¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 12 de junio de 2023

Elecciones y lecciones

 Es complicado para este escribidor hacer un análisis científico de las elecciones del pasado cuatro de junio.  No soy politólogo y a lo más que puedo aspirar es a hacer un comentario desde mi papel de ciudadano de a pie, totalmente basado en mi sentido común. Que algunos dicen que es el menos común de los sentidos, y en eso me baso para poder atreverme a decir a ustedes mis opiniones.

Primeramente, queda claro que triunfó quien tuvo la mejor estructura territorial. La contienda no se decidió en las redes sociales ni en los medios.  Se ganó o se perdió a nivel de tierra.  En ese tema, tradicionalmente.  el Partido Revolucionario Institucional (PRI), siempre ha llevado la ventaja. no sólo por su larga experiencia, sino por el hecho de que los demás partidos sólo se acercan a la ciudadanía en el tiempo de las elecciones, mientras que la estructura del PRI mantiene una presencia bastante completa entre las elecciones y, por supuesto, con mayor intensidad durante la temporada de votaciones. Lo que ha hecho que los participantes en la estructura territorial priista, ahora transferida a MORENA, tiene personal que es conocido ampliamente  en distintos sectores de la población.

 Esto ocurre sobre todo en el centro y sur del país y particularmente en el Estado de México;  no tanto en los Estados del norte del país como lo es Coahuila.  Los otros partidos han confiado, probablemente en exceso, en el poder de las redes sociales.  Cuyo influjo es mucho más potente en los niveles socioeconómicos medio y alto, pero no tanto en los sectores mayoritarios. Sí, hay alta presencia en las redes con el voto duro de los partidos, pero esto no necesariamente se traduce en votos.

Otra lección es que aquellos partidos que tuvieron divisiones internas perdieron. A veces los dirigentes piensan, de una manera muy simplista, que el hecho de lograr una asociación a alto nivel entre los distintos aliados, va a significar una transferencia automática de los votos de algunos de los aliados hacia los otros. El ejemplo es Coahuila, dónde a última hora se logró una alianza entre MORENA y el Partido Verde Ecologista,  que se tradujo en una pérdida de votos que se emitieron a favor del candidato que originalmente tuvo ese partido.  Pero muy probablemente la pérdida fue mayor.  Algunos que habían decidido votar por el candidato original del Partido Verde, siguieron votando por ese candidato. pero no hay manera de saber cuántos de esos decepcionados por una alianza en la que no fueron consultados,  decidieron no votar o votaron por el priismo,  como un voto de castigo para MORENA. No hay modo de conocer qué fue lo que ocurrió.

Probablemente la consecuencia mayor a largo plazo es el daño que sufrirán los partidos de oposición.  Hay pocas dudas de que el PRD es un partido moribundo. Si no logra una alianza con los otros partidos de oposición, no tendría nada de raro que pierda su registro. Con lo cual en el espectro político mexicano se perdería, al menos temporalmente, una expresión de izquierda democrática. Lo cual verdaderamente sería una pena. Aquellos izquierdistas que vienen de una larga lucha contra el sistema priista, no están nada dispuestos asociarse con el PRI ni con el PAN.  Pero tampoco están inclinados a aceptar el tipo de izquierda morenista. Y, por supuesto, en un año que resta para las elecciones federales, no hay tiempo para desarrollar un nuevo partido que pueda darse a conocer, convencer a la ciudadanía y obtener el registro necesario para participar en 2024. Lo cual nos diría que al menos se requerirán siete años para tener un nuevo partido de izquierda democrática.

Tampoco es claro que la alianza del PRI con Acción Nacional tiene toda la fortaleza necesaria. Una asociación impuesta por las circunstancias, pero difícil de mantener: la unión entre un partido como el PRI que tradicionalmente ha sido miembro de la Internacional Socialista,  con un partido como Acción Nacional que incluyó a bastantes elementos de la derecha mexicana,  pero que tampoco es el único sector que lo conforma.  A pesar de que este sea el modo como la prensa tradicional lo califica.  Tampoco es del todo cierto que el PRI está conformado solamente por socialistas. Entre sus filas hay una parte importante de miembros de corte liberal y neoliberal, lo que en otro tiempo se decía qué ahí había el sector de los políticos, que ahora mayormente han emigrado a MORENA, y los neoliberales, que en general continúan en ese partido o se han retirado de la política.

De modo que no tendría nada de raro que en las elecciones del año 2024 se firme la muerte de los partidos de oposición y tengamos que pasar algunos años antes de que se conformen nuevos institutos políticos, logren desarrollar una filosofía política atractiva para la población,  crear el número de adherentes necesario para poder registrarse como partido político y poder competir exitosamente dentro de algunos años. Esto, sobre todo, si en las elecciones del 2024 la alianza opositora tiene una derrota contundente.  Pero aún en el caso de tener una derrota menor, es muy difícil que se pueda mantener una alianza tan disímbola como la que presentan esos partidos.  El reto es lograr, en un tiempo récord, construir una nueva filosofía política, transmitirla eficazmente al electorado y convencer a una parte importante de los ciudadanos  que se decidan a participar  y formar el núcleo duro de un nuevo partido qué pueda ser exitoso.

¿Quiero decir con esto que todo está perdido para los partidos de oposición? De ninguna manera.  Pero, en cierto modo, su éxito va a depender, sobre todo, del efecto de las ambiciones entre los distintos sectores de MORENA y sus aliados, dónde se cuentan al menos seis aspirantes a la presidencia. Dependerá de la capacidad de Andrés Manuel de imponer una disciplina férrea entre esos aspirantes. De alguna manera, se necesitará lograr una “operación cicatriz” sumamente exitosa, no sólo al nivel de los aspirantes, sino sobre todo al nivel de quiénes los han apoyado hasta este momento. Que no hay ninguna garantía de que tengan la misma disciplina que tendrán los multicitados “corcholatas”, y que no irán a cambiar su voto ni se irán al abstencionismo. 

 Antonio Maza Pereda

sábado, 25 de febrero de 2023

¿Un nuevo partido?

En una semana particularmente movida, la que inició el 12 de febrero del 2023, uno de los expresidentes anunciaba la creación de un partido nuevo. Nada menos. Valdría la pena preguntarse qué será lo verdaderamente nuevo de ese partido: ¿acaso sus miembros? Eso significaría que la actual clase política no participará. ¿Acaso nuevas ideas? Actualmente no se ve en el panorama algo por el estilo. Sin embargo, es muy posible que el electorado realmente daría la bienvenida a alguien que nos presentara opciones diferentes. ¿Será el caso de una organización y un grupo de ciudadanos qué no carguen con el desprestigio, justo o injusto, con el que cargan hoy las distintas facciones políticas?

Dado el origen de quiénes están anunciando la creación de un nuevo partido, parecería como que sería una escisión del Partido Acción Nacional (PAN). Que no sería la primera vez que ocurra, y que en general no han sido exitosas. Hace ya algunos años un grupo de panistas antiguos, miembros de las llamadas “familias custodio” qué ideó su fundador Manuel Gómez Morín,  como una manera de proteger a este partido ante la posibilidad de ser penetrado por el partido dominante,  anunciaron que abandonaban el PAN, y formaron un grupo político en el cual se destacaba Efraín Gonzalez Morfín. No hay manera de saber cuál era su propósito: posiblemente pensaban que el nombre por sí solo atraería al electorado o, tal vez, confiaron en que tenían mucho prestigio por su larga militancia en su partido y que sus miembros abandonarían al PAN logrando que una parte importante del electorado se les adheriría. Lo cual, por supuesto, no ocurrió.

No es nada fácil crear un nuevo partido. Generalmente se busca crearlo con ideas diferentes a las de los partidos existentes, pero muchas veces lo que realmente le da consistencia a un partido no son tanto las convicciones cómo el hecho de que pueda lograr el entusiasmo de los votantes. Lo cual no se ve en el panorama. ¿Será acaso que el concepto de Manuel Gómez Morín de la “brega de eternidad”, se está cumpliendo? ¿Será que no es factible lograr un cambio sustancial en el electorado en un período de menos de año y medio? No es fácil decirlo.

Ya se ha comentado en estas páginas el hecho de que el electorado tiene un gran desencanto con los partidos políticos, los cuales ya ni siquiera quieren usar ese nombre. Hace unas pocas semanas surgió una iniciativa muy interesante, Mexicolectivo, con la idea de reunir un grupo importante de personas interesadas en los temas políticos, pertenecientes a algunos de los partidos con la tendencia socialdemócrata, con la idea de influir de manera decisiva en las próximas elecciones federales. Algunas semanas después, no se ha visto un crecimiento importante entre los que se han adherido a esta iniciativa. Actualmente el número de adherentes a este grupo es de 1343, un crecimiento de 160 personas inscritas en 19 días. Es cierto que este grupo está aún en su etapa de implementación, pero es claro que no se percibe un gran entusiasmo en la población por el concepto de generar una cantidad copiosa de propuestas para crear un nuevo modelo de gobierno en este país.

 Si no se logra mayor participación y más aportación de nuevas ideas, volveremos a buscar un caudillo, un personaje providente qué aglutine la voluntad nacional. Desgraciadamente para la oposición y en alguna manera también para MORENA, en el horizonte el único qué tiene esas características es el actual Presidente. Sus posibles sucesores, a los que él mismo llamó “corcholatas”, no han creado un gran entusiasmo entre la población: solamente tienen eco en su propio partido. Finalmente, volvemos al qué fue el modelo del Partido Revolucionario Institucional, dónde los posibles sucesores del Presidente era muy cuidadosos de no hacer ruido, siguiendo el concepto de uno de los políticos más longevos de este país, de qué “quién se mueve no sale en la foto”.

Ante esta situación. ¿acaso nos encontraremos ante un escenario en qué, por mera inercia tendremos otro sexenio con el mismo grupo directivo y con el modelo de un jefe máximo, cómo fue el de Plutarco Elías Calles, al terminar la etapa más virulenta de la Revolución? ¿Acaso tendremos a un jefe máximo de la 4T, que tome las decisiones de fondo, aunque nominalmente haya un Presidente en funciones?

Es una situación poco agradable, pero en todo caso no sería tan malo si la ciudadanía reconoce las lecciones que nos está dejando la situación actual. Pero, por supuesto, para ello tendríamos que tener bastante claridad sobre cuáles son las lecciones qué deberíamos aprender y de qué manera podemos transmitirlas a los votantes para lograr que tengamos,  finalmente, el nivel de madurez política que nos ha hecho falta desde que somos una nación independiente.

Antonio Maza Pereda

lunes, 13 de febrero de 2023

Mexicolectivo y la unidad

 Continuando la conversación de la semana pasada, sobre la propuesta de Mexicolectivo, buscando crear una visión para el futuro de nuestro país, parece que hay el propósito de lograr una cierta medida de unidad  entre los participantes de este grupo y los que se adhieran a su propuesta.

Antes de poder entrar a las ideas concretas, que ya se están empezando a capturar en esta aplicación, hay que cuestionarnos si realmente es posible aspirar a la unidad  del electorado. Más aún: valdría la pena cuestionar si es verdaderamente necesario. Lo que se necesita es tener un conjunto de principios comunes, unos mínimos acuerdos qué nos permitan construir la democracia que estamos buscando.

Es muy probable que todos podamos tener bastante unidad en cuanto a una visión de país. Una visión que puede ser de corto o de largo plazo. Sin embargo, en términos generales, sería muy raro encontrar quien no esté de acuerdo en qué queremos tener una mejor economía,  seguridad, paz interior, reparto justo de la riqueza y otros conceptos parecidos.

Tal vez podamos tener mayores diferencias en cuanto a las prioridades. Mientras algunos pudieran tener como prioridad la paz interior, para otros posiblemente la prioridad estuviera en un reparto equitativo de la riqueza, como un prerrequisito para tener paz interior. Posiblemente los primeros argumentarían que no se puede crear riqueza de manera sostenida mientras no se tenga paz. Y es importante que cada quién defina con claridad cuáles son esas prioridades. U otras.

A partir de estas preferencias habrá que estar aproximadamente de acuerdo en cuanto a los grandes objetivos. Lo cual ya es más complicado. En alguno de los documentos de Mexicolectivo se habla, por ejemplo, de tener un aumento del producto interno bruto del 5% anual. No faltará quien piense que 5% es demasiado poco y otros piensen que 5% es difícil de obtener en el corto plazo.

Pero aún tendríamos que estar de acuerdo en cuál es la estrategia, cuál sería el modo cómo alcanzaríamos ese crecimiento de la economía. Posiblemente habría algunos qué dirían que eso sólo se puede lograr sí facilitamos muy ampliamente la participación privada en la economía, en todas las actividades productivas. Por otro lado, seguramente habrá quien piense que el único modo de lograr ese tipo de crecimiento es poniendo toda la economía bajo el mando del gobierno. Y aún habría algunos que pensarían que la mejor solución estaría en una mezcla del sector público y sector privado en la economía.

El punto es que podemos ponernos más fácilmente de acuerdo en una visión, y conforme vamos bajando hasta los detalles nos encontramos con que no estamos teniendo acuerdos. Y así como puse estos ejemplos podríamos tener muchos otros. Por ejemplo: ¿De qué manera logramos la paz interior?, ¿Cómo transformamos nuestro sistema judicial para evitar la horrible tasa de impunidad que estamos padeciendo? ¿Cómo reduciremos sustancialmente la corrupción: por el medio chino de fusilamiento de los corruptos, o por medio de una profunda educación cívica, para que la existencia de la corrupción sea impensable para la ciudadanía?

El asunto es que las ideologías hacen complicado llegar a los acuerdos. Y no podemos aspirar a qué todos acepten la misma ideología, no al menos en un sistema democrático. Esa es la razón por la cual, en los sistemas totalitarios, a los disidentes se les elimina, se les encarcela o se les exilia. Métodos que no son impensables para algunos ideólogos.

Claramente tenemos que aspirar a obtener acuerdos, preferiblemente de largo plazo. Nuestros planes nacionales de desarrollo, que nominalmente son sexenales, generalmente tardan un año en desarrollarse y tienen el horizonte de la duración que tenga el gobierno que se acaba de elegir. Con lo cual tenemos un plan que en la realidad es de 5 años cuándo se aprueba; pero conforme avanza una administración gubernamental, el plan se va quedando anticuado y solamente tiene un horizonte cada vez más limitado. Hoy, nuestro actual plan nacional de desarrollo solamente es válido para los años 2023 y 2024. No considera los cambios importantísimos qué tuvimos durante los años del 2020 al 2022. Estamos trabajando con un plan de cortísimo plazo.

Nuevamente, no es manera de tener una planeación nacional. Pero mientras sigamos teniendo el concepto de darle todo el poder al Presidente (la presidencia imperial) y se le va arrebatando poco a poco, conforme va avanzando el proceso de sucesión presidencial, seguiremos teniendo una planeación deficiente.

El tema central de una democracia es partir del concepto de qué nunca será posible tener una total unanimidad en los grandes y pequeños temas del gobierno. Posiblemente harán falta más iniciativas similares a la de Mexicolectivo para tener una gran variedad de opciones. Y por esa razón tenemos necesidad de procedimientos muy robustos para lograr acuerdos qué, sin ser resultado de la unanimidad, sean funcionales. Porque se emiten los votos por una ciudadanía informada y consciente y además quiénes no resultaron favorecidos por la mayoría de los votantes, aceptan qué ese resultado es válido. Para lo cual, desgraciadamente, todavía nos falta bastante.

Antonio Maza Pereda