¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
Mostrando entradas con la etiqueta Comunicadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comunicadores. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de mayo de 2023

Amabilidad y comunicación

 Parecería que, para algunos de nosotros, hablar de amabilidad en la comunicación, sobre todo en la información de tipo social y de contenido político, es una especie de contradicción en términos. Difícilmente podemos hablar de amabilidad cuando se debaten temas sociopolíticos y, sobre todo, cuando se trata de confrontar posiciones entre diferentes facciones. Si hablamos de política o de temas sociales, parece que no es posible ser amables.

Claramente seguimos en el concepto de vencer en nuestras conversaciones entre diferentes posturas políticas. Y queremos ganar en todo: nada de tener victorias parciales.  Nada de convencer al otro:  lo que queremos es dejarlo aturdido y sin palabras para respondernos.

Y esto que ocurre en la comunicación profesional, en  los medios tradicionales de comunicación, se ha multiplicado  en la comunicación individual,  en las redes sociales que  posiblemente abarcan más de la cuarta parte de la humanidad. Y esto claramente ha llevado a una polarización cada vez más extensa.  Una situación que puede verse en muchos países, por no decir en todos. Y que hace temer por nuestro futuro como sociedad civilizada.

Ante esta situación realmente conflictiva, se propone entre otros aspectos incorporar la amabilidad en la comunicación. Un poco como la amistad social, de la que se ha hablado recientemente. ¿Será verdaderamente esta la solución? Dependerá mucho de lo que entendamos por amabilidad.

Generalmente confundimos amabilidad con cortesía. Lo cual no es necesariamente lo mismo. La cortesía tiene mucho que ver con las formas y normas de comunicación, que tienen mucha relación con la cultura, las costumbres, hasta con la historia de  las comunidades y la construcción del lenguaje. Formas de hablar que no causen problema entre los que se comunican. Maneras de comunicarse que no necesariamente son genuinas, qué se llevan a cabo para quedar bien ante los demás y que con cierta frecuencia se prestan a una  cierta falsedad. Te trato con mucha cortesía, pero de fondo, no te respeto.  No uso palabras altisonantes, te hablo “bonito”, pero te desprecio. También puede ser utilizada para una agresión pasiva: uso una cortesía exagerada para darte una cachetada con guante blanco.

Ser amable, nos dice el diccionario, es ser digno de ser amado. O, más precisamente, hacerse digno de ser amado. Algo mucho más difícil. Comenzando porque, en nuestra situación actual, tenemos una idea muy restringida de lo que es el amor, pensando que se trata únicamente de la relación sexual. Puesto de esa manera, sería digno de ser amado aquel que tenga las condiciones físicas para tener relaciones sexuales muy placenteras. En un concepto más profundo, estaríamos hablando de quien tiene capacidad de generar afecto, buen trato, respeto, quien busca el bien de aquel al que ama.

Pero posiblemente, en otro nivel de profundidad, no solo se trata de quien tiene las cualidades que lo hacen ser amado, sino también de aquel que está dispuesto a encontrar, en los demás, razones que los hacen dignos de ser amados.  Algo todavía mucho más difícil.

 Vamos a pensar en nuestra comunicación cuando debatimos temas sociales o políticos. ¿Realmente podemos asegurar que al discutir algún tema en el que no estamos de acuerdo, verdaderamente queremos hacernos dignos de ser amados?  Más todavía, en esa misma situación, ¿estamos buscando cuáles serían las cualidades que me permitirían  valorar a mi contrincante y encontrar motivos para apreciarlo, respetarlo  y aceptar que tiene  razones de buena fe para pensar de la manera que lo hace? Al leer editoriales, escuchar discursos o revisar escritos y videos en las redes sociales, pocas veces encontramos ese tipo de trato. No estamos teniendo una auténtica amabilidad; difícilmente estaremos buscando hacernos dignos de ser amados ni tampoco estamos buscando las cualidades que harían amables a nuestros contrincantes.

Estoy consciente de que esto parece ser una especie de utopía:  un mundo donde confiamos en los demás y tratamos de encontrar, de buena fe, el modo de qué confíen en nosotros. Y tal parece que nada está más lejos de nuestra realidad. Es un concepto muy cercano a lo religioso, qué parece impracticable en nuestra vida diaria. Y nos encontramos a muchos que presumen de su religiosidad y que no tienen este concepto de buscar dónde está el bien en los demás ni tratarlos en consecuencia.

Sin embargo, si queremos que nuestra civilización se consolide, tenemos que encontrar un lugar para la amabilidad en nuestras comunicaciones.  Aún más, cuando la capacidad de comunicarnos, que antes era el privilegio de unos cuantos, ahora se ha vuelto una facilidad a la que una enorme cantidad de personas tienen acceso. Si no ponemos en práctica estos conceptos, sólo podemos esperar conflictos cada vez mayores. Usted, amiga o amigo, ¿está dispuesto a asumir como una responsabilidad ser amable?  ¿Está dispuesto a dar ejemplo y demostrar qué se puede construir la amabilidad en nuestra sociedad? Si es así, los necesitamos con urgencia. 

 

Antonio Maza Pereda

miércoles, 12 de febrero de 2020

Paz, que nos hace falta.

 


Antonio Maza Pereda

Generalmente cuando se trata de paz, de una manera o de otra terminamos citando a Jesucristo. Sea en las bienaventuranzas, sea en el famoso dicho “Mi paz les dejo, mi paz les doy. No como la da el mundo …” por eso, tal vez resulta novedoso que la premiación de los premios Oscar, el actor que ganó el premio a la mejor actuación que aprovechó su discurso recordando a su hermano que decía: “Si yo doy amor, la paz seguirá”. Un concepto muy importante: en ello queda claro que la paz es algo que debemos de construir, no esperar que nos llegue sin esfuerzo.

Coincide con la asamblea anual de SIGNIS -México donde se dijo que la misión de SIGNIS es contribuir a construir la paz. SIGNIS, asociación de comunicadores católicos con presencia en más de 100 países, es una organización gremial, que agrupa a especialistas dedicados a la comunicación. Al declararse católicos,  se ven como una parte del gran proceso de comunicación que es reseñado en las sagradas escrituras y personalizado en el mismo Jesucristo, el verbo encarnado.

Pero para entender esta intención de construir la paz, hay que empezar por entender qué significa ese concepto. Porque la paz no es meramente la ausencia de guerra ni la falta de violencia. Los incluye, pero no bastan. Porque, si a esas vamos, consideraríamos que los cementerios serían un modelo de paz, puesto que en ellos ya no hay ni violencia ni guerra. Creíamos en el concepto de la “Pax Romana”, fruto de la ocupación militar de una parte de Europa y el cercano oriente. Creeríamos que dictadores como Franco, Pinochet y Trujillo, así como otros dictadores de la historia, fueron artífices de la paz. Una “paz” fruto de la imposición, del olvido de los derechos humanos y de la democracia, a cambio de una suspensión de la violencia pública, aunque de manera soterrada continuaba la violencia contra los opositores.

La paz, dijo Paulo VI, es un fruto de la justicia. A la ausencia de violencia como fruto de la injusticia, no se le puede llamar paz. Muchas veces, la justificación de las dictaduras, militares o civiles está en que han traído paz a la nación. Una paz entendida como la ausencia de guerra, paz entendida como una reducción de la violencia o, en muchos casos, el ocultamiento de esta.

La paz, decía San Agustín de Hipona , “es la tranquilidad en el orden”. Lo que nos lleva a debatir cuál es el orden que queremos. A qué valoramos más. Por dar un ejemplo: si nos dijeran que tuviéramos 10,000 policías nuevos por Estado, bien entrenados, bien equipados y abastecidos, con acceso a equipo científico, con seguro de vida y gastos médicos y que eso costara 120,000 millones al año, pero que mejoraría la situación de violencia, ¿lo aceptaríamos? Por supuesto. Pero si nos dijeran que, por usar así los impuestos del erario, tendríamos escasez de medicamentos para nuestros hijos, ¿pensaríamos igual? ¿Qué va primero, la reducción de violencia o la salud de nuestros hijos? Ojalá nunca tengamos que tomar esa decisión.

El punto es muy importante. Un comunicador no solo debe reportar con veracidad. Eso se da por hecho. Además, debe incluir sus valores en su trabajo. Lo cual ocurre de muchos modos: cuando se le da importancia a un tema sobre otro, cuando hace claro que valores están en juego en las decisiones de la sociedad, cuando promueve un orden justo, la justicia plena, ese comunicador está construyendo la paz.

El comunicador siempre influye. Para bien o para mal. Y parte de su tarea es ayudar a quienes son destinatarios de sus mensajes para que tomen mejores decisiones, decisiones justas. Para que consideren todos los puntos de vista en una decisión y analicen las consecuencias y secuelas de cada opción.

Una carga pesada, sin duda. Si los miembros de SIGNIS están (estamos) dispuestos a asumir esa misión, hay que estar muy conscientes de lo que eso implica. En términos de estudio, de profesionalización, de cansancio y también en muchos casos de riesgos que se asumen, la dificultad para tener ingresos honestos y a la vez suficientes.

Pero hay que llevar a cabo esta misión, tan importante. Porque la sociedad lo requiere. Todos necesitamos la paz, una paz verdadera. Y los comunicadores necesitamos hacer nuestra parte en su construcción.

lunes, 29 de febrero de 2016

Interpretaciones abusivas, plaga de las comunicaciones


Dos eventos dominaron las noticias en Febrero. La visita del Papa Francisco, por supuesto, y el anuncio de que PEMEX adelanta la  concesión de importación de combustibles a empresas privadas. La manera como se interpretaron nos dice mucho de la objetividad y de la ética periodística.
Eventos así de importantes generaron toda clase de reacciones. Las interpretaciones fueron de lo más diverso. Y está bien. Todos tenemos derecho a opinar. A lo que no tenemos derecho es a que nos crean, a menos que demostremos nuestros dichos. Y aquí entramos al resbaladizo tema de la ética periodística y, en un sentido más amplio, en la ética de las comunicaciones personales, sociales, institucionales, y otras. Déjeme poner dos ejemplos.

El Papa es recibido en el palacio nacional en un evento oficial, donde el gobierno mexicano lo recibe como jefe de Estado. El Papa no regaña en público al presidente. Menciona temas graves como la corrupción y la violencia, por ejemplo, en un tono conciliador y que no puede ser visto como un regaño. "Ya se amafió", dicen algunos comunicadores. ¿Por qué lo dicen? "Porque, si no estuviera amafiado -dicen ellos -lo hubiera regañado". ¿Se da cuenta de la lógica torcida que están empleando? Su argumento es: si no reaccionó como yo hubiera reaccionado, quiere decir que ya "le llegaron al precio". O sea, no hay argumento. Sólo hay una apreciación.

Por supuesto, podría haber habido otras interpretaciones. En los eventos de Estado, los gobernantes de los países no se regañan los unos a los otros. El Papa ya había dicho que no venía a decir del gobierno mexicano como hacer las cosas, sino hacer una visita a un misionero de la misericordia. De hecho, el Papa estuvo dentro de los límites de la diplomacia al hacer mención de los graves problemas que enfrenta el país y de la responsabilidad que tenemos todos de atacarlos, sobre todo quienes nos gobiernan. Pero de ahí a hacer un regaño público, hay una diferencia. Y seguramente en este tema puede haber otras interpretaciones.

Otro ejemplo. Se anuncia, para variar en el extranjero, que México abrirá la importación libre de gasolinas por medio de empresas privadas, a partir de abril. ¿Cuál fue la interpretación? Yo escuché una: como el anuncio se hizo en Texas y en conexión con una ceremonia en la que se entregaba un premio al Presidente de la República, quiere decir que ya  vendió a PEMEX. ¿Cuál es el argumento? “Porque Texas es  la región petrolera más importante de los Estados Unidos”, dicen esos comunicadores.

¿Habrá otras posibles interpretaciones, que no incluyan una teoría de la conspiración? Claramente, PEMEX dista mucho de ser la empresa más eficiente en la industria petrolera. Hay quien opina que México no puede llegar al punto de equilibrio (el precio en el que no se tienen pérdidas ni ganancias) si el precio del barril de petróleo no está, por lo menos, por encima de los sesenta dólares el barril.  O sea, si seguimos vendiendo gasolina, aún a los inflados precios actuales, PEMEX seguirá perdiendo. Pero hay otros puntos. Ya en el principio de los 80, el entonces presidente de la República, Miguel de la Madrid, anunció en una ceremonia de la nacionalización del petróleo, que si PEMEX no podía producir la gasolina a precios competitivos, habría que importar la gasolina. También es cierto que en medio de la crisis económica de los 80, se limitó severamente el gasto en exploración de nuevas zonas petrolíferas. Y, por supuesto, todos estamos conscientes de que PEMEX opera con muchísima ineficiencia. Es la compañía petrolera que gasta más en personal por litro de gasolina producida, en todo el mundo. La cantidad de personal, muy bien pagado, que tiene PEMEX es una de los más grandes en toda la industria mundial. En otras palabras: no nos tenemos que imaginar una obscura conspiración para darnos cuenta de que PEMEX no es el emporio que muchos se siguen imaginando. Y que había que tomar medidas de esta clase más pronto o más tarde. En especial, en medio de la crisis económica mundial que podría recrudecerse y la baja de los precios del petróleo, que no termina de resolverse.

Éstos son meros ejemplos. No trato de convencer a nadie, sólo quiero demostrar que hay otras posibles interpretaciones y estoy seguro de que se pueden encontrar aún más. En la ética de un comunicador que busque ser honesto, debería quedar muy claro que nuestro público merece recibir distintas interpretaciones, pero no cualquier clase de interpretaciones. Interpretaciones válidas, interpretaciones sustentadas con argumentos. No se trata de llegar a una interpretación única, un sentido único. Pero tampoco se trata de llegar a un relativismo, en el que todas las interpretaciones sean igualmente válidas. Entre esos dos extremos puede haber interpretaciones que estén sustentadas en una lógica, en argumentos sólidos. Y es papel del que interpreta, por honestidad intelectual: reconocer y transmitir las interpretaciones alternativas que puede haber a sus propias opiniones, presentar los argumentos en favor de unas y otras y dejar a su público que se quede con interpretación que más le convenza. En todo caso, si yo comunicador no tuve la capacidad para sustentar mis argumentos, mi reacción no debería de ser la de ocultar los argumentos contrarios para lograr que mi público acepte los míos.


¿Qué estoy siendo muy ingenuo? Estoy consciente de que muchos lo verán así. Honestamente, prefiero pasar por ingenuo que engañar a mis lectores ocultando interpretaciones diferentes de la que yo sustento. Es mi tarea encontrar los mejores argumentos, construir mi lógica de una manera impecable y no ocultar sus debilidades o las opciones que puede haber a mis argumentos. Por decencia. Por cariño con mis lectores. Y sobre todo, por no engañarme a mí mismo pensando que soy el único que tiene las mejores interpretaciones.