¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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lunes, 30 de octubre de 2023

Rebelión de los partidos

 ¿Qué les está pasando a los partidos?  Es una buena pregunta.  Su actividad en las últimas semanas ha resultado, por lo menos, desacostumbrada, poco alineada con su actuación histórica en la política mexicana.  El valor de los partidos políticos es que, de alguna manera, representan votos para los candidatos. Todo ello porque, supuestamente, representan la opinión de algunos sectores representativos de la Sociedad. Pero ¿cuál es su valor cuando no logran aglutinar números suficientes de votos a favor de sus candidatos?

En la democracia y solo en la democracia, es importante tener partidos que realmente sean representativos de la Sociedad.  Cuando estamos hablando de una monarquía, su papel es sumamente limitado y fungen meramente como mecanismo consultivo, pero no es obligatorio seguir sus opiniones, aunque fueren mayoritarias. En las autonombradas democracias populares solo existe un partido de estado, el partido comunista, por ejemplo, en los sistemas de inspiración soviética.  Y en nuestro país, la dictadura perfecta tenía algunos partidos muy menores, muchas veces financiados por el propio sistema y algunos partidos realmente independientes, pero que influían poco en la vida política. Esto fue así hasta aproximadamente los años 90.  El valor de esos partidos políticos tenía más que ver con la posibilidad de demostrar ante la comunidad internacional que no había una dictadura de verdad, puesto que había otras opciones. Y si esas opciones no eran favorecidas por los votantes, decían, quería decir que no tenían plataformas políticas suficientemente atractivas. O, por lo menos, esa era la narrativa en esos años. Después de la apertura democrática del año 2000 y siguientes, por primera vez tuvimos partidos realmente competitivos. No necesariamente efectivos: desacostumbrados a gobernar, su desempeño muchas veces fue deficiente.

En estas últimas semanas han ocurrido algunos hechos notables. Da la impresión de que los partidos, o por lo menos una parte importante de su militancia, se están rebelando a los precandidatos del partido en el poder y de la alianza opositora. Se ha comentado mucho el gran fracaso de los operadores de la 4T para poder reunir un número suficiente de asistentes a una manifestación en la Ciudad de México, en apoyo a la doctora Claudia Sheinbaum. La mayoría de los medios se solazaron difundiendo los vídeos que mostraban el llamado Estadio Azul, con una capacidad de 30, 000 asistentes, prácticamente vacío. Hubo un intento de dar explicaciones, pero finalmente hubo que reprogramar el evento. Queda por verse si la dificultad para reunir un número suficiente de asistentes fue un tema de ineptitud de quiénes se encargaron de la organización, la falta de fondos para poder pagar el acostumbrado acarreo, o si ocurrió, cosa que sería muy grave, que la militancia se les está rebelando a la cúpula del partido de la 4T y a su candidata. Habrá que esperar y ver.

Por otro lado, la ingeniera Xóchitl Gálvez no ha tenido algún evento fallido, pero es un hecho que, a partir de recibir su nombramiento como representante de la alianza opositora, no ha vuelto a tener ninguna reunión multitudinaria.  Puede ser que la ingeniera ha querido ser muy escrupulosa en cumplir los lineamientos de la ley electoral pero, por otro lado, se habla mucho de que la estructura de los tres partidos a los que representa, le han hecho el vacío.  Incluso se han dado datos de que algunos de sus dirigentes han tomado vacaciones y no se han mencionado reuniones entre los partidos y la candidata. Lo cual querría decir que, en algún momento, las estructuras directivas de los partidos no han quedado totalmente a gusto con el nombramiento de doña Xóchitl.

Los miembros de las estructuras territoriales de los partidos tienen como misión atraer votos, no para sí mismos, sino para aquellos que elige su directiva.  Si el partido se negara a convocar suficiente número de votantes, ¿cuál sería su valor? Y esto puede darse por ineptitud o porque se niegan a cumplir su función de convocar.  En cualquiera de los casos, uno se preguntaría: ¿para qué sirven?

Es muy posible que sigamos sin renovar los conceptos básicos de la función partidista.  Posiblemente, en el pasado, los números de asistentes a diferentes eventos, era un indicador confiable de los resultados en las elecciones.  Lo cual posiblemente era muy cierto cuando la mayor parte de la población vivía en localidades pequeñas o medianas, dónde se podía controlar con facilidad quién asistía a uno a los diferentes eventos.  Ya no es el caso. Según el CONAPO, en este año más de 60 millones de personas viven en veinticinco áreas metropolitanas. Una población muy difícil para conocer y saber con precisión quién está votando por un partido u otro. Esto significa el 47% del total de la población del país, con mayor proporción de clase media y de educación avanzada, más difícil de controlar por los partidos.

Por otro lado, muchas veces las estructuras de los partidos se están guiando por medios modernos para conocer la intención de voto.  El análisis de las redes sociales, el así llamado número de likes, y los resultados de las encuestas, se les considera tanto o más representativos cómo la asistencia a reuniones políticas o mítines.  Lo cual está por demostrarse.

No deja de ser significativo que, ante el desastre natural en Acapulco, la 4T no haya organizado todavía manifestaciones multitudinarias de apoyo al presidente de la República.  Y, por otro lado, la oposición no ha tratado de hacer lo propio, es decir, crear manifestaciones de repudio al desempeño de la 4T.  Es muy pronto para tener un buen análisis.  Pero no deja de ser significativo que ni siquiera ha habido ningún anuncio y que, la mayoría de la oposición ha manifestado su repudio por fuera de la estructura de los partidos y mediante los comentarios de la Sociedad en las redes. ¿Será que los partidos no se recuperan de su marasmo y están esperando a ver cómo va evolucionando la situación? Solo el tiempo nos dirá. Y lo hará muy pronto.    

Antonio Maza Pereda

viernes, 8 de abril de 2022

Domingo de ramos electoral

 Sé que es un poco tarde. Sé que muchos, personas inteligentes y a los que admiro y aprecio, piensan diferente. Y que sus razones son tanto o más válidas que las mías. No lo sé, pero creo que estoy en minoría. El hecho es que sí pienso votar por la revocación de mandato en unos días.

En muchos casos la razón para no votar es, en pocas palabras, que no quiero darle el gusto al presidente. “Si fuera otro presidente tal vez sí votaría. Si fuera la oposición quien lo propusiera yo estaría de acuerdo”. En algún modo el argumento es relativamente sencillo: si lo propone AMLO es que debe de ser malo. Complementariamente, al no votar por él, le hago algún daño a su causa. No me convence este argumento: yo creo que se tiene que votar en esta y en todas las ocasiones por los propios méritos de la propuesta, no pensando en quién la está presentando. Es el famoso argumento de autoridad que, según Tomás de Aquino, es el más débil de los argumentos. Un argumento de autoridad a la inversa: si lo propone una autoridad con la que no estoy de acuerdo, no debo de votar en ningún sentido.

Francamente tengo dudas de que el señor presidente de veras quiera una votación copiosa. En primer lugar, está el hecho de qué redujo drásticamente el presupuesto para estas elecciones, con lo cual se hizo incómodo y más difícil para la ciudadanía emitir su voto. Posiblemente está confiando en la fortaleza de su maquinaria electoral y, dado que la oposición ha demostrado una y otra vez su debilidad en ese mismo aspecto, el voto duro de la 4T sí funcionará y se logrará, si no un resultado vinculante, por lo menos una votación que muestre la fortaleza del voto duro de MORENA.

Hay otro tema que no he escuchado comentar: ¿Por qué poner esta votación el 10 de abril? Parecería en realidad como cualquier otro domingo, tan bueno como los demás para llevar a cabo las elecciones. Curiosamente, coincide con el Domingo de Ramos. Domingo con el que empieza la Semana Santa y las vacaciones de primavera. Una cantidad importante de ciudadanos saldrán de vacaciones desde el viernes 8 y el sábado 9, para aprovechar lo mejor posible el periodo vacacional. O sea, estarán fuera de las casillas que les corresponden en ese domingo. Habrá el material electoral en las casillas especiales, pero nadie habla de que hay una cantidad suficiente como para atender a un porcentaje muy elevado de la población que no estará en su lugar de origen. Qué coincidencia, ¿verdad? Pero se dice que en política no hay coincidencias. Y yo lo creo. Además, quienes salen de vacaciones de Semana Santa normalmente son personas de la clase media, en donde la 4T no es tan poderosa, mientras que las mal llamadas clases populares generalmente no toman vacaciones en esos días o las empiezan a tomar a partir del Jueves Santo.

Curioso, ¿verdad? Gran casualidad que las elecciones se hayan dispuesto justamente cuando la clase media de ingresos medianos o altos no estará disponible para votar o, en caso de desear hacerlo, no encontrará boletas suficientes cuando esté fuera del lugar donde está empadronado. Pero es claro, por lo menos para mí, que el argumento a favor de no darle gusto a Andrés Manuel se voltea al revés. Tanto la escasez de recursos como la fecha seleccionada están pensadas para que la clase media no vote. La misma clase media que no es fácil de acarrear y que ha demostrado que tiene mayor abstencionismo, precisamente porque no son sujetos al fenómeno del agradecimiento que, seguramente, está siendo puesto en juego con las visitas de los “servidores de la nación” a los pensionados por la 4T.

Mi argumento, y repito que respeto mucho los argumentos contrarios, es que tengo un deber ciudadano de participar en las elecciones. Hay argumentos para decir que hay elementos de ilegalidad en esta votación. Pero esos ya fueron considerados por las autoridades electorales y, nos guste o no, fueron rechazados. Con lo cual tienen la fuerza de una ley, aunque muchos piensen al revés y no hayan logrado convencer a la autoridad electoral de sus argumentos. Pero, viendo las cosas más a fondo, en esta elección como en las de los últimos 15 años o más, el gran tema es: democracia sí o democracia no. Y más importante: qué clase de democracia estamos construyendo.

La democracia no depende de quién está gobernando ni de quién hace las propuestas para la votación. No depende del hecho de que estemos previendo que una maquinaria electoral formidable se va a aprovechar del resultado. Lo que estamos buscando, al menos algunos que nos consideramos demócratas, es la muy conocida democracia sin adjetivos.

Porque si algo nos demuestra el siglo 20 es que nadie dice estar en contra de la democracia. Como en el sistema soviético, que se auto llamaban “democracias populares”, aunque sólo el partido en el poder y sus miembros tenían derecho al voto. O los sistemas de votación a mano alzada, donde el voto no es secreto y que se ha usado en algunas reuniones políticas de la 4T. Lo que necesitamos es una democracia donde los votos se cuenten y se cuenten bien, donde el Gobierno no organice ni contabilice los resultados, donde haya límites al poder del Gobierno, para que no pueda cerrarles caminos a sus opositores y manejar elecciones de Estado. Que es lo que lograrán si demuestran que el INE ha sido ineficiente. En todas las dictaduras el argumento ha sido: “¿Para qué votar? Es claro que la mayoría está en favor del Gobierno actual, ¿Para que gastar el dinero que podría estar dándose a los pobres en un ejercicio inútil, del que ya sabemos cuál va a ser el resultado?”

Y no es que el señor presidente las tenga todas consigo: hubo una reunión que, según se dice, tuvo con los gobernadores de su partido, para ponerles muy claro que espera resultados tan decisivos como los que tuvo en el 2018. Pero, otra vez, esto bien puede ser para la opinión publicada. Pero, de cualquier manera, sigo creyendo que, aun suponiendo que mi voto será inútil o que reforzará las posturas de la izquierda morenista, tengo el derecho, la obligación y el deber de votar. Y no creo que el modo de mejorar las cosas en este país sea absteniéndonos de ejercer nuestro voto. Tampoco creo que se defiende al INE dejando de votar.

 

Antonio Maza Pereda

domingo, 10 de julio de 2016

Sucesión 2018: dos escenarios malos, uno difícil


Dado el deterioro político de la Presidencia de México, se están activando desde hace tiempo diversos escenarios para la sucesión en el 2018. Escenarios que apuestan a la alternancia desde diferentes modelos. Es pronto para decir si estos escenarios pueden funcionar, pero es un hecho que son posibles y que se están instrumentando.

Escenario 1968: Un conflicto que escala entre gobierno y activistas, una crisis sin solución posible, donde se habla de diálogo pero no se acepta más solución que la de los activistas. El conflicto actual, que nace por la apresurada e incompleta Reforma Educativa, ya ha hecho que se produzcan enfrentamientos que cuestan sangre y vidas. La izquierda habla de provocadores, pagados por el Gobierno y que llevan a cabo los actos vandálicos y la violencia. Muchos comunicadores, sobre todo los que siguen la línea del Gobierno, pero no únicamente estos, hablan de una coalición CENTE-Guerrillas, siendo estas últimas quienes forman la “vanguardia del proletariado” violenta. En todo caso, el mecanismo es parecido al de  1968: lograr que el Gobierno sea visto como represor, para  debilitarlo  y hacerle imposible lograr una sucesión a su gusto.

Escenario 1998: Ante un gobierno desprestigiado y débil después de las elecciones federales y locales  de la segunda mitad de su mandato, un gobernador panista crea un mecanismo propio para la operación de las elecciones (los amigos de Fox), y se impone a un PAN que no tiene una idea clara de cómo aprovechar la coyuntura, además de que insiste en respetar los tiempos electorales. Esto es lo que está haciendo el gobernador Moreno Valle, ex priista  impulsado por el PAN para gobernar su Estado, y que está desarrollando su estructura propia para operar las elecciones del 2018 con un equipo de ex priistas. O que al menos se dicen ex priistas. La idea es aprovechar las contradicciones internas de un PAN que no acaba de entender por qué tuvo sus triunfos recientes y están disputándose desde ahora un poder que todavía no ganan.

Aquellos escenarios tuvieron éxito en lograr una alternancia. En 1970, la alternancia se da dentro del PRI: el ala del “capitalismo de cuates”, denominada “desarrollo estabilizador” que va desde el sexenio de Miguel Alemán hasta el de Diaz Ordaz (24 años) es sustituida por el ala del “nacionalismo revolucionario” que dirige la economía desde los Pinos. En el 2000, la alternancia se da fuera del partido, con un gobierno nominalmente panista pero que incluye pocos panistas en la cúpula del poder, seguido por un sexenio con  mayor raigambre panista.

Por desgracia, estos dos nuevos escenarios conducen por diferentes vías a un resultado parecido: llevar a ex priistas a regir el país con un modo de gobernar que varía solo en el énfasis de sus postulados pero no en su estilo, muy lejano a la democracia.

¿Hay otro escenario? Es posible. Decía algún autor que no hay nada más difícil de pronosticar que el futuro. Y un gran mexicano, Benito Bucay, decía que los primeros pronosticadores de la historia fueron los profetas del pueblo de Israel… y que todos murieron apedreados. De modo que no intentaré pronosticar.

Pero sí creo que hay por lo menos otro escenario. No, no me refiero a los candidatos independientes que, aprovechando el hartazgo de la ciudadanía, accedan al poder. No es imposible: recuerden a Collor de Mello en Brasil y a Fujimori en Perú. Ambos independientes y ambos, en opinión de muchos, malos gobernantes. Me refiero a otro escenario. Uno donde grupos intermedios de ciudadanos propongan y de alguna manera impongan propuestas para sacar al país de su estancamiento político. El ejemplo más actual es el de la iniciativa ciudadana “3 de 3”, que logra ser aprobada y, cuando se distorsiona, hace que sea enmendada al menos parcialmente. Grupos de intelectuales, universidades, gremios empresariales y otros cuerpos intermedios se organizan, comunican y logran obtener iniciativas de fondo. Y ponen al Congreso en la situación de tener que demostrar que escuchan a la Ciudadanía. Pero hay otros campos donde iniciativas ciudadanas pueden lograr mejoras sustanciales. Una, en mi opinión, sería lograr la segunda vuelta electoral, para evitar los desgastantes conflictos post electorales y lograr mejor gobernabilidad.

¿Cuál escenario ocurrirá? No lo sé. Por el bien de México me gustaría el tercero, el más difícil. Difícil porque requiere que la ciudadanía pase de una actitud quejosa a la actitud pro activa de tomar su papel y recuperar el poder que, según la Constitución, reside en el pueblo.


lunes, 13 de junio de 2016

Elecciones 2016: ¿Qué pasó?


Es grave. Ni partidos políticos, ni comentaristas, ni encuestadores tienen una idea clara. Sí, saben que pasó. Saben por los números quien ganó y quién perdió. Pero PORQUÉ, eso es otro asunto. Y si no tienen una idea clara del porqué, seguirán dando palos de ciego. Como hasta ahora. Y están arriesgándose a  nuevas y desagradables sorpresas, para todos.

Los primeros perdedores en las elecciones de 2016 fueron comentaristas y encuestadores. Nadie previó con razonable aproximación qué iba a ocurrir. Millones gastados en encuestas previas y encuestas de salida, fueron dinero tirado a la basura. Información inútil para tomar decisiones. Todavía al día siguiente de las elecciones, los partidos políticos seguían creyendo en sus encuestas. Y muchos comentaristas no sabían que decir.

Ahora, los mismos que fracasaron estrepitosamente en interpretar las realidades y las tendencias, nos dan sesudos análisis explicando qué pasó. ¿Qué tanta credibilidad pueden tener? Los métodos que usaron para interpretar la realidad, ¿han cambiado? ¿Por qué ahora deberíamos creerles?

Las “explicaciones” suenan huecas. Que por la impopularidad de Peña Nieto. Pero el presidente era aún menos popular en 2015, y su partido tuvo éxito en las elecciones federales. Qué porque los candidatos “no conectaron” con los votantes. Que por las fallas de los virreyes a nivel estatal.  Que por las alianzas. Pero todo eso se sabía antes de las elecciones, y no fue considerado por los expertos como puntos relevantes.

Otro sonoro  fracaso es el de la mercadotecnia política. Probablemente esta haya sido una de las campañas más costosas, medida por gasto contra número de votos emitidos. Y todo ese gasto no hizo el bien que se esperaba. Hubo saturación de spots, millares de  llamadas grabadas, los “call centers” que  trabajaron fuertemente. Y, aparentemente, no hay relación entre las cantidades erogadas y los resultados en las urnas.

El intento de última hora de “rebasar por la izquierda” que hizo el presidente con la propuesta de matrimonio igualitario, fue señalado por priistas como la causa de las derrotas. Es difícil de creer. Es como si todos hubieran estado muy dispuestos a votar por el partido en el gobierno y esa propuesta haya cambiado la tendencia. No es creíble. Aquí aplica la falacia de creer que si un evento ocurre antes que el otro, entonces el primero es causa del segundo. Es la falacia conocida como  Post Hoc ergo Propter hoc, que está descrita ampliamente en la literatura de la lógica formal. Puede ser que en algunas localidades haya sido la gota que derramó el vaso. Pero no fue la única causa de la derrota priista, ni mucho menos. En cambio sí es claro que, si la idea era atraer votantes a la causa del presidente, la maniobra no funcionó. Las fuerzas a favor del matrimonio igualitario no le dieron más  votos al PRI.

La izquierda opositora no creció, Es más: posiblemente haya disminuido. El crecimiento de MORENA ha sido a expensas del PRD y otros partidos de izquierda. Se ha vuelto un juego de suma cero: lo que ganan los unos, lo pierden los otros. Ahora, si contamos al PRI, la caída de la izquierda es mayor. Porque, aunque muchos no lo crean, el PRI es un partido de izquierda, miembro de la Internacional Socialista quien agrupa y certifica en cierto modo qué partidos se pueden considerar de Izquierda.

Otra interpretación dudosa de los hechos se da en los medios del PAN. Ven un triunfo de Ricardo Anaya, un fortalecimiento de su tendencia en el PAN. Otros ven un vuelco de la población hacia sus posiciones. Pero puede ser que el partido no haya ganado, sino que sus opositores perdieron. Es muy posible que hayan obtenido en la ciudadanía la imagen de ser “el menos malo”. No el mejor. Y la diferencia importa. Aquí el gran riesgo es caer en la soberbia, cosa que ya les ha pasado. Y si no aprenden de esas lecciones, su riesgo es muy elevado.

En suma, este es un momento que requiere de objetividad. Urge hacer sentido de lo que ocurrió hace una semana y extraer las lecciones relevantes. Entender el alcance de los mitos que dominan el “saber político”. Como la fe en el gasto electoral como predictor del resultado en las urnas. Como el peso que se le da a redes sociales y a los independientes.  Creer que con correr a los responsables de la derrota tenemos  la solución. El mito de que ganamos porque la ciudadanía está con nosotros, cuando bien puede ser que ganamos porque odiaban a otros.


Rechazar los mitos y enfocarnos a entender con objetividad las realidades: esa es la tarea. ¿Estarán los partidos políticos a la altura de este reto?

viernes, 8 de enero de 2016

Año Político, a espaldas de la ciudadanía


Este, no cabe duda, es un año especial en la política mexicana. No se juega la sucesión de la actual administración, en forma directa, no cambia el poder legislativo Federal, pero ya se empieza a preparar la sucesión mediante la alineación de fuerzas de frente a las elecciones del 2018.

Para empezar, hay renovación de 13 gubernaturas, casi todas  en los estados menos relevantes de cara a las elecciones federales; la excepción son Baja California y  Veracruz, algunos de los estados más poblados del país. Y además, hay elecciones extraordinarias en Colima.

Todas estas actividades políticas están sirviendo de marco para una realineación de las diferentes tendencias en los partidos. Esto, en buena medida, como resultado del pobre desempeño de todos en las pasadas elecciones federales. Estrictamente, puede decirse que todos los partidos con la posible excepción del MORENA, están profundamente divididos.

La división más obvia es la que ocurre en el PRD. El MORENA es, estrictamente, el resultado de un cisma dentro del PRD. Ha crecido en la medida que el PRD ha disminuido. Hasta el momento, no está claro que esté capturando nuevos miembros que no hayan militado antes en los partidos de izquierda. Pero, desafortunadamente para el PRD, las fuerzas que le quedan están también terriblemente divididas. El tener que traer un nuevo dirigente nacional, Agustín Basave, que no pertenecía previamente al partido, es una clara señal de que no se pueden poner de acuerdo las "tribus" de este partido. Muy rápidamente Basave se ha encontrado en la situación de que se le desautoriza a hacer alianzas con otros partidos, asunto que ya le había sido autorizado previamente. Y, comprensiblemente, dice que así no puede dirigir a la organización. ¿Podrá Agustín Basave lograr un mínimo de concordia entre las fuerzas del PRD? La verdad, es un asunto de vida o muerte para esta institución.

La situación en el PAN no es mucho mejor. Su recuperación en las elecciones del 2015 no fue espectacular, aunque haya recuperado el lugar de la segunda fuerza política. No tanto gracias a sus logros sino debido a la división del PRD. La división entre los calderonistas y  los maderistas sigue vigente y la mejor prueba es la campaña anticipada de Margarita Zavala para ser candidata presidencial. Con o sin el PAN. Tal vez los panistas no estén de acuerdo, pero parece claro que si no regresan a una visión compartida de la política y del papel de su partido en la misma, están condenados a la fragmentación.

El PRI en cambio, aunque no logró los resultados óptimos en las elecciones del 2015, sí logró mediante las alianzas con el Partido Verde Ecologista y el PANAL mantener su gobernabilidad a través del Congreso. Sin embargo, la discordia entre el grupo mexiquense y el grupo hidalguense sigue vigente y siguen ocurriendo las patadas por debajo de la mesa entre estos grupos. Para muestra, un botón: ¿ustedes creen que el artículo de inicio del año en el New York Times atacando al presidente Peña Nieto es algo fortuito? Yo, entre algunos, no lo creo. En  medio  de esa lucha sorda, está navegando Manlio Fabio Beltrones, que no está alineado y se presenta como un factor que aspira a unificar las fuerzas de ese partido.

Como si le faltaran ingredientes a este  caldo político, tenemos además la certeza de que habrá candidatos independientes y que muchos lo intentarán. Cuántos lo logren, eso es otro tema.
No es fácil en este momento decir cuál va a ser el resultado de estas pugnas. Lo que sí es claro es que todas las fuerzas políticas están tratando de buscar alianzas para las próximas elecciones estatales, pero teniendo en el horizonte las elecciones del 2018. Claramente, con sus acciones ya que no con sus palabras están indicando la debilidad que sienten. Sólo el MORENA, como un reflejo del optimismo de Manuel Andrés López Obrador, no ha hablado de buscar alianzas.

Todo este manejo ocurre en lo "oscurito". La ciudadanía no cuenta para la elección de precandidatos para las diferentes gubernaturas, ni siquiera tiene voz ni mucho menos voto en su postulación. No se presentan las posibles opciones, no se discuten abiertamente sus méritos, no se consulta cuáles serían los candidatos que más seguirían los votantes. Todo el manejo ocurre entre camarillas con lo cual, muchas veces, se margina a los propios integrantes de los partidos.

Se ha hablado que en la política de México hay círculos. El más famoso es el círculo rojo, el de los que verdaderamente influyen, los que tienen el poder de imponer candidatos y gobernantes. Tal parecería que nosotros, los ciudadanos, somos el círculo más alejado, el círculo gris, al que hay que organizar, llevar a votar, hacer participar en el día de las elecciones pero sin pedirnos una opinión, muchísimo menos una  decisión.

No es que me parezca que el sistema democrático de los Estados Unidos sea el modelo a seguir. Pero si se ve una diferencia importante en el modo como se manejan las elecciones y lo estamos viendo en este momento en que se preparan las elecciones primarias que  iniciarán en los primeros días de febrero. Todavía no hay candidatos, y ya los precandidatos han empezado a debatir, a publicar, a hacer declaraciones y a pedir su voto a los miembros de los partidos. Todo ello frente la ciudadanía y tomando el riesgo de que ésta, al conocerlos más a fondo, deje de apoyarlos.


En otras palabras: urge que nuestra clase política deje de tomar una actitud paternalista, considerando a la ciudadanía como menores de edad y que se atrevan a presentarse a la luz pública y pulsar la opinión del ciudadano común para poder diseñar programas de gobierno que verdaderamente respondan a las necesidades de la gente y que puedan construir desde el inicio de las campañas una base de confianza para los gobernantes. Conceptos que, desgraciadamente, hoy no están aplicando.

domingo, 11 de enero de 2015

Escenarios para la Administración Peña Nieto 2015-2018


 Como ya comenté en un blog anterior (http://bit.ly/1AxsEvl), los escenarios hablan de posibilidades, no de probabilidades. Desde ese punto de vista hay muchas posibilidades para lo que resta de la Administración Peña Nieto, por lo que aquí se comentarán los que pudieran tener un impacto mayor.
Las variables que moverán el escenario de los próximos cuatro años, en mi opinión, serán las siguientes:

·        -      Resultados de las elecciones federales del 2015;  consolidación de la posición priista en el Congreso y gubernaturas  o su deterioro.
·         -     Mejora de la economía mundial, y en particular la de los Estados Unidos; de manera rápida o de manera lenta. Sin duda, más pronto o más tarde la economía mundial mejorará, pero no forzosamente en este período.
·         -     Para México, la implementación exitosa de las Reformas Estructurales o, en todo caso, el fracaso total o parcial de dichas reformas
·        -      recuperación de la confianza ciudadana en general y de los inversionistas en particular respecto a la Administración  Peña Nieto, o en otro caso la no recuperación de dicha confianza
·       -       El estancamiento de los precios del petróleo en niveles bajos o una recuperación a niveles cercanos a los que se tuvieron en el 2014. Eso dependerá del nivel de autosuficiencia energética de los Estados Unidos, que les permita dejar de importar o incluso exportar petróleo y sus productos.

Como pueden ver se trata de variables, no de eventos que se cumplen o no se cumplen. Las variables podrían cumplirse parcialmente o irse a alguno de los extremos.
Las consecuencias de la combinación de estas variables son las que nos marcan posibles situaciones que generan  escenarios. Las consecuencias serían las siguientes:

Si las elecciones próximas resultan favorables a la actual administración, y se logra recuperar la confianza pública o, al menos, la posibilidad de lograr concertaciones eficaces, el actual gobierno tendrá una amplia libertad para su toma de decisiones. Por el contrario, si esas elecciones les resultan desfavorables y además se da un fraccionamiento de los partidos principales y se mantiene la pérdida de confianza en las fuerzas políticas, los grados de libertad de la Administración Peña Nieto serían muy pocos.

Por otro lado, si hay una mejora de la economía mundial, y en particular la de nuestro socio comercial principal, los Estados Unidos, y además se logra una implementación exitosa de las Reformas Estructurales, se abrirán muchas oportunidades y habrá entusiasmo y decisión para invertir, no sólo en inversión fija sino también en todo lo necesario para el capital de trabajo y el desarrollo del capital humano. Por otro lado, si la economía mundial y la de Estados Unidos se estancan y las Reformas Estructurales no se pueden implementar plenamente y exitosamente, se reducirá mucho el entusiasmo y la decisión para invertir tanto los capitales nacionales como los capitales extranjeros que pudieran empujar el desarrollo de nuestra economía.

Reconozco que estoy haciendo una simplificación; pero es una simplificación que nos podría permitir reflexionar sobre los posibles impactos que las combinaciones de estas consecuencias podrían tener para nuestro país.

Si se da la combinación de: amplia libertad de la Administración Peña Nieto con un fuerte entusiasmo de los inversionistas, sería el escenario Sueño Dorado de esta administración. Se daría un fuerte crecimiento económico, aumentaría el empleo, sobre todo el bien pagado, se desarrollaría la economía en nuevas áreas y, en caso de haber una mejora importante de la economía mundial, se aprovecharían plenamente nuevas oportunidades. En este escenario, el efecto regresivo de los precios bajos del petróleo, tendría un impacto mucho menor. Claramente, aumentaría el costo de la mano de obra, sobre todo la calificada y habría un déficit de personal directivo de alto nivel, por lo que su costo también se elevaría. Estos aumentos harían mejorar la fortaleza del mercado interno y permitirían entrar en un círculo virtuoso donde el motor de la economía, por primera vez en la historia, sería el mercado interno.

Si se da la combinación de una libertad limitada de la Administración Peña Nieto, con un gran entusiasmo de los inversionistas, posiblemente se dé un estancamiento, con crecimientos económicos mediocres, que apenas permitan conservar el poder adquisitivo de la población en los niveles actuales. Ese escenario sería: 2014 una y otra vez. No sólo tendríamos un estancamiento económico, muy posiblemente seguiría el deterioro de las fuerzas políticas, las cuales acumularían cada vez mayor descontento de la población. Si las elecciones resultan en una fragmentación de las principales minorías que hoy tenemos en el Congreso, tendríamos una atomización de la clase política y una suerte de acusaciones recíprocas al interior de los partidos que hayan perdido sus posiciones. Y, por supuesto, más obstáculos para implementar las Reformas Estructurales. Bajo estas condiciones, los inversionistas extranjeros buscarían otras oportunidades, y posiblemente a los inversionistas nacionales se les irían oportunidades en las economías que estén recuperándose.

Si se diera la combinación de una amplia libertad de la Administración Peña Nieto, pero combinada con falta de inversión, nos encontraríamos en un escenario Gobierno como motor de la economía. En este escenario, se desarrollarían rápidamente negocios que dependen de la inversión gubernamental pero, desgraciadamente, la inversión de los gobiernos, y no solamente en México, ha mostrado que sólo puede activar la economía a corto plazo, mientras se da la obra pública. Esto genera un empleo de corto plazo y generalmente mal pagado. No quiere decir que no pueda haber excepciones, pero en general los gobiernos han demostrado que no son buenos generadores de riqueza y sólo de una manera muy limitada distribuidores de la misma. En este escenario se fortalecería el " capitalismo de cuates". Es muy posible que esto nos llevara a crear barreras para la competencia y también aumentarían los impuestos, dado que el crecimiento económico dependería del presupuesto gubernamental. Eso lo podría llevar a cabo una administración que tenga mayoría en el Congreso y grandes capacidades de concertación con otras fuerzas políticas, aparte de tener una gran confianza de la ciudadanía.

Finalmente, el cuarto escenario es uno donde no hay entusiasmo por la inversión y el gobierno no tiene muchos grados de libertad: un escenario de Implosión, donde la economía se contrae, el gobierno no tiene fuerza suficiente para modificar las situaciones adversas, muy probablemente con fuga de capitales  e inversiones mínimas, únicamente de mantenimiento, así como un aumento de desempleo o de puestos de trabajo mal pagados. Desgraciadamente, en un escenario así los únicos motores de la economía serían los ingresos procedentes de las remesas de los emigrados, del sector informal (único que estaría generando empresas y empleos), y los ingresos procedentes del narcotráfico.

Cuatro escenarios, todos ellos posibles. Sueño dorado, 2014 una y otra vez, gobierno como motor de la economía, e implosión. Todos posibles; habrá que ver cuáles son los que se van dando.  En el corto plazo, lo  único que se resolverá será, mediante las elecciones y las acciones del gobierno y fuerzas políticas,  recuperar la confianza del electorado y poder generar suficientes grados de libertad a esta administración. O que no lo logren. También puede ocurrir mezcla de esos  escenarios o se presente cumplimiento parcial de algunos de los mismos.

Con esta reflexión podemos pensar en planes alternos, en el modo como debemos tener meditadas diferentes eventualidades. De poco nos sirve pensar en un escenario único, sea positivo o negativo.
¿Y nosotros, Ciudadanía? Hay cosas en estos escenarios que escapan de nuestras posibilidades. Pero lo que si podemos es evitar darles “cheques en blanco” a las distintas fuerzas políticas y asegurarles que nuestra confianza y nuestro apoyo dependerá de los hechos, no de la mercadotecnia política, del número de spots, los kilómetros de pasacalles y los pomposos discursos. Dependerá de sus hechos, los duros y fríos hechos.