¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 8 de julio de 2024

¿Quién nos reconciliará?

 A más de un mes de las elecciones, la sociedad mexicana sigue con un ánimo rijoso. Algo entendible en aquellos que perdieron y por mucho. Está bien: que pidan su derecho; pero no está del todo bien el modo de hacerlo. Los perdedores, que no han logrado todavía entender claramente por qué perdieron, siguen aferrados a que es una elección de Estado. Lo cual probablemente es verdad. Pero que no es la única razón por la cual, una proporción tan importante de la población, votó por propuestas diferentes de las suyas.

Por otro lado, nos encontramos en la 4T una intención de radicalizar sus propuestas, escalando los ataques a la prensa, a los jueces, a los magistrados, y en términos generales, atacando a una parte de la sociedad: los que no quisieron votar por ellos. Con lo cual solamente están confirmando los temores que tenían parte de los ciudadanos, lo que pasaría si la 4T triunfara: que habrían ataques y antagonismos fuertes.  En medio de todo esto, no encontramos ningún intento de autocrítica. Es que la autocrítica no deben manejarla solamente los perdedores, sino también quienes ganaron.

Hay que entender por qué, después de tantas prédicas por ambos bandos, pidiendo una votación copiosa, seguimos teniendo una baja participación. Lo cual quiere decir: o que al votante no les importaron los resultados, o que no veía una diferencia clara entre lo que estaban ofreciendo los candidatos. Por otro lado, la 4T también debería de estar haciendo una especie de autocrítica. En el buen sentido de la palabra: no pensando de la crítica como algo que siempre es negativo. Sería muy importante entender también por qué ganaron. ¿Qué es lo que la votación les dice? ¿Cuál es el mandato de los ciudadanos?

 Resulta con que ahora quieren llevar a cabo, de manera acelerada, una parte de sus propuestas, que no fueron la razón por la cual ganaron. No es lo mismo pensar que ganaron porque la ciudadanía comparte toda su plataforma, que suponer que votaron por agradecimiento con los apoyos sociales, o que ganaron por tener muchos más promotores del voto que sus contrincantes.

Es importante que, los que ganaron, sepan exactamente qué es lo que quieren los votantes que los apoyaron. ¿Cuáles fueron sus razones? De otra manera, están haciendo supuestos que probablemente no funcionen. Por ejemplo: es muy claro que mucho de la votación fue una aprobación a los apoyos sociales. De lo cual, no hay la menor duda. Sin embargo, también es cierto que las encuestas disponibles dicen que cosas como el famoso “abrazos, no balazos” no cuentan con la aprobación de la mayoría de la población. Y que muchos hablan precisamente de que esa es de las tareas pendientes que tiene la 4T. Actualmente, lo que están proponiendo es meramente continuar con la misma política, y es muy claro que no están siguiendo un mandato que les da la sociedad.

¿Qué es lo que se está haciendo? Hay un desgano general. Una molestia porque la casta política, no está entendiendo las cosas. Es necesario realmente lograr una despresurización del sistema. De muchas maneras. Tristemente, ninguno de los partidos, está tratando de hacer un esfuerzo serio por entender por qué ganaron o perdieron las pasadas elecciones. Y mientras no se sepa de una manera clara, es muy difícil que cualquiera de ellos pueda actuar en consecuencia con lo que la ciudadanía está pidiendo.

Las preguntas son: ¿puede nuestro país realmente soportar esos niveles de enfrentamiento? ¿Cuál es la importancia de lograr una reconciliación nacional? No estamos viendo un esfuerzo importante para lograr tal reconciliación. Y esto es extremadamente necesario. ¿Quién nos reconciliará? Por décadas tuvimos un sentido de nacionalidad, una hermandad, que no viene solamente de la educación, sino que procede de las acciones del día con día. ¿Cómo recuperarlos?

Necesitamos algunos acuerdos básicos. ¿Quién nos ayudará a reconstruir el patriotismo? Empezando porque, el concepto mismo, no nos queda muy claro. En aspectos éticos, si quiere usted, también en asuntos religiosos: acordar el sentido del bien y del mal, que es algo que se nos ha perdido. Lo que podemos llamar bondad o maldad, es uno de los acuerdos mínimos que toda la población debería tener muy claro. También el Estado de derecho, tan golpeado en nuestro país, tan perdido como concepto, que no tenemos claro y no sabemos realmente cómo recuperarlo.

¿Cómo podremos lograr esta reconciliación? El primer punto es, seguramente, tener claro qué hace falta. Hay que reconocer que no tenemos una unidad nacional que nos permita ir adelante. Y que seguir atizando la división entre los mexicanos, no puede crear la concordia que nos permita mejorar.

Para algunos, el asunto parece prácticamente imposible. Nos hace falta un Gandhi, y no se ve alguno en el horizonte.  No falta quien dice, un poco en broma y un poco en serio, que solamente un milagro de la Virgen de Guadalupe puede volver a reconciliarnos a los mexicanos. Es posible que algo de esa magnitud haga falta.

Pero eso no quiere decir que debemos sentarnos a esperar a ver si el milagro ocurre solo. Es necesario aportar buena parte de nuestro trabajo, de nuestra vida, de nuestra actividad, para lograr precisamente esta clase de resultados. Y, además, con prisa. Urge lograr esta reconciliación

Antonio Maza Pereda

lunes, 3 de junio de 2024

Resultados electorales 2024

 Después de casi dos años de no campaña, primero, precampaña, después y finalmente campaña, llegamos a los resultados de un proceso verdaderamente largo y enfadoso en nuestras elecciones 2024.  Con resultados mixtos: tristes para algunos, alegres para otros. Resultados cuestionables y también algunos incuestionables. Vale la pena hacer un buen balance de lo que hemos encontrado en estos tiempos electorales.

 Hay buenos resultados, sin duda. Una participación ciudadana ejemplar en los comicios. Una asistencia festiva, abundante, contra condiciones complejas, de miedo, de clima, de dificultades logísticas. La ciudadanía estuvo presente y estuvieron hasta el último momento. También, tal vez en un nivel más complicado, una participación en debate, en discusión, una aportación donde pequeños grupos se reunían, gracias a la tecnología, a discutir temas de política, de propuestas, de personalidades.

 A veces para cuestionarse, a veces incluso para molestarse. Pero este debate, este intercambio de opiniones, es algo fundamental. Si no tenemos este tipo de interacción, difícilmente vamos a progresar en política. Y esto que ocurrió muchas veces a niveles particulares, en grupos pequeños, se dio también en manifestaciones multitudinarias, poco usuales, que parecerían el monopolio de los partidos y que, sin embargo, se dieron y funcionaron bastante bien.

 Esto es importante. Tenemos que cultivar y proteger ese tipo de interacción. Que no sea por desánimo que se deje de hablar de política. Que no sea porque los resultados no eran los esperados, que dejemos de estar tratando el tema. Porque esa es la base real, verdaderamente, de la acción ciudadana: una buena participación. Esos pequeños grupos, a veces muy interesantes desde el punto de vista de conocimiento, de experiencias compartidas, de opiniones muy de tomar en cuenta, es algo fundamental.

Por el contrario, sí hay un saldo triste. Donde tal vez lo que destaca es el enfrentamiento entre la ciudadanía. Una división provocada, una que es el resultado de una siembra de odio, y que también dio como resultado distintas manifestaciones de violencia. Algunas llegando hasta los asesinatos, otras en cantidades importantes, como amenazas que hicieron que varios posibles candidatos se retiraran por temor. Y en pequeñas poblaciones, en lugares apartados, la violencia fue lo que hizo que muchas veces ya no se votara.

Y esto se dio curiosamente en todos los partidos. Porque no fue, como tal vez sería de esperar, que la violencia fuera solo dirigida contra los contrincantes de la 4T. Porque se decía que, gracias a que la 4T ha decretado una política de abrazos y no balazos, los beneficiados por esta política serían los que atacarían a los opositores de la 4T. La verdad es que fue prácticamente igual el uso de la violencia. Lo cual nos dice también algo: la unidad en los partidos políticos no necesariamente es monolítica. No todos opinan de la misma manera. Y la división hacia afuera se da también internamente.

Un saldo que seguramente dará mucho que hablar próximamente en estos días en que se esté calificando la elección es el hecho de que, en las redes sociales, abundan las discusiones y las denuncias de que el famoso PREP, el programa de resultados preliminares, ya estaba dando resultados de casillas que todavía no habían terminado de hacer su conteo y que no habían entregado sus resultados al INE. Lo cual claramente ha sido interpretado por una gran cantidad de ciudadanos como un fraude electoral. Y están inundando ya las redes sociales con fotos de los resultados en las casillas y la comparación con lo que publicó el PREP. Esto es algo sumamente delicado, porque todo el resultado de un buen trabajo electoral se puede venir abajo precisamente por esto.

Por otro lado, también tenemos algo interesante, algo que no se había dado. Y que a mí me parece sumamente importante. Los ganadores, y en particular la ganadora de la presidencia nacional, hizo un llamado y un ofrecimiento de concordia, entre todos los mexicanos. Algo extraordinario. Que no habíamos escuchado y que claramente necesitamos. No podemos simplemente seguir en el constante ataque a los perdedores y en el regodeo de los triunfadores.

Tras un proceso tan largo de confrontación, se necesita sanar a la Sociedad. Lograr que triunfadores y vencidos puedan colaborar por el bien de la nación. No podemos seguir en permanente confrontación cuando nos encontramos con retos importantes de muy diversos tipos y que debemos de enfrentar urgentemente. Solo por mencionar algunos: el gran problema del calentamiento global. El crecimiento acelerado de la tecnología, qué requiere que desarrollemos rápidamente habilidades que no tenemos, para no quedarnos rezagados. La necesidad de desarrollar capacidades que nos permitan aprovechar las oportunidades de relocalización de empresas, que podrían generar nuevos empleos y bien pagados, que necesitamos con urgencia.

 No estamos en el fin del proceso electoral. Posiblemente, solo estamos terminando su primera fase. Es importante que quede bien resuelta, para el bien de todos.

Antonio Maza Pereda

lunes, 27 de mayo de 2024

Votación: un manual para indecisos

 A días de las elecciones presidenciales en México, todos los que ya han decidido su voto difícilmente van a modificar sus ideas. Sin embargo, todavía una parte importante del electorado no ha tomado su decisión, una cantidad suficientemente grande de ciudadanos, como para cambiar el sentido de los resultados de estos comicios.

No se pretende aquí tener un método exhaustivo para facilitar el voto de quienes, por más que han intentado, no han logrado tener motivos suficientes para decidirse en un sentido u otro. Conscientes de esto, sin embargo, es fundamental tener algunos elementos para reflexionar sobre una decisión crucial como esta.

 También hay que estar conscientes de que, a esta altura del partido, ya se ha dicho todo lo bueno y todo lo malo de cada una de las candidaturas. No quiere decir que no pueda haber alguna sorpresa, pero a menos que haya estado pasando usted los últimos seis meses en algún monasterio tibetano, o de safari en Tanzania, lo más probable es que ya haya escuchado muchos argumentos sobre cada candidatura.  Posiblemente tiene desconfianza de quienes hablan en pro o en contra de cada candidato, o simplemente no encuentra suficientes elementos que inclinen su decisión. Sí, vale la pena hacer una reflexión lo más profunda posible.

Habría que considerar los antecedentes de cada candidatura: cuál ha sido su desempeño, cuáles sus resultados y de qué manera esa información es necesaria para elegirlos. No es que se trate de escoger a personas que nunca hayan fallado.  Más aún, quienes insisten en presentarse como alguien sin fallas, resultan ser bastante sospechosos.  Lo importante no es que no hayan tenido fallas, lo verdaderamente significativo es con qué rapidez aceptó sus errores y tomó decisiones sensatas al respecto.  Es riesgoso votar por alguien que no reconoce sus fallas e insiste en continuar con soluciones que no han dado resultados.

También es necesario conocer cuál es la ideología del candidato y de qué manera la usa para tomarla en cuenta en sus decisiones. Está claro que hay personas que se aferran a un cierto tipo de ideología y que piensan que, si la realidad demuestra que una ideología no funciona, pues peor para esa realidad.  Ese candidato o candidata ya no cambiará sus decisiones.  Es bueno tener una ideología, pero también es importante conocer y aceptar sus límites y actuar según sea necesario para encontrar soluciones.

Un buen criterio está encarnado en el dicho clásico: dime con quién andas y te diré quién eres. ¿Con qué tipo de personas se rodea el candidato? ¿Son personas sensatas, capaces, prácticas, con experiencia probada y la valentía de decirle a nuestro candidato cuál es su mejor recomendación? ¿O se trata de alguien que no se atreve a decirle, a quién le pide una opinión, algo que sabe que no le va a gustar?

Un tema de carácter. Nuestra candidata o candidato, ¿tiene tendencias autoritarias? ¿Le molesta que les señalen fallas? ¿Aborrece la existencia de contrapesos o busca el modo de ignorarlos? ¿Odia los contrapesos de otros poderes en los campos de su competencia? Claramente, se trata de un candidato de alto riesgo.

¿Cómo actúa cuando se demuestra que sus decisiones son fallidas? ¿Insiste en continuar con sus ideas, a pesar de que la realidad demuestra que no están funcionando? ¿Culpa a todo y a todos del fracaso de sus ideas e insiste en continuar usándolas? En otro aspecto: ¿está dispuesto a probar nuevas ideas, a ensayar nuevos caminos sin caer, por otro lado, en el cambio por el cambio mismo?

Usted, estimado votante, ¿se está informando mediante opiniones que no sean sesgadas y que estén avaladas por una experiencia relevante?  Abundan los opinólogos que, sin tener capacidades suficientes y probadas, afirman por afirmar y venden su sentir al mejor postor. Este sería probablemente uno de los temas más difíciles. Porque, si de algo se acusa a los distintos contrincantes en estas próximas elecciones, es precisamente de que están comprando opiniones que denigran a sus adversarios.

Es probable que este pequeño modelo de reflexión todavía resulte insuficiente. Pero puede ser un punto de partida para que usted encuentre nuevos asuntos de reflexión.  Por supuesto, todos tendríamos que estar dispuestos a aceptar que pudiéramos equivocarnos en nuestra decisión. Pero tenemos la obligación ética y política de actuar como ciudadanos responsables, dispuestos a dar nuestra mejor opinión, nuestra decisión madura e ilustrada para cumplir con nuestro deber como votantes.

 Si al final de esta reflexión todavía nos quedaran algunas dudas: si usted, por la razón que sea, no ha llegado a una decisión, asúmala, emita su voto y acepte las consecuencias de estas acciones.  Si después de haber hecho una reflexión con sus mejores capacidades, sigue usted en la duda, lo más conveniente es que divida su voto.  Vote por el candidato que haya obtenido mayor número de puntos positivos, y divida su voto dándole su decisión al grupo contrario. Por ejemplo, si vota por un partido político para la presidencia, vote por el partido contrario para el congreso. O vote para presidente de un partido y para el candidato a gobernador y presidente municipal del partido contrario. Dicho de otro modo: construya contrapesos que eviten que el candidato de su preferencia pueda caer en el autoritarismo, porque hay contrapesos, suficientemente fuertes, para evitar que tome decisiones unilaterales.

Habiendo dicho eso, vote. Por favor, vote. Por lo que más quiera, vote. Que no lo paralice la indecisión.  No votar es peor que haber votado. Aunque se arriesgue a cometer algún error. Si algo necesitamos con urgencia en este país, es un voto copioso, bien informado, valiente.  El voto que no se emite, pone su decisión en manos de quienes ya han decidido de una manera irrevocable, y no nos consta que, efectivamente, hayan hecho un análisis cuidadoso. A votar, conciudadanos. De la abstención no podemos esperar nada bueno. 

Antonio Maza Pereda

lunes, 20 de mayo de 2024

Oposición: leal o facciosa

 A unos cuantos días de las elecciones presidenciales en México, da la impresión de que todavía no hay nada completamente definido. Claro: los partidos políticos, sobre todos los tradicionales. Han estado diciendo por semanas que ya están ganando. Pero el hecho de tener grandes cantidades de ciudadanos indecisos, una gran incertidumbre acerca del abstencionismo, y la desconfianza sobre las casas encuestadoras, es difícil tener una idea clara de los resultados que debemos esperar.

Por el contrario, de lo que sí podemos estar bastante seguros, es de que habrá una nueva oposición: sea si pierde el partido en el gobierno como si pierde la actual alianza opositora.  La ciudadanía debe estar preparada para este evento. No cabe duda de que, no importa cuál sea el resultado, vamos a tener una oposición bastante molesta. Difícilmente podemos esperar a que quien pierda se conforme y reconozca sin problema su derrota.  En el mejor de los casos, podemos esperar una fuerte batalla en los tribunales. O algo peor, que esperamos que no ocurra.

¿Cómo actuará esa oposición enojada? A la ciudadanía le convendría una situación de madurez de los contrincantes, que actúen como una oposición leal, reconociendo su derrota. Lo cual no quiere decir que dejen de competir políticamente.  Pero que sigan dentro de las reglas del juego democrático que nuestras leyes han establecido. Que continúen señalando fallas, pero también estando dispuestos a colaborar en aspectos que consideren importantes para el bien de la comunidad.  En los países de larga tradición democrática, se forma incluso una organización a la que llaman “el gabinete en la sombra”, formado por políticos y expertos qué analizan las propuestas de gobierno de la administración gobernante y proponen nuevas ideas, otros modos diferentes de atender las situaciones que se están presentando.

Tristemente, en nuestro país no tenemos una tradición así. Es difícil hablar de una oposición profesional, que analice a fondo las propuestas de gobierno y que no ataque por atacar a la administración en curso.  Y menos en circunstancias como la actual, donde todos los partidos políticos, en mayor o menor medida, se han dedicado a atacar, no solo a la oposición, sino a sectores muy importantes de la ciudadanía.  Aquí, como se dice en la frase clásica: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Tristemente, pudiera darse lo que llamaríamos una oposición facciosa, una que no reconozca logros y que ataque por sistema a quienquiera que haya ganado.  Una aceptación incondicional hacia su facción, ocultando las fallas de sus adeptos.  Tratar al contrincante político como enemigo, incluso como enemigo mortal. Al que no hay que darle ni el menor reconocimiento. O destruirlo, si se puede.

Hace un par de décadas, por lo menos, de que presenciamos ataques sin misericordia y siembra de odio. A la clase política le parece difícil que las cosas ocurran de otra manera. Por otra parte, y esto es mucho más grave, ese ánimo beligerante se ha transmitido a la ciudadanía.  Nos encontramos con frecuencia familias en donde ya no se puede hablar de política, sin que haya graves ataques e insultos de los unos a los otros. Y no hablemos de esta misma actitud en el trabajo, en eventos sociales, a veces incluso en las organizaciones religiosas, no gubernamentales, filantrópicas y otras dedicadas al bien común.  ¿Cómo podemos evitar este horror?

En alguien tiene que caber la razón. Y cómo, por desgracia, no es de esperarse encontrarla en los partidos políticos, solo podemos esperarla de la ciudadanía. Quien gane, por desgracia, querrá eliminar a quienes se atrevieron a enfrentarle.  Quienes pierdan encontrarán muchas razones para desconocer su derrota. Por el contrario, nos encontraremos debates donde no se reconocerán aciertos y prolifere la crítica destructiva.  Por no hablar de las famosas “fake news” y, en el extremo, de la continuación de la violencia.

Nos toca a la ciudadanía el papel de poner moderación en las discusiones, reconocer los aspectos positivos y también los negativos de las propuestas y las acciones de trabajo de los gobiernos. Y exigir, como mandantes que somos, que nuestros mandatarios, así como sus opositores y la ciudadanía, que   actuemos con moderación y cortesía. Como la que nos merecemos todos por el hecho de ser conciudadanos y mexicanos.

No se trata de no reclamar. Por supuesto, debemos de seguir exigiendo a la clase política, que tanto nos ha quedado a deber, que nos cumplan sus abundantes promesas. Hacerlo siempre con un estricto apego a los hechos y la nobleza de reconocer cuando no tuvimos aciertos o nos hemos equivocado en nuestras críticas. Reclamar, no engancharnos en pleitos estériles.  Utilizar la lógica para criticar, no el hígado.

Un gran tema, y uno del que depende la salud de nuestra vida pública. Bastantes problemas tenemos con la dificultad de construir y mantener la paz, como para seguir echándole leña al fuego, asumiendo actitudes intolerantes. Y si la clase política no está dispuesta a moderarse, solo queda el remedio de que los ciudadanos sin partido, los hombres y mujeres sin poder, exijamos fuertemente a quienes dicen gobernar en nombre nuestro, que reduzcan la crispación, el encono, el enojo que estamos viviendo día con día.

Antonio Maza Pereda

 

 

lunes, 13 de mayo de 2024

Lo que se juega

 Las próximas elecciones federales en México son complicadas para el votante por muchas razones. Nos han mentido mucho y cuesta trabajo tener una imagen clara de lo que está en juego con los distintos candidatos.  Los conocemos a través de la imagen de marca que les han creado los especialistas en mercadotecnia electoral.  En el caso particular de la 4T la imagen está también influida fuertemente por la del actual presidente, Andrés Manuel. Una imagen que no nos consta que efectivamente será la que tendrá la candidata de MORENA en el caso de que sea la triunfadora.

En términos generales podemos hablar de que lo que se arriesga es la democracia. Lo cual para una gran parte del electorado dice muy poco. Tenemos una imagen un tanto etérea de lo que es la democracia. Si no me creen, pregunten a personas de nivel medio educativo y se darán cuenta de que la mayoría no tienen ideas claras de lo que esto significa. Independientemente de que, en nuestro país, la democracia es relativamente joven y los resultados de la transición democrática no han sido esplendorosos.

¿Qué se arriesga? No es fácil establecer, para cada candidatura, unos resultados precisos: muy probablemente hay una mezcla de resultados según los candidatos. En términos generales, está en juego una reducción sustancial de la violencia. Una reducción auténtica, no una basada en decir que hay menos violencia, aunque hay más homicidios dolosos. Los cuales, por otro lado, no son el único modo de violencia.  De estas elecciones podría depender que sane la división entre los mexicanos o que se aumente el odio en la sociedad.

Está en juego la división de poderes. El sistema de balances y contrapesos que son fundamentales en cualquier democracia y que se han venido demoliendo sistemáticamente.  Están en riesgo las finanzas públicas.  En parte, porque todos los candidatos siguen ofreciendo mayor cantidad de beneficios sociales e inversión pública, sin que nadie se atreva a decir, de un modo claro, si esto significará una reforma fiscal.  La cual, dicha en términos sencillos, significa un aumento de impuestos.  Que no tienen como origen exclusivamente los beneficios sociales, sino también el haber agotado los ingresos por la recuperación de la evasión fiscal, los esquemas de facturación falsa y otros similares.  Incrementos que, una vez realizados, no se van a repetir indefinidamente.

El riesgo de que siga deteriorándose el sistema de salud, que está empeorando desde hace años y que no se resolverá rápidamente.  También están por verse la terminación de las obras principales del sexenio que termina. Obras que han costado mucho más de lo presupuestado y que están aún lejos de generar ingresos suficientes para pagar los recursos que se les asignaron.

 Está por verse resolver y lograr el apoyo privado, nacional e internacional, que parece necesario para evitar el abandono de las obras iniciadas.  Falta encontrar una solución contundente para el tema de la corrupción, bandera de todos los partidos, pero a la cual no se le ven respuestas precisas.  Y es que el mero hecho de sistematizar los trámites y crear penalidades cada vez más contundentes, han sido insuficientes.

 Probablemente, lo más inquietante es el desánimo de la ciudadanía.  Nos han ofrecido tanto, les hemos dado nuestra confianza tantas veces y seguimos sin ver resultados. Al final del día, lo único que puede realmente mover la situación del país es la actuación del ciudadano común.  El que ha sido engañado una y otra vez. El que ha confiado en que, ahora sí, tendremos estas situaciones resueltas de manera definitiva.  Una ciudadanía que está volviendo a caer en el desinterés, que provocó el que tuviéramos décadas de una dictadura perfecta. Años en los que el ciudadano se sabía engañado, pero ya no le importaba, porque no veía una solución viable.

Lo que está verdaderamente en juego es que perdamos a una ciudadanía más fuerte, más vigilante, más instruida en los temas de los asuntos públicos. Un electorado participativo que no se contenta con participar en las elecciones, sino que se entienda cómo el actor más importante en el gobierno. Las tragedias de la pandemia, de los múltiples desastres naturales, las carencias educativas, de salud, de un buen gobierno, han despertado al ciudadano. Se discute, se alega, se debate con mucha más intensidad y precisión que en los debates formales de la clase política. Y esto es un gran logro, esta es la solución de fondo a los problemas de nuestro país.

No podemos seguir esperando al gobernante providencial, que nos traiga los remedios que a nadie se le hubieran ocurrido anteriormente. Soluciones que no requieran dolor ni trabajo.  Los verdaderos arreglos los tenemos que crear entre todos y van a nacer de nuestra discusión profunda y nuestra atención permanente a los asuntos del Estado. Esta actitud es la que tenemos que desarrollar, que cuidar y que nutrir, porque en ella están las verdaderas soluciones que el país requiere. Significará, claro está, más trabajo, más atención, más dificultades.  Pero solamente ahí estarán las verdaderas respuestas.

Antonio Maza Pereda

domingo, 5 de mayo de 2024

¿Derecho a marginar?

 


Se ha hablado mucho sobre la polarización que vemos en nuestro país.  Una polarización que ha venido creciendo en el último sexenio, que ya existía anteriormente, aunque no con la misma intensidad. Y conforme nos acercamos   a la elección presidencial de este año se vuelve más intensa.

 Es bastante claro que, los así llamados estrategas políticos, consideran útil y necesaria esta actividad.  En los distintos debates qué habido en las diferentes entidades del país, así como en el debate presidencial, ha sido claro que el esquema ha sido uno de atacar sin misericordia a los contrincantes.

Interesantemente, este concepto viene de la idea de que las contiendas electorales deben manejarse como una guerra y, como en todas las guerras, siempre debe haber vencedores y vencidos.  La idea es destruir al contrincante de tal manera que no pueda representar ningún peligro a futuro.

Pero, ¿es esa la idea que debe tener la democracia?  Cuando en ese sistema, lo que se busca es el bien común, el respeto a todos los ciudadanos.  Cuando un oponente hace alguna propuesta, en lugar de examinar con lógica sus argumentos, consideramos que es suficiente ponerle algún tipo de etiqueta. Por ejemplo: “Lo que pasa es que usted es parte del grupo conservador.” “Y los conservadores son los enemigos de la Patria y siempre están equivocados". ¿Se da cuenta de que no se demuestra de ninguna manera que, lo que el otro está proponiendo, contiene errores? Basta con usar la etiqueta y se considera que ya se cumplió. Y eso ocurre en todos los bandos.  Si a alguien le ponen la etiqueta de chairo, de mocho o de comunista, ya no se siente la necesidad de demostrar con lógica los errores de su argumento.

 Y esto se da en otros ambientes, no solamente en el político. Al escuchar, por ejemplo, argumentos en favor de un trato justo para las mujeres, no faltan quienes dicen: las mujeres no son buenas para los números, no son lógicas, son demasiado sentimentales, fácilmente las convencen, padecen tormentas de hormonas que les impiden tomar decisiones correctas.  Todos esos perjuicios se resumen en unas cuantas etiquetas.  Con eso hay muchos que piensan que ya rebatieron los argumentos que puedan tener las mujeres en algún tema. No examinan sus argumentos por sus propios méritos, sino tratándolos a través   de sus ideas preconcebidas.

 Ocurre en muchos otros campus.  Si quien opina es una persona de edad avanzada, dicen que seguramente está atrasado en sus ideas, posiblemente ya está en el principio del Alzheimer. Si es indígena, dicen, seguramente es perezoso y con poca imaginación.  Y así por el estilo. Detrás de todos esos supuestos modos de debatir, está el propósito de negarle validez a grandes sectores de la Sociedad. No cabe duda de que a muchos nos cuesta trabajo usar la razón.  Siempre será más cómodo usar los prejuicios.

 

Esto, que es un defecto en el trato social, tiene todavía mayor importancia en la democracia. Ahí estamos partiendo de la base de que cada persona tiene el derecho a un voto, con la misma validez que el de cualquier otro votante.  Que el tener alguna ideología, no nos da una superioridad.  Que nuestros análisis y nuestros debates deben hacerse basándose en razones, no en prejuicios, no en suposiciones arbitrarias.  Que no tenemos derecho a marginar a nadie, excepto aquellos a quienes se les nieguen los derechos políticos por haber cometido algún crimen para el cual se haya establecido este tipo de pena.

Posiblemente, uno de los motivos por los que es difícil la democracia es precisamente el que nos obligamos al dar peso a las diferentes opiniones basándonos en la lógica y en argumentos de razón. Partimos de una base de que todos los seres humanos tenemos la misma dignidad y que nuestras creencias políticas no nos hacen superiores ni nos dan la facultad de negar a los demás el derecho a opinar.

 Hemos estado viviendo una temporada de polarización, en que este principio democrático se ha ido demeritando.  No solamente estamos padeciendo de una grave violencia física.  Los centenares de miles de muertos y desaparecidos son algo terrible. La violencia intrafamiliar no se ha reducido. Pero esta situación, gravísima como es, no se compara con los millones de ciudadanos a los que se les ataca verbalmente, que sufren diariamente de violencia en las declaraciones de los distintos bandos políticos a todos los niveles, o la de millones de personas que se atacan mutuamente en las redes sociales.

Necesitamos en gran medida reconstruir la amistad social. Tener la nobleza de reconocer opiniones diferentes de la nuestra, de tener la capacidad de analizar sus argumentos sin odio, evaluándolos por sus propios méritos y reconociendo que casi en cualquier tipo de argumentación hay elementos positivos, aun en las propuestas más negativas que puedan encontrarse. Y tener la capacidad de, en lugar de señalar las fallas, proponer soluciones mejores. ¿Que soy iluso? ¿Demasiado teórico? ¿Utópico?  Bueno, me han dicho cosas peores. Y creo que a nuestra Sociedad no le está haciendo ningún bien esta polarización, esta idea de marginar a partes importantes de la ciudadanía con tal de sentir el placer de haber dejado callados a los demás.


Antonio Maza Pereda

 

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lunes, 29 de abril de 2024

¿De dónde…?

 Si quiere usted un rápido resumen del segundo debate presidencial, para las próximas elecciones mexicanas, se puede sintetizar en dos grandes rubros: abundancia de ataques personales y una feria de ofrecimientos, mayormente enfocados a apoyos sociales, aunque no exclusivamente.

Nada nuevo en el frente de los ataques. Nuestros políticos manejan un dogma laico: “Si yo demuestro que tú estás mal, quiere decir que yo estoy bien”, nos dicen. Y, por asociación, “si quien te apoya estuvo mal hace años, quiere decir que tú estás mal”, agregan.

El tema de las múltiples falacias que usan en estos y otros debates, ya ha sido muy tratado en otras ocasiones. En cambio, el de los ofrecimientos que, por cierto, no fueron muy novedosos, casi no se cuestionan. Y valdría la pena hacerlo. Hay poca variedad en estos. Todos los contendientes ofrecieron beneficios similares. La diferencia estuvo en la prioridad que, a cada oferta, le asignó cada contrincante, generalmente por aspectos ideológicos. La candidata de la izquierda, como era de esperarse, considera necesario poner todo en manos del gobierno o casi. Mientras que la opositora, que difícilmente es de derecha, sí ve la necesidad de descentralizar el poder y dar más participación a la sociedad civil y a la iniciativa privada. El candidato también ve un fuerte papel para el gobierno y casi no elabora sobre el tema de la participación privada y ciudadana en sus propuestas.

Lo que no se respondió es la pregunta que el ciudadano, y en particular el contribuyente, tiene en mente: “¿De dónde…?”. Todos estos ofrecimientos tienen un costo. ¿Cómo se van a pagar? Entiendo que los políticos no quieran contestar estas preguntas. Responderlas tiene algo de tóxico. Si nos dicen que lo pagaremos los contribuyentes, a nadie le va a gustar. Y en este debate, solo el candidato mencionó como de pasada la necesidad de una reforma fiscal. Solo una vez y solo dedicando al asunto un par de segundos.

Tristemente, nada es gratis. ¿Queremos paz? Habrá que gastar en equipamiento, capacitación, comunicaciones, planeación y muchas cosas más. ¿Queremos mejor educación? Habrá que gastar en capacitación, dignificación de las instalaciones, mejor remuneración de los profesores para que no estén en el pluriempleo, y más. ¿Queremos más y mejor calidad de agua? Habrá que gastar en tecnología, recuperación de agua, potabilización, nuevas presas y más. Y la lista sigue y sigue.  La gran pregunta es: ¿de dónde? Todas estas ofertas de apoyos sociales, ¿cuánto nos van a costar? ¿De dónde van a salir los recursos? Aun en los sistemas más primitivos de administración, ningún plan está completo si no se consideran los recursos y cuál será su origen.

La réplica facilona y que la mayor parte de los políticos y muchos en la Sociedad dan por respuesta es: “que lo pague el gobierno”.  Y aquí se está haciendo la suposición de que el gobierno tiene recursos inagotables. No se dan cuenta de que todo el dinero que tiene el gobierno es porque lo extrajo de los sufridos contribuyentes. No hay de otra. Sí, puede haber ahorros, puede ser que se logre reducir o eliminar la corrupción. Pero eso claramente no basta, como ha demostrado el gobierno actual, que ha necesitado endeudar al país a un nivel nunca antes alcanzado.

El tema que ha estado en la agenda pública en las últimas semanas, muy a disgusto de nuestro actual gobierno, es el asunto de la incautación de los fondos de las AFORES no retirados por los mayores de 70 o 75 años.  Este asunto se justifica diciendo que con ello se podrán tener más recursos para las pensiones. Pero hay algo que no está considerado.  En 25 años de existencia de las AFORES, se ha acumulado una cantidad de varios miles de millones de pesos que no han sido reclamados por sus dueños. Pero esos son ingresos que ocurren una sola vez.  Si la totalidad es gastada en este año, el año próximo solamente habrá una proporción, creemos, del 4% anual de lo disponible en 2024. Esto, suponiendo que los jubilados dejen su dinero sin recoger.  Lo que sería muy raro: con todo el escándalo en torno a esto, la mayoría de la gente ya está enterada y seguramente estarán acelerando los trámites para cobrar el dinero que tienen en las AFORES.

 Se podrá recuperar una cantidad importante de lo desviado por la corrupción, en 30 años o más. Pero una vez que se ha logrado recuperarlo, cada año la cantidad que se puede obtener es menor. Mucho menor. Eso, suponiendo que fallen los programas contra la corrupción; si de veras son exitosos, cada año habrá menos por recuperar.  Y hay muchos ejemplos más.

No se pueden pagar apoyos permanentes, con ingresos que no se repiten de la misma manera año con año. Y eso nos deja dos soluciones.  A corto plazo, una reforma fiscal que aumente las recaudaciones.  En los países que nos ponen como modelo de servicios sociales, los países nórdicos, por ejemplo, los impuestos llegan a ser superiores al 50% de los ingresos.  Por supuesto, ningún candidato va a proponer tal cosa.  Otra solución es un esfuerzo enorme para mejorar la economía del país.  Algo que es la solución de fondo, pero de largo plazo.

A nosotros, los ciudadanos sin partido, nos toca exigir cuentas claras de cuáles son los costos de todos esos ofrecimientos y de qué manera se va a obtener el dinero para poder pagarlos. Ciertamente, necesitamos un gran debate público, qué habrá que iniciar antes de las elecciones, pero claramente tendrá que continuar por un largo tiempo.  Será necesario que los ciudadanos nos acostumbremos a vigilar el desempeño de los gobiernos que elegimos y exigirles un mínimo de sentido común en temas tan importantes como el gasto público. Una gran tarea. 

No podemos permitir que las imágenes desarrolladas por los expertos en mercadotecnia política nos hagan pensar que todo saldrá bien, que nuestros candidatos siempre cumplirán con lo ofrecido y tendrán un gasto público responsable.  Si pensábamos que la participación ciudadana terminaba con las elecciones, la noticia es que todavía hará falta mucha intervención del electorado.

Antonio Maza Pereda

 

lunes, 22 de abril de 2024

La decisión

 Estamos cerca de una de las decisiones más importantes que puede tomar un ciudadano: las elecciones federales. Poco menos de seis semanas y todo el proceso electoral que nos ha tenido entretenidos por más de un año, finalmente culminará.

Para la mayor parte de la ciudadanía, la decisión no será fácil. Claro, siempre habrán los núcleos duros de los partidos que ya tienen hecha su decisión o, mejor dicho, otros la han tomado por ellos. Pero el ciudadano común, el que no tiene compromisos previos, todavía está en situación de incertidumbre. Sí, hay tendencias de investigaciones y estadísticas. Claro, habrá quienes hayan contestado esas encuestas sinceramente. Pero también hay quienes todavía no desean contestarlas o las contestan a la ligera. Por lo que esos pronósticos no son de confiar, sin tomar en cuenta que, con frecuencia, son contradictorios.

Tenemos obstáculos que nos impiden tener una decisión clara. Muchos de ellos vienen de nuestros temores. Por ejemplo: nos dicen que los errores que cometamos, si es el caso, ya no habrá manera de corregirlos. Y eso pone una tensión muy particular en el ánimo de los ciudadanos. Otro temor muy importante: no tenemos claridad sobre la información que estamos recibiendo. Nos han mentido tanto, que ya no nos queda claro: ¿en dónde está la realidad? Y en esas condiciones siempre será muy difícil tomar una decisión con tranquilidad.

 No es que sea algo novedoso. Hace poco menos de 2000 años, nos relatan los evangelios, Poncio Pilato tenía esta misma pregunta: “¿qué es la verdad?” Y era tal su escepticismo, que ni siquiera se quedó a esperar cuál era la respuesta. Así estamos actualmente: en un mar de confusión. Personas muy conocedoras, expertos académicos y de otros tipos nos dan análisis completamente contradictorios.  En esas condiciones, ¿a quién creer? ¿Cuál es la base de mis decisiones?  Winston Churchill, hablando del tema de la guerra, decía que en esa situación la primera baja es la verdad. Esto es cierto de un conflicto bélico, y es aún más cierto en confrontaciones políticas. Basándose en el dicho de que el fin justifica los medios, todas las mentiras, los embustes y los engaños se consideran válidos; siempre y cuando sirvan para empujar el triunfo de nuestra causa.

Por otro lado, estamos viviendo la cosecha de muchos años de sembrar el odio entre los mexicanos. Se ha perdido lo que se llama la amistad social. Y esto no es algo único de nosotros, los mexicanos.  Hace ya algunos años que el papa Francisco, un hombre muy respetado, en un documento dirigido a toda la humanidad hablaba de este tema y nos decía de la necesidad de qué, en todas las naciones, se reconstruya la amistad social. Porque no es posible estar viviendo continuamente en la sospecha, el odio, la falta de colaboración.

¿Será que, quienes creemos en la posibilidad de una sociedad armónica, estamos siendo unos ingenuos? Bueno, no falta quienes nos quieren convencer de esto. Ciertamente, con mucho éxito. Posiblemente, uno de los elementos de esta amistad social es aceptar la posibilidad de que puedan existir errores de buena fe. Porque no hay posibilidad de tener decisiones totalmente a prueba de error. Si esperamos decisiones que nunca fallen, en eso sí realmente seríamos ingenuos. Por otro lado, a ninguno de nosotros le gusta equivocarse y siempre tendremos en cada decisión el temor a cometer errores. Ciertamente, eso nos puede paralizar.

Hay quienes nos están convenciendo de que esta es nuestra última oportunidad de enmendar las fallas que puedan tener nuestros gobiernos.  “No habrá otra”, nos dicen. “Si nos equivocamos, ya no habrá remedio”, agregan. Quien ha comprado esta idea, seguramente estará paralizado por el temor.  Ante ese miedo, la única solución es abstenerse, siguiendo el consejo que ya se decía en tiempo de los romanos: en la duda, abstente.  Que al final del día, bien puede ser que ese sea el propósito de quiénes nos quieren indecisos. Apuestan a nuestra abstención.

 Lo que sí es cierto es que, tal vez más que en ninguna otra época, el ciudadano ya no puede conformarse con una actividad política, enfocada únicamente al momento de las elecciones. Posiblemente, siempre ha sido así,  pero también es cierto que una parte importante de la clase política nos quiere ver omisos en nuestra actividad ciudadana, una vez que se haya llegado al resultado electoral.  Porque, aun en el caso de que nuestros candidatos fueran los ganadores, no podemos abstenernos de nuestro papel de conocer y vigilar el desempeño de aquellos que hemos escogido.  Y con mayor razón en el caso de que los nuevos gobernantes no hayan sido aquellos que preferimos.

No cabe duda de que una parte importante de la clase política nos quiere ver ausentes una vez que las elecciones hayan ocurrido.  Esta temporada de turbulencia por la que hemos pasado, ha generado un despertar ciudadano sin precedentes.  Se habla y discute de política, nos mantenemos informados y comunicados, debatimos y damos opinión para poder tomar nuestras decisiones. Esto ha sido algo extraordinario, sumamente importante.  Este interés público, este deseo de participar, no debe perderse. Como se dice muchas veces, la política es demasiado relevante como para dejársela en exclusiva a los políticos. Es nuestro campo, el campo de los ciudadanos, que no somos exclusivamente electores, sino también mandantes. Que debemos opinar, y vigilar a aquellos a quienes hemos hecho mandatarios.

Las catástrofes naturales, muy en particular la pandemia, y el efecto del crimen sistematizado y organizado, la gran campaña de mentiras procedente de todos los grupos políticos en mayor o menor medida, nos afectan y preocupan. Esto ha generado una gran cantidad de grupos ciudadanos que, aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías de información, hemos estado participando, muchas veces de manera cotidiana, para conocer y opinar sobre los asuntos públicos. Esto es un gran bien y hay que protegerlo como un tesoro. Sería una verdadera tragedia que, terminando las elecciones, regresáramos a nuestros hogares a vivir en nuestra feliz ignorancia.  Cómo vivimos por muchas décadas.

Antonio Maza Pereda