¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

viernes, 20 de enero de 2023

Hace 29 años

Hace poco más de 29 años, el inicio del 1994 se vio sacudido por un evento poco usual. Muchos de los ciudadanos de nuestro país, los llamados Millenials y Centennials no vivieron esta época y sólo la conocen por referencias de sus familiares y amigos. En una ciudad mediana, San Cristóbal de las Casas, se dio un levantamiento. Grupos de indígenas, algunos de ellos bien armados pero la mayoría con armas de madera, tomaron una parte importante de esa ciudad y atacaron al ejército mexicano en un cuartel ubicado en los altos de Chiapas, en el Campo Militar 31 llamado Rancho Nuevo.

Vale la pena comentar la situación actual de esta población. Ahora, 29 años después, se trata de una ciudad con poco más de 215, 000 habitantes. Una localidad que era y sigue siendo muy culta, que tiene una proporción de museos muy elevada, mayor de la cantidad de museos por mil habitantes que tienen otras ciudades mayores de México. También tiene centros de investigación, una proporción importante de investigadores nacionales y vive mayormente del turismo. Su población flotante está formada por turistas con un enfoque cultural y también lo que podría llamarse el turismo ideológico, generalmente de izquierda. Y una parte importante de sus habitantes no nacieron en la ciudad.

En 1994 se destapa un ambiente desconocido por la mayor parte de los habitantes de nuestro país: una situación ancestral y fundamentalmente injusta, donde la discriminación racial que tenemos en nuestra patria se exagera ampliamente. Intentos por civilizar a las distintas etnias indígenas de esta parte de Chiapas, tenían un enfoque de hacer que los indígenas perdieran sus costumbres, buscando sustituir sus distintas culturas por una cultura única, la cultura de los mestizos que hablan en castellano.

Se presenta el así llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), con una minoría de mestizos, con una visión de izquierda, que logran ganarse la confianza de los pueblos que habitan esa región. Tras el levantamiento sigue una larga temporada de negociaciones donde se trata de llegar a convenios, los así llamados acuerdos de San Andrés Larráinzar, y que años después llegan, en un sexenio de transición democrática, a la capital del país, donde finalmente no se obtiene ningún resultado.

Los indígenas, creando un modelo propio de gobierno, se niegan muchos de ellos a recibir apoyos del gobierno federal y se mantienen hasta la fecha en un estado de rebeldía relativamente pacífica. El gobierno federal renuncia a tratar de incorporarlos y, en el sexenio actual, con un gobierno de izquierda, ellos siguen estando en su estado de rebeldía, rechazando algunas de las propuestas mayores de este gobierno, sobre todo lo referente al llamado Tren Maya, percibido por ellos como dañino para bosques y selvas en los que habitan.

Parece claro que los modelos totalitarios no han logrado capturar las ideas de estos pueblos. Curiosamente, en uno de los eventos más conocidos del EZLN, se crea una frase muy interesante: “Un mundo dónde quepan todos los mundos”. Una idea atrayente, al menos como lema. Parecería que este grupo reconoce que la sociedad no puede ser de un solo color. Que dentro de la misma puede haber diferentes modos de pensar y que el modelo de sociedad que nos conviene es uno que reconozca los derechos de las minorías y que evite, en nombre de la democracia, lo que algunos llamaron la dictadura de las mayorías, de la que hablaba Alexis de Tocqueville.

La realidad es que en nuestro país el cambio de gobierno hacia la izquierda ha traído nuevas marginaciones: los progres contra los fifís, la cuarta transformación contra los conservadores, y otros modos de marginar a quienes piensan diferente.

Hay que reconocer que los así llamados modelos sociales tienen sus límites. Sus proponentes piensan que su modo de analizar la realidad es el único posible. Y de esa manera nos encontramos, no sólo en nuestro país sino a nivel mundial, con diferentes tipos y conceptos de gobierno: desde las llamadas democracias populares, mismas que desaparecieron en su mayoría a finales del siglo XX, los modelos neoliberales, la socialdemocracia y hasta aquellos que proponen como modelo la anarquía clásica.

El gran tema de los próximos años debería ser el tomar una clara conciencia de que no es posible, ni siquiera deseable, que todo el mundo piense igual. Que no se puede tener homogeneidad a nivel global, a nivel país y ni siquiera en las comunidades pequeñas. Necesitamos un cambio mental: dejar de pensar en términos de dominación ideológica y tratar de construir mecanismos en los cuales podamos tener modelos de negociación que reconozcan los derechos de todos y que deje claro que ningún modelo social es inherentemente mejor a los demás, de tal manera que tenga el derecho de imponerse a todos los que no opinan de la misma manera. ¿Tendremos la capacidad y la sabiduría para poder gobernarnos de esa manera?

 

Antonio Maza Pereda

lunes, 16 de enero de 2023

  Salario mínimo 2023

En medio de los múltiples acontecimientos políticos del final del 2022 y principios del 2023, una decisión de la mayor importancia ha pasado prácticamente desapercibida: el aumento del salario mínimo general para el año 2023. Un tema importante para la economía del país y también un asunto que causa fricciones en el tratado TEMEC, donde empresas de Canadá y Estados Unidos, así como los sindicatos de esos países, han acusado a nuestro país de hacer una competencia desleal en base a una mano de obra exageradamente barata.

Es importante revisar el historial del salario mínimo general. Al principio del año 2018 el salario era de 88.40 Pesos por día. A partir del año 2023, este salario se fijó en 207 pesos por día, un aumento de 134 %, muy superior al crecimiento de la economía en esos 5 años y por supuesto mucho mayor que el incremento de la inflación en el mismo periodo. Por otro lado, el salario mínimo en la zona fronteriza, que también era de 88.40 pesos por día pasó a 312.40 pesos, 253% en ese mismo periodo. Un aumento mucho mayor, que toma en cuenta la diferencia entre ambos lados de nuestras fronteras.

Es un hecho muy conocido que nuestro país ha tenido, por demasiado tiempo, salarios bajos sobre todo en lo que toca a los trabajadores poco calificados. Esa diferencia se ha vuelto verdaderamente insostenible. No hay una razón lógica para que los salarios mínimos en nuestro país sean inferiores a los que se perciben en Guatemala, Belice, Costa Rica e incluso en Ecuador, uno de los países sudamericanos de bajos ingresos. Países todos que tienen un ingreso del PIB per cápita menor que el que tenemos en nuestro país.

 Como era de esperarse, hubo algunas protestas por parte del sector privado: en particular la COPARMEX, (Confederación Patronal de la República Mexicana), quien se quejó de que es un aumento demasiado rápido en los salarios mínimos y propuso que en lugar de un aumento del 20% para el 2023, el aumento quedara en 15%. Finalmente, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos acordó aceptar la propuesta presidencial.

El argumento más importante en contra del aumento demasiado rápido del salario mínimo es el impacto que éste puede tener en la inflación. Un tema que es atendible. Sin embargo, en los aumentos de los años pasados, que fueron ligeramente superiores al 95% entre el año 2019 y el año 2022, no tuvieron dicho impacto. De hecho, el aumento de la inflación de julio de 2018 a diciembre de 2022 fue poco más del 26.5%, mientras que el aumento, ya mencionado, del salario mínimo, fue muy superior en esos mismos años. Dicho de otro modo, el aumento en el salario mínimo no tuvo un impacto fuerte en el índice inflacionario.

Por supuesto, estos incrementos tienen un impacto importante desde un punto de vista clientelar, pero también lo tienen en un cierto impulso para la economía del país. Cierto: si la población o una parte importante de ella tiene mayor ingreso, puede ocurrir que la demanda crezca con mayor rapidez que lo que crezca la oferta. Lo cual en principio provocaría inflación, siempre y cuando las empresas no estuvieran en posibilidad de aumentar rápidamente su capacidad productiva. Lo cual en un país donde la inmensa mayoría de las empresas trabajan solamente uno o dos turnos, el límite no estaría en la capacidad productiva sino posiblemente en el crecimiento de la población debidamente preparada para aumentar la producción en condiciones competitivas.

Otro tema de fondo es el hecho de que no podemos seguir manejando nuestra economía en base a pagar salarios bajos como una ventaja competitiva. Claramente en esto hay un tema de ética. Es cierto que la inmensa mayoría de la población no gana el salario mínimo, pero también es cierto que los demás aumentos salariales generalmente tienen como tope el asignado para dicho salario. Cuando percibimos un malestar social, qué hace que una parte importante de la población busque soluciones populistas, y otra parte importante esté buscando emigrar a Estados Unidos o Canadá, esta diferencia tan importante en los salarios es buena parte de la explicación.

En conjunto, el aumento del salario mínimo con todos sus posibles efectos es una medida que beneficia a una parte importante de la población. Y si esto está beneficiando a la administración actual, es porque la oposición no ha tomado una postura política adecuada en este aspecto.

Una historia, ya antigua, en este aspecto de los aumentos de los salarios, ocurrió en 1914. Henry Ford, el fundador de la empresa automotriz que lleva su nombre, decidió aumentar el salario mínimo en su empresa, de 2.50 a 5 USD por día, dólares de hace más de 100 años. Su argumento tuvo algo de sentimental: el señor Ford dijo que le parecía injusto que sus obreros no pudieran pagar el costo de los autos más baratos que producían, y el quería que cada obrero tuviera un auto FORD. El tema causó un gran revuelo: en Wall Street acusaron al señor Ford de ser un comunista.  Pero dado el liderazgo de este empresario, el hecho de que era admirado por el sector empresarial y se le consideraba un icono de la industria de los Estados Unidos, hubo otras empresas que empezaron a seguir su ejemplo y la economía de los Estados Unidos tuvo un impulso importante en base a esta decisión.

¿Ocurrirá algo así en México? Lo dudo. Si la propuesta del aumento salarial hubiera procedido del sector privado, posiblemente hubiéramos tenido un efecto parecido. No ha ocurrido así y en todo caso el beneficio político lo tendrá la 4T. Pero es un tema importante. No podemos seguir posponiendo indefinidamente la mejora del poder adquisitivo de la población. Como no podemos mantener por más tiempo el bajo nivel educativo de la población obrera y campesina. No debemos seguir teniendo salarios mínimos inferiores a los que se ganan en Norteamérica e incluso en Centroamérica. Por razones económicas, pero sobre todo por motivos de ética empresarial.

 

Antonio Maza Pereda

viernes, 16 de diciembre de 2022

“La magia de la Navidad”

 Probablemente la celebración más difundida en el mundo es la Navidad. No deja de ser algo singular: más de tres cuartas partes de la humanidad no creen en el nacimiento de Jesús de Nazaret y muchísimo menos en su divinidad. Sin embargo, en naciones donde no se tienen estas creencias y en sectores de países nominalmente cristianos, quienes no comparten dichos criterios, de todas maneras la celebran.

Es un fenómeno que se da de un modo parecido en otras creencias religiosas. Los budistas, por ejemplo, celebran el nacimiento de Buda. De hecho, a mí me tocó estar presente en Corea en el día en que se celebra su nacimiento. Pero, aún entre los creyentes de esa religión, el impacto de la celebración es mucho más moderado. Es un día de asueto, muchos visitan los templos de su religión, pero la celebración no tiene el impacto social que tiene la Navidad en muchos países. Y, por supuesto, no se celebra entre quienes no comparten esa religión. Y algo muy parecido ocurre con la conmemoración del nacimiento de Mahoma, que se celebra en los países islámicos, en algunos de los cuales se regalan dulces a los niños, pero que no tiene el mismo impacto.

Recientemente, con una poderosa campaña encabezada por una de las bebidas no alcohólicas más importantes a nivel mundial, se nos habla de la “magia de la Navidad”.  No es que sea algo nuevo: el estudio de cine Universal Studios de los Estados Unidos, hace ya algún tiempo que celebra la Navidad con películas donde se habla de la misma y su magia, con historias de tipo romántico, que se dan en épocas navideñas, con situaciones de familias incompletas o reconstruidas, presentando con frecuencia la situación de las fuerzas armadas de este país, cuyos miembros se ven separados de sus familias en estas épocas y otros temas parecidos. Y en donde para nada se menciona a Jesús.

Tal parece que el propósito de esta secularización de la Navidad tiene el objeto de hacer que todos, crean o no en Jesús, se sientan llamados a celebrar una serie de valores que no son objeto de discusión. Es particularmente interesante el enfoque que trata de presentar la Navidad como algo mágico. Si nos atenemos al significado que le da el diccionario a la palabra magia, veremos que no hay congruencia con el concepto original de la Navidad. Efectivamente, según él diccionario de la Real Academia Española, magia significa:

Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales. Un concepto muy alejado del significado original que tiene la celebración navideña.

 

Es muy claro que estas fiestas tienen un fuerte componente comercial: regalos, celebraciones, felicitaciones y reuniones, significan un muy buen negocio para muchos. Por otro lado, uno podría argumentar que no tiene nada de malo el que se celebren reuniones de familiares y amigos, donde se recuerde el cariño mutuo, que se les hagan regalos de modo especial a los niños, se celebre La Paz y el Amor entre los seres humanos y otros muchos valores que de suyo son importantes. Pero no deja de ser una ocasión de desvirtuar el origen de esta celebración, cosa que nos atañe a quienes nos consideramos cristianos, pero que no tiene significado para aquellos que sin serlo celebran y adoptan valores que nosotros también compartimos.

Quienes creemos en Jesús de Nazaret, como el hijo del Dios vivo, no creemos que la Navidad se trate de magia. Creemos en la misericordia del Padre que nos ha dado en mayor de los regalos: su Hijo, el que nos ha dado el perdón de los pecados y la vida eterna. Y que también predicó entre nosotros el amor de unos a los otros, el cariño por los niños, parientes y amigos, el anhelo de Paz entre los humanos. La mejor manera de celebrar estas fechas es agradecer esos regalos de Jesús y compartir con quienes no tienen nuestras creencias, los valores universales que todos compartimos.

Antonio Maza Pereda

martes, 13 de diciembre de 2022

Violencia generalizada

 Ya muy cercanos a la época navideña, entre otros muchos villancicos de la época, se escucha con frecuencia y en varios idiomas la canción “Noche de Paz”. La frecuencia con que se repite el tema en esta época nos indica que hay un anhelo en todas las naciones y en todas las culturas porque la Paz sea una forma de vida. Aspiración que no siempre se cumple.

Un aspecto que, por otra parte, no siempre nos queda claro. Por ejemplo, cuando nuestras autoridades tratan de medir el progreso de sus esfuerzos por reducir la violencia, generalmente tratan de medirlos como la reducción en el número de homicidios dolosos. Un concepto muy importante pero que no necesariamente refleja todos los tipos de violencia que se generan en nuestra Sociedad. Ello sin tomar en cuenta que, el mero hecho de que se reduzcan las denuncias por homicidios dolosos, no quiere decir necesariamente que se está logrando un avance, dado el gran aumento en la impunidad.

No tenemos claro lo que se considera violencia. Porque si sólo pensamos que los homicidios son la violencia, estamos dejando fuera toda clase de situaciones que afectan a nuestra sociedad y que también son particularmente violentas.

Hace ya algún tiempo, la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género, creó un instrumento llamado violentómetro, que señala hasta 27 tipos diferentes de violencia en las relaciones personales. Desde conceptos que muchos consideran cómo no violentos, por ejemplo, las bromas hirientes, la “ley del hielo”, los celos, o ridiculizar y ofender, llegando hasta las amenazas de muerte, la violación, la mutilación y el asesinato. Comportamientos violentos que además crecen de manera progresiva. Aunque claramente no todos los violentos pasan por estos niveles y llegan hasta los más agresivos, es un hecho que la mayoría comienza por conductas aparentemente poco violentas.

Esto que se da en las relaciones de género, claramente puede encontrar sus paralelos en relaciones de familia, laborales, escolares y de muchos otros tipos. Mientras sólo consideremos que los niveles más agresivos de este violentómetro son los que verdaderamente deberíamos de limitar, nuestra Sociedad seguirá siendo una sociedad violenta. Y hay que considerar que, en nuestro medio, una parte importante del entretenimiento tiene aspectos de violencia. No nos ponemos a considerar la enorme cantidad de furia que tenemos en nuestra cultura del entretenimiento, violencia que es actuada pero que es disfrutada por las mayorías. Eso sin considerar la violencia reglamentada en el box, el fútbol americano y hasta en las corridas de toros a la usanza española.

El tema es que nos estamos acostumbrando permanentemente a la violencia, ignoramos su existencia, la minimizamos y luego nos escandalizamos al ver que aumenta progresivamente. Las soluciones que nos proponen los gobernantes en los tres Poderes de la Unión buscan, en términos generales, imponer castigos cada vez más fuertes a algunos de los comportamientos considerados más violentos. Sin tomar en cuenta que el aumento de la penalidad nunca ha servido para reducir las conductas delictivas. Como claramente estamos viendo con las figuras de feminicidio, con penalidades cada vez más fuertes y que no han servido para reducir ni los propios feminicidios ni otros actos de violencia cómo son la intrafamiliar y las violaciones. Y es de esperarse porque las penalidades, por intensas que sean, tienen poco efecto cuando la impunidad es prácticamente absoluta en esos crímenes.

Claramente la solución pasa por un rechazo masivo de la sociedad a todos los grados de violencia, no únicamente a la violencia más extrema. Porque cuando una persona se acostumbra a ser violenta, muchas veces va aumentando su grado de violencia hasta que llega un momento que ya es imparable por él mismo agresor. Cuando la sociedad percibe un comportamiento como dañino y actúa en consecuencia, exige a las autoridades mayor rigor en el seguimiento de la impunidad y se preocupa por influir en la educación, así como en las costumbres, para lograr reducir ese nivel de violencia.

Posiblemente hay que empezar por las conductas menos agresivas, pero más extendidas, convenciendo a la mayoría de que son inaceptables y pasando de ahí a otros conceptos más dañinos. Hace ya más de 30 años en Colombia, que ha tenido un problema de violencia por décadas y han logrado reducirla de una manera significativa, hubo una campaña apoyada por la Sociedad, algunas organizaciones sociales e iglesias cuyo lema era: “Por la Paz yo conduzco sin odio”. Un pequeño paso, pero que muestra que, para empezar a reducir la violencia, hay que iniciar por las actitudes más extendidas en la sociedad, para ir progresando hacia los temas más dañinos.

En todo caso no podemos seguir ignorando el hecho de que estamos viviendo una situación cada día más violenta. No podemos seguir pensando que los violentos son otros, cuando todos tenemos un cierto grado mayor o menor de actitudes violentas. La Paz no debería de ser una utopía; debería ser un anhelo para toda la sociedad y una ocupación de todos, no sólo de los gobiernos ni de los tribunales.


Antonio Maza Pereda

 

domingo, 4 de diciembre de 2022

Guerra de números

En estas semanas pasadas hemos tenido marchas y contramarchas, unos a favor de que “el INE no se toca”, mientras otros que, inicialmente marcharían a favor de una reforma electoral, cambiaron después por una idea de apoyo al Presidente de la República y terminaron como una especie de “marcha de la felicidad”, donde asistirían para demostrar que están muy contentos con el desempeño de la 4T y deseosos de escuchar el informe del Presidente.

No faltaron las acusaciones mutuas: mientras unos acusaron a unos marchistas de ser clasistas, fifís y conservadores, sus contrarios acusaron a los participantes de la segunda marcha de ser acarreados. Y, por supuesto, hicieron las cuentas del costo de este evento de apoyo al Presidente de la República, del cual se dijo que tuvo un costo superior a los 500 millones de pesos. Cifra muy difícil de confirmar, porque en esos casos raramente se emiten facturas o recibos.

Una de las preguntas importantes de estos casos es: ¿realmente influyen estas marchas?
 A nivel de los medios seguramente tienen una influencia, pero la pregunta importante es cuánto influyen a la hora de las elecciones.

 Los números de participantes son muy difíciles de comprobar. Mientras que el Gobierno Federal dicen que los que participaron en la “marcha de la felicidad” fueron alrededor de 1 millón 200 mil, los números de la primera marcha son mucho más variables. Desde la estimación que se hizo en la Ciudad de México de 10 mil a 20 mil participantes, número realmente ridículo, hasta los estimados de algunos organizadores, con hasta 800 mil participantes entre la Ciudad de México y las decenas de ciudades que participaron.

Pero estos números son mínimos en comparación con el número de ciudadanos inscritos en el padrón electoral, revisado el noviembre pasado, que son 95 millones. De acuerdo con ello, en la marcha de la 4T estuvieron el 1.3% de los votantes registrados, mientras que la marcha en favor del INE obtuvo aproximadamente el 0.8% de los mismos. Cantidades muy escasas para modificar los resultados de las elecciones federales del año 2024.

En todo caso ambas manifestaciones tuvieron el resultado de convencer a los que ya están convencidos. Difícilmente se pueden encontrar en ninguna de las dos, argumentos que hagan que los que ya están decididos por la 4T o por la oposición, cambien de opinión en vista de lo expresado por estas marchas.

Justamente en la víspera de la marcha de la 4T me tocó estar junto a dos ciudadanos convencidos de los frutos de esta administración y de la gran felicidad que ha traído a la población. Estuve escuchando pacientemente sus argumentaciones, pero era bastante claro que el debate no estaba destinado a convencerme a mí. Estaban tratando de convencer el uno al otro de cuál era el que estaba más comprometido y quién podía decir más argumentos a favor de la 4T. Para todo efecto práctico, yo jugué el papel de un florero, de un objeto que no había que tomar en cuenta, que era innecesario convencerlo con sus argumentos. Porque claramente no estaban dispuestos a escuchar ninguna otra opinión.

De fondo, su gran argumento consistió en demostrar que las administraciones anteriores estaban peor que la actual. En términos muy básicos el razonamiento era que si los otros están mal quiere decir que su líder está bien. O sea que no podían admitir que haya más que la proverbial “no hay más que 2 sopas”. O en términos un poco coloquiales, “si tú estás mal quiere decir que yo estoy bien”.

Pero al final lo único que cuentan son los votos. Probablemente el mayor efecto está en el ánimo de los participantes, que realmente serán los que tratarán de convencer a la población de las bondades de sus propuestas. Ahí sí puede haber un resultado interesante. Ambos bandos quedaron en un nivel triunfalista y con esa actitud enfrentarán los próximos comicios.

A la oposición probablemente le haya beneficiado el hecho de que los partidarios de la 4T pudieron comprobar la capacidad de movilización, voluntaria o involuntaria, que tuvo la maquinaria de su Movimiento. Porque al final del sexenio lo que cuenta son los números de votantes a favor de una u otra fórmula, independientemente de si ocurrió porque hubo acarreo, amenazas o argumentos falsos. La oposición se beneficia con los resultados de la “marcha de la felicidad”: le queda una idea clara de lo que les espera en las elecciones del 2024 y probablemente será un incentivo para que redoblen sus esfuerzos, multipliquen su capacidad de movilización y, sobre todo, que cuiden más el desarrollo y la comunicación de sus argumentos. Un tema en que no han sido particularmente exitosos. Como ya se ha comentado en estas líneas, la oposición no ha podido tener argumentos convincentes: se han limitado a ser reactivos y muy poco propositivos. Es posible que el resultado de estas marchas los sacuda y los convenza de que tienen que hacer más para convencer al electorado. Por otro lado, el gran riesgo de la 4T es que, dado el resultado de los números en las marchas, se confíen pensando que ya todo está ganado.

¿Cuál es la reacción de la ciudadanía? Poco se habla de ello. En las encuestas valdría la pena preguntar a los consultados cuántos cambiaron de opinión como resultado de estas marchas. En mi humilde opinión me parece detectar un hartazgo de la ciudadanía, que ya no cree en nadie. Por otro lado, podría haber una reacción mucho más saludable. El convencimiento de que los ciudadanos tenemos que participar más activamente en cuestiones de política y la convicción de que hay que tratar de entender más a fondo las posiciones que están en juego para el 2024. Ojalá que tenga razón.

 

Antonio Maza Pereda