¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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sábado, 22 de agosto de 2015

¿Dónde están los nuevos mercados?

No se avanza. La economía mundial está más que estancada. También la economía de México. Y no es cosa de decir que hay otros que están peor: se acabó el tiempo de las vacas gordas y estamos en el de las vacas flacas. Los diagnósticos son lastimosamente incompletos, cortoplacistas, y no conducen a soluciones. No es un tema de intereses, paridades, medidas monetarias o ajustes fiscales. Medidas de austeridad algo sirven, en el corto plazo, pero no generan nuevos mercados.

¿Dónde está un nuevo Keynes, dicen algunos? Aunque la cruda realidad es que las medidas keynesianas no lograron soluciones definitivas: EEUU solo salió de la gran depresión mediante la Segunda Guerra Mundial. Porque, históricamente, las grandes crisis económicas se han resuelto por la guerra, el hambre o la emigración. Las grandes oleadas de emigraciones irlandesas, suecas e italianas, corresponden a las grandes depresiones o hambrunas en esos países.

Descartando esas situaciones tan dolorosas, ¿qué opciones hay? Si lo supiera, no estaría yo aquí escribiendo: estaría enriqueciéndome vendiendo la solución a los países poderosos. Pero la única solución que veo es la de encontrar nuevos mercados. La mayoría de los países emproblemados tienen un elevado desempleo, una capacidad productiva desocupada y poblaciones envejecidas a las que hay que sostener, que consumen poco y no pueden impulsar la economía. El caso de libro de texto es Grecia, pero con menor gravedad ocurre en la mayoría de Europa y en Japón, que empieza a medir su estancamiento en décadas.

Hablando hace poco con un español, que me hablaba de sus medidas de recorte presupuestal, reducción de intereses y asuntos similares, le preguntaba: ¿Dónde están sus nuevos mercados? Para lo cual no tuvo respuesta. ¿Cuáles son sus nuevos productos, empresas, modelos de negocio? Otra vez, silencio. Y eso se repite en muchos países de Europa. ¿Cuáles son los nuevos mercados de Grecia? Buena pegunta. ¿Recuerda Usted algún producto griego de exportación? ¿Alguna marca griega de alcance mundial? Si lo sabe, mis respetos. Y ahora, que con las medidas de austeridad, han quitado las exenciones de impuestos a sus sitios turísticos, y que los europeos tienen poco dinero para turistear, su situación se ve bastante difícil.

Ante esta triste situación, una nación europea está creciendo, modestamente, pero sólidamente: Alemania. ¿Qué hace la diferencia? Cuando se derrumbó la zona Soviética, Alemania Occidental absorbió a la Alemania Oriental, con una economía muy débil, una población con muy  bajo poder adquisitivo. Y se dedicaron a poner al día a Alemania Oriental. No solo esto: empezaron a ofrecer ciudadanía a las minorías de habla germánica, que existían en varios países de la órbita soviética. Esto generó un gran mercado interno para el cual había que crear capacidades, nuevos productos, construcción, etcétera. Y es un proceso que no ha terminado y que sigue dándole a la economía germana un mercado hacia el cual pueden seguir creciendo. Podría decirse que Alemania está siendo recompensada por su generosidad al ayudar a las poblaciones que absorbió al terminar la Guerra Fría.

Y para otros países, ¿Dónde están los nuevos mercados? A riesgo de equivocarme, digo que lo único que puede generar crecimiento mundial, es ayudar a los países pobres y de economía intermedia a desarrollar en serio sus economías. Ayudarlos a que produzcan, no a que compren los  productos elaborados de los países ricos.  No dar limosnas disfrazadas de “ayudas” que solo dan alivio a corto plazo. Hacer que haya más economías prósperas. Actuar en serio contra la corrupción y no propiciarla como hacen muchas de sus empresas. Cuando los africanos tengan el nivel de consumo que tienen los países pobres de Europa, como Grecia, por ejemplo (pobres comparados al nivel europeo, pero ya quisiéramos tener su ingreso per cápita) habrá para el Mundo mercados nuevos que impulsarán la economía de todos.

Y,  a propósito, en México tenemos una situación similar. Nuestros 50 millones de pobres son una enorme oportunidad. Elevarlos al nivel de la clase media generaría un impulso que nos ayudaría a dejar de crecer a los niveles ridículos que lo estamos haciendo. Nada simple. Tendríamos que dejar posiciones ideológicas obsoletas que nos impiden dejar de ver al pobre como sujeto de lástima y limosnas o como una clientela que nos genera votos a cambio de dádivas, y verlos como sujetos de su propio desarrollo. Tendríamos que combatir en serio a la corrupción a todos los niveles. Tendríamos que hacer sacrificios, no hay duda. Y a nadie nos gusta hacerlo.
Los apoyos filantrópicos a los pobres solo generan soluciones a corto plazo y crean dependencia. Pueden ser muy  necesarios, como una solución  de emergencia, pero no sirven a largo plazo. Son soluciones heroicas, pero no se pueden estar usando a tiempo completo. Es como si un enfermo tiene que amputarse un miembro para evitar la muerte. Hay que hacerlo, no hay duda. Pero esa es una solución de emergencia: no puede seguírsele amputando miembros al enfermo permanentemente. Hay que ir a la causa y resolver de fondo.


Creo que tenemos delante una gran oportunidad: una población del tamaño de muchos países europeos: los mexicanos pobres. Por solidaridad, por amor a los nuestros, hay que ayudarlos: pero ahí está también la solución a muchos de nuestros problemas económicos. Se dice que cuando no hay opciones, no hay estrategia. Solo hay la obligación de seguir ese camino. Y, a largo plazo, no veo otro remedio que resuelva seriamente estos males mexicanos y mundiales.

domingo, 12 de julio de 2015

¿Qué aprendimos de la tragedia griega?

Después de dos semanas en primera plana, una gran expectativa sobre los resultados de un referéndum hecho aceleradamente y  con preguntas confusas, la tragedia griega del 2015 ya no está en las primeras planas. En parte porque no ocurrió lo que muchos temían: que al rechazarse en referéndum las propuestas de austeridad que se le ofrecían a Grecia, hubiera pánico en los mercados, y  grandes manifestaciones de miedo o de apoyo. Pero fue como si ya todo mundo lo hubiera esperado y la vida siguió como de costumbre. Una baja marginal en las bolsas de valores, seguida por un aumento que más que compensó esas caídas, bastante estabilidad del Euro, una frialdad de los acreedores que no se apresuraron a tratar de "contener los daños": todo esto contribuyó a que el asunto haya dejado de ser noticia.
El primer resultado concreto de este referéndum es una propuesta del premier griego Alexis Tsipras a sus acreedores que, contrario a lo aprobado en el referéndum, propone más medidas de austeridad: aumento de impuestos, reducción de la participación del gobierno en la economía, moderación de los programas de pensiones: medidas que en  conjunto significan una reducción del nivel de vida de una buena cantidad de los griegos. En particular, el aumento del IVA en las regiones con mayor afluencia turística, las islas griegas, podría hacer que se disminuya el turismo, uno de los principales ingresos de divisas duras que tiene el país. Estrictamente, podría dudarse de cuál fue el objeto de dicho referéndum. El 60% votaron contra la austeridad y finalmente, su gobierno  está proponiendo más austeridad. Supuestamente lo que se buscaba era tener un mandato, un apoyo para poder oponerse a las medidas exigidas por los acreedores del país. Pero no fue así. No cabe duda: los antiguos griegos nos heredaron a toda la humanidad la democracia y los filósofos, pero también nos heredaron la demagogia y los sofistas. Y parecería que el señor Alexis Tsipras ha asumido este segundo tipo de herencia.
Lo que sí se está pidiendo es lo que se llama una "quita" de la deuda; 74,000 millones de Euros. La tercera vez en menos de cinco años que los griegos han pedido dichas “quitas”, que han sido inútiles para sacarlos de la crisis. Y esto por buenas razones; la reducción de la deuda ocurre en el papel y no entra ni un solo Euro adicional a la economía del país. En todo caso, se obtiene una reducción de los intereses que venían pagando (u omitiendo pagar, como fue el caso). Pero nada de esto resuelve su problemática de fondo. Lo único de logra es tiempo. Que lo necesita, pero no se dice con claridad para qué van a usar ese tiempo. Porque si siguen haciendo lo mismo, en unos años estarán igual o peor.
En las reuniones de este sábado y domingo, hay la impresión de que el referéndum fue contraproducente. Ahora se habla de que Grecia deje el Euro por cinco años, de que haga aún más privatizaciones, de que permita que se supervise en el campo lo que se acuerde, que aprueben nuevas leyes para el próximo miércoles y otras medidas más. El asunto, dicen los acreedores, es que ahora Grecia se tiene que ganar la confianza de Europa.  
Pero el asunto no ha quedado resuelto. Se logra una solución de corto plazo, habrá un poco más de liquidez en los bancos griegos, pero esto no modifica los "fundamentales" de la economía  griega. Lo que llevó a Grecia en esta crisis, en primer lugar, toda una serie de circunstancias que no cambian con esta negociación. Más del 50% de la población, entre empleados directos del gobierno, desempleados y retirados reciben su ingreso del gobierno. El invierno demográfico, la reducción de la población étnica griega a largo plazo, el enorme desempleo de jóvenes hacen que la economía no esté produciendo ingresos suficientes para pagar su deuda ni para mantener un nivel de vida similar a los de otros países Europeos. Aunque, para ser justos, hay que reconocer que su nivel de vida es muy superior al de los latinoamericanos mejor desarrollados, siendo su ingreso per cápita más del doble del que tienen los mexicanos, por ejemplo.
Un problema que no es únicamente griego, sino también europeo, es la ausencia de mercados que les permitan un crecimiento robusto. Sus mercados internos están estancados o en declinación, debido al hecho de que sus poblaciones son cada vez más ancianas y los ancianos no consumen mucho. Todos tienen desempleo, en distinto grado, y fundamentalmente de jóvenes: justamente los que están en la edad que más podrían aportar a la economía. Por otro lado, el surgimiento de nuevos jugadores en el mercado internacional, notablemente China e India, ha hecho que los productos europeos sean poco competitivos en los mercados mundiales. Y, por lo visto, las soluciones que se están ofreciendo a las economías europeas no incluyen planes concretos para ampliar sus mercados, sobre todo los mundiales. En mi opinión, esto sólo es posible invirtiendo fuertemente en hacer que los países pobres salgan de su pobreza y puedan acceder con sus productos a los mercados mundiales,  de manera que tengan excedentes que les permitan adquirir productos de los países desarrollados. Seguir protegiendo a los productos europeos generados ineficientemente (como muchos de sus productos agropecuarios) es totalmente contraproducente.
¿Qué podemos aprender de estas tragedias? A primera vista hay algunas lecciones. La primera es que con las finanzas públicas no se juega. La realidad es tremendamente terca. Sí, se pueden lograr algunas enmiendas temporales, pero finalmente se termina pagando la cuenta. Crecer en base a deudas, operar con déficit presupuestario, puede dar un crecimiento temporal, pero en algún momento habrá que pagar. No es que no deba de haber deudas, lo importante es qué se adquiere con esos fondos que se obtienen. Cuando se invierte en infraestructura, en desarrollo tecnológico, en desarrollo de mercados, se generan ingresos que permitan pagar los intereses de las deudas y el principal. Cuando se adquieren deudas para pagar el gasto corriente del gobierno, las pensiones, y compensar los errores presupuestales, esas deudas se vuelven impagables porque no generan los recursos necesarios para sufragarlas. Eso, suponiendo, que el dinero no se desperdicie a través de la corrupción. Que es una gran suposición. Grecia necesita “dinero fresco” para modernizarse, desarrollar mercados y productos nuevos. Y no se dice nada al respecto, ni parte de los griegos ni de sus acreedores.
Otra lección es no olvidar los "fundamentales" de la economía. El Estado de derecho, la acción de los tribunales para asegurar que se cumplan los contratos. Buena recaudación fiscal. Limitación y moderación de los monopolios y oligopolios. Asegurar que los salarios permitan a las familias tener algún consumo adicional a los mínimos de subsistencia. Limitar los subsidios que permiten alargar la agonía de empresas y sectores pocos productivos y, en cambio, invertir en mejorar la competitividad de la economía. Y una lección muy amarga: el deudor insolvente, sea una familia, una empresa o un país, pierde libertades. Ya no tiene su destino en sus manos y tiene que aceptar las condiciones que le impongan.
Ojalá todos, y en primer lugar los Europeos, específicamente los griegos, aprendamos de estas situaciones. En el fondo, el gran problema es seguir viendo la vida de las naciones a corto plazo, consolándonos con el dicho atribuido a Keynes: "En el largo plazo, todos estaremos muertos". Lo cual es cierto; todos estaremos muertos pero no nuestros hijos y nuestros nietos. Ellos son los que requieren que construyamos economías sólidas, no situaciones donde lo que les heredemos sean deudas y austeridad.


sábado, 4 de julio de 2015

La tragedia griega, segunda edición

En los últimos años, y en especial en las últimas semanas, la prensa de negocios nos ha hablado de la "Tragedia Griega", apodo que le han puesto a la crisis económica que está ocurriendo en Grecia. Una tragedia que, en realidad, no es solo griega, sino fundamentalmente europea. La verdad, toda la comunidad comparte la misma situación, las mismas causas y la misma incapacidad de tener soluciones para su tragedia. Grecia es solo el caso más agudo. Y me parece que esto no se está entendiendo.
Visto a corto plazo, la tragedia procede del endeudamiento provocado por la crisis económica mundial iniciada en el año 2008 o 2009, según el autor al que usted le crea. Sin embargo, nos encontramos que la tragedia no es únicamente griega. Portugal, y España, presentan síntomas muy semejantes a los que presenta la economía griega. Las medidas para resolverlos son muy similares: recorte presupuestal, mayormente en el gasto social, y aportación de cantidades fabulosas de fondos procedentes de la Comunidad Europea.
Visto en términos de largo plazo, las raíces de este problema son mucho más antiguas. En los años cincuenta del siglo XX, la mayoría de los estados de Europa occidental adoptaron el concepto del "Estado Benefactor". Se basaron en dos supuestos importantes: el aumento de la productividad de los europeos y la permanencia de la pirámide poblacional. Para reforzar este concepto, se promovió una intensa campaña para convencer a la población de reducir la natalidad. 60 años después nos encontramos con la situación de que la población de Europa, en muchos países y en muchos sectores, ya está,  en una alta proporción, en la edad de retiro, que no es precisamente aquella donde se puede esperar la mayor productividad. Por otro lado, al reducirse drásticamente la natalidad, la proporción del gasto social que puede sostenerse a partir de la aportación de los trabajadores en edad laboral, se hace cada vez menos sostenible.
Por esta razón, en la mayoría de estos países las soluciones están basadas en la reducción del gasto social, la reducción de las pensiones y leyes para posponer la edad de retiro. Y, además, el desempleo juvenil está en cifras espeluznantes. En Grecia, por ejemplo, el 32.9% de la población tiene 55 años o más, de los cuales el 20.2 % son mayores de 65 años. El 26.8% de la población económicamente activa   está desempleada, mientras que en los jóvenes el desempleo es de 55.3%  (en las mujeres es de 63.2%).
Por si fuera poco estos jóvenes, muchos con estudios avanzados, no se muestran muy dispuestos a entrar a trabajos en el campo o en las fábricas, con lo que se crea una demanda para mano de obra poco o medianamente especializada. Y a esa mano de obra, hay que importarla y darle prestaciones sociales.
Grecia es un caso del llamado “invierno demográfico”. Su  población crece al 0.01% anual, esencialmente el “crecimiento cero”. Los hijos por mujer son 1.4, muy por debajo del 2.1 por mujer, que se considera necesario para que la población se renueve.
Claramente, habrá que tomar algunas medidas de Corto Plazo. Pero van a ser solamente una "curita" cuando se necesita cirugía mayor. Las medidas de Largo Plazo no darán resultados rápidamente. Eso es claro para todos. Lo grave es que no se están proponiendo soluciones de largo plazo. Por ejemplo, encontrar empleos productivos para los jóvenes que hoy no encuentran empleo, para evitar tener una generación completa de personas dependientes de la beneficencia pública. Resolver el problema de una emigración que no pueden evitar a largo plazo, porque, parafraseando a Keynes, en el largo plazo todos los actuales trabajadores estarán muertos y no es suficiente la población con residencia legal para sustituirlos. Y no en un plazo demasiado largo. Hay que llevar a cabo soluciones dolorosas, como por ejemplo, trabajar en la base de la pirámide de los países menos desarrollados para generar un crecimiento sostenible de la economía mundial, que no esté basado en el consumismo de unos pocos sino en el consumo de los muchos que tengan un nivel de vida decente.
Las renegociaciones que les proponen Europa y los organismos internacionales a Grecia, no resuelven el problema de fondo. Les darían fondos para  cubrir los pagos inmediatos de sus deudas, pero eso no da ni un euro más a la población. Le pueden prestar al gobierno griego para que pueda pagar las pensiones, pero eso no crea trabajos productivos. En este momento, el 50% de su población depende del Gobierno para su ingreso. Pero esos puestos agregan poco valor; no se genera riqueza. De hecho, desde que empezó la  crisis, el PIB de Grecia ha caído más de 20%. Su deuda pública es del 174.5% de su PIB. Si tuviéramos las mismas proporciones, sería como si México debiera 2.3 millones de millones de dólares; actualmente debemos algo más de 500 miles de millones de dólares, en proporción, menos de la cuarta parte de lo que deben los griegos.
Pero, en principio, la Comunidad Europea tiene la misma problemática. Una población envejecida, combinada con alto desempleo juvenil, hace que no puedan esperar un crecimiento económico robusto, porque los ancianos por definición consumen poco y los desempleados tampoco consumen mucho. Los trabajadores ilegales, mal pagados y obligados a apoyar a sus familias en los lugares de origen, no contribuyen mucho al consumo. Una proporción creciente del dinero que puede usar los gobiernos, se van en pagos de pensiones y subvenciones de desempleo, mientras que la base de contribuyentes se reduce. Y los malabarismos monetarios que están haciendo, no ayudan a generar nuevos mercados que soporten el crecimiento de sus economías.
El referéndum griego que hoy nos tiene muy preocupados, tiene escasa importancia. Fuera de la Unión Europea, Grecia tiene aún menores oportunidades de mejorar. Pero, aun quedándose  y aceptando la austeridad que se le impone, no hay una solución de plazo medio a su dificultad para crecer, porque eso depende de un mercado interno, hoy muy deprimido, y de un mercado externo al que no están llegando y para el cuál no se ve una estrategia.

No está fácil, ¿verdad? Por demasiado tiempo se estuvo posponiendo una visión de Largo Plazo. Ahora, no habrá medidas fáciles ni indoloras. Por el bien de la economía mundial, ojalá todavía haya tiempo. Y ojalá aprendamos de esta tragedia para que tomemos a tiempo las medidas necesarias.

martes, 3 de febrero de 2015

Reducción del Gasto Público

Para casi todos, con excepción de una cierta izquierda, y no olvidemos que el PRI  es de izquierda, según la Internacional Socialista (de la de la cual es miembro desde hace muchos años), la reducción del gasto público es una medida necesaria. No sólo por la baja de los precios del petróleo, sino también por el desastroso resultado de la miscelánea fiscal promulgada en el 2013 y que significó un freno importante para la economía  en lo que va de sexenio.

Ahora la propuesta tiene que ver con lo que, en el lenguaje de los técnicos, es la reducción del gasto corriente y del gasto de inversión. Al parecer, las coberturas de que se adquirieron para amortiguar el efecto de la baja del petróleo, no fueron suficientes.

Hace mucho que el sector privado y la prensa de negocios han insistido en la reducción del gasto corriente del Gobierno. Lo que no se ha dicho es que la parte más importante de ese gasto significa remuneraciones del personal. Puesto de manera más sencilla: reducir el gasto corriente significa desemplear personas. En su mayoría: ciertamente hay algunos gastos como celulares, gastos de restoranes y viajes que no tienen que ver con salarios, pero  claramente son poco importantes en comparación con la gran masa salarial que significa la operación del Gobierno.

Sí, nos dicen que se reducirán los gastos de honorarios, los eventuales, los asesores. Pero, finalmente, también son personas que se quedarán desempleadas. Y si se desemplea una cantidad de personas que viven del gasto público, reducirán su consumo a lo indispensable o menos, y provocarán un freno importante a la economía, haciendo que los sectores productivos reduzcan su crecimiento, para lo cual desemplearán también a algunas personas, quienes a su vez reducirán su consumo y entraremos a un círculo vicioso que le pegará a la economía.

Probablemente sea algo necesario. Pero hay que verlo así: es como un enfermo que tiene que amputarse un miembro para evitar la muerte. Sin duda será necesario, pero no deja de ser un mal. Pero, se dice, es que el Gobierno tiene un gran exceso de personal. Estoy seguro que es cierto, pero reducir al personal en un momento en que la economía está estancada, es llevar a esas personas a quedar con pocas  posibilidades de obtener un empleo. Estrictamente, si planeáramos las cosas, el mejor momento para reducir el número de plazas ineficientes del Gobierno sería cuando la economía está creciendo. De ese modo, las personas que perderían su empleo tendrían más oportunidades para encontrar un nuevo empleo en un tiempo razonable. Recortar gastos del Gobierno en tiempos de estancamiento económico, puede ser que resuelva problemas presupuestales, pero provocando problemas sociales importantes.

¿Hay otras opciones? No muchas, pero las hay. Sin ser experto, se me ocurren algunas. Por ejemplo, hacer reducciones temporales en las prestaciones de los empleados del Gobierno, sobre todo en los de los niveles medios y altos. Reducir a la mitad del financiamiento los partidos políticos, sobre todo para mandar un mensaje de austeridad,  aunque su efecto probablemente sea relativamente pequeño. Lo mismo, reducir a la mitad sueldos de Senadores y Diputados. Reducir a la mitad del gasto para las próximas campañas electorales. Sí, ya sé que el argumento de darles dinero es para evitar la tentación de que reciban dinero del narcotráfico; pero la realidad nos ha mostrado que ese pago tan importante no ha servido para evitar la influencia de los delincuentes en muchas elecciones.

Se puede reducir el gasto de inversión, sobre todo en los proyectos faraónicos que claramente podrían reducirse o incluso eliminarse. Por ejemplo, los ferrocarriles. Se dice, y valía la pena investigarlo, que en todos los países los ferrocarriles operan con subsidio gubernamental. O sea, con dinero de nosotros, los contribuyentes. ¿Para qué hacer inversiones que de entrada significarán todavía más gasto público? Por ejemplo, el aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Se plantea multiplicar por cuatro su capacidad. ¿No podríamos construir solamente un aeropuerto de la misma capacidad que el actual y continuar creciendo posteriormente? Y, a propósito, si el nuevo aeropuerto va a tener los mismos acabados de lujo que tiene la segunda terminal del aeropuerto de la ciudad de México, sin duda costará mucho más que si nos conformamos con acabados austeros; es bien sabido que, en toda obra, uno de los gastos más importantes son los de los acabados.

No hay soluciones fáciles. Donde quiera que se recorte el gasto público o el gasto privado, si a  esas vamos, el resultado será algún desempleo. Porque la economía es algo muy complejo, porque todos sus componentes están conectados los unos con los otros. Si un sector de la población deja de comer caviar y langosta, seguramente causará desempleo en alguna otra parte de la economía. Si los ciudadanos dejan de renovar sus vehículos, o si reducen a la mitad su consumo en ropa y calzado, desemplearán a obreros de esas ramas industriales. No se puede desemplear a una cantidad importante de personas sin provocar problemas a corto plazo.


Sí, nos dicen, es algo doloroso pero prudente. Por supuesto, más doloroso para los muchos que sufren las medidas que para aquellos pocos que implementan las mismas. Es un tema que no puede tratarse sin tener una medida de compasión, compasión por todos aquellos a quienes esta situación dejará sin empleo. Es aquí donde se verá la sabiduría de nuestros gobernantes, es la oportunidad de demostrar que de veras saben gobernar. Es el momento de mostrar que son capaces, no sólo de recaudar más impuestos, sino sobre todo para aplicarlos de la mejor manera posible.