¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

miércoles, 26 de octubre de 2016

Revelaciones del debate Clinton-Trump

                                  

El último debate de Hillary Clinton y Donald Trump, probablemente, fue el más interesante. Empujados por las preguntas del moderador, ambos trataron temas que habían evitado muy cuidadosamente. Ahora los campos están mucho más definidos y el votante de Estados Unidos tiene mejores conocimientos para elegir.

La señora Clinton había evitado definir durante los debates su postura hacia el aborto. No que fuera ningún secreto, pero no es lo mismo decirlo abiertamente en un evento que se calcula que tuvo una audiencia de 100 millones de votantes. No es casual que no lo haya abordado anteriormente, porque sabe bien que una parte importante del electorado no comparte sus puntos de vista sobre este tema. Además, al tratar de atraer a votantes tradicionalmente republicanos pero opuestos a Trump, esta posición puede provocar más abstenciones que adherentes. Y ella no se puede dar el lujo de ignorar a los indecisos ni a los republicanos descontentos.

La respuesta de Donald Trump sobre el tema del aborto fue clara, pero al mismo tiempo con una fundamentación muy débil. Atacó al aborto apoyándose en la crueldad del procedimiento de “nacimiento parcial”. Lo cual deja en el aire que la verdadera fundamentación de los oponentes al aborto es sobre el hecho de que se trata de una persona humana a la que se está suprimiendo. Si se matara al feto cuidadosamente, evitando la crueldad, de cualquier manera seguiría siendo un homicidio, de acuerdo a las creencias de los movimientos pro vida.

Era de esperarse ese tipo de respuesta por parte de la señora Clinton. En toda su trayectoria, ella se ha apoyado en el concepto de la libertad de la mujer para escoger,  como la razón para defender el aborto. Y a pocos días de haber recibido una donación importante en un homenaje por parte de la organización Planned Parenthood, era de esperarse que no cambiara de posición y que se viera obligada a renunciar a su estrategia de no mencionar su postura frente al aborto.

Más compleja fue la revelación de Donald Trump. Al decir primero que no diría si reconocería los resultados de las elecciones, y decir pocos días después que sólo las reconocerá si las gana, hizo evidente en los que muchos ya sospechaban: que no tiene una postura realmente democrática  y está aprovechando el sistema democrático para empujar una agenda autoritaria. Muy del estilo de algunos empresarios que creen que la autoridad del director general es incuestionable. Algo que muchos ya habían denunciado al observar sus actitudes y sus argumentos, pero que él  había tratado de ocultar jugando con la careta del  creyente en la democracia.

A ambos le hacen daño estas revelaciones. Por eso se habían cuidado de no dejar claras sus posiciones, sobre todo en un evento tan esencial para los votantes como son los debates. En otros campos sus posiciones eran mucho mejor conocidas. El asunto de la libertad de adquirir y portar armas de fuego, estaban claramente establecidas. Algo similar ocurrió con el comercio internacional, los tratados, el proteccionismo, los impuestos, la relación con México y otros temas más. Estas últimas revelaciones lo que hacen es dejar claro para el votante por quien va a votar.

La alternativa es, en realidad, decidir quién es el peor para el país y votar para minimizar los males que entre ambos le pueden traer. Posiblemente, la salida más lógica sería votar de manera que el Congreso pueda ser un contrapeso eficaz contra cualquiera de los dos que sean seleccionados. Esto hace la decisión mucho más compleja. El que va a votar la señora Clinton pensando que es el mal menor, debería votar por senadores y representantes que se opongan a sus posiciones y lo mismo tendrían  que hacer los que van a votar por el señor Trump pensando que es el menor de los males. Dada la situación, la abstención no es una opción, aunque el discurso de ambos candidatos pudiera inclinarlos a seguir ese camino.

La elección se decidirá mayormente mediante una decisión apoyada en la jerarquía de valores de los estadounidenses. Si se piensa que la defensa de la democracia es más importante que la defensa de los bebés no nacidos, el votante elegirá a la señora Clinton. Los que piensan que la defensa de los bebes  por nacer es más importante que la democracia, votarán por el señor Trump.
¿Por qué habría de importarnos a ustedes y a mí, amable lector? Por supuesto, por la fuerte influencia y capacidad de presión de la presidencia de los Estados Unidos hacia las autoridades mexicanas, de todos los signos políticos. Y también, de una manera mucho más cercana porque como yo, muchísimos mexicanos tenemos parientes y amigos en los Estados Unidos, algunos legales y otros ilegales.

Ojalá el electorado estadounidense tenga la sabiduría para salir de este terrible dilema en que los ha puesto la clase política. Es muy posible que no se encuentre una solución buena, y que haya que aceptar la menos mala y habrá que encontrar maneras de seguir como sociedad enfrentando los resultados de una mala decisión. A mediano y largo plazo, la solución es evitar la cómoda posición de dejar en manos de los políticos la conducción del Estado. En México, como en Estados Unidos y sospecho que en el resto del mundo, los ciudadanos tenemos que inconformarnos, formarnos, y organizarnos para diseñar nuevas maneras de participación ciudadana que eviten la dictadura de los partidos y de la clase política.

                   

domingo, 16 de octubre de 2016

Ya se nos olvidó la educación


Después de muchas semanas donde el tema de los maestros estuvo en el "ojo del huracán", poniendo en las primeras planas los bloqueos, la cancelación de clases, las declaraciones en uno u otro sentido e incluso las amenazas del sector privado de negarse a pagar impuestos, el tema ha dejado de ser el foco de la atención de la ciudadanía.

Por supuesto, hay un natural cansancio cuando un tema se repite una y otra vez sin agregar nada nuevo de contenido. Lo que ocurrió en este caso. Una vez que la mayoría de los profesores regresaron a dar clases el asunto dejó de ser noticia. Tal pareciera que lo esencial es que no hubiera conflicto, aunque no se hayan hecho algunas de las cosas necesarias para que la educación del país mejore.
Porque queda mucho por hacer. Decidir en temas de corto plazo es importante, pero mucho más es ver un horizonte amplio. ¿Qué clase de egresados serán los niños que hoy entren a la escuela primaria? Si no empiezan a cambiar contenidos, programas, capacitación de docentes, y mejora de las condiciones mínimas de las escuelas, nos encontraremos con que los egresados a nivel secundaria dentro de nueve años no serán muy diferentes de los que hoy están egresando.

Se han anunciado y llevado a cabo parcialmente algunas medidas. Evaluar a los maestros, lo cual generó una gran resistencia. Posiblemente por el modo como se manejó por las autoridades que empezaron la implementación de la reforma y también por un enfoque sensacionalista de los medios que culpabilizaron a los docentes de todos los males de la educación. Se mejoraron algunas escuelas, se implementaron algunas escuelas de elite, se repartió una buena cantidad de tablets. Medidas interesantes, pero parciales. Se extraña un enfoque sistémico. La mejora de la educación no puede hacerse a pedacitos.

Todo esto ocurrió y sigue ocurriendo con una mínima consulta a familias y docentes. Ha habido una fuerte repulsa a los contenidos orientados a la educación sexual y la respuesta ha sido la descalificación, en lugar de dar seguimiento y escuchar las inquietudes de los que están en desacuerdo. Que nadie sabe en realidad si  son mayoría o no, pero aún si fueran una minoría deberían ser escuchados y atendidos. Claramente la clase política sigue sin entender que cada vez es más difícil ser autoritario e imponer sus puntos de vista supuestamente basados en "las necesidades de las grandes mayorías".

Pero, por otro lado, también hay que señalar que una vez que expresan las opiniones, que se hacen manifestaciones concretas para pedir modificaciones en todo el sistema educativo, se olvida que eso no debe ser todo. Marchas y manifestaciones no son más que el principio. Sirven para expresar el descontento, para presionar a las autoridades, pero también deberían de servir para concientizar a la ciudadanía de la necesidad de participar, de contribuir y de opinar con propuestas concretas que vayan más allá de la protesta. Qué bueno que haya grandes concentraciones, qué bueno que haya pliegos petitorios. Pero también es necesario que haya propuestas concretas que puedan oponerse y debatirse con otras propuestas. Propuestas bien armadas, con argumentos convincentes y sustentados de la mejor manera posible.

Este no es un tema que esté ocurriendo nada más en México. En todos los países hay disconformidad con los resultados de los sistemas educativos. El año pasado, el Foro de Davós publicó un estudio abarcando un centenar de países en el cual se demuestra que en países de todos los niveles de desarrollo, no están teniendo los contenidos educativos que necesitarán los niños del siglo XXI cuando lleguen a ser adultos. Obviamente, esto es más grave en los países de bajo nivel de desarrollo, pero también ocurre en los países más poderosos. Aparentemente, no es cuestión de dinero nada más. Los contenidos y los métodos educativos han cambiado poco desde el siglo XX y algunas cosas desde antes. Una educación que no atiende las necesidades de la población, es bastante inútil. Enseñar habilidades que ya no se necesitan y dejar a las empresas la tarea de complementar la educación, de manera que las personas pueden trabajar de una manera adecuada, es la falla más mencionada en ese estudio.

Y el tema no termina con la capacitación para el trabajo. El propio Foro de Davós señala la necesidad de incorporar aspectos culturales, de ciudadanía, y otros conceptos que tienen que ver con la vida más allá del mundo del trabajo. Porque no se trata nada más de formar buenos trabajadores. Hay que formar buenos ciudadanos, hay que formar gente decente, como decía uno de mis maestros más apreciados.

Y todo esto sin perder de vista los derechos de las familias a formar a sus hijos de acuerdo a sus creencias y valores. El Estado no puede, no debe imponer ideologías que las familias no aprueben. Y hay que hacer conciencia en las autoridades políticas y educativas sobre este punto fundamental.
En fin, que hay mucho por hacer. Es un tema de muy largo plazo. Algunos cínicos dicen que no se resolverá del todo hasta que se retiren los profesores que actualmente tenemos. Me parece exagerado, pero es cierto que hasta que no haya cambiado de una manera fundamental todo el sistema educativo, y se haya tenido la constancia de mantener el esfuerzo por 20 o 30 años, no tendremos resultados como los que necesitamos.


Vale la pena que nos preguntemos padres de familia, docentes y ciudadanía en general sí estamos dispuestos a hacer este esfuerzo de largo plazo, para no quitar el dedo del renglón y a aportar ideas, sugerencias, y también nuestro mandato a nuestros mandatarios. Desde el primero hasta el último.

sábado, 8 de octubre de 2016

Colombia: ¿Justicia o misericordia?

                                                          

Sin duda una gran sorpresa. Después de muchas décadas de guerra entre el gobierno colombiano y la guerrilla, finalmente se llega a algunos acuerdos. Éstos, firmados preliminarmente en La Habana, son puestos a consulta en un plebiscito y rechazados, por una pequeña diferencia de votos.

Aparentemente, una parte mayoritaria de los colombianos no está dispuesta a aceptar la paz a cualquier costo. Posiblemente los negociadores confiaron en el cansancio del pueblo colombiano y supusieron que aceptarían cualquier arreglo, con tal de tener la paz. Aparentemente, la realidad es diferente.

Claramente, la diferencia no es en cuanto a lograr una paz o seguir en guerra. La diferencia está en los contenidos de los arreglos para la paz. Particularmente, parece como que se dará un perdón generalizado por todos los crímenes cometidos por ambos bandos. A una buena parte de la población le parece que esto es excesivo.

Esto me trae dos recuerdos. Poco más de un año antes de la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro británico,  Chamberlain, le entrega Checoslovaquia a los alemanes y regresa feliz a su país diciendo: "Paz con Honor. Paz en nuestro tiempo". No le importó el sufrimiento de Checoslovaquia. Al poco tiempo, Hitler desconoce todos los acuerdos e inicia la Segunda Guerra Mundial. La política de apaciguamiento no funcionó. Y normalmente no funciona. Y esto es posiblemente el temor de muchos colombianos.

El otro recuerdo es más personal. En el año 2000, a punto de iniciar la alternancia de sistemas de gobierno en México, tuve la oportunidad de conversar un aguerrido clérigo de la Teología de la Liberación, sobre las condiciones en que se daría ese cambio. El buen fraile estaba muy a disgusto porque el nuevo gobierno no estaba proponiendo una acción generalizada para meter en la cárcel a todos los funcionarios de los gobiernos anteriores. Comentando sobre la posibilidad de una amnistía general, como la que ha ocurrido en otros países en situaciones parecidas, el hombre se horrorizó. "Primero que nada hay que cumplir con la justicia", decía. A lo cual le pregunté: "Qué va primero, ¿la justicia o la misericordia?". El hombre empezó a decir que la justicia, pero lo pensó mejor y se quedó sin respuesta.
Probablemente este es el fondo del tema en los acuerdos de paz de Colombia. Se planteó la paz sin considerar la necesidad de tener un balance entre la justicia y la misericordia. Como es costumbre en muchos gobiernos, por desgracia, los acuerdos no se llevaron a un debate público. No se hicieron consultas públicas y se confió que todo el pueblo estaría feliz de lograr la paz a toda costa. Hicieron los acuerdos "en lo oscurito", lejos de la patria, en una nación que no era neutral en este conflicto. No se cuidaron de trabajar en un terreno neutral, como se ha hecho en otras ocasiones para conducir negociaciones complicadas. Y el resultado está ahí.
También, como de costumbre desgraciadamente, no se consideraron los derechos de las víctimas. Grave falla en los organismos de defensa de los derechos humanos. Y esto es algo importante. El sufrimiento de una parte importante de la población en este conflicto, no ha sido tomado en cuenta. No soy un experto en Colombia, pero pude vivir una parte del terror y la zozobra diaria que vivía este pueblo tan querido. En el año de 1989 tuve la oportunidad de pasar, junto con otros colegas mexicanos,   algo más de 100 días, 10 días de cada mes de ese año, trabajando en ese hermoso país. Desde mi primera visita, antes de 24 horas, la capital se paralizó, se pusieron retenes militares en todos lados porque acababa de explotar una bomba. A lo cual siguieron varios atentados y crímenes a lo largo de ese año. En varias ocasiones, personas a las que había entrevistado eran asesinadas horas después de que nos habíamos visto. Mis colegas y conocidos colombianos se desvivían por darnos consejos para evitar ponernos en peligro y siempre veíamos en ellos el temor de que algo nos pudiera pasar.

Yo sólo tuve una pequeña muestra de ese terror. No puedo imaginarme como es vivir así por muchos años. Y entiendo que es demasiado pedir a todas estas víctimas, directas e indirectas, que renuncien a que se haga justicia. Claramente, la respuesta al clérigo que antes mencioné es que, al menos en teoría, la misericordia debe estar por encima de la justicia. Pero tampoco se puede aceptar que no haya alguna medida de restitución de la justicia. Para ambos campos, no sólo para algunos.

Una situación compleja, para la cual los negociadores que acordaron a espaldas del pueblo colombiano, no están dando una respuesta. Parece indispensable revisar los términos de los acuerdos, escuchar a esa parte mayoritaria de la población que no está de acuerdo y lograr con ello soluciones que contengan una medida de justicia, de restitución para las víctimas y las familias de estas. La posición de que "los acuerdos no son negociables", no contribuye a la paz. Por el bien de esta querida nación, ambas partes deben de ceder un poco. Deben buscar el balance entre justicia y misericordia, prefiriendo la última pero sin olvidar la primera. Quiera Dios que ambas partes encuentren la sabiduría y la generosidad para lograr una paz duradera en Colombia.





sábado, 1 de octubre de 2016

Hay que hacer debates… ¿Estamos preparados?


En estos tiempos en que se nos ataca con una “policía del pensamiento", donde volvemos a caer en la situación donde se trata de acallar a las voces disidentes, en que estamos bajo la dictadura de lo "políticamente correcto", todas las personas libres debemos estar preparados para dar las razones de nuestras creencias. Y el método para ello es el debate de las ideas, de las razones. Una necesidad urgente en la que coinciden pensadores tan destacados como Enrique Krauze, entre otros.

El debate ha sido desde hace siglos un método de enseñanza y de diálogo. Desgraciadamente, en nuestra era postmoderna donde se le da mucho más crédito a las emociones y sentimientos que a las razones. El homo sapiens -el hombre que sabe- ha sido sustituido por el homo videns - el consumidor de la televisión-, hemos perdido la costumbre y los criterios para un debate que enriquezca a todos los participantes. Y que haga honor a la lógica y a la razón.

Recientemente presencié un debate. El tema es lo de menos. El modo como transcurrió el debate, si es que se le puede llamar así, es lo que importa. El vocero de una asociación civil debatía con un "especialista" en el tema en cuestión. Dos presentadores de la televisión estaban jugando el papel de moderador. Para empezar, los moderadores se dedicaron atacar al vocero de la asociación, con lo cual el debate se volvió una pelea de tres contra uno. Bastante injusto, diría yo. El "especialista" desde el principio se dedicó a interrumpir al vocero. Al modo de Trump, tal vez de un modo incluso más insistente. El hombre no tenía argumentos, a lo único que se dedicaba era a distraer a su oponente. Si decide alguna idea que no le gustaba, interrumpía diciendo: "Falso, eso lo toma de la Biblia, es un oscurantista". Sin explicar por qué afirmaba eso y, por supuesto, tratando de sacar de balance a su oponente en el debate.

Cuando el representante de esa asociación le hizo ver que su ataque lo único que demostraba era que no tenía argumentos, el "especialista" se dedicó a desprestigiarlo diciendo: “Usted trabaja para una asociación que trata de cerrar las escuelas públicas para poder enseñar que la tierra es cuadrada, para imponer sus maneras de pensar. La escuela donde trabaja fue fundada por un pederasta. Ustedes están en favor del odio”. Nada de lo cual estaba a debate: ni el representante ni la escuela en la cual trabaja. Aparentemente, una persona que trabaja en una organización deficiente no puede como ciudadano tener el derecho de sostener y defender ideas con las que está de acuerdo, según el multicitado “experto”. Probablemente piensa, como muchos, que si su adversario está mal el “experto” ya no tiene la obligación de demostrar que sus argumentos son lógicos. Qué es exactamente lo que estaba ocurriendo. Una actitud muy parecida tomaron los presentadores de la televisión. Olvidando que su papel de moderadores es de fomentar el debate, asegurar imparcialidad,
profundizar en los razonamientos, se dedicaron a distraer al representante de la organización e impedirle que completara sus razonamientos mediante nuevas preguntas y nuevos cuestionamientos, sin dejarlo completar lo que quería decir. Se pregunta uno para que invitan a una organización a un programa de televisión si luego no le van a permitir  a  su representante decir lo que quiere decir.

Pero, por otro lado, esto es de esperarse. Estamos en un ambiente en el que las verdades y las razones resultan muchas veces insoportables para algunos sectores de la sociedad. Y al no tener argumentos, al no poder mostrar una lógica, se dedican a desprestigiar, a manipular y a tratar de hacer quedar mal al contrincante.

¿Qué hacer? Una opción es evitar el debate. "Ya conocemos cómo son las estaciones de televisión, para qué vamos este tipo de programas si ya sabemos que lo manipularán todo". Esta es una visión derrotista. Es dejar el campo libre a los oponentes de nuestra manera de pensar. Otra opción, mucho más realista me parece a mí, es la de aprender a debatir. Aprender a usar la lógica, a usar nuestra razón. La Razón, así con mayúsculas, es un instrumento que tiene el ser humano para encontrar la verdad. Y así hay que tratarlo. Hay que entender ese instrumento, afinarlo, volvernos virtuosos de su ejecución. Porque en la medida en que una parte mayor de la sociedad quiera participar en la vida pública, los que queramos participar tendremos que enfrentarnos a debates, formales e informales, preparados o espontáneos, verbales, por escrito o mediante imágenes.

Uno de los grandes maestros del debate en la historia de la humanidad fue Tomás de Aquino. Cuando uno lee sus escritos, no puede evitar la sensación de que está presenciando un debate. Tomás de Aquino empieza presentando al detalle la posición de su oponente, establece con toda claridad el pensamiento y la lógica que tiene su contrario explicando  todos los argumentos que lo avalan. Una vez que ha completado esa presentación, procede metódicamente a desmontar la argumentación del contrincante encontrándole las falacias de lógica, la falta de validez de la información en la que se basa o lo inadecuado de sus conclusiones.

Este método, inmejorable en mi opinión, es muy exigente. No sólo debemos acostumbrarnos argumentar con lógica, cosa difícil porque muy pocos están preparados para hacerlo. También debemos de emplear bastante tiempo en analizar la lógica de los que opinan de manera diferente, entender sus motivaciones, la lógica de sus argumentos, la validez de la información que usan y lo adecuado de sus conclusiones. Evitar los argumentos de autoridad, que en opinión de Tomás de Aquino son los menos fuertes, y evitar los argumentos Ad Hominem, los que se basan en desprestigiar al contrincante sin entrar en la materia del debate.

En nuestra sociedad no se aprecia ni se enseña a debatir. En otros países, desde la preparatoria  a los alumnos se les enseña a debatir, se crean clubes de debate y se forman entrenadores de debatientes. El resultado es que, al menos en algunas áreas de la sociedad, hay la capacidad de pensar y razonar para poder sostener sus creencias.

En el futuro previsible, una parte importante de nuestra sociedad que no está de acuerdo con el sistema de la partidocracia, que no acepta la dictadura de lo "políticamente correcto" tendremos que aprender a debatir o, por lo menos, a entender los modos como se prostituye el debate para manipularlo en la dirección que desean los que quieren seguir viviendo en una sociedad de la mentira. ¿Estamos preparados?

jueves, 29 de septiembre de 2016

Clinton y Trump: ni a cuál irle.

                                                                                                                     

Después del muy esperado debate entre los dos candidatos más importantes para la presidencia de los Estados Unidos, si yo fuera un ciudadano de ese país me encontraría todavía en la categoría de los indecisos. Con la información que me dio este debate me costaría mucho seleccionar a uno de los dos. Posiblemente me inclinaría por la abstención o trataría de ubicar cual es el menos malo. Y como ciudadano del mundo, dada la fuerte influencia de Estados Unidos, estoy bastante preocupado.

Es cierto que los debates, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, tienen muy poco contenido y sobre todo muy poco de razonamiento. En la sociedad del "Homo Videns” que describía Giovanni Sartori, hay poco espacio y paciencia para el razonamiento. Por esta razón los debates apelan más a las emociones. Se justifican diciendo que lo que se está buscando es el "carácter" de los contendientes. ¿Se ve "presidencial"? ¿Muestra valentía, fortaleza, capacidad bajo presión, decisión? ¿Parece digno de confianza? Cualidades difíciles de medir y de observar en el breve espacio de 90 minutos. Pero eso es lo que se espera de los votantes.

Desde otro ángulo, el propósito de los debates es convencer a los indecisos, que bien pueden modificar totalmente el resultado de la elección. Y más en esta donde ambos contendientes se ven bastante deficientes. Por esta razón, el señor Trump se dedicó a atacar a los políticos sin distinciones, aún a riesgo de que sus patrocinadores, los Republicanos, se puedan molestar. Porque él quiere dar la imagen de ser un hombre de negocios exitoso y que no está manchado por la política. Lo cual tiene mucho sentido, dado el hartazgo tienen los votantes con los partidos tradicionales, sus múltiples promesas vanas y la corrupción que ha mostrado. Ese es el grupo de votantes que quiere convencer el candidato republicano. Por su lado, la señora Clinton evitó cuidadosamente atacar al partido Republicano. Está consciente que muchos republicanos se oponen al señor Trump y quiere atraerlos a su bando, al menos por esta elección.

Los ataques mutuos siguieron la lógica pervertida según la cual, si yo demuestro que el otro está mal ya no tengo que demostrar que mis propuestas son las correctas. Sofisma del que abusó más el señor Trump, pero que también usó la señora Clinton. Con lo cual muchos indecisos les queda claro los dos tienen hechos reprobables. Pero no demuestra de ninguna manera cuál es el que gobernará mejor al país.

Probablemente lo más preocupante de la posición de la señora Clinton es la postura de la izquierda norteamericana según la cual el gobierno debe tener una fuerte intervención en la economía y en la sociedad, debe limitar las libertades ciudadanas para apoyar sus ideologías y aumentar el gasto público por la vía de impuestos a la clase media y alta de esa nación. Receta que aplicó el señor Obama y que no ha resultado en una mejora sustancial de su economía, si bien ha logrado frenar la caída que era de esperarse después de la crisis del 2007 -2008. El Sr. Trump se presenta como un hombre de negocios, busca regresar al aislacionismo económico y militar del país. Propone reducir los impuestos (una propuesta que siempre tiene muchos adeptos) sin explicar de una manera clara como eso hará que haya más inversiones de las empresas grandes. Porque las grandes empresas en Estados Unidos tienen mucho dinero para invertir y han preferido tenerlo en el extranjero incluso sin invertirlo, como es el caso de Apple que tiene algo con 800,000 millones de dólares guardados en bonos y acciones en sus oficinas en Irlanda. Muchas veces el tema no es que las empresas tengan dinero, sino que tengan la confianza necesaria para invertirlo en negocios donde vean un riesgo razonable.

Tratando de aparecer como un hombre de negocios, las soluciones que propone el señor Trump son soluciones basadas en dinero. Cobrarle impuestos a México, crear un muro y que lo pague México, cobrar a sus socios de la OTAN por los servicios de seguridad que les dan con su capacidad militar y en particular pedirles que paguen por la defensa contra ataques nucleares, en particular Alemania, Japón y Corea. Una propuesta riesgosa y bastante cándida. Ante la necesidad de pagar por una seguridad basada en armas nucleares, pudiera ser que los japoneses, coreanos y sobre todo los alemanes consideraran mucho más beneficioso en el largo plazo tener propia producción de armas nucleares. Lo cual no es muy difícil: si un país de desarrollo medio como Siria e incluso uno pobre como Pakistán han podido desarrollar armas nucleares, eso no presentará ninguna dificultad para países como Alemania y Japón e incluso Corea. Lo que está proponiendo el señor Trump tendrá como un resultado rápido y extraordinariamente peligroso la proliferación de armas nucleares. Porque si Estados Unidos no cumple sus convenios de proteger a sus aliados, su credibilidad se mermara. Independientemente de que esa situación restaría fondos para las economías del mundo, para dedicarlos a una nueva escalada nuclear que requiere muchísimo dinero. A no ser que el señor Trump piense que las compañías americanas de armamento se pudieran beneficiar con esa carrera.

Ante todo eso, poniéndome en el lugar del ciudadano de los Estados Unidos que tiene que escoger entre dos opciones tan malas, me costaría mucho trabajo votar en conciencia por uno o la otra. Y claramente estaría en el bando de los indecisos o de los que no quieren votar.

Habrá que ver qué nos traen los siguientes debates. Como decían en mi pueblo: que Dios nos agarre confesados

lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Qué tan independientes somos?


Estamos entre la fecha del inicio de la revolución de independencia de nuestro país y la de su consumación el 27 septiembre de 1821, fecha que nuestro Gobierno no celebra. Sin que haya dado nunca una explicación lógica, no sectaria, del porqué de esta omisión. No, no voy a caer sobado tema de muchas izquierdas que, basándose en las teorías de la conspiración, dicen que nuestro país no es realmente independiente y que nuestra política interior y exterior se dicta en Washington. Mucho hubo de eso siglo XIX y buena parte del siglo XX, a veces de una manera discreta y otras de modo  muy evidente, como las intervenciones de los embajadores Poinsett y Morrow. En el siglo XXI ha habido más cuidado en guardar las formas. Pero cabe la duda: ¿tenemos plena independencia?

Es claro que un país que tiene severos problemas económicos no tiene una total independencia. Siempre estará sujeto a los dictados de grupos económicos, organismos internacionales, y otros diversos grupos de presión. Si además, este país no tiene grandes riquezas, claramente estará más sujeto a esas presiones. Y contra el mito de que México es "el cuerno de la abundancia" tenemos que ver nuestras realidades: nuestro país es árido; la mayoría de los estados tienen escasez de agua. Tenemos poca tierra de labranza, aproximadamente el 14% del territorio nacional, de lo cual la mitad está sujeta a los temporales. Es cierto que tenemos un gran litoral, pero no todos nuestros mares son ricos en pesca. Tenemos petróleo, pero no somos estrictamente un país petrolero como dice Macario Schettino, uno de nuestros grandes especialistas. Y cada vez tenemos menor producción del mismo.

Tenemos una gran riqueza en nuestra población, todavía joven y lejana al invierno demográfico. Pero la mala organización de nuestro sistema productivo hace que muchas de nuestras mejores personas, en todos los niveles sociales, emigren buscando mejores oportunidades. Los que nos quedamos, vemos a nuestra población perdiendo su nivel educativo real, aunque sume años de escolaridad. La ignorancia siempre generará dependencia. Y si a todo esto le agregamos la corrupción pública y privada, esa pobreza se agudiza.

Probablemente la peor de las dependencias es la dependencia cultural. La dependencia que tenemos en muchos aspectos de la cultura popular, muy influida por valores y costumbres que no son las nuestras. La peor de las dependencias es cuando perdemos los valores de nuestra cultura, porque nos son dictados por instancias y organismos internacionales. Esta dependencia significa que estamos en riesgo de perder nuestra esencia como nación.

Para ser plenamente independientes tenemos necesidad de un mejor desempeño económico. Ningún país pobre es totalmente independiente. Pero no basta con eso. Necesitamos tener educación de más alto nivel para ser  independientes en esta era. Necesitamos una ciudadanía bien formada y actuante. Necesitamos un sector privado valiente, emprendedor y muy capacitado. También un sector público eficiente y capaz. Necesitamos independencia tecnológica, sindicatos independientes, políticos independientes.

Pero la independencia no es el único modelo. Puede ser que estemos cayendo en casos de codependencia. Una relación tóxica que hace daño muchas veces a ambas partes de la relación, aunque posiblemente a una más que a la otra. Como la codependencia que ocurre a veces en las relaciones familiares. O, como la que podría darse entre nuestro país y nuestros socios comerciales. Ellos, dependiendo nuestra mano de obra barata; nosotros dependiendo de su fortaleza económica, de sus sistemas de comercialización, de sus mercados y de su desarrollo tecnológico.

Tal vez el modelo del futuro, al que deberíamos de aspirar, es el de la interdependencia. Poder tener relaciones mutuamente beneficiosas con otros países, relaciones donde todos ganaran. Eso ha sido el ideal, tal vez no realizado plenamente, de la Comunidad Económica Europea. Esa interdependencia sólo puede funcionar si nuestra nación se fortalece. No se trata de pedir dádivas, sino de ofrecer nuestras fortalezas a cambio de una retribución justa.

En resumen, ser plenamente independientes es una tarea ardua, un camino difícil. Puede significar sacrificios para esta generación, que posiblemente no vea los resultados pero que estará construyendo para sus hijos y sus nietos. Ahí es donde debemos aplicar y aprovechar nuestro fervor patrio. Ahí es donde debemos encontrar un terreno común para conciliar hasta donde sea posible nuestras divergencias. Porque es muy difícil que una nación amargamente dividida, pueda evitar ser juguete de las fuerzas que quieren arrebatarnos nuestra independencia.





domingo, 11 de septiembre de 2016

A mayor opacidad, más teorías de la conspiración


Desconfíen siempre de las teorías de la conspiración. Son una renuncia a pensar. Enrique Krauze[1]

Por supuesto, estoy plenamente de acuerdo con la frase de Enrique Krauze, uno de los mayores pensadores de nuestra época. Sin embargo, para poder pensar se requiere tener conocimiento o, como un mínimo, información. Por esta razón, en un sistema político con  un alto nivel de opacidad las teorías de la conspiración florecen y se extienden.

 En el sistema soviético y en particular durante los tiempos de Stalin, proliferaron analistas que se autonombraron "sovietólogos”. Éstos personajes trataban de entender un sistema extraordinariamente opaco y muchas veces, para hacer sentido de la gran escasez de datos que les llegaban, hacían análisis por ejemplo del lugar ocupaban los diferentes funcionarios en el presídium de distintos eventos y median a cuantos lugares de Stalin quedaban sentados. Al analizar varios eventos, suponían que quienes se iban alejando de los lugares centrales es porque iban cayendo de la gracia del dirigente máximo y los que se iban acercando es porque iban ganando favores. De la misma manera, analizaban  como llegaban juntos y cómo permanecían juntos durante los eventos lo cual  les permitía suponer alianzas y pleitos.

En la renuncia del secretario de hacienda de México, la semana pasada, hubo una amplia semejanza con este tipo de análisis. Que si el secretario Osorio estaba del mismo lado del secretario Videgaray, que si los nuevos secretarios estaban juntos del otro lado, que si alguno de ellos se veía sombrío o distraído, a cual grupo pertenecían cada uno de ellos así como los que los sustituían en sus anteriores cargos, todo eso se prestó a amplias especulaciones. Todo ello, por la percepción de opacidad en esta decisión.

Obviamente, las teorías de la conspiración abundan en estas circunstancias. Un analista a quien respeto mucho, opina que el partido en el poder ya ve perdidas las elecciones nacionales del 2018 y que el secretario Videgaray está renunciando a su puesto para ser candidato a gobernador del Estado de México. Un escenario interesante. Otros dicen que en vista de errores muy graves, tanto los recientes como a lo largo de su desempeño en su secretaria de Estado, era ya inevitable un cambio. No falta el que especula que este cambio es el precio que el sector privado pidió para deponer su actitud de enojo contra el gobierno federal y aún otros piensan que este cambio es para dar confianza a las agencias internacionales que miden el riesgo del país.

Otras teorías tienen más que ver con el manejo de grupos en la clase política. Una conspiración que algunos imaginan es que el grupo del Estado de México estuvo apoyando de manera sigilosa la rebelión de los maestros, con el propósito de desprestigiar al secretario de Gobernación, y hacer que bajara su calificación en las encuestas de popularidad de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Y ahora pagan las consecuencias.

Otras teorías de la conspiración son de mayor alcance. Hay quienes ven la mano de expresidentes, dirigiendo los movimientos y los ataques a la administración actual.  O los que ven a la extrema izquierda coludida con uno de los grupos priistas, con el propósito de desprestigiar a su posible contrincante.

En fin, que por teorías de la conspiración no paramos. Lo cual es fruto natural de secretismo que maneja la clase política. Por ello hablamos de los diferentes círculos del conocimiento, como el llamado "círculo rojo" que son los enterados, el círculo íntimo del presidente, o los diversos círculos existen o se imaginan los diferentes analistas.

¿Habrá remedio contra las teorías de la conspiración? Probablemente sí, pero no en el corto plazo. Václav Havel, el intelectual checo que pesó fuertemente en la caída del comunismo en su país, hablaba en su influyente ensayo "El poder de los que no tienen poder" de que un sistema basado en la mentira omnipresente, es un sistema moralmente en bancarrota. Pero una bancarrota moral no se resuelve rápidamente. No es cuestión de un cambio de personas, ni siquiera de estructuras. Es un cambio que ocurre en las mentes y en los corazones de la ciudadanía. Las grandes preguntas son: ¿estamos dispuestos los ciudadanos a pagar el costo de dejar de vivir en la mentira? ¿Tendremos la paciencia y la constancia para un  cambio que puede llevar décadas?




[1] Tweet del autor, 24 de julio de 2013, @EnriqueKrauze