¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
Mostrando entradas con la etiqueta Campaña electoral 2024. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Campaña electoral 2024. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de abril de 2024

“Dinero maldito…”

 Es interesante que, en la contienda presidencial, se está utilizando el hecho de tener dinero como un indicador de la maldad de los contendientes. En las acusaciones mutuas, sobre todo en el primer debate y su post debate, apareció de manera reiterada el tema de la cantidad de dinero que tienen quienes compiten. Aparentemente, como muchos creen, el hecho de tener dinero, es igual a ser una mala persona y, por lo contrario, el tener escasos recursos es una garantía de que la persona es buena. ¿Cómo llegamos a esta idea?  Francamente, lo ignoro.

Pero es algo arraigado profundamente en una parte importante de la población e impulsado fuertemente por los políticos, tanto de la izquierda populista como los integrantes de la dictadura perfecta. Una interpretación que no se sostiene en los hechos, pero qué es creída por muchos. No cabe duda de que el concepto forma parte de nuestra cultura tradicional. Una de las canciones rancheras más exitosas de principios de los cincuenta del siglo XX, hablaba del “dinero maldito, que nada vale”. Y no es el único caso.

Mientras que los adherentes de la 4T presumen de su pobreza franciscana, incluso como la solución a muchos de los problemas nacionales, la oposición evita el tema y trata de no hablar de su posición en ese aspecto. De hecho, de acuerdo con nuestras leyes, cualquier habitante del país tiene derecho a hacer dinero. Para la Ley, no es malo tener propiedades y bienes, mientras se hayan adquirido honestamente y se hayan cumplido todas las leyes de tipo fiscal, así como las que prohíben crear una fuerza monopólica. Pero no cabe duda de que este concepto no ha penetrado fuertemente en la población.

Para muchos la fortuna se ve como algo dudoso. Por definición, porque quien es pobre no tiene capacidad de ahorrar.  La acumulación se considera sospechosa. Y muchas veces se crean leyes que buscan modos de penalizar el acopio de recursos económicos. Con bastante frecuencia se sataniza la ganancia, y se habla de las empresas no lucrativas como algo intrínsecamente bueno. A pesar de que puede haber algunas que sirven de tapadera para la corrupción. La idea de lucro tiene muy mala fama.

No está claro, para nuestros representantes populares, que las empresas necesitan tener utilidades. Y esto ocurre por muchas razones. La utilidad es la recompensa por el hecho de que el inversionista está tomando un riesgo.  Claramente, cuando no hay riesgo en un negocio, puede haber dudas de su ética.  Esto ocurre con frecuencia en el sistema mercantilista que ha dominado la economía de nuestro país por muchas décadas.  Porque no es cierto que tuvimos un sistema neoliberal: lo que hemos tenido es la colusión de los gobernantes con una parte de los grandes capitales.  A los cuales se les han permitido monopolios virtuales, gracias a los cuales el riesgo de su inversión es sumamente bajo, y sus ganancias muy grandes. 

Por otro lado, una empresa que tiene bajas utilidades difícilmente tendrá recursos para modernizarse, invertir en su crecimiento, hacer una mercadotecnia que le permita crecer, pagar bien a sus empleados y capacitarlos.  Las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas con bajas ganancias, tienen muy poca capacidad de maniobra.  Difícilmente podrán competir con la empresa de altas utilidades. Y, para poder mejorar su situación, prácticamente la única libertad que les queda es la de reducir aún más sus precios, con la esperanza de que eso hará que su clientela aumente. Lo cual no siempre ocurre. En esas condiciones, la empresa de bajas ganancias entra en un círculo vicioso del que difícilmente puede salir.

Pero esto, claramente, no es comprendido por cierto tipo de socialistas, basados en los conceptos de Marx y Engels, ideas construidas antes de que se conociera el desarrollo de la contabilidad de costos.  Noción que los hace pensar, como esos autores, que la plusvalía es únicamente la diferencia entre el precio de venta y el pago de la mano de obra, ignorando que toda empresa tiene muchos más gastos.  La idea de que “la propiedad es un robo”, elaborada por Pierre-Joseph Proudhon, en 1840, sigue siendo un dogma para muchos de ellos.

Estos conceptos siguen estando vigentes en la propaganda política de los próximos comicios del 2024.  Algunos los promueven, otros tratan de evitar su discusión porque, de fondo, les da vergüenza sostener que es muy difícil encontrar una economía que crezca y que aumente el poder adquisitivo de las personas, si no se acepta la necesidad de las utilidades. Por otro lado, no queda duda de que, muchos de los que promueven el concepto de la pobreza franciscana, se han enriquecido de manera ilegal y están haciendo grandes esfuerzos para evitar que se investiguen sus propiedades.

Probablemente, no baste con una campaña electoral, a la que le quedan poco menos de cincuenta días, para cambiar esta visión distorsionada. Pero, independientemente de lo que haga la clase política, que casi toda rechaza el papel de la riqueza en el desarrollo de la economía del país, nosotros, los ciudadanos de a pie, no tenemos por qué caer en ese sofisma. Nos debe quedar claro que no necesariamente, quienes han hecho dinero cumpliendo las leyes, son personas malvadas y mucho menos pensar que los que no lo han hecho es porque son angelicales o, por otro lado, porque han sido ineptos.

 Antonio Maza Pereda

lunes, 29 de enero de 2024

Líneas de la batalla

 En estas semanas previas al inicio formal de la campaña presidencial, los equipos de las competidoras están dedicados a preparar las líneas para la batalla que se avecina. Podría decirse que las precampañas fueron una prueba piloto para probar diferentes conceptos y ver cuáles son los más exitosos. En el caso de una competencia electoral, en primer lugar, hay que ganarse a los indecisos, los que aún no han tomado una opción en firme.  De ahí seguiría convencer a quienes votaron por nuestro partido, pero que no forman parte de nuestro núcleo duro.  Y el último, el más difícil: lograr que miembros del núcleo duro del contrincante se pasen a nuestro bando.

Este modo de actuar, por supuesto, requiere mucho más de preparación y entender cuáles son las razones de los indecisos, que podrían conducirlos a votar.  Los miles o posiblemente centenares de miles de votantes haciendo cola para obtener su credencial de elector, nos está diciendo algo: los vacilantes ya han tomado la primera decisión: la de participar. ¿Qué llevó a esos ciudadanos a dar el primer paso: el de tener la capacidad y el derecho al voto? Hasta este momento, no tenemos total claridad. 

La oposición está ofreciendo más de lo mismo, de dos maneras: los ofrecimientos que hicieron cuando estuvieron en el poder y repetir una parte del programa de la 4T, tratando de convencer al votante de que las fallas fueron por ineptitud.  Pero si se les confía el gobierno a personas más honestas y capaces, esos apoyos serán eficaces. Claramente, estamos viendo una ausencia de ofertas novedosas que puedan entusiasmar al votante. Se está apostando al hartazgo de la sociedad. De ser así, nos encontraríamos con una campaña para desprestigiar a la 4T. Algo que ya lleva cinco años y que no parece suficiente.

 Los modos para desprestigiar seguirían siendo los mismos: encontrar nuevos ejemplos de corrupción, medir la ineficiencia y convencer al votante de que el País está en riesgo, de qué se juega la existencia de la democracia y que se avecina una crisis económica sin precedentes. A la oposición le urge recuperar la iniciativa mediante nuevos argumentos.  Volver a ganar prestigio, aceptando las fallas del pasado y demostrando que se tienen ideas claras y nuevas. Por otro lado, esto significa deshacerse del lastre de desprestigio que tienen los partidos que forman la alianza opositora. No es fácil de convencer a los indecisos de que se tiene algo realmente nuevo.  Una estrategia de auto ataque requiere de poder mostrar nuevas caras.

La 4T está apostando al prestigio del señor presidente. Hasta el momento su campaña se ha centrado en la continuidad, en magnificar los logros, tratar de explicar las fallas y los retrasos en los resultados que se han prometido, culpando a la oposición: encontrar excusas para las fallas mediante el ataque a los conservadores.

Los temas que importan a los ciudadanos y en particular a los que no forman parte del núcleo duro, los indecisos y quiénes en otro momento votaron por el gobierno actual, pero están decepcionados, son bastante claros. La seguridad, el nivel de vida, y la posibilidad de progreso, porque nadie quiere ser pobre, por más que nos traten de convencer de que con dos zapatos y un par de pantalones se puede tener una vida más feliz, que siendo un miembro de la clase media. Un número importante de electores a los que hay que ganarse son quienes llamaríamos los nuevos pobres, aquellos que, por la pandemia o por los cambios en el Gobierno, dejaron de pertenecer a la clase media. Ciertamente, los apoyos del Gobierno han reducido en parte la pobreza, pero, en términos absolutos, aumentó la pobreza extrema, según los datos del CONEVAL. También es cierto que la disminución de esta no ha sido homogénea: Chiapas y Oaxaca siguen teniendo índices muy altos de pobreza, y todavía no se mide el impacto de los desastres naturales en Guerrero.

Las remesas, un paliativo importante para la pobreza, ahora le rinden menos a quienes las reciben debido a la apreciación del peso. Si antes al recibir 100 USD se tenían 2000 pesos, ahora por esa misma cantidad reciben 1690. Y aunque todavía no tenemos una inflación catastrófica, esa remesa rinde bastante menos que lo que significaba antes de la depreciación del peso.

Tradicionalmente, los pobres en México, a diferencia de lo que ocurre en otros países, tienen esperanza. Muchos de ellos aspiran a que sus hijos tengan estudios y salgan de la pobreza, mientras en otros países la desesperanza les hace que ya no luchen por una situación mejor. En nuestra sociedad, posiblemente, quienes ya no tienen esperanza son los ancianos, quienes ya solamente esperan alguna medida de mejora basada en los apoyos asistenciales.

Y, naturalmente, el tema de salud y la falta de medicamentos son algo a considerar.  La famosa mega farmacia no ha mejorado las cosas todavía, en buena parte, porque se ha hecho el supuesto de que el problema de falta de medicamentos es un problema de distribución. Uno que las poderosas farmacéuticas, se dice, no han podido resolver. Los resultados han sido verdaderamente decepcionantes. Se han surtido 67 recetas en cuatro semanas, que es más o menos lo que una pequeña botica puede surtir en un día. Y habría que conocer cuál ha sido el costo de distribución por receta surtida.

Hacen falta propuestas novedosas y diferentes de ambos bandos sobre cómo atraer inversión que genere nuevos empleos, cómo mejorar la seguridad más allá de la presencia de las fuerzas armadas y, sobre todo, cómo reducir la impunidad, qué probablemente lastima más a la Sociedad que la misma inseguridad. Para lo cual, hace falta invertir fuertemente en capacitación y equipamiento del personal técnico de las fiscalías en todos los niveles.

En fin, que la Sociedad está esperando propuestas muy concretas que no estén basadas en la imagen de las contrincantes o en el prestigio de sus partidos y mandatarios en los sexenios anteriores.  Las candidatas están frente a una Sociedad decepcionada de la política y de los políticos, un electorado que ya no cree en nadie y que, en muchos casos, emitieron un voto de castigo a las dos grandes corrientes de la clase política. El gran tema es cómo recuperar la confianza y el entusiasmo del electorado.

Antonio Maza Pereda