¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones
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jueves, 8 de febrero de 2024

¿Hay que temer a la Inteligencia Artificial?

Una discusión importante en este año 2024, a nivel mundial, con mucha probabilidad, será sobre la Inteligencia Artificial. Ya ha sido propuesta por el Papa Francisco como el tema de reflexión para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.  Sin duda, también habrá otros muchos que sigan este camino. En las discusiones del Foro Económico de Davos, a principios de este año, la mayor parte de los líderes estuvieron de acuerdo en que la Inteligencia Artificial es una gran oportunidad para el desarrollo económico…  Siempre y cuando pueda ser utilizada de una manera responsable.  Ellos hablaron de la necesidad de crear salvaguardas, para evitar que su uso dañe a algunos sectores de la población mundial.

Comentaba en estas páginas que algunas de las grandes firmas de consultoría mundiales consideran que, en los próximos años, la Inteligencia Artificial agregará valor a la economía mundial de una manera impresionante. No falta quien habla de que cada año se generará un valor económico como el que genera Estados Unidos en dos años. Lo cual es algo realmente enorme; difícilmente se puede hablar de alguna tecnología que haya producido tanto valor tan rápidamente.

Esto, sin embargo, tendría que balancearse, viendo cuál sería el efecto de la Inteligencia Artificial en el empleado y su remuneración. Esas mismas compañías de consultoría estiman que, cuando la Inteligencia Artificial esté plenamente aplicada, los trabajadores dedicados a labores repetitivas, y que no tienen que ver con tecnologías informáticas, dejarán de ser indispensables. Y calculan que, en algunos años, los ingresos de este tipo de personal habrán disminuido en un 30 %. Los entusiastas de la Inteligencia Artificial hacen las suposiciones de que ese personal podrá ocuparse en otros tipos de trabajo, que por definición serían aquellos que requieren de capacidades de manejo de las tecnologías informáticas en tareas que no sean repetitivas.

Guardando las distancias, eso fue lo que ocurrió durante la Revolución Industrial. Los artesanos, en términos generales, fueron sustituidos por maquinaria que generaba productos bastante aceptables, pero tal vez no tan buenos como los que generaban los artesanos.  En cambio, los obreros no requerían capacitación, porque el trabajador se volvía alguien que no requería de habilidades especiales y se ocupaba en actividades repetitivas, como la de alimentar a las máquinas con la materia prima que requerían. Y ese personal no necesitaba de un intenso entrenamiento, por lo que era fácil de sustituir y, en consecuencia, recibía una remuneración mucho menor. Es en esa época en la que se crea el proletariado y se empieza a hablar de la explotación del obrero por el capital.

 Tuvieron que pasar decenas de años para que, en los países desarrollados, se recuperara el salario de los obreros, en buena parte gracias a la especialización de los mismos.  Y todavía quedan grandes cantidades de personal muy mal pagado en los países con escaso desarrollo. Un tema tan importante que dio lugar a documentos papales como la encíclica Rerum Novarum, que se ocupó entonces de un asunto que anteriormente no significaba un problema agudo.

La cuestión de la Inteligencia Artificial ya ha sido tratada anteriormente, aunque de una manera sensacionalista. Como en la película “2001, Odisea del Espacio”, donde una computadora inteligente trata de acabar con un ser humano y solo en el último momento este se salva. O más recientemente, las películas con los argumentos del “Terminator”, donde las máquinas inteligentes se escapan del control y amenazan a la humanidad.

 Probablemente, estamos muy lejos de llegar a una amenaza tan exagerada.  Pero ya están ocurriendo algunos conflictos que preocupan. El año pasado, entre las huelgas que hubo en la industria cinematográfica, un tema relacionado directamente con la Inteligencia Artificial fue la huelga de los así llamados “extras”, actores poco sofisticados cuyo papel es completar escenas donde aparecen cantidades importantes de personas. Usando la Inteligencia Artificial, empezó a ocurrir que se captaban las imágenes de esos extras, se les hacía alguna ligera modificación a sus imágenes y se aprovechaba en otras películas haciendo el papel de los “extras” originales, a los cuales ya no había que pagarles.  Y esto provocó una parálisis en esa industria de la cual todavía no se terminan de reponer.

Los entusiastas de la Inteligencia Artificial dicen que esos trabajadores desplazados podrán encontrar trabajo en las nuevas tareas que genere la Inteligencia Artificial. Pero aquí hay la situación de que esos actores, poco especializados y que solo saben hacer trabajos repetitivos, no podrán adquirir rápidamente las destrezas necesarias para convertirse en un trabajador que haga labores no repetitivas y que estén relacionadas con el manejo de la informática. No queda claro cómo se sostendrán las familias de esos trabajadores durante el período que necesiten para adquirir las habilidades necesarias para volver a ser empleables.

Probablemente, la Inteligencia Artificial tiene mucho sentido en los países que, por un lado, tienen una natalidad muy baja y un invierno demográfico, donde una parte importante de la población está jubilada y deberá ser sostenida por un número cada vez menor de trabajadores en edad laboral.  En los países en desarrollo, en los países pobres, no solamente no hay esos problemas, sino que, además, no existen los recursos necesarios para tener el reentrenamiento masivo del personal que la Inteligencia Artificial desempleará, y el impacto puede ser severo.

¿Qué podemos esperar?  Es pronto para pronosticar.  Pero no cabe duda de que, si los líderes empresariales están hablando de la necesidad de controlar y hacer un uso responsable de la Inteligencia Artificial y, por otro lado, el pontífice de la religión más extendida del mundo dice algo parecido, cada uno desde su particular punto de vista, es que están viendo la necesidad de estudiar el asunto más a fondo.  Y procurar que la Inteligencia Artificial también tenga corazón, como dice el Papa Francisco. Hay que revisar esta cuestión intensamente. Ciertamente, es el corazón quien tiene la capacidad de entender que no se trata nada más de generar mayor competitividad, a base de tecnologías que contribuyan a dar salarios cada vez más escasos a la gente que no tiene posibilidades de una educación avanzada.

Antonio Maza Pereda

jueves, 1 de septiembre de 2011

Tecnología y empleo


Conversando recientemente con un consultor mexicano, residente en Estados Unidos y que atiende a empresas muy grandes, me comentó que en muchas partes de ese país las empresas ya se están recuperando o ya se recuperaron de la crisis. Sin embargo, esas empresas no están contratando nuevo personal. Su interpretación, con la que estoy de acuerdo, es que las empresas han invertido en tecnología, no sólo de equipo sino también en los aspectos de métodos y procedimientos, con lo cual ya no requieren de más personal para continuar su crecimiento. Puesto en términos muy técnicos, la producción de una empresa ya no está correlacionada en forma directa con la cantidad de personal que emplea. La tecnología ha roto esa correlación.

¿Es esto algo inevitable? ¿Estamos condenados a tener un desempleo permanente, como el que se ve en Europa, al tener a nuestras empresas cada vez más "tecnologizadas"? Es un tema importante por el modo como influye con la política económica de los países. Hay un dilema en el cual aparentemente siempre perdemos. Si no computarizamos y automatizamos a las empresas, éstas se vuelven poco productivas y se salen del mercado. Si las empresas se automatizan y computarizan, las empresas se salvan pero la economía y el ingreso de las familias, sufren.

No es un dilema nuevo. Cuando en el siglo XIX ocurrió la Revolución Industrial, en efecto fue el desempleo de una gran cantidad de personal y una baja considerable en los salarios de los obreros no especializados, provocando la pobreza de una gran cantidad de personas. Una reliquia de esa época, son los conceptos de Marx y sus seguidores. La solución no fue fácil, ni rápida. Pasó mucho tiempo para que los países que iniciaron la revolución industrial pudieran regresar a un equilibrio entre el capital y el trabajo. Pero la esencia fue la misma: al mecanizar la producción, el resultado inmediato es el desempleo de una gran cantidad de personal.

No hay una solución rápida, de corto plazo, para este tema. Inevitablemente, las empresas, sus procesos y métodos se volverán cada vez más eficientes y automatizados. Lo cual, dicho crudamente, generará mayor desempleo. ¿Hay alguna salida? Por supuesto que la hay, pero es una salida de largo plazo. Sólo un crecimiento importante de la economía mundial puede generar suficientes empleos para sustituir los empleos eliminados por el aumento de la productividad de las empresas. Estamos hablando de que todos los países, pero principalmente los de menor nivel de desarrollo, logren crecer de una manera notable. Sí, cuando India y China lleguen a tener un ingreso per cápita similar al de los países europeos, cuando los países africanos lleguen a tener un nivel económico similar al de los países latinoamericanos, cuando los países latinoamericanos lleguen  a tener un ingreso per cápita similar al de los países pobres de Europa, habrá suficientes puestos de trabajo. A tal grado que, posiblemente, se presente escasez de mano de obra, pero ese es otro tema.

¿Cómo lograrlo? No lo sé: si lo supiera no estaría yo aquí como vil profesor, sino que estaría como uno de los consultores mejor pagados del mundo dando consejos a Naciones Unidas y a los diversos organismos internacionales. Pero tengo una opinión. La salida de largo plazo para esta crisis que parece que no quiere terminar, necesita de varias medidas que pueden ser, en el corto plazo, dolorosas. Una de ellas, es que los países desarrollados se decidan a pagar precios justos por las materias primas de los países pobres. Mientras los precios de los productos agrícolas de los países desarrollados reflejen los subsidios que sus gobiernos les dan a sus agricultores, no hay manera de que los países pobres obtengan un ingreso justo por sus materias primas. Se requiere, por otro lado, que los países de ingreso medio, como México, dejen de fincar su productividad internacional en el pago de salarios bajos para sus trabajadores en todos los niveles. Para poder crear una economía mundial con un crecimiento mayor, se requiere que haya un número mucho mayor de posibles consumidores, que vayan más allá de un consumo de subsistencia.

Yo sé que esto es una medicina amarga; en el corto plazo significaría menores ganancias para las empresas, pero el largo plazo significa mercados más grandes, más sólidos, con mayor capacidad de consumir y generar, en un círculo virtuoso, más empleo y mejor pagado, generando mayor demanda para todos los bienes y servicios.

¿Utópico? Puede ser. Pero no se resuelve la situación actual dándole dinero a los bancos para que sobrevivan y a las empresas quebradas o a los países quebrados para que salgan de sus quiebras. Esas "soluciones", son fomentos de agua caliente; se requiere una cirugía mayor. Más aún; se requiere un rediseño a fondo de las bases de la economía mundial e, indudablemente, de las bases económicas de las empresas. Y tiene que hacerse de manera coordinada: sirve de poco que sólo un país o sólo un grupo pequeño de empresas emprendan ese camino. Si sólo unos pocos lo intentan, los resultados a corto plazo serán tan malos que esos pocos no podrán llegar a vivir a largo plazo.

Estoy dispuesto a que me corrija. Pero, por favor, corríjame con argumentos, no con adjetivos o descalificaciones. Mejor aún; corríjame mostrando un camino mejor y, con todo gusto, aceptaré mi error.

jueves, 18 de agosto de 2011

¿La sociedad del conocimiento?

Es muy frecuente escuchar, sobre todo en los medios relacionados con el cómputo, que ahora estamos en la sociedad del conocimiento. Y para demostrarlo, se cita todo el enorme acceso a la información que ahora tenemos. Estoy de acuerdo. Una de las ventajas de la edad avanzada es poder hacer comparaciones. Yo tuve oportunidad de poder obtener la información de manera remota, en tiempo real, mucho antes de que existiera el Internet. Bancos de datos computarizados, muchos de los cuáles todavía existen y operan, ofrecían información muy valiosa, en línea y en tiempo real. Había, sin embargo, dos diferencias importantes. La velocidad de transmisión de información era extraordinariamente lenta,  probablemente por una relación de 3 o 5 órdenes de magnitud. Es decir, para poner un ejemplo,  una información que obtenemos hoy en dos centésimas de segundo, se tardaba entre 200 y 1000 segundos. La otra diferencia era el costo. La conexión al banco de datos, sin considerar el costo de la llamada de larga distancia a Estados Unidos o Europa, era de doscientos dólares la hora. Esto hacía, por supuesto, que solo una minoría muy pequeña, altamente entrenada para búsquedas en línea, podía obtener esa información a un costo razonable.

Contra esas desventajas, había una ventaja enorme: esa información estaba validada por empresas especializadas, empleando a personal altamente capacitado, para poder garantizar la veracidad de esa información.  Hoy tenemos muchísima más información, a velocidades muy superiores y costos prácticamente nulos, pero sin ninguna validación. Si usted o yo queremos mentir en la red, nada lo impide.

La realidad es que no podemos hablar de que tenemos una sociedad del conocimiento, si entendemos por conocimiento la información validada, codificada, recuperable y analizada hasta llegar a sus consecuencias o conclusiones. Tenemos, sí, un mar de datos; no podemos hablar de que tenemos conocimiento y muchas veces ni siquiera información. Y, finalmente, usted y yo tomamos decisiones con el conocimiento, no con datos.

A largo plazo ¿qué consecuencias puede tener esto? Hoy vivimos en una situación de confusión inconsciente, es decir, creemos que sabemos pero no estamos conscientes de nuestra propia confusión. Sobre esto podemos plantear dos escenarios: seguimos profundizando en esta confusión, con la consecuencia de que nuestras decisiones sean cada vez menos precisas y atinadas o, haciéndonos conscientes de que necesitamos transformar los datos y la información en verdadero conocimiento, llevaremos a la humanidad a un nuevo estado de desarrollo mucho más avanzado.

Al analizar la situación de este momento de agosto de 2011, podemos ver que a la economía número uno del mundo sumida en la incertidumbre respecto al modo como puede lograr una salida eficiente de su crisis económica, a sus autoridades pensando que las medidas de corto plazo serán suficientes, teniendo sus bolsas de valores con bandazos diarios de mejora y caída de sus índices. ¿Cómo es posible que personas que tienen un acceso a la información mucho más amplio que el que se disponía hace 40 o 50 años, habiendo avanzado enormemente en las ciencias económicas y las de la administración tanto pública y privada, no puedan llegar a soluciones sensatas?

No me lo puedo explicar de una manera sencilla. Mi teoría, que deseo fervientemente que esté equivocada, es que el exceso de datos insuficientemente analizados ha llevado a estos personajes a este estado de lamentable confusión y a que nos arrastren prácticamente a todos los países a un estancamiento generalizado.

A un nivel más inmediato: ¿está su empresa sumida en una confusión debido a la falta de información convertida en conocimiento? ¿Está usted mismo confundido con un exceso de datos que no hacen sentido? Si es así, me temo que estamos muchos en el mismo barco. Y los medios de comunicación, los analistas de negocios, y todos los que deberían estarnos orientando, están tanto o más confundidos que nosotros. Afortunadamente, la solución está en nuestras manos. Podemos adquirir el hábito de ser críticos respecto a los datos y la información que recibimos, el hábito de buscar la lógica y el razonamiento que soporte a la información y a las conclusiones que recibimos,  cultivando un sano escepticismo y no tomando por buena, a primera vista, cualquier información que se nos ofrece.

Pensando en la mayoría de mis alumnos y de mis clientes, soy optimista. Creo que la gran mayoría tienen todas las capacidades necesarias para desarrollar y cultivar las habilidades que acabo de mencionar. Y, si tengo razón, hay mucha más gente con capacidad crítica de la que nos imaginamos. Por esta razón creo en el escenario de que, pasando esta temporada de confusión, tendremos una gran dosis de humildad y de sabiduría para poder aprovechar y agregar valor al mar de datos que hoy nos inunda.


jueves, 21 de julio de 2011

Delegación y Tecnología


El fenómeno tecnológico más extendido, en los últimos tres años, ha sido el desarrollo espectacular de las redes sociales basadas en tecnología, aunada con la difusión cada vez mayor de los teléfonos inteligentes. Millones de personas se comunican con gran velocidad,  formando redes que hacen que su comunicación sea mucho más efectiva. De hecho, se habla de una brecha entre los "tecnológicamente nativos" y los que no lo son; las generaciones muy jóvenes que nacieron inmersos en este mundo de la comunicación rápida separados de los que nacimos mucho antes.

¿Qué consecuencias podrá tener esto, a futuro, en la administración de las empresas? Una de las piedras angulares de la administración de las empresas es el concepto de delegación: se delega poder, se delega autoridad, se delegan responsabilidades y con ello se permite el crecimiento a gran escala de las empresas. Sin este procedimiento, el límite del crecimiento de la empresa serían las fuerzas de su empresario, su capacidad de trasmitir y supervisar órdenes a un tramo de control muy grande. Delegar permite al empresario o al director general mantener un tramo de control manejable, que puede desempeñar eficientemente y donde él ya no supervisa las tareas directamente, sino a aquellos que han delegado a su vez tareas y su supervisión. Supervisa resultados y deja a otros supervisar tareas.

¿Qué pasa cuando el directivo puede dar las órdenes directamente, a todo el personal, en tiempo real, sin distorsiones, gracias a que dispone de la tecnología de redes sociales? ¿Qué pasa cuando, gracias a las diversas tecnologías de manejo de información y de control integrado de las empresas (ERP por ejemplo)  el directivo puede recoger la información de los resultados directamente, sin pasar por el filtro de sus subordinados? Esto claramente suena como el sueño de muchos empresarios; ahorros en tiempo, en errores, en el costo de la estructura de personal dedicada a hacer posible la delegación y supervisión de las tareas. Ciertamente, es tentador. Y, gracias a la tecnología, esto es cada día más posible.

Desde luego, no es algo sin consecuencias. Hay inconvenientes en aspectos de seguridad, aspectos sociales graves por el desempleo de personal muy capacitado, deshumanización de la organización y, paradójicamente, facilitar lo que se ha dado en llamar la "delegación hacia arriba". Cuando el directivo aceptó su comunicación en forma directa y cotidiana a todo el personal, se abre la puerta a que el personal le pase a su directivo las decisiones que deberían estar tomando o que, en una estructura tradicional, hubiera tomado la gerencia media.

Claramente, es una situación en la que los aspectos negativos y los positivos deben ser sopesados cuidadosamente; los riesgos no son menores. Sin embargo, creo que hay un término medio, una posibilidad de mejorar la comunicación interna de la organización, mediante la tecnología de redes sociales. No estoy hablando de que cada trabajador en todos los niveles tenga siempre su teléfono inteligente y lo esté contestando todo el tiempo; fácilmente se volvería posible el abuso. Pero seguramente se pueden encontrar usos productivos de esta tecnología y de los conceptos que involucran. Se puede pensar en usar las redes sociales o aprovechar los conceptos de estas (brevedad, inmediatez, posibilidad de transmitir imágenes) para asegurar la comunicación directa del director general con cada uno de los miembros de la empresa, en términos que involucran a toda la organización, donde no se quiere correr el riesgo de distorsiones, en anuncios de tipo general, en acciones de desarrollo de la cultura organizacional.

Un concepto nuevo, que hay que verlo en Cuenta Larga, ver sus posibilidades y sus consecuencias en el largo plazo. Estoy seguro que, si volvemos a tocar el tema dentro de tres años, habremos encontrado desarrollos inesperados en la administración de empresas, mediante el uso de esta tecnología.