¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 13 de junio de 2016

Elecciones 2016: ¿Qué pasó?


Es grave. Ni partidos políticos, ni comentaristas, ni encuestadores tienen una idea clara. Sí, saben que pasó. Saben por los números quien ganó y quién perdió. Pero PORQUÉ, eso es otro asunto. Y si no tienen una idea clara del porqué, seguirán dando palos de ciego. Como hasta ahora. Y están arriesgándose a  nuevas y desagradables sorpresas, para todos.

Los primeros perdedores en las elecciones de 2016 fueron comentaristas y encuestadores. Nadie previó con razonable aproximación qué iba a ocurrir. Millones gastados en encuestas previas y encuestas de salida, fueron dinero tirado a la basura. Información inútil para tomar decisiones. Todavía al día siguiente de las elecciones, los partidos políticos seguían creyendo en sus encuestas. Y muchos comentaristas no sabían que decir.

Ahora, los mismos que fracasaron estrepitosamente en interpretar las realidades y las tendencias, nos dan sesudos análisis explicando qué pasó. ¿Qué tanta credibilidad pueden tener? Los métodos que usaron para interpretar la realidad, ¿han cambiado? ¿Por qué ahora deberíamos creerles?

Las “explicaciones” suenan huecas. Que por la impopularidad de Peña Nieto. Pero el presidente era aún menos popular en 2015, y su partido tuvo éxito en las elecciones federales. Qué porque los candidatos “no conectaron” con los votantes. Que por las fallas de los virreyes a nivel estatal.  Que por las alianzas. Pero todo eso se sabía antes de las elecciones, y no fue considerado por los expertos como puntos relevantes.

Otro sonoro  fracaso es el de la mercadotecnia política. Probablemente esta haya sido una de las campañas más costosas, medida por gasto contra número de votos emitidos. Y todo ese gasto no hizo el bien que se esperaba. Hubo saturación de spots, millares de  llamadas grabadas, los “call centers” que  trabajaron fuertemente. Y, aparentemente, no hay relación entre las cantidades erogadas y los resultados en las urnas.

El intento de última hora de “rebasar por la izquierda” que hizo el presidente con la propuesta de matrimonio igualitario, fue señalado por priistas como la causa de las derrotas. Es difícil de creer. Es como si todos hubieran estado muy dispuestos a votar por el partido en el gobierno y esa propuesta haya cambiado la tendencia. No es creíble. Aquí aplica la falacia de creer que si un evento ocurre antes que el otro, entonces el primero es causa del segundo. Es la falacia conocida como  Post Hoc ergo Propter hoc, que está descrita ampliamente en la literatura de la lógica formal. Puede ser que en algunas localidades haya sido la gota que derramó el vaso. Pero no fue la única causa de la derrota priista, ni mucho menos. En cambio sí es claro que, si la idea era atraer votantes a la causa del presidente, la maniobra no funcionó. Las fuerzas a favor del matrimonio igualitario no le dieron más  votos al PRI.

La izquierda opositora no creció, Es más: posiblemente haya disminuido. El crecimiento de MORENA ha sido a expensas del PRD y otros partidos de izquierda. Se ha vuelto un juego de suma cero: lo que ganan los unos, lo pierden los otros. Ahora, si contamos al PRI, la caída de la izquierda es mayor. Porque, aunque muchos no lo crean, el PRI es un partido de izquierda, miembro de la Internacional Socialista quien agrupa y certifica en cierto modo qué partidos se pueden considerar de Izquierda.

Otra interpretación dudosa de los hechos se da en los medios del PAN. Ven un triunfo de Ricardo Anaya, un fortalecimiento de su tendencia en el PAN. Otros ven un vuelco de la población hacia sus posiciones. Pero puede ser que el partido no haya ganado, sino que sus opositores perdieron. Es muy posible que hayan obtenido en la ciudadanía la imagen de ser “el menos malo”. No el mejor. Y la diferencia importa. Aquí el gran riesgo es caer en la soberbia, cosa que ya les ha pasado. Y si no aprenden de esas lecciones, su riesgo es muy elevado.

En suma, este es un momento que requiere de objetividad. Urge hacer sentido de lo que ocurrió hace una semana y extraer las lecciones relevantes. Entender el alcance de los mitos que dominan el “saber político”. Como la fe en el gasto electoral como predictor del resultado en las urnas. Como el peso que se le da a redes sociales y a los independientes.  Creer que con correr a los responsables de la derrota tenemos  la solución. El mito de que ganamos porque la ciudadanía está con nosotros, cuando bien puede ser que ganamos porque odiaban a otros.


Rechazar los mitos y enfocarnos a entender con objetividad las realidades: esa es la tarea. ¿Estarán los partidos políticos a la altura de este reto?

lunes, 8 de febrero de 2016

Un golpe de Estado disfrazado: redacción de la Constitución de la Ciudad de México



El grupo redactor del proyecto de Constitución de la Ciudad de México solo representa a algunas  de las corrientes de la Izquierda. Si tienen éxito, cualquier otra línea política que no sea la suya, podrá ser declarada anticonstitucional.

Valiéndose de su predominancia en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México y, posiblemente, aprovechando que la atención de gran parte del público está concentrada en la visita de Papa Francisco, en la primera semana de febrero de 2016, se tomó protesta al grupo redactor de la Constitución de la Ciudad de México. Un grupo monocolor, representante únicamente del PRD y que no toma en cuenta otras voces que pudiera ser necesario incluir. Han decidido ir por una vía excluyente y, podía decirse, facciosa, al incluir únicamente a los que piensan igual que ellos.

No es algo nuevo. Para cierta izquierda, hay un dogma laico que se sigue rigurosamente. El dogma de que solo la izquierda representa legítimamente a los intereses del pueblo y que todos los demás son “enemigos de clase”. Según este dogma, solo hay intelectuales de izquierda. Los únicos que merecen ser conocidos como activistas y “luchadores sociales” son los izquierdistas.  Las demás opiniones no merecen ser incluidas.

Claro, para tapar ese sol con un dedo, se dice que habrá amplias consultas. Pero sobre un proyecto ya formado, en el que no se dejaron participar voces discordantes y que no se permitió participar a sectores muy representativos. Pero el proyecto ya estará hecho, los tiempos apremiarán, y se buscará que la consulta se haga de manera masiva, de modo que las voces de expertos disidentes quedarán sofocadas por la gran cantidad de opiniones.

¿Por qué excluyeron a personajes de la talla de Luis Rubio, José Woldenberg y Enrique Krause, por ejemplo? ¿Acaso no tendrán mucho que decir? ¿Por qué no incluir intelectuales como Macario Schettino o Jorge Trasloheros? ¿Por qué dar la representación de las voces católicas a las Católicas por el Derecho a Decidir, que difícilmente representan a la opinión católica mayoritaria? ¿Por qué no se incluyeron los gremios empresariales como la COPARMEX o la CANACO? Y estos solos son algunos ejemplos. Amplios sectores de la población no están representados en esta redacción. Tampoco los otros partidos políticos,   universidades privadas, las ONG’s que no son de izquierda y muchas otros grupos de opinión.

En el mejor de los casos, tienen una ceguera ideológica, que hace que  consideren que ellos son los únicos aptos para opinar. En el peor de los casos, se trata de imponer a otros que no opinan igual que ellos, una Constitución que les permitirá perpetuarse en el poder. En cualquier caso, lo que tiene es un talante excluyente, buscando un instrumento que les permita evitar cualquier oposición a sus ideas, por el fácil camino de declarar anticonstitucional todo pensamiento que no sea el suyo.

¿Qué se puede hacer? Al parecer, como decían los abuelos, golpe dado ni Dios lo quita. Pero creo que hay otras posibilidades. Desde luego, denunciar y protestar. Dar a conocer este bien maquinado golpe contra las opiniones disidentes, buscando una dictadura ideológica, basada en una aparente legalidad. No es algo menor, y eso está en manos  de todos.

Lo otro es más difícil, pero posible. Vencer la muy mexicana tendencia a fragmentar nuestras acciones y opiniones, unificar a todos los excluidos de este proyecto y presentar, antes de que el Gobierno de la Ciudad y su equipo de redactores presenten su proyecto amañado y faccioso, un proyecto alternativo. Uno que tome en cuenta que la  nuestra no es una ciudad monocolor, que tenemos una gran riqueza en la variedad de las opiniones y que creemos que la democracia no consiste en acallar a las opiniones diversas sino escucharlas a todas e incorporar sus diferencias en algo que, como la Constitución, no consiste en tratar de resolver todo, sino únicamente establecer los mínimos indispensables para que la ciudadanía pueda tener una convivencia fructífera.


lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Giro a la derecha en América Latina?



Argentina rechaza a los peronistas y elige a Mauricio Macri, un empresario y ex alcalde de Buenos Aires, para presidente de la nación. El próximo 6 de diciembre, en las elecciones parlamentarias venezolanas, las encuestas dan al chavismo en tercer lugar en la intención del voto. Pero no son los únicos casos en que la población rechaza a las izquierdas en Sudamérica.

Dilma Rousseff, tiene en Brasil, según diferentes encuestas, entre 8% y 20% de aprobación. Michelle Bachelet, en Chile, un 30% de aprobación. En Paraguay, desde agosto de 2013 hay un gobierno de derecha, encabezado por Horacio Cartes, quien sustituye a Fernando Lugo, de izquierda y ex obispo, destituido ese año. 

¿Significa esto un giro a la derecha en Latino-américa? Bueno… eso depende de lo que usted entienda por Derecha… o por Izquierda, si a esas vamos. Porque hoy en día las definiciones se han vuelto confusas. No hay claridad en lo que se llama Izquierda, y el término Derecha se ha vuelto un epíteto que todos, hasta la más rancia derecha, trata de evitar.

En Venezuela, de acuerdo con refugiados políticos de ese país, todos los partidos de oposición se consideran más o menos socialistas, con distintos matices e intensidades. De hecho, tres de los partidos de oposición en ese país, son miembros de la Internacional Socialista, organismo mundial que agrupa a partidos de esa denominación. Y, curiosamente, la propia Internacional no tiene entre sus miembros al Partido Socialista Unificado de Venezuela, el partido de Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chavez. La Coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD), grupo que representa a muchos partidos de oposición tiene entre sus adherentes una mayoría de partidos socialistas, incluyendo a un partido marxista-leninista y algunos partidos autodenominados “progresistas”.

Aparentemente hay un giro a la derecha. O hacia el Centro, si usted prefiere. Todo depende de los parámetros que usted maneje en la geometría política. La siguiente parada en este giro son las elecciones venezolanas del próximo 6 de Diciembre. Unas elecciones que, si se respeta la voluntad democrática, tiene perdidas el chavismo de Nicolás Maduro. Pero las dudas son muy fuertes. Según la oposición venezolana, se está preparando un fraude en gran escala. El gobierno ha rechazado la presencia de observadores extranjeros, notablemente los propuestos por la Organización de Estados Americanos, OEA. A varios dirigentes de la oposición  se les mantiene presos. Nicolás Maduro hace amenazas, apenas disfrazadas.

De reconocer la derrota en las elecciones del 6 de Diciembre, Nicolás Maduro tendría que gobernar con un Congreso opositor. Situación por demás incómoda. Y es de esperar que un Congreso así, exponga la corrupción e ineptitud de su Gobierno, reduciendo aún más el ya pobre nivel de aprobación del Señor Maduro. ¿Qué puede hacer el chavismo?

Desde luego, intentarán el fraude. De no lograrlo o de resultar tan obvio que genere un rechazo generalizado, el chavismo tiene algunos escenarios. El primero es un golpe de estado militar. Nada increíble. Recordemos de Hugo Chavez saltó a la fama mediante un golpe de estado fallido y que siempre tuvo un gran apoyo entre los militares. Otro escenario es un golpe de estado “en el palacio”. Una destitución de Nicolás Maduro, organizada por los propios chavistas, mayormente los alineados con la hija favorita de Hugo Chavez, María Gabriela, representante permanente de Venezuela ante la ONU, dado que Don Nicolás ya no sirve para sus intereses.

Ojalá prevalezca ese sentido democrático que hizo a Venezuela ser reconocido y admirado como una de las democracias que mejor funcionaba en América Latina, en medio de una era de gobiernos militares o de dictaduras más o menos perfectas.

Este giro que se está dando hoy no es necesariamente un giro hacia la derecha. Ojalá sea un giro a favor de reducir el autoritarismo en América Latina. Ojalá sea para evitar la abusiva intervención de los gobiernos en la economía y la centralización de poderes económico, político e ideológico en unas cuantas manos. Ojalá sea un paso para tener sociedades más libres.

Felicidades al pueblo argentino. Nuestros mejores augurios para los demócratas venezolanos y de otros países de América Latina. Sin olvidar que en México todavía nos falta mucho por lograr en ese camino para construir democracias sin adjetivos: no somos quienes para dar lecciones a nadie y muy bien podríamos aprender de todos los países de América Latina que hoy están construyendo sus democracias.


sábado, 27 de junio de 2015

Pero, ¿qué rayos es la izquierda?

Usted perdone, pero mi pregunta viene de mi confusión. Ya no sé a quién  creerle o qué creer sobre lo que políticamente se considera izquierda. Sí sé quiénes se dicen de izquierda, pero son tan diferentes entre sí, que es difícil decir que tienen en común. Sé quiénes son reconocidos (casi, casi certificados internacionalmente) como partidos de izquierda. Pero ellos se acusan entre sí de ser de derecha o de ser falsos socialistas.  Ninguno de los partidos ha difundido  y, a veces, ni definido su plataforma ideológica. A pesar de los miles de millones gastados en propaganda política, los ciudadanos de a pie no tenemos una respuesta clara sobre los postulados ideológicos de los partidos.

Mi confusión empezó en los años 50 cuando el entonces presidente, Adolfo López Mateos, declaró que su gobierno era de extrema izquierda. Obviamente, se armó un gran alboroto, hubo toda clase de editoriales y una serie de aclaraciones por parte de la oficina de la presidencia. Finalmente, el presidente se vio obligado a declarar que su gobierno era de "atinada izquierda dentro de la de Constitución". A esto, por supuesto, siguió un nuevo diluvio de comentarios  y caricaturas, muchos de ellos haciendo burlas y cuchufletas de la declaración presidencial. Lo cual no era poca cosa en aquellos tiempos de la presidencia imperial.

Muchos años después, Andrés Manuel López Obrador nos regala una nueva definición de lo que es la izquierda: "son las personas honestas y de buenos sentimientos". En esta definición caben, probablemente, el 80% de los mexicanos. Bajo estos criterios, mis queridas monjitas del Convento de la Visitación de María  seguramente son de extrema izquierda: yo no conozco a personas más honestas y de buenos sentimientos que estas Hermanas. En cambio, me permito dudar de la mayoría de los izquierdistas que han alcanzado puestos de renombre y  que cubran esos criterios, ni siquiera medianamente.

Si nos vamos al reconocimiento internacional, el organismo que agrupa a una gran cantidad de partidos de izquierda en el mundo entero es la Internacional Socialista. ¿Saben qué? Los dos partidos mexicanos que reciben este reconocimiento internacional como partidos de izquierda son el PRI y el PRD. ¡Para mi enorme sorpresa! No sólo esto; entre los actuales vicepresidentes están Beatriz Paredes y Marcelo Ebrad Casaubón. Y uno de los presidentes honorarios es Cuauhtémoc Cárdenas. Bueno, si le creemos a la internacional socialista, nuestro país está gobernado mayoritariamente por los partidos de izquierda. Pero, como es de esperarse, los partidos de izquierda califican al PRI como un partido de derecha. ¡Vaya usted a saber! Lo único que me queda claro, es que no hay peor insulto que se le puede hacer a un partido de izquierda que acusarlo de derechista. ¿Ya se hizo bolas? Bienvenido a mi confusión.

Si buscamos una definición más técnica, en términos generales los partidos de izquierda buscan un control del Estado sobre la economía y, en un extremo, sobre todo los medios de producción. La gama es enorme: desde los que no reconocen de ninguna manera una propiedad privada hasta los que promueven una economía con un fuerte control del Estado. Un tema sobre el que los partidos de izquierda no han hecho una aclaración suficiente. Saben que la mayoría de los mexicanos desconfiamos del control del Estado sobre la economía y entendemos que cuando la economía se ha administrado "desde los Pinos" al país le ha ido mal. Como ocurrido en la mayoría de los países socialistas: en mayor o menor grado su economía se ha estancado. Pero, nos dicen los izquierdistas, ha habido menos desigualdad. Sí, contestan los capitalistas, ahora todos son igual de pobres.

Otros consideran a la izquierda como los partidos emanados de la clase obrera, campesina, del proletariado en general. En México, sin embargo, con la excepción del PRI, los partidos de izquierda no tienen una posición fuerte en las organizaciones obreras. En general, sus dirigentes son políticos e intelectuales de clase media. Con excepciones; varios tienen bastante más ingresos que la clase media. Y no recuerdo a ninguno de sus dirigentes que haya sido obrero. Con este criterio, el PRI es más de izquierda que la mayoría de las izquierdas.

Algunos dicen que las izquierdas son los que buscan el cambio, cualquier cosa que esto signifique. Sin embargo, una vez que la izquierda domina el gobierno de un país, los izquierdistas se vuelven ferozmente conservadores, en el sentido de que no aceptan cambios en sus sistemas. Y ahí están los ejemplos de Cuba, Corea del Norte, Venezuela y algunos otros más. No hay nadie más conservador sobre sus propias ideas que un izquierdista.

La verdad, hasta el Partido Acción Nacional tiene sus aspectos de izquierdismo. No puede hablarse de que rechacen la intervención del Estado en la economía y, si nos vamos a la definición de López Obrador, hasta tienen algunas personas honestas y de buenos sentimientos.

¡Qué le vamos a hacer! Los políticos nos acusarán,  a los ciudadanos de a pie, de indiferentes, de no interesarnos en la vida política. Nos dirán que no tenemos el suficiente conocimiento como para entender sus postulados. Nos alegarán que ahí están sus páginas en el Web, donde exponen sus plataformas políticas. Pero, honestamente, dudo que sus propios adherentes tengan claro los principios de sus partidos. Nos dicen las cosas que, según los expertos en mercadotecnia política, busca la ciudadanía. Pero son argumentos emotivos, no racionales.

Algunas preguntas nos quedan sin resolver a los ciudadanos. Y los partidos deberían responderlas. Por ejemplo: ¿qué grado de intervención del gobierno en la economía están proponiendo? ¿Hasta dónde llega su compromiso con la democracia? ¿A qué modelo de país que parece el que nos proponen? ¿Hay algún país en el que se puedan ver ejemplos del modelo de nación que nos están impulsando? ¿Cuál es el grado de respeto que tienen para la propiedad privada y cuantas excepciones consideran que podría haber a este derecho? ¿Qué grado de libertad de expresión permitirán, en caso de que lleguen al poder? ¿Consideran a los derechos humanos por encima de los derechos de la Sociedad? ¿Aceptan la dictadura del proletariado o los derechos individuales?

En pocas palabras: los partidos y en particular las izquierdas, nos han quedado a deber en claridad, en una expresión honesta y específica de sus intenciones de gobierno, de su ideología, de sus posiciones políticas. Yo sé que es mucho pedir. Ellos creen que tienen mucho que hacer como para dedicar tiempo a los que, como este ciudadano de a pie que les escribe, estamos en una gran confusión.