¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 14 de agosto de 2023

Información o Confusión

 Hace algún tiempo que estamos supuestamente en la era de la información. Tenemos medios para obtener datos de una manera tan extensa como nunca antes en la historia de la humanidad. Sin embargo, para muchos lo que verdaderamente nos está ocurriendo es que estamos en la era de la confusión.  Se ha acuñado el término de infoxicación, qué quiere decir la intoxicación por exceso de información.  Tenemos muchísima información, pero pocos medios para diferenciar aquella que es válida de la que no lo es.

Para algunos es un tema puramente académico.  Sin embargo, en la vida diaria, está ocurriendo un acceso a la información que antes ni siquiera la academia tenía disponible.  La información es abundante, está disponible en tiempo real, tiene un costo mínimo y la pregunta es ¿por qué no podemos aprovecharla plenamente sin intoxicarnos?

El gran tema es la validación del información. Es difícil poder distinguir la buena información de la distorsionada. Algunos hablan del tema de la posverdad. Un asunto del que ahora se habla poco, pero que hace unos pocos años estaba muy presente en la comunicación.  Se trata, dicen algunos, de que ya no se considera posible la existencia de la verdad. Es la metástasis del relativismo, invadiendo todas las comunicaciones humanas.  Sin embargo, estrictamente no estamos teniendo ese concepto.

Se entendía que la posverdad significaba que había tantas verdades como individuos, todas ellas de igual valor. Todas esas versiones de la verdad -se decía- son igualmente válidas. Con lo cual se vuelve imposible un diálogo auténtico, porque todo el mundo se aferra a su propia versión de la verdad.  Hasta aquí, uno podría decir que esto es lo que está ocurriendo.  Hay muy pocas verdades realmente válidas, nos dicen los que proponen que ya estamos en una época así.

Sin embargo, la realidad es diferente. Se encuentra uno con que la mayor parte de la gente acepta que hay muchas verdades, pero también están plenamente convencidos de que su propia versión personal de la verdad, es la correcta. Todos los demás están equivocados. Cuando alguno nos dice: “yo tengo otros datos”, generalmente está queriendo decir que los suyos son los correctos y no los de los demás. No acepta que todas las verdades son igualmente válidas o valiosas. “Sólo la mía, sólo mis datos son los correctos”, piensan.

Las consecuencias de esta visión de la verdad, es que en la práctica es casi imposible llegar a tomar decisiones en conjunto. No se pueden tener acuerdos cuando partimos de la base de que todos los demás están equivocados y solo mi versión de la realidad, o la de aquellos a los que he logrado convencer, es la correcta.

En esas condiciones ¿a quién creer? Para algunos la respuesta es, en la práctica, creer a quien se oye con mayor frecuencia. Lo cual nos lleva  a un convencimiento que se logra según el dinero que se puede invertir en propaganda,  dónde lo que importa es que se escuche más intensamente un mensaje,  independientemente de su contenido. Y este es el quehacer de la mercadotecnia política, qué empezamos a padecer de cara a las próximas elecciones federales.

Ya no importa para muchos la solidez de los argumentos de los contendientes.  Lo importante es lograr la penetración de un mensaje, a través de una repetición incansable y que excluya la posibilidad de dedicar tiempo a los mensajes de los demás. A eso muchos mercadólogos le llaman convencimiento, aunque en la realidad no es más que tener una memorización del mensaje y recordación de quién lo difunde.

Claramente necesitamos educarnos como ciudadanos conscientes para poder hacernos una idea sobre la confiabilidad de los precandidatos y candidatos que se nos están proponiendo por las distintas fuerzas políticas.  Será un trabajo pesado.  Dedicarle tiempo y esfuerzo a oír opiniones, tener criterios para validarlas, llegar a entender quiénes son los candidatos qué más le convienen al País.  

 Tenemos ante nosotros una época de arduo trabajo ciudadano.  Captar la mayor información posible, tener razones para validar las distintas propuestas, además de tener motivos para juzgar la credibilidad de quiénes nos están ofreciendo esos planteamientos. Teniendo muy claro que nos dirán aquello que saben que queremos escuchar.  Están pagando a especialistas en política qué están revisando, hasta el último detalle, el modo como nos podrían convencer:  su imagen, las reacciones que generan su voz y la cadencia con la que nos entregan su mensaje, y mucho más.

Ante ese derroche de conocimientos y capacidades políticas, lo único que puede hacer el “ciudadano de a pie”, el “sin poder” como usted y yo, es estar lo más enterado posible,  discutir a fondo con otros “ciudadanos de a pie” la credibilidad de las propuestas y la confiabilidad de los candidatos para formar nuestra propia opinión.  Mediante lo cual podríamos estar votando en conciencia, contrastando nuestras opiniones con las de otros que no han recibido un pago por convencer a los demás,  los que no tienen nada que ganar en lo personal al convencernos.

Se va a poner interesante. El resultado de los próximos comicios dependerá en mucho de que la ciudadanía tengamos una sana desconfianza  de lo que se nos proponga, nos comuniquemos los unos con los otros y votemos  pensando en el bien mayor de la sociedad.

Antonio Maza Pereda

jueves, 30 de junio de 2022

Una lógica ilógica

 



Lógica: “Ciencia que expone las leyes, modos y formas de las proposiciones en relación con su verdad o falsedad”. Real Academia Española

Esta es la definición formal de la lógica, un instrumento que nos permite hacer un uso correcto en nuestra razón. Porque la razón es el medio que tenemos para poder encontrar la verdad. Pero no basta el discurrir, el imaginar o pensar para alcanzar de una manera directa la razón.

Esto, que parece natural, se ha ido deformando. Partiendo del concepto de que la realidad, si es que tal cosa existe, es muy difícil llegar a percibir. Y si no podemos percibir con claridad cuál es la realidad, malamente podremos pensar en un instrumento que nos permita validar la verdad o falsedad de nuestras ideas.

Todo esto que parece un tema para especialistas, un tema complejo de manejar, tiene consecuencias prácticas en la vida de la sociedad. Aún si no conocemos o intuimos los conceptos básicos de la lógica, el dudar de que se pueda conocer la realidad tiene consecuencias muy importantes en la vida diaria y, sobre todo, en el manejo de la sociedad.

Esto lo hemos estado viviendo más intensamente en los últimos años, cuando diversos gobernantes, en un principio encabezados por el señor Donald Trump, empezaron a crear el concepto de los “otros datos”, de las “realidades paralelas”. Una vez que se aceptan esas posibilidades, el debate, la discusión racional dejan de ser posibles. El muy discutido tema de los “otros datos”, inválida y hace imposible posible una discusión o un debate. Y, por supuesto, la lógica deja de ser relevante, o si usted lo prefiere, la lógica se vuelve ilógica.

Esto ya ha sido discutido por algunos especialistas en las ciencias del pensamiento. El fenómeno de las “burbujas de lógica”, explorado entre otros por Edward de Bono, explica que nuestras percepciones son modificadas por un concepto casi sociológico: Las personas se rodean de otras personas que siguen una percepción parecida de la realidad y de acuerdo con esa percepción construyen una lógica qué puede no ser válida para los demás, pero que es válida dentro de ese grupo. Dentro de esa burbuja los conceptos no se argumentan, no se cuestionan. Como en las ideologías, las verdades son empaquetadas en un tipo de explicación total. Su percepción no se cuestiona, se vuelve un dogma. Y por eso casi todas las ideologías terminan convirtiéndose en un dogmatismo.

Esto es lo que nos estamos encontrando en la discusión política y social de nuestro país y de muchos otros países. Una vez que alguien se declara de izquierda o de derecha, liberal o conservador, socialista o capitalista, deja de cuestionar una serie de categorías. Es inútil tratar de convencerlos apelando a las realidades. Como decía algún político, “si la realidad es diferente, peor para la realidad”. O como dijo algún gobernante mexicano: “Todo nuestro plan era excelente, sólo nos falló la realidad”.

No hace mucho, conversando con un taxista culto, tan culto que traía un libro de Nietzsche en su automóvil para poderlo leer en sus ratos libres, le cuestionaba yo si realmente, lo que le llamamos en México a la izquierda, era auténtica. Le di ejemplos donde en realidad no se cumple con los criterios de una izquierda, mucho menos de una izquierda democrática. Y su respuesta, muy iluminadora, fue: “Tiene usted razón, pero esa es la izquierda que hay. Y por lo tanto hay que seguirla”.

Y no es un tema exclusivamente de la izquierda: en todas las tendencias sociopolíticas nos encontramos ese mismo tema. Es perfectamente inútil tratar de convencer a un neoliberal de evitar los males de un capitalismo salvaje. Seguramente su respuesta sería muy parecida: “Ese es el capitalismo que hay y por lo tanto hay que seguirlo”. Y lo mismo ocurre con debates de tipo económico o social. Cada uno insertado en su burbuja de lógica, no alcanza a ver lo ilógico de su razonamiento.

Esto tiene un alcance muy importante. No se trata de un tema de teoría, se trata de un problema eminentemente práctico. Mientras sigamos en un relativismo, en un dogmatismo, metidos en nuestra burbuja de lógica ilógica, tendremos problemas graves de juicio, de toma de decisiones. Nos será muy difícil ver las consecuencias de los hechos y de las acciones, nos costará mucho trabajo establecer objetivos y metas de gobierno y de muchos otros ámbitos por la imposibilidad de medir si verdaderamente se está llegando a los fines que se han establecido.

Es importante que tratemos de evitar esas burbujas de lógica. Es importante cuestionar esos argumentos totalitarios, dogmáticos, que proponen partidos, gobernantes, dirigentes políticos sociales o económicos Ellos creen que no se equivocan nunca.

No es sencillo. Tenemos que partir de un principio ingrato: que con mucha facilidad podemos equivocarnos. Y nos duele. Todos queremos tener siempre la razón, lo mismo en temas menores como pudieran ser los gastronómicos, los deportivos o los de espectáculos como en los temas más importantes para la sociedad, como pudieran ser los del gobierno. Mientras no tengamos esa humildad para reconocer que podremos equivocarnos, el debate y la construcción de acuerdos serán extraordinariamente difíciles y se resolverán por la fuerza, sea por la fuerza de los números o por la fuerza de la violencia, legítima o no. No por la fuerza de la razón.

Antonio Maza Pereda