más relevante en su campaña, el cual fue desestimado en general por el votante, que le pareció que no era para tanto. Que, efectivamente, si tuviéramos un gobierno que no fuera el adecuado, se podía dar vuelta atrás siguiendo las condiciones que nos garantizaba la Constitución. Lo que no resultó real, dado los cambios que se hicieron a la misma. Decía Abraham Lincoln: “Es posible engañar a todos por un tiempo, y también es posible engañar a unos pocos por mucho tiempo, pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”. Dicho en otras palabras, tendríamos el refrán que dice que “no hay mal que dure 100 años”. A lo cual respondía algún gracioso veracruzano: “Ni canijo que lo aguante”. En términos generales, esto es cierto. Los males finalmente se pueden revertir de una manera u otra. Pero no pasa espontáneamente, no ocurre meramente porque se alineen las estrellas y deje de haber una dictadura. Generalmente, tiene que haber algún tipo de reacción que permita cambiar las cosas. En parte, la dificultad viene de una serie de creencias del ciudadano, que le impiden reaccionar de una manera eficiente ante casos como los que estamos viviendo: la construcción, todavía incompleta, del totalitarismo. Una de ellas es el mito, que muchos ciudadanos creen, de que la solución de todos nuestros males está en los gobiernos. Si solo tuviéramos un buen gobierno, dicen algunos, las cosas serían diferentes. Lo cual no es necesariamente cierto. Las soluciones, generalmente, están en la propia ciudadanía y no en el gobierno. El otro mito es pensar en que el ciudadano común, el ciudadano sin partido, es un individuo inerme, débil y sin capacidad de reaccionar. Al que le llamamos él sin poder, el que no tiene manera de oponerse a una fuerza tan aplastante como puede ser la del Estado, y menos aún en el caso de un gobierno autoritario. La gran desconfianza del ciudadano en el gobierno, en los gobernantes, no se traduce en acciones. Y, finalmente, una fe ciega en las ideologías que tiene una buena parte del electorado, pensando que ellas son la solución para todos y que en general las mismas tienen respuestas válidas para cualquier tipo de situación, a la que se pueda enfrentar la Nación. No es sencillo y probablemente se requiera algún tiempo, pero la solución de fondo para revertir un totalitarismo bien instalado depende, básicamente, de una ciudadanía muy consciente de lo que está ocurriendo, instruida en temas de política e incluso en otros puntos como antropología y ética filosófica. Por otra parte, además de la instrucción, se requiere una ciudadanía con decisión, que esté dispuesta a hacer cosas concretas para evitar el avance del autoritarismo. El gran problema de nuestra situación actual es que tenemos un gran desánimo. El de todos aquellos que no estuvieron de acuerdo con las votaciones actuales y que se dan cuenta de que, a pesar de tener una proporción muy importante, del orden del 47 % de la votación, no están siendo tomados en cuenta. Porque los triunfadores han logrado, por diversos medios, quedarse con la decisión crucial: la de cambiar la Constitución que nos rige. Y ese desánimo, ese pensar que ya no hay nada que hacer, nos pone realmente en una situación de indefensión. Decía Benito Juárez, en el tiempo de las guerras de Reforma, que la oposición estaba moralmente derrotada. Y esta es una frase que ha vuelto a usar Andrés Manuel, nuestro anterior presidente. Suponiendo precisamente que ese desánimo, ese pensar que ya no hay nada que hacer, son el tipo más claro de derrota que puede tener una oposición. Y mientras no logremos revertir ese pensamiento de que ya no hay nada que hacer, será muy difícil evitar este totalitarismo que se está instalando en nuestro país. Se necesita que la ciudadanía tome papeles de distintos tipos. Habrá quienes tengan que participar directamente en la política, otros que influyan en la economía, y otros más que tendrán papeles en asociaciones intermedias. Aceptar que hay multitud de roles no partidistas que son necesarios y fundamentales para poder salir adelante ante una situación de autoritarismo. Nos encontramos, pues, en una división interna y mientras no logremos superar esa división, al menos en algunos conceptos, será muy difícil lograr que realmente hagamos una reversión de esta tiranía. Tendríamos, como ciudadanía, que dar un manazo en la mesa. Es decir, exigir que se nos tome en cuenta. Llamar de diferentes maneras a una unión, pero una en donde todas las partes que se deben de unir, cedan un poco y permitan espacio a los demás. Tenemos necesidad de mejorar, porque no bastan los eslóganes que se han estado usando como soluciones. Y todo ello, con una ciudadanía consciente, instruida y decidida, capaz de exigir que se respeten sus derechos. Antonio Maza Pereda