¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
Mostrando entradas con la etiqueta Oposición en México 2024. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oposición en México 2024. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de junio de 2024

Reacciones de la oposición

Como es de esperarse, tras las elecciones, la oposición pasa un tanto a segundo término y deja de ser noticia. Sin embargo, vale la pena entender un poquito: ¿qué está ocurriendo con esta oposición que ha sido derrotada? Hay pocas noticias; la mayoría son chismes.

Por ejemplo, el gritoneo a Xóchitl por parte del presidente del Partido Acción Nacional. El tema de los gobernadores de ese mismo partido que le piden a su presidente que renuncie. En el caso de la oposición, (es un decir), buena parte todavía sigue centrada en la búsqueda de culpables. Por supuesto, el culpable favorito es el actual presidente saliente. En fin, intentos de posicionarse de una manera diferente.

Pero no hay una idea clara de autocrítica, con la notable excepción del Partido de la Revolución Democrática, quien sí ha hecho una autocrítica amplia y pública. Los otros siguen tratando de encontrar justificaciones. Y para ello, lo ideal es encontrar culpables. “Nosotros no tenemos la culpa”, nos dicen. “Lo que pasa es que el piso no estaba parejo”, añaden. Y cosas por el estilo. De alguna manera, este modo de reaccionar ya estaba previsto.

El punto ahora, es decir: ¿qué hacer? No basta con encontrar culpables. Ahora hay que decir que sigue. Y eso se ha extrañado. Hay pocas ideas. Algo dijo Xóchitl Gálvez de crear un nuevo partido. Pero en términos generales, ha habido un silencio, una ausencia. ¿Cuál sería la idea? Da la impresión de que algunos creen que hay que esperar dos años o cinco años para reconstruir la oposición. Hay quien habla de resistencia.  Mientras, dedicarse sobre todo a actividades con los tribunales, para tratar de echar para atrás las elecciones. Lo cual es algo aceptable. Es importante hacer todo eso. Pero se extraña, realmente, una propuesta. Hay, al parecer, una idea de crear nuevas narrativas. Pero no pasa de eso: es como un título. ¿Se requieren nuevas narrativas? Sí, señora. Sí, señor. ¿Y cómo? Eso es lo que no tenemos claro.

Se habla también de la refundación de los partidos. Y creo que ninguno se salva. Sobre todo, aquellos que perdieron. Sin embargo, no quiere decir que los partidos triunfadores o el propio Movimiento Ciudadano no requieran algún cambio de este estilo. Pero es muy importante tener un buen diagnóstico. Tal como están las cosas, todavía no lo tenemos. No hay claridad de qué fue lo que pasó. Se oyen cosas tan raras o tan poco prácticas como los que piensan que, con cambiar el nombre de los partidos, ya lograron un cambio. Lo cual, básicamente, es risible. No es algo que verdaderamente funcione.

Después de seis años de una crítica tremenda, contra el gobierno actual, al parecer, lo único que se les ocurre es seguir criticando. Hay quien decía que una definición de locura es hacer las cosas del mismo modo y esperar resultados diferentes. No sé si esto sea cierto o no, pero lo que sí vemos, por lo menos en estos primeros días después de las elecciones, es que los opositores siguen en la misma tónica. Proponen seguir acusando, criticando.  Tal vez con la idea, que es una falacia, de que si demuestro que López Obrador o la 4T o la actual señora presidenta están equivocados, quiere decir que la oposición está bien. Y piensan, además, que el electorado así lo va a aceptar. Lo cual también es verdaderamente difícil de creer.

 No bastaron seis años de crítica e insultos, que muchos reconocen que nunca se había dado de una manera tan fuerte. Y que no funcionó. No es justificación decir que la 4T hizo lo mismo. Se necesitan otras cosas. Necesitamos reducir la polarización. Y, francamente, no resulta claro por qué el seguir criticando tan ferozmente a sus contrincantes, les va a funcionar. Da la impresión de que no se les ocurre nada nuevo. Y piensan que, al seguir insultando y criticando a sus contrincantes, más pronto o más tarde, la gente se va a volver de su bando. Como que, por pura vergüenza, les van a hacer ganar. Y realmente no basta con demostrar que los otros están mal.

Piensan, tal vez, que con más regaños al electorado, van a lograr un cambio. Y esto es muy dudoso. Necesitamos nuevas ideas. Nuevos modos de presentar las cosas. Nuevos temas. Pero el público no tiene una respuesta. Hace falta que ya no sea simplemente decir lo mismo.  Hay que pensar en diagnósticos de asuntos que no han sido tratados, que han sido dejados de lado, para poder realmente ofrecer ideas nuevas.  Se ha propuesto la idea de resistencia, lo que tiene connotaciones interesantes.  Acciones de mediano y largo plazo, con la participación de la sociedad civil, sin darle el protagonismo a los partidos perdedores. Faltaría establecer quién diseñaría y organizaría ese esfuerzo.

Posiblemente, tendríamos que aceptar, como ciudadanos sin partido, que queremos otro modo de hacer política, pero que no sabemos qué hacer. Que, probablemente, ese es el principio de la sabiduría: reconocer que no tenemos las soluciones. Una vez aceptado esto, discutir, debatir, sugerir nuevas ideas, desarrollar nuevos programas y nuevas narrativas. Y con prisa, que esto no es algo que pueda improvisarse.

 Antonio Maza Pereda

lunes, 20 de mayo de 2024

Oposición: leal o facciosa

 A unos cuantos días de las elecciones presidenciales en México, da la impresión de que todavía no hay nada completamente definido. Claro: los partidos políticos, sobre todos los tradicionales. Han estado diciendo por semanas que ya están ganando. Pero el hecho de tener grandes cantidades de ciudadanos indecisos, una gran incertidumbre acerca del abstencionismo, y la desconfianza sobre las casas encuestadoras, es difícil tener una idea clara de los resultados que debemos esperar.

Por el contrario, de lo que sí podemos estar bastante seguros, es de que habrá una nueva oposición: sea si pierde el partido en el gobierno como si pierde la actual alianza opositora.  La ciudadanía debe estar preparada para este evento. No cabe duda de que, no importa cuál sea el resultado, vamos a tener una oposición bastante molesta. Difícilmente podemos esperar a que quien pierda se conforme y reconozca sin problema su derrota.  En el mejor de los casos, podemos esperar una fuerte batalla en los tribunales. O algo peor, que esperamos que no ocurra.

¿Cómo actuará esa oposición enojada? A la ciudadanía le convendría una situación de madurez de los contrincantes, que actúen como una oposición leal, reconociendo su derrota. Lo cual no quiere decir que dejen de competir políticamente.  Pero que sigan dentro de las reglas del juego democrático que nuestras leyes han establecido. Que continúen señalando fallas, pero también estando dispuestos a colaborar en aspectos que consideren importantes para el bien de la comunidad.  En los países de larga tradición democrática, se forma incluso una organización a la que llaman “el gabinete en la sombra”, formado por políticos y expertos qué analizan las propuestas de gobierno de la administración gobernante y proponen nuevas ideas, otros modos diferentes de atender las situaciones que se están presentando.

Tristemente, en nuestro país no tenemos una tradición así. Es difícil hablar de una oposición profesional, que analice a fondo las propuestas de gobierno y que no ataque por atacar a la administración en curso.  Y menos en circunstancias como la actual, donde todos los partidos políticos, en mayor o menor medida, se han dedicado a atacar, no solo a la oposición, sino a sectores muy importantes de la ciudadanía.  Aquí, como se dice en la frase clásica: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Tristemente, pudiera darse lo que llamaríamos una oposición facciosa, una que no reconozca logros y que ataque por sistema a quienquiera que haya ganado.  Una aceptación incondicional hacia su facción, ocultando las fallas de sus adeptos.  Tratar al contrincante político como enemigo, incluso como enemigo mortal. Al que no hay que darle ni el menor reconocimiento. O destruirlo, si se puede.

Hace un par de décadas, por lo menos, de que presenciamos ataques sin misericordia y siembra de odio. A la clase política le parece difícil que las cosas ocurran de otra manera. Por otra parte, y esto es mucho más grave, ese ánimo beligerante se ha transmitido a la ciudadanía.  Nos encontramos con frecuencia familias en donde ya no se puede hablar de política, sin que haya graves ataques e insultos de los unos a los otros. Y no hablemos de esta misma actitud en el trabajo, en eventos sociales, a veces incluso en las organizaciones religiosas, no gubernamentales, filantrópicas y otras dedicadas al bien común.  ¿Cómo podemos evitar este horror?

En alguien tiene que caber la razón. Y cómo, por desgracia, no es de esperarse encontrarla en los partidos políticos, solo podemos esperarla de la ciudadanía. Quien gane, por desgracia, querrá eliminar a quienes se atrevieron a enfrentarle.  Quienes pierdan encontrarán muchas razones para desconocer su derrota. Por el contrario, nos encontraremos debates donde no se reconocerán aciertos y prolifere la crítica destructiva.  Por no hablar de las famosas “fake news” y, en el extremo, de la continuación de la violencia.

Nos toca a la ciudadanía el papel de poner moderación en las discusiones, reconocer los aspectos positivos y también los negativos de las propuestas y las acciones de trabajo de los gobiernos. Y exigir, como mandantes que somos, que nuestros mandatarios, así como sus opositores y la ciudadanía, que   actuemos con moderación y cortesía. Como la que nos merecemos todos por el hecho de ser conciudadanos y mexicanos.

No se trata de no reclamar. Por supuesto, debemos de seguir exigiendo a la clase política, que tanto nos ha quedado a deber, que nos cumplan sus abundantes promesas. Hacerlo siempre con un estricto apego a los hechos y la nobleza de reconocer cuando no tuvimos aciertos o nos hemos equivocado en nuestras críticas. Reclamar, no engancharnos en pleitos estériles.  Utilizar la lógica para criticar, no el hígado.

Un gran tema, y uno del que depende la salud de nuestra vida pública. Bastantes problemas tenemos con la dificultad de construir y mantener la paz, como para seguir echándole leña al fuego, asumiendo actitudes intolerantes. Y si la clase política no está dispuesta a moderarse, solo queda el remedio de que los ciudadanos sin partido, los hombres y mujeres sin poder, exijamos fuertemente a quienes dicen gobernar en nombre nuestro, que reduzcan la crispación, el encono, el enojo que estamos viviendo día con día.

Antonio Maza Pereda

 

 

domingo, 18 de febrero de 2024

¿La oposición que hay?

 Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que merecen. Lo cual no deja de ser un poco injusto: si eso fuera cierto, tendríamos que concluir que la culpa de que un país tenga un mal gobierno es de su población.  La realidad nos dice que no siempre es así.  Y, por otro lado, también podríamos decir que el electorado tiene la oposición que se merece. Cuando en algún país la oposición no cumple las expectativas de los ciudadanos, podríamos estar concluyendo que la culpa la tienen los propios electores. O conformarnos con una oposición que no nos satisface diciendo: “Es la oposición que hay”. ¡Como si la Sociedad no tuviera derecho a algo mejor!

En nuestro caso, a punto de iniciar la campaña formal de elecciones en este año, podríamos cuestionarnos si verdaderamente tenemos la oposición que se requiere. Tenemos una alianza partidista que no está levantando gran entusiasmo entre los votantes indecisos. Entre el núcleo duro de los distintos partidos, tampoco se ve que estén muy alegres. Se puede echar la culpa a la falta de formación cívica de la población, a la pasividad del electorado. Pero es un hecho que la oposición no está dando motivos para entusiasmar a la población.

Los apasionados de la 4T lo explican con una frase de Benito Juárez que decía que la reacción estaba moralmente derrotada. Lo cual parece como un eslogan para animar a la grey Morenista. Pero hay algo raro en el modo como la oposición está tratando de convencer al votante. En la mayoría de los casos, atacan a las personas que están en el gobierno, pero no atacan el fondo de lo que están ofreciendo al electorado.

Veamos, por ejemplo, el ataque a la nueva refinería de Dos Bocas. Acusan a la señora Rocío Nahle de ser inepta. Al agrónomo que dirige a Pemex, por la misma razón. Las objeciones son muchas: que se escogió mal el sitio, que ha habido sobreprecios, que ocurrió corrupción y una larga lista de fallas. Sin embargo, no se cuestiona el fondo del asunto. Realmente, ¿se justifica una nueva refinería? ¿Es mejor crearla o modernizar las refinerías existentes? ¿Contribuirá a mejorar nuestra economía? A un plazo medio o largo, ¿conviene seguir produciendo gasolina, cuando se espera un gran desarrollo de los vehículos eléctricos? Yendo aún más a fondo: ¿no nos convendrá más seguir importando gasolina? ¿Debemos seguir teniendo un monopolio estatal o nos convendría más tener varias compañías estatales, a cargo de diferentes zonas del país y compitiendo las unas con las otras, con lo cual se verían obligadas a ser más eficientes? O, en el extremo, ¿no deberíamos de tener compañías públicas y privadas en este sector? 

Esa es una discusión que podríamos tener y que nos permitiría aclarar si la oposición realmente tiene otra propuesta. Actualmente, su único ofrecimiento es que se quiten los de la 4T para que entren otros. Se cuestionan a las personas, no los orígenes de los problemas que tenemos, ni los supuestos para las soluciones que se han dado.

Por supuesto, no es fácil. Los adeptos a la oposición nos dicen que aún no es el momento para hacer propuestas. Tenemos poco más de dos semanas para que empecemos a escuchar ideas que entusiasmen a la ciudadanía. Pero, en este momento, solo estamos recibiendo una narrativa centrada en las fallas de los miembros de la 4T, pero dejando la impresión de que no se ofrece nada diferente más allá de cambiar a las personas a cargo de los distintos temas.  El gobierno y su candidata no ofrecen nada radicalmente diferente.  Su narrativa consiste en señalar los errores de las pasadas administraciones, y negar sus propias fallas, presentándolas como ataques infundados de aquellos que se sienten lastimados en sus privilegios. No les entra en sus cabezas que pudiera haber críticas de buena fe; cualquiera que les ve errores es, por definición, un malvado. Los casos de ineptitud se seguirán resolviendo conforme ganen experiencia sus actuales cuadros, nos dicen.

 La oposición anuncia: “aún hay tiempo.  Si decimos desde antes lo que pensamos hacer, nos van a copiar nuestras buenas ideas”, dicen. “Como copiaron la visita al Papa de la candidata a presidenta por la oposición”, añaden. Ambos bandos nos están pidiendo actos de fe, nos piden que confiemos en su buena voluntad.  Nosotros, los ciudadanos de a pie, necesitamos más.  Aunque no pidamos más detalle, pero que al menos nos den los conceptos básicos que harán diferentes a ambos bandos.

Cosas como el papel del gobierno en temas como la economía, el papel de los contrapesos que permitan a la Sociedad tener un control sobre el ejecutivo, el modo como este rendirá cuentas de manera efectiva al pueblo a través de sus representantes y sometiendo a juicio la legalidad de sus actos, a través del Poder Judicial. Sin estos aspectos básicos, podríamos llegar a tener un remedo de democracia, una simulación que permitiría dar la impresión de que tenemos democracia, como lo logró la dictadura perfecta, en muchos ámbitos internacionales.  Estaríamos buscando que no nos puedan criticar. Tanto la oposición como el Movimiento en el poder tienen que buscar cuáles son las propuestas que podían entusiasmar al electorado.  Con toda probabilidad, no necesitamos que esas promesas sean muchas.  Necesitamos que estén bien fundadas, que sean pocas, pero que se cumplan.

Antonio Maza Pereda