¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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domingo, 1 de noviembre de 2015

La población, el problema a largo plazo de China


Por algunos años el "milagro chino" ha sido motivo de análisis y una situación que se nos ha puesto como ejemplo de modelo de desarrollo. Y, efectivamente, mediante el cambio de su sistema económico, la creación de zonas económicas especiales y, en particular, un gran apoyo de las empresas occidentales que han buscado maquila y abastecimiento en China, este país ha logrado un desarrollo económico muy importante y ha sacado de la pobreza a de millones de personas.
Ahora, sin embargo, se ha visto un freno importante en este crecimiento de China. En este año su crecimiento ha sido menos de la mitad de lo que tuvo los mejores años de la primera década de este siglo y no se ve con claridad cuál podría ser una solución.
La prensa de negocios anuncia hoy un cambio fundamental en las políticas sociales de China. Se levanta la política de "sólo un hijo"; una política que frenó en seco el crecimiento demográfico de ese país y que fue acorde con los conceptos recomendados por la Organización de las Naciones Unidas y poderosos grupos como el Club de Roma, urgiendo a las acciones para limitar  la población, en algunos casos, condicionando a los países los apoyos para el desarrollo a la aplicación de estas medidas restrictivas. China hoy da marcha atrás. La gran pregunta es: ¿llega a tiempo  esta medida?
China tiene un poco más de 1,400 millones de habitantes. De seguir de la misma manera, para el año 2050 tendría 1,384, millones de personas. En otras palabras, ya no  crecerá y, si no se toman medidas, para finales de siglo llegarían a tener menos de 1000 millones de habitantes. Lo cual, a primera vista, no suena mal. Pero, por otro lado, la mayoría de esa población estaría ya en la ancianidad.
Hoy en día, según las estadísticas, sólo uno de cada cinco chinos  tiene 15 años o menos. Dentro de 25 años, esos chinos tendrán que sostener a un hijo por persona y probablemente dos ancianos por persona. Esto, suponiendo que todas las mujeres estén en el mercado de trabajo; en las familias con un solo ingreso la pareja tendrá que sostener a seis personas. Una carga fuerte que hará que el consumo se centre fundamentalmente en la subsistencia y no permitirá una mejora importante en el nivel de vida.
Otro asunto del que se habla poco. Debido a la política de "un solo hijo", muchas familias por razones culturales abortaron a las niñas y la diferencia ya se nota en las estadísticas: en la población de 15 años y menores casi 13% más de niños que de niñas, mientras que la población de 15 a 65 años los hombres sobrepasan a las mujeres por más del 5%. Con lo cual, la natalidad se verá retrasada al haber menor cantidad de mujeres en edad reproductiva que las que ocurre normalmente en la población.
¿Será suficiente este cambio de política? ¿Será necesario, en el largo plazo, que China haga algo impensable: buscar emigración de jóvenes para poder impulsar su economía? Algo que iría contra las tendencias milenarias de los chinos. La verdad, no se ven muchas opciones diferentes.
Detrás de esto está el fracaso de los intentos de "ingeniería social". El impulso que se dio a la reducción de la natalidad desde los años 70 y todavía hasta la fecha, empiezan a mostrar sus efectos adversos en una Europa envejecida, urgida de nuevos ciudadanos y que tienen como una posible salida permitir la emigración de jóvenes y, como ya ha ocurrido en Suecia y en Alemania, establecer estímulos de todo tipo, incluyendo fiscales, para qué las parejas busquen tener mayor número de hijos. Los resultados todavía no son visibles y la pregunta es la misma que uno se puede hacer en el caso de China: ¿llegarán a tiempo que estas medidas para lograr vencer lo que se ha llamado "invierno demográfico".? ¿Y en México?
Claro, no faltarán los que todavía creen en los conceptos de control natal de los setentas; un ejemplo muy visible lo tenemos en una ex secretaria que justificaba las fallas en la lucha contra la pobreza echándole  la culpa a que la gente tiene demasiados hijos. Como de costumbre, en México estamos reaccionando muy lentamente a los problemas que se están dando en los países desarrollados. Estamos a tiempo de establecer un enfoque de familia en nuestra política social, sin condicionar los apoyos a la esterilización de las parejas o al uso de medios anticonceptivos de diverso tipo. Visto de otra manera, el camino es respetar la libertad de las parejas y permitir que ellos, responsablemente, decidan el número de hijos que deben tener. Y, en todo caso, plantear apoyos para las familias numerosas.
Yo sé que esto es casi una blasfemia para una parte muy importante de la población que creen religiosamente en que tener un solo hijo es lo mejor para el país. Ahí están los resultados en países que mucho antes que nosotros implantaron estas medidas llegando, en algunos casos, a esterilizaciones forzadas y hasta el infanticidio. Esos mismos países son los que ahora están buscando dar marcha atrás, porque ven hacia adelante un futuro desastroso.




martes, 3 de febrero de 2015

Reducción del Gasto Público

Para casi todos, con excepción de una cierta izquierda, y no olvidemos que el PRI  es de izquierda, según la Internacional Socialista (de la de la cual es miembro desde hace muchos años), la reducción del gasto público es una medida necesaria. No sólo por la baja de los precios del petróleo, sino también por el desastroso resultado de la miscelánea fiscal promulgada en el 2013 y que significó un freno importante para la economía  en lo que va de sexenio.

Ahora la propuesta tiene que ver con lo que, en el lenguaje de los técnicos, es la reducción del gasto corriente y del gasto de inversión. Al parecer, las coberturas de que se adquirieron para amortiguar el efecto de la baja del petróleo, no fueron suficientes.

Hace mucho que el sector privado y la prensa de negocios han insistido en la reducción del gasto corriente del Gobierno. Lo que no se ha dicho es que la parte más importante de ese gasto significa remuneraciones del personal. Puesto de manera más sencilla: reducir el gasto corriente significa desemplear personas. En su mayoría: ciertamente hay algunos gastos como celulares, gastos de restoranes y viajes que no tienen que ver con salarios, pero  claramente son poco importantes en comparación con la gran masa salarial que significa la operación del Gobierno.

Sí, nos dicen que se reducirán los gastos de honorarios, los eventuales, los asesores. Pero, finalmente, también son personas que se quedarán desempleadas. Y si se desemplea una cantidad de personas que viven del gasto público, reducirán su consumo a lo indispensable o menos, y provocarán un freno importante a la economía, haciendo que los sectores productivos reduzcan su crecimiento, para lo cual desemplearán también a algunas personas, quienes a su vez reducirán su consumo y entraremos a un círculo vicioso que le pegará a la economía.

Probablemente sea algo necesario. Pero hay que verlo así: es como un enfermo que tiene que amputarse un miembro para evitar la muerte. Sin duda será necesario, pero no deja de ser un mal. Pero, se dice, es que el Gobierno tiene un gran exceso de personal. Estoy seguro que es cierto, pero reducir al personal en un momento en que la economía está estancada, es llevar a esas personas a quedar con pocas  posibilidades de obtener un empleo. Estrictamente, si planeáramos las cosas, el mejor momento para reducir el número de plazas ineficientes del Gobierno sería cuando la economía está creciendo. De ese modo, las personas que perderían su empleo tendrían más oportunidades para encontrar un nuevo empleo en un tiempo razonable. Recortar gastos del Gobierno en tiempos de estancamiento económico, puede ser que resuelva problemas presupuestales, pero provocando problemas sociales importantes.

¿Hay otras opciones? No muchas, pero las hay. Sin ser experto, se me ocurren algunas. Por ejemplo, hacer reducciones temporales en las prestaciones de los empleados del Gobierno, sobre todo en los de los niveles medios y altos. Reducir a la mitad del financiamiento los partidos políticos, sobre todo para mandar un mensaje de austeridad,  aunque su efecto probablemente sea relativamente pequeño. Lo mismo, reducir a la mitad sueldos de Senadores y Diputados. Reducir a la mitad del gasto para las próximas campañas electorales. Sí, ya sé que el argumento de darles dinero es para evitar la tentación de que reciban dinero del narcotráfico; pero la realidad nos ha mostrado que ese pago tan importante no ha servido para evitar la influencia de los delincuentes en muchas elecciones.

Se puede reducir el gasto de inversión, sobre todo en los proyectos faraónicos que claramente podrían reducirse o incluso eliminarse. Por ejemplo, los ferrocarriles. Se dice, y valía la pena investigarlo, que en todos los países los ferrocarriles operan con subsidio gubernamental. O sea, con dinero de nosotros, los contribuyentes. ¿Para qué hacer inversiones que de entrada significarán todavía más gasto público? Por ejemplo, el aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Se plantea multiplicar por cuatro su capacidad. ¿No podríamos construir solamente un aeropuerto de la misma capacidad que el actual y continuar creciendo posteriormente? Y, a propósito, si el nuevo aeropuerto va a tener los mismos acabados de lujo que tiene la segunda terminal del aeropuerto de la ciudad de México, sin duda costará mucho más que si nos conformamos con acabados austeros; es bien sabido que, en toda obra, uno de los gastos más importantes son los de los acabados.

No hay soluciones fáciles. Donde quiera que se recorte el gasto público o el gasto privado, si a  esas vamos, el resultado será algún desempleo. Porque la economía es algo muy complejo, porque todos sus componentes están conectados los unos con los otros. Si un sector de la población deja de comer caviar y langosta, seguramente causará desempleo en alguna otra parte de la economía. Si los ciudadanos dejan de renovar sus vehículos, o si reducen a la mitad su consumo en ropa y calzado, desemplearán a obreros de esas ramas industriales. No se puede desemplear a una cantidad importante de personas sin provocar problemas a corto plazo.


Sí, nos dicen, es algo doloroso pero prudente. Por supuesto, más doloroso para los muchos que sufren las medidas que para aquellos pocos que implementan las mismas. Es un tema que no puede tratarse sin tener una medida de compasión, compasión por todos aquellos a quienes esta situación dejará sin empleo. Es aquí donde se verá la sabiduría de nuestros gobernantes, es la oportunidad de demostrar que de veras saben gobernar. Es el momento de mostrar que son capaces, no sólo de recaudar más impuestos, sino sobre todo para aplicarlos de la mejor manera posible.