Un espacio para reflexionar sobre las consecuencias de largo plazo de las decisiones de las administraciones públicas, privadas y sociales. Su enfoque es mayormente estratégico, y su método es el de las proyecciones de tipo cualitativo, con los criterios de la creación de escenarios. Su ambición es la de ir más allá de la exposición y ser un espacio libre de discusión de los interesados en este tema.
¿Porqué Cuenta Larga?
¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.
Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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sábado, 6 de septiembre de 2025
¿Cómo estamos?
Después del Informe Presidencial de la semana pasada, se hace evidente que la polarización en la ciudadanía no solo continúa, sino que se profundiza. Algunos, en la 4T, están muy alegres con este informe. “Felices, Felices, Felices”, como dijo en su momento una famosa escritora de izquierda. Otros, generalmente alineados con la oposición, muestran una gran desconfianza con los resultados. Y la misma situación ocurre con muchos ciudadanos sin partido.
Esa polarización se profundiza, en parte, porque los datos que se nos han dado en el informe, proceden del propio gobierno. Y este ha desaparecido varios elementos de transparencia y asociaciones para asegurar el acceso libre a la información. No es de extrañarse que haya desconfianza. Donde tenemos un problema central: ¿cómo lograr en nuestra Sociedad algún acuerdo?
El asunto es: ¿Cómo está el Estado? Entendiendo por ello la organización política y jurídica de la Sociedad. Para unos, estamos en un Estado fallido. Es difícil que nos digan que el nuestro es un Estado funcional. Aún muchos adeptos a la 4T, reconocen fragilidad en nuestro Estado. Lo cual concuerda con la opinión de un organismo internacional, (Fund for Peace), que genera anualmente el índice de Estados frágiles. México quedó calificado en este índice del 2024 en el lugar 83, aproximadamente a la mitad de las calificaciones de los países evaluados, y quedó calificado como un Estado frágil. Y para esto se dan distintas razones.
Cuando hay un Estado fallido, se ha perdido el control del territorio, un asunto que no se ha dado totalmente en México, pero que sí hay regiones así. Además, allá se ha perdido el monopolio de la violencia. El gran problema de la seguridad, las desapariciones, la delincuencia, organizada o no, que es difícil contener, y la gran impunidad. Problemas con la infraestructura, no solo la hospitalaria, sino también la urbana, donde en semanas recientes hemos tenido casos de fallas graves de la misma. Así como deficiencias sistemáticas en el sistema de salud.
En contra de esa calificación, hay hechos positivos, al menos en los reportes del propio gobierno: mejora del ingreso, aumentos en la infraestructura, del cual el Informe hizo una larga relación. Y varias mejoras parciales. Es un hecho que México sigue manteniendo relaciones internacionales, no solo con nuestros socios comerciales, sino también con los organismos internacionales, como Naciones Unidas y otros. Eso avala que no estamos en un Estado fallido, pero tampoco estamos en la mejor situación. Podemos considerar que nuestro Estado es frágil.
La gran pregunta, en todo caso, sería: ¿qué hacer? ¿De qué manera lograr confianza en estos datos? Mientras existan razones para no tenerla, será difícil lograr un pleno acuerdo y, por lo tanto, soluciones que sean compartidas por la Sociedad. Si estamos partiendo de datos que no son confiables, es difícil creer en que las soluciones que se propongan sean las idóneas. Esto, otra vez más, es un tema para la sociedad civil, en particular para la no partidizada, que requiere una acción más contundente para exigir de nuestro gobierno información confiable y creíble para que no invalide las objeciones a su informe, alegando motivos ideológicos o partidistas.
sábado, 30 de agosto de 2025
Rendición de cuentas
Hablando de democracia, existen tres pilares para que, el gobierno verdaderamente lo sea y que este sistema funcione adecuadamente. En primer lugar, el Estado. En segundo lugar, el imperio de la ley. Y el tercero es la rendición de cuentas. Lo cual significa obligar al Estado y al Gobierno a rendir cuentas de su gestión ante aquellos quienes lo eligieron. La rendición de cuentas es una tarea pendiente en nuestro país y en muchos otros. Nunca es completa. Requiere independencia de los encargados de evaluarla. Cuando los gobiernos y los partidos políticos son los mismos que rinden cuentas y evalúan el resultado de ese desempeño, obviamente hay un conflicto de intereses. Y hace muy difícil que la rendición de cuentas sea creíble.
¿Hemos mejorado? Creo que sí. En otros tiempos hubo despidos, exilios obligatorios y ataques a personas que diferían de la visión que presentaba el Ejecutivo. Se ha intentado, por diferentes medios, mejorar la rendición de cuentas. No siempre al gusto de la ciudadanía. Por ejemplo, esa es la idea detrás de las famosas presentaciones mañaneras, donde todos los días el Ejecutivo da cuentas de diferentes aspectos de su gobierno ante un grupo de periodistas. Se puede cuestionar, y por supuesto hay que hacerlo: ¿qué tan imparciales son esos periodistas? ¿Qué tanta independencia tienen? ¿Qué tanto les presentan solamente los logros y no las dificultades? Lo cierto es que ahora se dedica más tiempo a informar sobre el gobierno.
El mecanismo más completo que prevé la Ley, es el Informe presidencial. Ha tenido varios enfoques en nuestro país. Se veía, en otros tiempos, como el día del presidente, a quien se rendía homenaje. Otras veces ha sido una justificación de sus fallas y la demostración de sus logros. El problema es que, a menudo, en la presentación del informe presidencial, se presentan resultados, sin cuestionarlos, sin compararlos con una planeación. Por ejemplo: se habla de la construcción de 1500 kilómetros de carreteras. Muy bien. Es un logro. Pero la pregunta sería. ¿Eso fue lo planeado? ¿Habíamos planeado 1500 kilómetros y se lograron? ¿O habíamos planeado 3000 y hemos logrado 1500? Esa información no se presenta en los informes presidenciales. No es porque no existan planes: efectivamente, existe un plan nacional de desarrollo. El cual debería ser el marco para poder medir si este gobierno cumple sus tareas.
Es importante construir una cultura de la rendición de cuentas. Para ello se necesitan algunos elementos: Un marco legal claro. Mecanismos de control independientes del ejecutivo. Transparencia en la información. La obligación de difundir esa información. Construir la participación ciudadana. Confianza, una de nuestras asignaturas pendientes. La construcción de responsabilidad de los funcionarios públicos. Agregar tecnología, conocimiento y análisis a la información que se está proveyendo. Tener evaluación y revisiones, independientes y confiables.
Se necesita, como un requerimiento fundamental, que sea la propia ciudadanía quien exija esta rendición de cuentas y la valide. Mientras no pasemos del chisme, de los chistes y de los memes, el progreso de la rendición de cuentas, será lento y sujeto a retrocesos.
sábado, 5 de septiembre de 2015
¿Tuvo algo de bueno el Informe?
A riesgo de que se enojen conmigo algunos de mis amigos y
Usted, amable lector, le daré mi opinión honesta. He tratado de oír y leer lo más posible de los
comentarios sobre el Informe Presidencial, presentado en público el pasado 2
septiembre. El consenso no puede ser más negativo: difícilmente se encuentra en
la prensa independiente, ni en las redes sociales a alguien que no le haya
parecido que el Informe fue malo. Pero creo que no hay nada tan malo que no
tenga un poco de bueno. Creo que en el Informe y en el proceso en torno a su
presentación hay cosas positivas que destacar.
Para empezar, a diferencia de otros Informes presidenciales que
me ha tocado escuchar, en este se puso el énfasis en los resultados, no en las
actividades. Y eso es muy importante: en la mayoría de los Informes
presidenciales y gubernamentales se encuentra una larga relación de
actividades, sin explicar si esas han dado los resultados que buscaban. Así, se
reportan por ejemplo inauguraciones de hospitales que después no entran en
funcionamiento por falta de médicos, como ha ocurrido en varios estados de la
República. Otro ejemplo: en algunos Informes se ha hablado de una actividad de
educación para 25 millones de niños y adolescentes. Nunca se ha mencionado la
calidad de educación ni se han precisado los resultados que se están obteniendo
de esta actividad. Y eso, desde un punto de vista totalmente técnico de la Administración
es muy importante. De manera que este Informe, al enfatizar los resultados, ha hecho un cambio notable.
Otro tema diferente es la veracidad de esos datos. En el
estado de desconfianza con el que la ciudadanía está juzgando el desempeño de
esta administración, es de esperarse que la mayoría opine, muchas veces sin
bases, que las cifras están "maquilladas". Algo extraordinariamente
positivo, en mi opinión, es la actividad de grupos de la sociedad civil que han
asumido la responsabilidad de validar esa información. Por ejemplo, @ElSabuesoAP
que, asociado con otros grupos, emprendió la tarea de convocar y capacitar a un
grupo de ciudadanos para revisar el sustento de las afirmaciones que tiene el Informe.
Interesantemente, de 21 temas revisados sólo encontró dos verdaderos. De los
demás, cinco se calificaron como verdades a medias, nueve se calificaron de engañosos,
uno discutible y cuatro difíciles de probar. Ninguno fue calificado de falso o
casi falso. Independientemente del resultado, lo que me parece un gran logro es
que grupos de la sociedad civil hayan asumido esta responsabilidad y hayan
hecho públicos sus resultados. Bien hecho. Ojalá tengamos más grupos así; ojalá
pronto estemos evaluando con el mismo rigor todas las declaraciones de nuestros
mandatarios.
Por otro lado, la información que se nos dio, aún si hubiera
sido escrupulosamente cierta, le hace falta un elemento muy importante: el
contexto. ¿A qué me refiero? Los logros que se reseñaron no nos dan ninguna
referencia respecto a lo planeado. Por ejemplo: se construye una determinada
cantidad de kilómetros de carretera. ¿Es mucho o es poco de acuerdo a lo que
decía el Plan Nacional de Desarrollo? Se nos habla de un buen número de
escuelas de tiempo completo. ¿A qué porcentaje de cumplimiento van de acuerdo a
las promesas de campaña, debidamente registradas ante notario? Esto es otro
elemento fundamental en cualquier tipo de administración, sea pública o privada.
Los resultados son relevantes en comparación con los planes y las obligaciones
que se han asumido. Sin ese contexto, esa información es muy poco valiosa. En descargo
de esta administración, debo decir que esto ha sido una falla común en todos
los Informes presidenciales que he podido revisar. Pero esa unanimidad no sirve
para disculpar: para que se pueda juzgar correctamente esos resultados no basta
con compararse lo que ocurrió en otras administraciones o lo que ocurre en
otros países.
Pero, para mi gusto, lo más importante y destacable es el
hecho de que por primera vez en la historia de México un presidente reconoce
públicamente y mediante su Informe al Congreso, que existe una profunda
desconfianza hacia su administración. Yo no encuentro ningún ejemplo parecido
de ninguno de los presidentes que hemos tenido en nuestra historia. Y eso me
parece un excelente principio: todo funcionario público debería admitir públicamente
el hecho de que la ciudadanía no le tiene confianza, si es el caso. Esto,
obviamente, no es suficiente. Pero sin empezar por ahí, es muy difícil avanzar
más. Por supuesto, estoy consciente de que no se ha logrado frenar esa
desconfianza y me cuesta mucho trabajo creer que con el " Decálogo" que
se nos propone, la remedie. Me pregunto, amable lector y lectora: ¿ha aumentado
su confianza hacia esta administración, a raíz de escuchar el Informe o leer
sus transcripciones y comentarios? Francamente, lo dudo mucho. Y es que la
confianza no se gana fácilmente. En épocas anteriores, se creía que bastaba con
una buena oratoria, con la elocuencia de los gobernantes para ganar la
confianza de la ciudadanía. Ahora se confía, ciegamente, en las técnicas de
mercadotecnia política. Y, claramente, ninguno de los dos enfoques está resultando
en un aumento de la confianza ciudadana.
Es claro que para ganar de nuevo la confianza se necesitan
hechos, muy visibles y que no requieran de la validación de los propios
miembros de la administración. Hechos que sean tan claros que a la ciudadanía
no les quede duda de los mismos. Es una tarea por hacer. Un buen principio
sería que, junto con el reconocimiento de la desconfianza generalizada, se dijera
a la ciudadanía y al Congreso, que en teoría nos representa, cuáles son las
medidas concretas que se tomarán para enmendar esa peligrosísima brecha entre
nuestros mandatarios y nosotros, los mandantes.
Esos son mis razones para no poder ver este Informe
totalmente en negro o totalmente en blanco: es claramente un conjunto de luces
y sombras. De poco sirven ambos extremos. Una ciudadanía madura debe tener la
capacidad de reconocer aciertos sin caer en la adulación y reconocer también
las fallas sin satanizar a quien las comete. Nosotros, ciudadanos, no debemos
caer en el pesimismo, pero tampoco podemos ser ilusos. Hay que ver cuáles son
los elementos sobre los cuales podemos construir, reconocer los obstáculos y
las dificultades, y no quitar el dedo del renglón. Somos los ciudadanos, somos
los mandantes y no se nos debe olvidar que los mandatarios están ahí para
cumplir con nuestro mandato.
domingo, 30 de agosto de 2015
¿El fin de la era de la colaboración?
De lo poco que puede presumir la Administración Peña Nieto
en su próximo informe presidencial, a la mitad del camino, es de las Reformas
Estructurales. Algo que fue imposible por mucho tiempo, ocurrió gracias a la colaboración
de los tres partidos mayores, muchas veces a costa de pagar un alto precio
político y a contrapelo de sus adherentes. Y, claramente, ese precio que
pagaron se hace patente en sus pérdidas en las elecciones del 2016 y la
profunda división en sus propias filas, que ha llevado a que sus artífices
hayan sido removidos de sus dirigencias.
Pero, por otro lado, el clima ha cambiado en la
Administración Peña Nieto. Al tono conciliador de las comunicaciones,
reconociendo la participación de todas las fuerzas políticas, ahora sigue un
tono triunfalista en el cuál se tiende a apropiarse los efectos benéficos de
las Reformas (por escasos que hayan sido, todavía) y a adoptar un talante
retador hacia otras fuerzas políticas y hacia la ciudadanía, diciendo que no
gobernarán para dar gusto a la crítica. Como si no tuvieran la obligación de
escuchar y atender a las voces disidentes.
Mal inicio de la segunda mitad de esta administración. Y,
sin pretender ser pronosticador, creo que hay que considerar algunos elementos
que influirán fuertemente en los escenarios de esta segunda mitad:
- Los dos partidos de oposición que perdieron participación en el Congreso en las pasadas elecciones, buscarán quitarse el estigma de “vendidos”, que una parte de la ciudadanía les endilgó. Y uno de los modos más fáciles es oponiéndose a ultranza al Gobierno de la República. El tono conciliador se ha ido de ambos lados y ahora la oposición venderá cara su colaboración, a cambio de prestigio y posibilidad de recuperar votos.
- El éxito de MORENA en sus primeras elecciones, después de haber sido la principal voz contra la administración Peña Nieto, les confirma que ese es el camino de ganar popularidad. Pero ahora, cuando todas las fuerzas estén criticando al Gobierno, se verán obligados a ser aún más radicales, aunque no sea más que para destacar entre el coro de los que habrán dejado de colaborar. Claro: podría haber otra opción. Podrían tratar de ganar el apoyo de la mayoría de la población, que prefiere posturas moderadas, haciendo ver que no son “un peligro para el País”, como muchos creen. Pero es poco probable: su talante no es en ese sentido ni tampoco coincide con el de sus bases. El papel de “oposición responsable” no se les da.
- El triunfalismo del Gobierno, en sus tres poderes y tres niveles continúa siendo motivo de enojo y de desconfianza. Mientras sigan creyendo que las elecciones validaron su desempeño, es muy difícil que haya cambios de fondo. Aparentemente el Gobierno cree que algunas declaraciones tronantes y unos cuantos comerciales de 60 segundos, diseñados por el mejor publicista del país y repetidos 10 millones de veces, son suficientes para recuperar la confianza de la ciudadanía. La realidad nos muestra que, a pesar de ese gasto enorme, la confianza de la ciudadanía hacia los tres poderes de la Unión sigue a la baja. Porque es fácil perder la confianza, pero extraordinariamente difícil recuperarla.
- En último lugar, pero no necesariamente en importancia, la lucha interna en el partido gobernante de cara a las elecciones del 2018, seguramente se recrudecerá, a pesar de la firme posición del Presidente para contenerla y las declaraciones de los actores de la sucesión. La lucha entre los grupos afiliados a los mexiquenses (Videgaray), los hidalguenses (encabezados por Osorio Chong) y los independientes (encabezados por Beltrones) seguirá y pudiera volverse una lucha sucia o, por lo menos percudida.
En este entorno, la
confianza de la ciudadanía y de los inversionistas no necesariamente
crecerá; sobre todo los nuevos actores de la inversión nacional y extranjera,
poco habituados a las peculiaridades del Sistema Mexicano, posiblemente tomarán
una actitud de “esperar y ver”. Lo cual significará que los inversionistas
serán mayormente los de siempre: las míticas “trescientas familias” ricas y los
inversionistas extranjeros que ya operan en el país. Y eso significará que estos actores seguirán
manteniendo su “palanca” sobre el Gobierno y que el crecimiento de la economía
tendrá como límite sus capacidades de inversión así como las
opciones más rentables que les ofrezcan otras economías.
¿Qué pasará? No soy ni quiero ser profeta. Esto que
discutimos hoy no llega ni siquiera al nivel de escenarios; solo son elementos
para empezar a construirlos. El próximo informe presidencial dará mucha luz a
este respecto; habrá que ver sobre todo si se confirma el triunfalismo de esta administración
y si está tratando en serio de recuperar la confianza ciudadana, por medios
distintos. Porque si no hacen nada distinto para cambiar su deteriorada imagen,
no ocurrirá dada diferente.
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