¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de octubre de 2023

Decisiones... grandes y pequeñas

En muchos casos, la esencia del poder está en la toma de decisiones.  Por esta razón la mayor parte de los gobernantes tratan de dejar la capacidad de decidir en muy pocas manos. Y esto ocurre en la mayor parte de las organizaciones: empresariales, lucrativas o no lucrativas, educativas, ONGs, religiosas y, por supuesto, en organizaciones políticas.

No es lo único que importa: en la gestión de organizaciones, a partir de las decisiones sigue un proceso de planeación, operación y control.  Asuntos que aseguran que la decisión se vuelva una realidad.  Pero, por supuesto, si la toma de decisiones no fue adecuada, difícilmente se tendrá un proceso de gestión sin dificultades. De ahí que la mayor parte de los gobernantes no se sientan cómodos compartiendo la toma de decisiones.  Para lo cual, por principio, se trata de incorporar a los menos posibles en el proceso y asegurar que compartan los puntos de vista de quien dirige.

En la teoría de la democracia, se supone que al ciudadano le tocan las grandes decisiones. Por ejemplo: quién será el primer mandatario y los mandatarios en los diversos órdenes de gobierno. Y, por supuesto, la decisión de quién representará a los ciudadanos en el poder legislativo. Aunque en principio se siguen las formas, en la práctica hay muchos obstáculos para que el ciudadano común pueda tomar una decisión adecuada.  Por ejemplo, las mismas leyes reducen de una manera importante el número de posibles candidatos para los distintos puestos a elección.  Fuera de lo que proponen los partidos políticos, es muy difícil encontrar otros mecanismos para mejorar el proceso. 

 Por otro lado, los intentos de ampliar las posibilidades de candidatos, al menos en los países latinos, no han dado los mejores resultados. Solamente por mostrar algunos ejemplos, este intento de tener una gran cantidad de opciones ha llevado a Italia a tener aproximadamente 200 partidos políticos, con lo cual el promedio de duración de los gobiernos de 1946 a la fecha ha sido de poco más de 12 meses por cada uno. Y eso también ha llevado a que algunos políticos con relativamente pocos seguidores, como fue el caso de Berlusconi, que pudo gobernar gracias a que ningún partido realmente podía obtener una mayoría suficiente. Y también está el caso de Collor de Mello, en Brasil y de Fujimori en Perú, que llegaron al poder desde afuera de los partidos políticos y que no tuvieron buenos resultados.

Volviendo al caso de la toma de decisiones, es de alguna manera de esperarse que los gobernantes se resistan a compartir el poder. Pero también es cierto que la ciudadanía tampoco muestra un gran entusiasmo por participar. En algunos de nuestros Estados se han tratado de implementar decisiones mediante votaciones vecinales, por ejemplo, con escasa participación de los votantes.

En las democracias maduras, el número de puestos que deben ser elegidos por la ciudadanía es mucho mayor que lo que ocurre en nuestro país.  En muchos de ellos se vota por los fiscales, procuradores de justicia, jefes de policía y muchos más.  Además, a veces se sujetan a plebiscito asuntos importantes que son vinculantes para los gobernantes.  Lo cual hace tedioso el proceso del voto y en algunos casos lleva al abstencionismo.  El concepto es muy importante: decisiones de gran envergadura deben ser puestas a votación por los ciudadanos.  Lo cual requiere de importante madurez, y hasta de sabiduría para poder tomar este tipo de decisiones.

A propósito, en estos momentos la Iglesia Católica está llevando a cabo un proceso que tiene propósitos similares a los que estamos mencionando.  El llamado sínodo sobre la sínodalidad tiene el propósito de incorporar religiosas y seglares en algunas de las decisiones de la iglesia.  Hay un campo amplio donde los católicos que no forman parte del clero podrían opinar de una manera informada y mejorar la calidad de la toma de decisiones. Cómo es de esperarse, también allá encontramos resistencias.  Pero es interesante qué, la qué es probablemente la organización con mayor número de miembros en el mundo, y también la más antigua, está considerando necesario analizar este tema.

El asunto en general es bastante difícil.  Siempre se podrá decir que la ciudadanía no tiene las capacidades para influir de manera decisiva en la toma de decisiones. Un argumento que, de ser aceptado, nos lleva a decir que, si no somos capaces de tomar decisiones de mediana importancia, muchísimo menos la tendríamos para elegir a quienes llevan los asuntos de mayor peso en el país.  De aceptar este argumento de la falta de sabiduría política, tendríamos que abandonar el sistema democrático e intentar lograr lo que algunos filósofos griegos consideraron cómo la solución: la aristocracia, entendida esta como el gobierno de los mejores.  Dónde quedaría por definir quiénes son esos mejores.

El futuro de la democracia probablemente dependerá de una buena solución a este tema.  Si no logramos definir un sistema donde una sociedad, cada vez más informada, mejor comunicada y no necesariamente mejor formada, pueda tomar decisiones aceptables y de alta calidad, estamos en serios problemas. ¿Qué es difícil?  Por supuesto.  Nunca en toda la historia de la humanidad se ha logrado algo así.  Pero la alternativa no es sostenible a largo plazo.  Necesitamos mejorar la capacidad de tomar decisiones políticas y sociales, informadas y bien razonadas, dónde la mayoría de los ciudadanos tengan la última palabra.  

Antonio Maza Pereda

lunes, 26 de diciembre de 2016

2016: año de sorpresas

       

Un año curioso, el 2016. Un año de sorpresas políticas, en México y en el extranjero. Sorpresas que nos hacen comprender que las interpretaciones que hacemos de la sociedad, la política y sus procesos no son necesariamente acertadas. Y esto es muy bueno: necesitamos entendernos cada vez mejor a nosotros mismos, para poder operar  cada vez mejor en sociedad.

Este es estrictamente un artículo de  opinión y rigurosamente personal. No pretendo tener mejor interpretación que otros articulistas que tratan estos temas. Es mi visión personalísima y acepto de entrada que puede estar equivocada. Con esa advertencia, la ofrezco a su juicio y la pongo a debate, con la esperanza de que  de la discusión surja algo de luz.

La primera sorpresa fue la aceptación de la propuesta de que el Reino Unido abandone la Unión Europea, conocida como BREXIT. Los dos partidos políticos mayores apoyaron la permanencia del país en la Unión Europea, la prensa votó mayoritariamente en contra de salirse, las encuestas pronosticaban permanecerían en el tratado. Pero, por una escasa mayoría, se votó por salir. Los razonamientos, la mercadotecnia política, la influencia de la prensa y la maquinaria de los partidos no dieron el resultado que se esperaba. Y las encuestas fallaron lamentablemente.

Después, la derrota del PRI en la gran mayoría de las gubernaturas en las que compitió. También en contra de lo pronosticado por los politólogos, encuestadores y a pesar del apoyo de prensa y televisión de las localidades y en muchos casos en los medios nacionales. Tan sorpresivo que el propio partido Acción Nacional no lo podía creer. El dinero gastado en las campañas tampoco fue suficiente para convencer a la ciudadanía.

A continuación, la derrota el tratado de paz en Colombia, puesto a consulta en referéndum. Los medios, las encuestas y los expertos de nuevo fueron incapaces de pronosticar una derrota, a pesar del hecho incontrovertible de que Colombia ha sufrido muchísimo en esa que ha sido la  guerra de mayor duración en la historia de América y era de esperarse que la ciudadanía ya estuviera harta de la violencia y que aceptaría prontamente esta oportunidad de limitarla.

Y, por supuesto, el triunfo de Trump. Expertos, prensa, medios, encuestas fallaron una y otra vez para entender el mecanismo que le dio la victoria primero en el Partido Republicano y después en la contienda por la presidencia.

¿Qué pasó? Las explicaciones de comentaristas y expertos no resultan suficientes. Es importante entender por qué se dan tantas excepciones al interpretar esos temas. Los mecanismos de control y de manipulación de la ciudadanía usados por la clase política están siendo inútiles. Y, como en otros casos, la clase política no entiende que no entiende.

No por falta de explicaciones. Que hay un cambio generacional. Pero, al parecer no está operando como se esperaba. Hoy en proporción la población madura y de tercera edad sobrepasa a las nuevas generaciones en número de votantes y sienten que han sido olvidados por la clase política. Han votado en contra de Clinton en EEUU y a favor del BREXIT, en Inglaterra. En México y en Colombia no hay suficientes estadísticas para construir una interpretación en este sentido. 

Otra interpretación: el poder de influencia de los medios tradicionales es cada vez menor. Periódicos con una larga historia de “guiar· a la opinión pública”, están cerrando por tener menos y menos clientela. Su entrada a los medios modernos ha sido torpe y muchas veces contraproducente: claramente siguen sin entender que el juego es otro. Eso, sin tomar en cuenta que cada vez es más claro que no son imparciales en aspectos políticos y sociales.

Una explicación aventurada pero no depreciable: la entrada de nuevos actores en esta arena. Los grupos pro-vida y familia en EEUU y México podrían haber inclinado la balanza de forma decisiva a favor de Trump y en contra del PRI, respectivamente. La diferencia probablemente se debe a un acuerdo de estos grupos por encima de sus obvias diferencias religiosas y organizativas. Al parecer han encontrado un terreno común y mecanismos de colaboración eficaces.

En mi opinión, la explicación de fondo es el imparable desprestigio de la clase política en la mayoría de los países. Los políticos son vistos con desconfianza en el mejor de los casos y como beneficiarios de la manipulación de la democracia, en el peor de los casos. El triunfo de Trump puede deberse a que logró distanciarse de la clase política, verse como ajeno al sistema y traer ideas nuevas. Y algo así continúa  haciendo, al traer personajes “poco políticos” a su gabinete: militares, empresarios y miembros de la sociedad civil. En México es claro que los que derrotaron al PRI en diversas elecciones lo hicieron presentándose como ajenos al sistema político tradicional. Por esas razones en ambos países el dinero, la experiencia, la organización de la clase política no fue suficiente. Y en el Reino Unido, los proponentes de la salida de la Unión Europea vinieron de partidos en minoría o de las minorías de los partidos tradicionales.


Tras todo esto, en mi opinión, hay un tema muy esperanzador. La ciudadanía, al menos en parte, está cambiando para bien. Razona más, es más crítica y se da cuenta de cuando la están tratando de manipular. Y tiene medios para influir y comunicar su descontento. Las redes no solo le dan los instrumentos sino también un nuevo sentido gregario, que hace que los temas candentes se vuelvan “virales” en tiempos record. Hay en esto una gran esperanza. La ciudadanía puede recuperar su papel que nunca debió de dejar: de ser la mandante y librarse del yugo de los mandatarios. Habrá que ver si esta tendencia se continúa en 2017. Por el bien de todos, ojalá sea así.

lunes, 27 de junio de 2016

Brexit: ¿qué lecciones tiene para la democracia?

El referéndum que aprueba la salida del Reino Unido (formado por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) de la Unión Europea (UE),  tiene una gran cantidad de consecuencias. Independientemente de sus efectos económicos, las razones por las que se votó en uno u otro sentido, la profundidad del análisis que hizo la ciudadanía al votar y lo convincente de las argumentaciones en uno u otro sentido, plantean interrogantes sobre la madurez de las democracias en el siglo XXI.

Un trauma para algunos, un júbilo para otros, el apoyo a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (por 52% del voto), denominado BREXIT (por salida de Britania de la UE) puede ser aplaudido como un éxito de la democracia. Una gran participación del voto y la inscripción de centenares de miles de nuevos votantes, dan fe del interés que despertó el tema y de la confianza en el poder del voto. Más del 72% de los ciudadanos votaron, una altísima participación en una era donde en casi todos los países escasamente logran que voten entre el 40 y el 50% de los ciudadanos.

En cuanto a quienes y como votaron: los jóvenes de 20 años a 30 años, que optaron por quedarse en la UE, fueron el 60% en promedio mientras que los mayores de 65 años que votaron por quedarse son el 30% de los votantes de esas edades. El hecho de que haya una gran población de mayor edad y que participa más que el promedio, impulsó el voto por el BREXIT. En otros aspectos, las personas profesionales, con grados universitarios y que tienen pasaporte (y, presumiblemente, viajan más fuera del país) votaron por quedarse. En principio, los jóvenes de hasta 30 años tendrán que vivir por 50 años o más con los resultados de esta decisión. Los mayores de 65, tendrán que vivir con esta decisión por 15 años o menos.

En cuanto a los motivos, hay razones para preocuparse. Una gran parte de los que votaron por salir de la UE, lo hicieron en protesta por la gran cantidad de emigrantes que están llegando a la Gran Bretaña procedentes de otros países de Europa, mayormente de los países de Europa Oriental. Otros lo hicieron, apoyándose en el hecho de que el Reino Unido da una cantidad importante de dinero a la UE. Hubo una gran cantidad de información sobre el hecho de que los emigrantes dan más en impuestos que lo que cuestan al erario y de que la cantidad que se da a la UE es mínima comparada con el producto interno bruto de La Gran Bretaña. Pero la votación se dio por impresiones, atendiendo a la emotividad. Los razonamientos no convencieron a una gran parte de la ciudadanía. Una gran cantidad de los votantes que aprobaron la salida, buscaron castigar al gobierno, a los grandes banqueros  o a los burócratas de la UE, sin mucha atención a otras consideraciones.

Dos de los países que forman parte del Reino Unido, Irlanda del Norte y Escocia, votaron mayoritariamente por permanecer en la Unión Europea. Irlanda ya le ofreció a Irlanda del Norte que se unan, con lo cual Irlanda del Norte no tendría de salir de la UE. Y los escoceses, que hace poco votaron por un escaso margen por no separarse del Reino Unido, están volviendo a revivir el tema de lograr su independencia de la Gran Bretaña.

En una era de amplia disponibilidad de la información, es interesante que, después del voto, se triplicó el número de búsquedas de los británicos en Google sobre dos temas: ¿Qué significa dejar la UE? tuvo el primer lugar. ¿Qué es la Unión Europea? ocupó el segundo lugar. Un esperaría esas consultas antes del voto, no después.

Seguramente habrá consecuencias y tal vez sea pronto para decir cuáles. La caída de la libra esterlina a niveles como los de hace 30 años o la caída de la Bolsa de Valores en mayor medida que en la crisis que inició en el 2007, son efectos de una especulación de corto plazo. Las consecuencias a largo plazo no se verán en el lunes 27 de junio. El proceso de salir de la UE tomará dos años, aunque habrá temas que se estiman tardarán hasta 5 años. El impacto se verá bastante después.

Lo que urge, me parece, es una reflexión muy seria sobre la democracia en este inicio del siglo XXI. Si se consolida el hecho de que se vote por impresiones y no por razonamiento, el enojo o el contento guiarán las decisiones de los votantes. El pan y circo, el populismo, las ofertas imposibles de cumplir, serán los motores del sentido de las votaciones. Los jóvenes y los que tienen mayor educación, tendrán menos peso mientras que  los mayores y  los que tienen menor educación serán los que muevan las grandes decisiones. Lo cual no es nuevo. Este ha sido siempre el gran argumento contra el sistema democrático. De ahí que en la antigua Grecia se le negara el voto a los siervos y a las mujeres. Así como en el siglo XIX y parte del siglo XX se le negara el voto a los analfabetas y a las mujeres, alegando que no tenían la capacidad de votar racionalmente.

La ciudadanía del siglo XXI, inundada de información no validada, de la que es difícil hacer sentido, condicionada por los medios en un esquema donde lo emocional es mucho más importante que lo racional, fácilmente votará por impresiones y sentimientos, no por razones. Más que ganarse la inteligencia, ahora hay que ganarse los sentimientos, los corazones de los votantes.

Lo cual no necesariamente es malo, pero que supone una tarea muy urgente en la educación del ciudadano. Una educación básica, escolarizada, de mayor calidad y una educación ciudadana que nos permita ejercer con sabiduría nuestro papel de mandantes. Un gran déficit en muchos países y no solo en los países en desarrollo.




lunes, 7 de diciembre de 2015

¿El principio del fin en Venezuela?


Una paradoja, casi como las de Chesterton, fue parte de un discurso de Churchill diciendo,  a propósito de algunos de los eventos de la Segunda Guerra Mundial: “Esto no es el principio del fin, pero sí es el fin del principio”.

Espero de todo corazón que las elecciones parlamentarias en Venezuela sean el principio del fin de una larga noche de autoritarismo, de populismo, de medidas antidemocráticas y de sumisión a los últimos estalinistas del mundo. Lo deseo ardientemente: que Venezuela vuelva a ser el ejemplo de democracia en América Latina que fue durante la larga temporada de dictaduras militares y dictaduras de partido que sufrimos en  nuestro continente.

Aunque a la hora de hacer este artículo aún no se sabe el resultado final de las elecciones, ya es un hecho que la oposición gana 99 escaños en el Congreso, mientras que los Chavistas-Maduristas tienen 46 y están indecisos 22 puestos. Lo  cual no es cosa menor: la ley Venezolana marca diferentes atribuciones a diferentes mayorías: la mayoría simple (la mitad más uno), la de tres quintos más uno y la de dos tercios más uno. Solo esta última puede evitar que Maduro gobierne por decreto, como podría ser autorizado por el actual Congreso en los 30 días que le quedan en el poder. O sea que, aun habiendo ganado por mayoría, la oposición podría quedar inmovilizada para detener los desplantes autoritarios de Maduro, si no logra más de los dos tercios.

Como ve Usted, hay un real motivo de alegría en Venezuela, pero todavía no es el fin. Hasta el 2018 serán las elecciones presidenciales que podrían sacar finalmente a Maduro del poder. Y quedaría también por ver si la oposición se mantendrá unida, cosa que apenas ahora se ha logrado.

Según un estudio de varias universidades venezolanas, el 73% de los hogares en ese país están en condición de pobreza por ingreso[1]. Una clase pobre que desconfía de la clase media y adinerada así como de los partidos de centro y de izquierda moderada. Las décadas de bonanza petrolera, que podrían haber sido aprovechadas para crear una infraestructura económica que no dependiera del petróleo, se desperdició en subsidios que no generaron empleo estable y en subsidiar a otros países afines ideológicamente al Chavismo,  mediante generosos apoyos en petróleo. La historia económica de Venezuela pudo haber dejado de ser la historia de los precios internacionales del petróleo. Hubo la oportunidad. Chávez y sus sucesores la desperdiciaron.

Ahora la tarea es mantener el impulso. Mantener la unidad arduamente obtenida y ganar las mentes y los corazones de los venezolanos pobres, mediante hechos más que  con discursos. Maduro está achacando su derrota a la guerra económica que, dice él, han desatado los países ricos y la burguesía venezolana. Ignorando, mañosamente, que la parte sustancial de la penuria venezolana viene de los precios que fija la OPEP, de la cuál es fundadora y miembro Venezuela. Y olvidando que subsidiar absurdamente el consumo de gasolina y mantener un tipo de cambio artificial, solo propiciaría importaciones y, a la larga, la inflación que hoy padecen. Pero, si el viento cambia y el petróleo puede volver a estar caro, Venezuela volvería a tener prosperidad.

La reconstrucción de la confianza es la orden del día y de muchas semanas y meses. Una actitud triunfalista de los hoy ganadores, puede generar un desastre a mediano plazo. Hoy, más que nunca, en Venezuela como en América Latina y en el mundo entero, tenemos que reconstruir las sociedades mediante el rechazo de la lucha de clases, que se ha mostrado enormemente dañina y reconstruir relaciones de acercamiento y apoyo mutuo ente las clases sociales. Por el Desarrollo, “el otro nombre de la Paz”, como dijo Paulo VI. Por la concordia. Por la confianza entre los miembros de la sociedad. Por nuestro futuro.



[1] http://www.eluniverso.com/noticias/2015/11/20/nota/5251059/pobreza-venezuela-alcanzo-73-hogares

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Giro a la derecha en América Latina?



Argentina rechaza a los peronistas y elige a Mauricio Macri, un empresario y ex alcalde de Buenos Aires, para presidente de la nación. El próximo 6 de diciembre, en las elecciones parlamentarias venezolanas, las encuestas dan al chavismo en tercer lugar en la intención del voto. Pero no son los únicos casos en que la población rechaza a las izquierdas en Sudamérica.

Dilma Rousseff, tiene en Brasil, según diferentes encuestas, entre 8% y 20% de aprobación. Michelle Bachelet, en Chile, un 30% de aprobación. En Paraguay, desde agosto de 2013 hay un gobierno de derecha, encabezado por Horacio Cartes, quien sustituye a Fernando Lugo, de izquierda y ex obispo, destituido ese año. 

¿Significa esto un giro a la derecha en Latino-américa? Bueno… eso depende de lo que usted entienda por Derecha… o por Izquierda, si a esas vamos. Porque hoy en día las definiciones se han vuelto confusas. No hay claridad en lo que se llama Izquierda, y el término Derecha se ha vuelto un epíteto que todos, hasta la más rancia derecha, trata de evitar.

En Venezuela, de acuerdo con refugiados políticos de ese país, todos los partidos de oposición se consideran más o menos socialistas, con distintos matices e intensidades. De hecho, tres de los partidos de oposición en ese país, son miembros de la Internacional Socialista, organismo mundial que agrupa a partidos de esa denominación. Y, curiosamente, la propia Internacional no tiene entre sus miembros al Partido Socialista Unificado de Venezuela, el partido de Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chavez. La Coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD), grupo que representa a muchos partidos de oposición tiene entre sus adherentes una mayoría de partidos socialistas, incluyendo a un partido marxista-leninista y algunos partidos autodenominados “progresistas”.

Aparentemente hay un giro a la derecha. O hacia el Centro, si usted prefiere. Todo depende de los parámetros que usted maneje en la geometría política. La siguiente parada en este giro son las elecciones venezolanas del próximo 6 de Diciembre. Unas elecciones que, si se respeta la voluntad democrática, tiene perdidas el chavismo de Nicolás Maduro. Pero las dudas son muy fuertes. Según la oposición venezolana, se está preparando un fraude en gran escala. El gobierno ha rechazado la presencia de observadores extranjeros, notablemente los propuestos por la Organización de Estados Americanos, OEA. A varios dirigentes de la oposición  se les mantiene presos. Nicolás Maduro hace amenazas, apenas disfrazadas.

De reconocer la derrota en las elecciones del 6 de Diciembre, Nicolás Maduro tendría que gobernar con un Congreso opositor. Situación por demás incómoda. Y es de esperar que un Congreso así, exponga la corrupción e ineptitud de su Gobierno, reduciendo aún más el ya pobre nivel de aprobación del Señor Maduro. ¿Qué puede hacer el chavismo?

Desde luego, intentarán el fraude. De no lograrlo o de resultar tan obvio que genere un rechazo generalizado, el chavismo tiene algunos escenarios. El primero es un golpe de estado militar. Nada increíble. Recordemos de Hugo Chavez saltó a la fama mediante un golpe de estado fallido y que siempre tuvo un gran apoyo entre los militares. Otro escenario es un golpe de estado “en el palacio”. Una destitución de Nicolás Maduro, organizada por los propios chavistas, mayormente los alineados con la hija favorita de Hugo Chavez, María Gabriela, representante permanente de Venezuela ante la ONU, dado que Don Nicolás ya no sirve para sus intereses.

Ojalá prevalezca ese sentido democrático que hizo a Venezuela ser reconocido y admirado como una de las democracias que mejor funcionaba en América Latina, en medio de una era de gobiernos militares o de dictaduras más o menos perfectas.

Este giro que se está dando hoy no es necesariamente un giro hacia la derecha. Ojalá sea un giro a favor de reducir el autoritarismo en América Latina. Ojalá sea para evitar la abusiva intervención de los gobiernos en la economía y la centralización de poderes económico, político e ideológico en unas cuantas manos. Ojalá sea un paso para tener sociedades más libres.

Felicidades al pueblo argentino. Nuestros mejores augurios para los demócratas venezolanos y de otros países de América Latina. Sin olvidar que en México todavía nos falta mucho por lograr en ese camino para construir democracias sin adjetivos: no somos quienes para dar lecciones a nadie y muy bien podríamos aprender de todos los países de América Latina que hoy están construyendo sus democracias.