¿Porqué Cuenta Larga?

¿Porqué cuenta Larga? Los mayas tuvieron dos maneras de llevar el calendario: la cuenta corta (el año o tun) y la cuenta larga, de 144,000 días, el baktun, equivalente a 395 años y medio, aproximadamente.

Las organizaciones deberían tomar en cuenta esta filosofía. Hay decisiones de corto plazo (Cuenta Corta) y de largo plazo (Cuenta Larga). Este blog está orientado a las situaciones de largo plazo y su influencia en las organizaciones

sábado, 16 de julio de 2016

Derechos de los gorilas… y de las víctimas


Recientemente tuvimos dos hechos inéditos. La muerte de un gorila en el zoológico de la Ciudad de México que llevó a organizaciones humanitarias a pedir que intervenga alguna de las múltiples comisiones de Derechos Humanos. Rápidamente la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal anunció que investigará el caso. Unos cuantos días después, la COPARMEX (Confederación Patronal de la República Mexicana) pidió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que investigue las omisiones de los gobiernos estatales y federales por no proteger los derechos de la ciudadanía, vulnerados por los bloqueos en varios estados. A la fecha, no hay una respuesta.

El tema podría quedar en anécdota. Aparentemente, importan más los derechos humanos de un gorila que los de la ciudadanía, sobre todo si son comerciantes. Pero el tema tiene mucho más fondo. Estos eventos resaltan una impresión que la ciudadanía tiene: de que los derechos humanos son para los acusados de crímenes, no para las víctimas… a menos que usted sea gorila.

En estos aspectos se ha hablado de dos bandos: los “garantistas” y los “victimistas”. Los primeros, se concentran en defender el derecho de los acusados en juicio a tener un “debido proceso”, de tal manera que parecería no importarles los derechos de las víctimas. Los “victimistas”, sin negar el derecho a un proceso justo, dicen que no se hace suficiente por los derechos de las víctimas y que estos deberían ser prioritarios. Queda claro, creo yo, que es un tema pésimamente comunicado a la ciudadanía y que debe ser discutido a fondo, con razones y no con declaraciones.

Algo parecido ocurre con los diversos Centros de Derechos humanos que existen en el país, algunos tan famosos que hasta han sido llamados al “grupo de notables” que está creando la Constitución de la CDMX. Estos centros se preocupan de muchos casos de violaciones de los derechos humanos. Pero de un modo  que se percibe selectivo: si el ofendido es un “luchador social”, todos esos centros harán todo lo que está en sus manos para apoyar sus derechos. Pero si no es así, usted no merece su atención. Dos ejemplos: en el asesinato hace algunos días de un periodista por filmar bloqueos y vandalismo en el sur del país, esos Centros se quedaron mudos. Y hace un poco más, cuando un empleado de una gasolinera fue quemado vivo por el vandalismo de unos “luchadores sociales”, estos centros no dijeron ni una palabra. Su preocupación por la “justicia y paz” es claramente selectiva.

Parece que en este país, si usted desea que los distintos organismos de Derechos Humanos, oficiales y no gubernamentales, se ocupen de defenderlo, usted tiene que ser acusado de algún crimen. Y si además es luchador social, mejor. Y,  claro, si puede ser gorila mucho mejor.

Pero si usted es, por ejemplo, comerciante y el gobierno no defiende sus derechos, nadie le va a hacer  caso. En los últimos bloqueos que duraron por meses en el Monumento a la Revolución, los comerciantes pidieron al Gobierno que les compensaran sus pérdidas que, colectivamente, eran millonarias. Después de todo, el gobierno decidió mandar a los bloqueadores a ese lugar. La “solución” que dio el gobernador del entonces Distrito Federal a las víctimas fue de ofrecerles financiamientos baratos para que “repusieran” los daños. Evidentemente su doctorado en derecho no le sirvió para entender que los financiamientos, por baratos que sean, finalmente se tienen que pagar. O sea que de ninguna manera se ofreció una compensación de los daños sufridos.

Y no hablemos de los asaltados, secuestrados, violados, asesinados y otros muchos tipos de víctimas. No vaya usted a creer que las distintas instancias de derechos humanos lo van a apoyar o defender o a que se le compensen sus daños. Seguramente defenderán a sus presuntos agresores. A menos que usted sea un “luchador social”. O, en su caso, gorila.

En este tema se ha perdido el equilibrio. Qué bueno que se defienda el debido proceso. Qué bueno que se evite la fabricación de culpables, como a veces sigue ocurriendo. Pero no se trata de escoger. Defender a los acusados no debe ocurrir en detrimento de las víctimas. Y todas las victimas deberían tener la misma atención, no solo los que concuerdan con ciertas tendencias ideológicas.

domingo, 10 de julio de 2016

Sucesión 2018: dos escenarios malos, uno difícil


Dado el deterioro político de la Presidencia de México, se están activando desde hace tiempo diversos escenarios para la sucesión en el 2018. Escenarios que apuestan a la alternancia desde diferentes modelos. Es pronto para decir si estos escenarios pueden funcionar, pero es un hecho que son posibles y que se están instrumentando.

Escenario 1968: Un conflicto que escala entre gobierno y activistas, una crisis sin solución posible, donde se habla de diálogo pero no se acepta más solución que la de los activistas. El conflicto actual, que nace por la apresurada e incompleta Reforma Educativa, ya ha hecho que se produzcan enfrentamientos que cuestan sangre y vidas. La izquierda habla de provocadores, pagados por el Gobierno y que llevan a cabo los actos vandálicos y la violencia. Muchos comunicadores, sobre todo los que siguen la línea del Gobierno, pero no únicamente estos, hablan de una coalición CENTE-Guerrillas, siendo estas últimas quienes forman la “vanguardia del proletariado” violenta. En todo caso, el mecanismo es parecido al de  1968: lograr que el Gobierno sea visto como represor, para  debilitarlo  y hacerle imposible lograr una sucesión a su gusto.

Escenario 1998: Ante un gobierno desprestigiado y débil después de las elecciones federales y locales  de la segunda mitad de su mandato, un gobernador panista crea un mecanismo propio para la operación de las elecciones (los amigos de Fox), y se impone a un PAN que no tiene una idea clara de cómo aprovechar la coyuntura, además de que insiste en respetar los tiempos electorales. Esto es lo que está haciendo el gobernador Moreno Valle, ex priista  impulsado por el PAN para gobernar su Estado, y que está desarrollando su estructura propia para operar las elecciones del 2018 con un equipo de ex priistas. O que al menos se dicen ex priistas. La idea es aprovechar las contradicciones internas de un PAN que no acaba de entender por qué tuvo sus triunfos recientes y están disputándose desde ahora un poder que todavía no ganan.

Aquellos escenarios tuvieron éxito en lograr una alternancia. En 1970, la alternancia se da dentro del PRI: el ala del “capitalismo de cuates”, denominada “desarrollo estabilizador” que va desde el sexenio de Miguel Alemán hasta el de Diaz Ordaz (24 años) es sustituida por el ala del “nacionalismo revolucionario” que dirige la economía desde los Pinos. En el 2000, la alternancia se da fuera del partido, con un gobierno nominalmente panista pero que incluye pocos panistas en la cúpula del poder, seguido por un sexenio con  mayor raigambre panista.

Por desgracia, estos dos nuevos escenarios conducen por diferentes vías a un resultado parecido: llevar a ex priistas a regir el país con un modo de gobernar que varía solo en el énfasis de sus postulados pero no en su estilo, muy lejano a la democracia.

¿Hay otro escenario? Es posible. Decía algún autor que no hay nada más difícil de pronosticar que el futuro. Y un gran mexicano, Benito Bucay, decía que los primeros pronosticadores de la historia fueron los profetas del pueblo de Israel… y que todos murieron apedreados. De modo que no intentaré pronosticar.

Pero sí creo que hay por lo menos otro escenario. No, no me refiero a los candidatos independientes que, aprovechando el hartazgo de la ciudadanía, accedan al poder. No es imposible: recuerden a Collor de Mello en Brasil y a Fujimori en Perú. Ambos independientes y ambos, en opinión de muchos, malos gobernantes. Me refiero a otro escenario. Uno donde grupos intermedios de ciudadanos propongan y de alguna manera impongan propuestas para sacar al país de su estancamiento político. El ejemplo más actual es el de la iniciativa ciudadana “3 de 3”, que logra ser aprobada y, cuando se distorsiona, hace que sea enmendada al menos parcialmente. Grupos de intelectuales, universidades, gremios empresariales y otros cuerpos intermedios se organizan, comunican y logran obtener iniciativas de fondo. Y ponen al Congreso en la situación de tener que demostrar que escuchan a la Ciudadanía. Pero hay otros campos donde iniciativas ciudadanas pueden lograr mejoras sustanciales. Una, en mi opinión, sería lograr la segunda vuelta electoral, para evitar los desgastantes conflictos post electorales y lograr mejor gobernabilidad.

¿Cuál escenario ocurrirá? No lo sé. Por el bien de México me gustaría el tercero, el más difícil. Difícil porque requiere que la ciudadanía pase de una actitud quejosa a la actitud pro activa de tomar su papel y recuperar el poder que, según la Constitución, reside en el pueblo.


sábado, 2 de julio de 2016

Educación: ¿Estamos haciendo todo lo posible?


A una semana de los hechos de Nochixtlán, a muchos días de bloqueos en varios estados y de las detenciones de dirigentes de la CENTE, aunque hay un diálogo, el tema de la oposición a la Reforma Educativa aparenta estar en un punto muerto. El diálogo ocurre "en lo oscurito”, que se sepa no hay avance y de lo único que se escucha es de  medidas emergentes, como el puente aéreo para subsanar la escasez que se empieza a presentar en varias poblaciones. Y qué bueno que sea así: hay una urgencia y hay que atenderla.

Pero el tema de fondo sigue ahí. Porque el asunto no es la evaluación de los maestros, ni siquiera la Reforma Educativa. El tema de fondo es la muy deficiente capacitación que tenemos muchos de los mexicanos. Los niños, sobre todo. Pero también una parte muy importante de la población tiene conocimientos muy deficientes. Porque por muchas décadas nuestra educación no ha estado a la altura de nuestras necesidades.

Si mañana se resolvieran las diferencias con los maestros, si dentro de un año (cosa extraordinariamente difícil) se lograra capacitar y poner en un alto nivel todos los profesores, todavía estaríamos a más de nueve años de tener egresados con los niveles que debe tener la secundaria y a doce años de tener egresados con el nivel adecuado para la preparatoria.

Pero, ¿qué pasa con toda la gente que ya fue mal capacitada y que no está a la altura de los requerimientos de una sociedad moderna? ¿Qué hacer con los millones de personas que hoy tienen por todo bagaje educativo una preparación deficiente? Para este enorme déficit de capacidades, no hay soluciones en la Reforma Educativa ni en la discusión pública que se tiene en este momento en medios sociales, medios tradicionales y entre la población en general. No estamos viendo el impacto a mediano y largo plazo de este déficit que podemos arrastrar todavía por décadas. Al no estar viendo el problema, malamente se podrán estar proponiendo soluciones.

En mi opinión, parte del asunto es que, como sociedad, hemos dejado en manos del gobierno todo el tema de la educación. Sí, podemos denunciar, y de hecho lo hacemos. Podemos quejarnos, y de hecho lo hacemos. Pero nuestra actitud es muy parecida a la siguiente: "Yo ya pago mis impuestos, de modo que yo ya no tengo más responsabilidad que exigirle al gobierno que dé la educación que se requiere".  Y la verdad, es que el gobierno no tiene la capacidad para resolver por sí solo este asunto.

Es importante que los padres de familia nos hagamos responsables por apoyar la instrucción, complementar y si hace falta suplementar los conocimientos que se imparten en los niños en las escuelas. Y agregar otros que en las escuelas nunca se les van a dar: buenos hábitos, valores, sentido de responsabilidad, y otros muchos más. También es importante que las empresas, de todos los tamaños, apoyen a sus empleados en todos los niveles, pero sobre todo en los niveles más básicos, para que actualicen sus capacidades. No basta con quejarse de lo mal preparados que llegan a las empresas. 

Lo cual es un problema mayúsculo. Pero claramente, si toda la sociedad desde la familia, cuerpos intermedios, organizaciones religiosas y sociales, grupos gremiales y asociaciones de apoyo a la población no empezamos a trabajar activamente en estos temas, nuestro atraso educativo seguirá creciendo y, como se ha demostrado de innumerables maneras, el atraso educativo va de la mano del estancamiento o deterioro económico de toda la sociedad. Excepto, claro está, una minoría muy pequeña que sí tiene acceso a una educación de muy alta calidad. Es curioso ver cómo los grupos que se quejan, y con justa razón, de la mala distribución de la riqueza, no ven en el deterioro creciente del sistema educativo una de las causas fundamentales de esa mala distribución. Es más: resulta bastante claro, que los grupos que pretenden defender la educación mediante paros y suspensión de actividades educativas, consideran esta pérdida de conocimientos como un mal menor en comparación con sus otras reivindicaciones.

El tema tiene un claro ingrediente político. Pero no es el único. La solución tiene que venir de la sociedad. Por varias vías: exigiendo a los gobiernos en todos los niveles, a los organismos gremiales y al propio profesorado que desarrollen mecanismos que mejoren sustancialmente la calidad de la educación. Pero la otra vía es la participación ciudadana.

Hay propuestas para esto. Por ejemplo, la escuela hogareña (home schooling en inglés). Escuelas parroquiales. Instituciones dedicadas a la regularización de los estudios las cuales, a propósito, están creciendo exponencialmente en muchos Estados, precisamente para subsanar la deficiente capacitación que reciben los alumnos de las escuelas, públicas y privadas. Pero el tema va más allá de sustituir a la escuela pública. El tema fundamental es como hacer que a toda la población, de edad escolar y de otras edades se les apoye de una manera efectiva para mejorar los resultados que obtienen u obtuvieron en su tiempo en la escuela.

Una tarea enorme. Porque la mayoría de los padres fueron formados también en un sistema escolar deficiente, y seguramente recibieron menos años de estudio que sus hijos. De manera que malamente podrán apoyar a sus hijos en sus estudios. Así que había que empezar precisamente por capacitar a los padres de familia. Y en las empresas, donde muchos de los empleados tienen una capacidad insuficiente para el trabajo que desempeñan, habría que formar también asesores que ayuden a los empleados para alcanzar los niveles que requieren.

Hay que estar conscientes de que éste no es un problema exclusivamente mexicano. En un estudio reciente (2015) desarrollado por la Organización para la Cooperación y  Desarrollo Económico  (OCDE)  se encontró que mientras el 74% de las instituciones educativas consideran que sus egresados salen preparados adecuadamente, el 42% de los empleadores consideran que esos egresados no cuentan con las capacidades necesarias. Y eso es el promedio que incluye a los países más desarrollados y a otros de desarrollo intermedio, como México.

Pero esto no debería ser de ningún modo un consuelo. El que otros países tengan este mismo problema no nos absuelve de la necesidad de encontrar una solución. Y la solución debe ser masiva, porque masivo es el daño que está resintiendo toda nuestra población, empezando por los niños. Y si no hay un esfuerzo de toda la sociedad para que cada quien haga su parte para ayudar a otros a tener las capacidades necesarias y también para mantenerse cada uno de nosotros actualizándose a sí mismo, la solución tardará tanto tiempo, que no podremos evitar sufrir daños muy importantes. La solución está en las manos de la sociedad.

El primer paso es reconocer que tenemos un problema. Y actuar en consecuencia. No es fácil, no será barato. Pero la alternativa, la de seguir como estamos, tendrá un costo mucho mayor.


lunes, 27 de junio de 2016

Brexit: ¿qué lecciones tiene para la democracia?

El referéndum que aprueba la salida del Reino Unido (formado por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) de la Unión Europea (UE),  tiene una gran cantidad de consecuencias. Independientemente de sus efectos económicos, las razones por las que se votó en uno u otro sentido, la profundidad del análisis que hizo la ciudadanía al votar y lo convincente de las argumentaciones en uno u otro sentido, plantean interrogantes sobre la madurez de las democracias en el siglo XXI.

Un trauma para algunos, un júbilo para otros, el apoyo a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (por 52% del voto), denominado BREXIT (por salida de Britania de la UE) puede ser aplaudido como un éxito de la democracia. Una gran participación del voto y la inscripción de centenares de miles de nuevos votantes, dan fe del interés que despertó el tema y de la confianza en el poder del voto. Más del 72% de los ciudadanos votaron, una altísima participación en una era donde en casi todos los países escasamente logran que voten entre el 40 y el 50% de los ciudadanos.

En cuanto a quienes y como votaron: los jóvenes de 20 años a 30 años, que optaron por quedarse en la UE, fueron el 60% en promedio mientras que los mayores de 65 años que votaron por quedarse son el 30% de los votantes de esas edades. El hecho de que haya una gran población de mayor edad y que participa más que el promedio, impulsó el voto por el BREXIT. En otros aspectos, las personas profesionales, con grados universitarios y que tienen pasaporte (y, presumiblemente, viajan más fuera del país) votaron por quedarse. En principio, los jóvenes de hasta 30 años tendrán que vivir por 50 años o más con los resultados de esta decisión. Los mayores de 65, tendrán que vivir con esta decisión por 15 años o menos.

En cuanto a los motivos, hay razones para preocuparse. Una gran parte de los que votaron por salir de la UE, lo hicieron en protesta por la gran cantidad de emigrantes que están llegando a la Gran Bretaña procedentes de otros países de Europa, mayormente de los países de Europa Oriental. Otros lo hicieron, apoyándose en el hecho de que el Reino Unido da una cantidad importante de dinero a la UE. Hubo una gran cantidad de información sobre el hecho de que los emigrantes dan más en impuestos que lo que cuestan al erario y de que la cantidad que se da a la UE es mínima comparada con el producto interno bruto de La Gran Bretaña. Pero la votación se dio por impresiones, atendiendo a la emotividad. Los razonamientos no convencieron a una gran parte de la ciudadanía. Una gran cantidad de los votantes que aprobaron la salida, buscaron castigar al gobierno, a los grandes banqueros  o a los burócratas de la UE, sin mucha atención a otras consideraciones.

Dos de los países que forman parte del Reino Unido, Irlanda del Norte y Escocia, votaron mayoritariamente por permanecer en la Unión Europea. Irlanda ya le ofreció a Irlanda del Norte que se unan, con lo cual Irlanda del Norte no tendría de salir de la UE. Y los escoceses, que hace poco votaron por un escaso margen por no separarse del Reino Unido, están volviendo a revivir el tema de lograr su independencia de la Gran Bretaña.

En una era de amplia disponibilidad de la información, es interesante que, después del voto, se triplicó el número de búsquedas de los británicos en Google sobre dos temas: ¿Qué significa dejar la UE? tuvo el primer lugar. ¿Qué es la Unión Europea? ocupó el segundo lugar. Un esperaría esas consultas antes del voto, no después.

Seguramente habrá consecuencias y tal vez sea pronto para decir cuáles. La caída de la libra esterlina a niveles como los de hace 30 años o la caída de la Bolsa de Valores en mayor medida que en la crisis que inició en el 2007, son efectos de una especulación de corto plazo. Las consecuencias a largo plazo no se verán en el lunes 27 de junio. El proceso de salir de la UE tomará dos años, aunque habrá temas que se estiman tardarán hasta 5 años. El impacto se verá bastante después.

Lo que urge, me parece, es una reflexión muy seria sobre la democracia en este inicio del siglo XXI. Si se consolida el hecho de que se vote por impresiones y no por razonamiento, el enojo o el contento guiarán las decisiones de los votantes. El pan y circo, el populismo, las ofertas imposibles de cumplir, serán los motores del sentido de las votaciones. Los jóvenes y los que tienen mayor educación, tendrán menos peso mientras que  los mayores y  los que tienen menor educación serán los que muevan las grandes decisiones. Lo cual no es nuevo. Este ha sido siempre el gran argumento contra el sistema democrático. De ahí que en la antigua Grecia se le negara el voto a los siervos y a las mujeres. Así como en el siglo XIX y parte del siglo XX se le negara el voto a los analfabetas y a las mujeres, alegando que no tenían la capacidad de votar racionalmente.

La ciudadanía del siglo XXI, inundada de información no validada, de la que es difícil hacer sentido, condicionada por los medios en un esquema donde lo emocional es mucho más importante que lo racional, fácilmente votará por impresiones y sentimientos, no por razones. Más que ganarse la inteligencia, ahora hay que ganarse los sentimientos, los corazones de los votantes.

Lo cual no necesariamente es malo, pero que supone una tarea muy urgente en la educación del ciudadano. Una educación básica, escolarizada, de mayor calidad y una educación ciudadana que nos permita ejercer con sabiduría nuestro papel de mandantes. Un gran déficit en muchos países y no solo en los países en desarrollo.




sábado, 18 de junio de 2016

No entienden…

El sainete de la semana, la discusión sobre la ley del “tres de tres”, muestra el diálogo de sordos que está ocurriendo entre la ciudadanía y la clase política. Nadie ganó. Y quien más perdió fue el país.
Después de meses de estar posponiendo la discusión de la propuesta de la ley para combatir la corrupción, después de mandarla a un período extraordinario de sesiones, finalmente al Congreso le entraron las prisas. En un tiempo récord discutieron, modificaron, e hicieron pasar por las dos Cámaras una ley que a nadie ha dejado contento.

Ahora, cuando se conoce el nuevo texto, es cuando empiezan a verse toda clase de críticas, se le han encontrado toda clase de defectos, que dan la impresión de que la discusión se hizo a espaldas de la ciudadanía, en las madrugadas, sin que se diera tiempo ni espacio para una discusión más a fondo.

Una vez más, nuestra clase política ha perdido una excelente oportunidad de mostrar que hace un esfuerzo por entender y atender las necesidades de la ciudadanía. En lugar de encontrar el modo de dar una satisfacción lo más completa posible a las demandas ciudadanas, se dedicaron a buscar el modo de "quitarle dientes"  o "descafeinar” a la propuesta que se les presentó a avalada por más de 600,000 firmas. Simultáneamente, en una ocurrencia de última hora y en las altas horas de la madrugada, con el cansancio de todo un día de sesiones, se les ocurrió endurecer las leyes incorporando al sector privado y a particulares como sujetos a estas mismas declaraciones que se están exigiendo a los funcionarios públicos.

Lo cual, obviamente, fue visto y denunciado como una venganza contra el sector privado por haber estado presionando en favor de estas propuestas. Con eso estamos en el peor de los mundos. La clase política, que podría haber hecho todo lo necesario para demostrar que estaban dispuestos a atender un clamor ciudadano que les está quitando votos y, sobre todo, confianza del electorado, actuó de manera que ahora quedaron peor que antes. Uno se pregunta: ¿por qué no pidieron a un debate público las modificaciones que iban a proponer antes de convertirlas en ley? ¿Por qué acelerar la revisión de la Cámara de Diputados en lugar de hacer una discusión amplia de la propuesta de la Cámara de Senadores? Acaso querían dar una imagen de decisión, de una atención pronta a la demanda ciudadana para tratar de borrar la imagen de que estaban posponiendo el asunto.
Todo esto nos lleva a suponer, con bastante certeza, que siguen sin entender a la ciudadanía. Ni los votos de castigo, ni la caída en los niveles de confianza de la clase política han sido suficientes para que tomen en serio su relación con los mandantes, es decir, con la ciudadanía. Siguen con el modelo de ser quienes les dicen a la ciudadanía que es lo que les conviene y tomar decisiones sin importarles cuáles serían las reacciones ciudadanas. Siguen sin entender que los ciudadanos ya no aceptan el papel de vasallos, dispuestos a callar y obedecer. Siguen, me temo, en los principios del siglo XIX.
Y luego se admiran de que exista un "mal humor social". Siguen quejándose de que no se les aplauda. Siguen dando mil explicaciones a cual más esotérica, de porque pierden puestos de elección. Claramente no han entendido que el votante del siglo XXI ha cambiado fundamentalmente. No han entendido que no es tonto. No han entendido que muchas veces votan por el menos malo, porque todavía creen en la democracia. Pero que la clase política cada vez es vista como menos representativa del sentir ciudadano. Y esto es un problema grave. En un sistema democrático como el que tenemos, aún con todas sus fallas, el sustento fundamental es que los votantes se sientan representados por sus elegidos. Sin eso, el apoyo básico del sistema desaparece.
Y probablemente eso no es lo único que no han entendido. Claramente, la clase política y posiblemente una parte importante del electorado, no tenemos del todo claro lo que significa la corrupción y el modo concreto como debe reducirse. Podemos caer en las explicaciones del tipo de que "se trata de un problema social", lo cual nos absuelve de la urgencia y de la responsabilidad de limitar esta lacra.

Al imponerle al sector privado y a  una parte importante de la ciudadanía estas medidas para controlar la corrupción, están siguiendo al dictado de uno de los presidentes más señalados como corruptos, que tuvo la frase genial de "la corrupción somos todos". Y, de acuerdo a ese dictado, a todos hay que controlarlos de la misma manera. Sí, estoy de acuerdo en que nos falta tener mejor claridad y mejor conciencia de lo que significa la corrupción. La padecemos, entendemos algunos de sus mecanismos, pero todavía nos falta mucho para entender a fondo este fenómeno. Pero, en particular, el que los políticos nos estén dando lecciones de cómo reducir la corrupción, es como si un pez nos tratara de dar lecciones de cómo permanecer seco. Cuando toda su vida se ha mantenido viviendo dentro del agua.

¿Qué podemos hacer para que los que no entienden finalmente entiendan a la ciudadanía? Claramente no va a ser fácil. Ciertamente, no están leyendo las señales que la propia ciudadanía les está enviando. Sin ver lo obvio, siguen buscando soluciones mediáticas, declaraciones sonoras, explicaciones poco creíbles, suponiendo que con eso se resuelven los problemas de fondo. Sus encuestadores les siguen dando resultados "a modo". Se creen lo que se dicen los unos a los otros. Tristemente, no se ve en ellos una voluntad de rectificar.



lunes, 13 de junio de 2016

Elecciones 2016: ¿Qué pasó?


Es grave. Ni partidos políticos, ni comentaristas, ni encuestadores tienen una idea clara. Sí, saben que pasó. Saben por los números quien ganó y quién perdió. Pero PORQUÉ, eso es otro asunto. Y si no tienen una idea clara del porqué, seguirán dando palos de ciego. Como hasta ahora. Y están arriesgándose a  nuevas y desagradables sorpresas, para todos.

Los primeros perdedores en las elecciones de 2016 fueron comentaristas y encuestadores. Nadie previó con razonable aproximación qué iba a ocurrir. Millones gastados en encuestas previas y encuestas de salida, fueron dinero tirado a la basura. Información inútil para tomar decisiones. Todavía al día siguiente de las elecciones, los partidos políticos seguían creyendo en sus encuestas. Y muchos comentaristas no sabían que decir.

Ahora, los mismos que fracasaron estrepitosamente en interpretar las realidades y las tendencias, nos dan sesudos análisis explicando qué pasó. ¿Qué tanta credibilidad pueden tener? Los métodos que usaron para interpretar la realidad, ¿han cambiado? ¿Por qué ahora deberíamos creerles?

Las “explicaciones” suenan huecas. Que por la impopularidad de Peña Nieto. Pero el presidente era aún menos popular en 2015, y su partido tuvo éxito en las elecciones federales. Qué porque los candidatos “no conectaron” con los votantes. Que por las fallas de los virreyes a nivel estatal.  Que por las alianzas. Pero todo eso se sabía antes de las elecciones, y no fue considerado por los expertos como puntos relevantes.

Otro sonoro  fracaso es el de la mercadotecnia política. Probablemente esta haya sido una de las campañas más costosas, medida por gasto contra número de votos emitidos. Y todo ese gasto no hizo el bien que se esperaba. Hubo saturación de spots, millares de  llamadas grabadas, los “call centers” que  trabajaron fuertemente. Y, aparentemente, no hay relación entre las cantidades erogadas y los resultados en las urnas.

El intento de última hora de “rebasar por la izquierda” que hizo el presidente con la propuesta de matrimonio igualitario, fue señalado por priistas como la causa de las derrotas. Es difícil de creer. Es como si todos hubieran estado muy dispuestos a votar por el partido en el gobierno y esa propuesta haya cambiado la tendencia. No es creíble. Aquí aplica la falacia de creer que si un evento ocurre antes que el otro, entonces el primero es causa del segundo. Es la falacia conocida como  Post Hoc ergo Propter hoc, que está descrita ampliamente en la literatura de la lógica formal. Puede ser que en algunas localidades haya sido la gota que derramó el vaso. Pero no fue la única causa de la derrota priista, ni mucho menos. En cambio sí es claro que, si la idea era atraer votantes a la causa del presidente, la maniobra no funcionó. Las fuerzas a favor del matrimonio igualitario no le dieron más  votos al PRI.

La izquierda opositora no creció, Es más: posiblemente haya disminuido. El crecimiento de MORENA ha sido a expensas del PRD y otros partidos de izquierda. Se ha vuelto un juego de suma cero: lo que ganan los unos, lo pierden los otros. Ahora, si contamos al PRI, la caída de la izquierda es mayor. Porque, aunque muchos no lo crean, el PRI es un partido de izquierda, miembro de la Internacional Socialista quien agrupa y certifica en cierto modo qué partidos se pueden considerar de Izquierda.

Otra interpretación dudosa de los hechos se da en los medios del PAN. Ven un triunfo de Ricardo Anaya, un fortalecimiento de su tendencia en el PAN. Otros ven un vuelco de la población hacia sus posiciones. Pero puede ser que el partido no haya ganado, sino que sus opositores perdieron. Es muy posible que hayan obtenido en la ciudadanía la imagen de ser “el menos malo”. No el mejor. Y la diferencia importa. Aquí el gran riesgo es caer en la soberbia, cosa que ya les ha pasado. Y si no aprenden de esas lecciones, su riesgo es muy elevado.

En suma, este es un momento que requiere de objetividad. Urge hacer sentido de lo que ocurrió hace una semana y extraer las lecciones relevantes. Entender el alcance de los mitos que dominan el “saber político”. Como la fe en el gasto electoral como predictor del resultado en las urnas. Como el peso que se le da a redes sociales y a los independientes.  Creer que con correr a los responsables de la derrota tenemos  la solución. El mito de que ganamos porque la ciudadanía está con nosotros, cuando bien puede ser que ganamos porque odiaban a otros.


Rechazar los mitos y enfocarnos a entender con objetividad las realidades: esa es la tarea. ¿Estarán los partidos políticos a la altura de este reto?

lunes, 6 de junio de 2016

Voté… a desgana

           
Sí, finalmente voté para elegir a los Constituyentes de la Ciudad de México. Lo hice con desgana. Con profunda desconfianza. Porque no  creía en ninguno de los candidatos. Y sigo sin creer en ellos. Pero lo volvería a hacer, porque no se trata de ellos. Se trata de un bien superior.

Hace tiempo que estamos discutiendo estas elecciones. Y, si usted me ha seguido, recordará que opino que el tema nos fue impuesto sin que los ciudadanos de la Ciudad de México hubiéramos pedido una nueva Constitución. Tampoco se nos consultó sobre quiénes serían los autonombrados "notables" que están desarrollando el proyecto de una nueva Constitución. Resultando en un grupo faccioso, monocolor, que ha excluido sistemáticamente a todos los que piensan diferente de ellos.

Pero, tratando de tomar perspectiva, lo que nos está pasando a nosotros es un síntoma de un mal mucho mayor y muy extendido. Un mal que, me temo, está atacando a las naciones que no tienen un sistema de gobierno autoritario. Los síntomas abundan. La causa, no es tan clara. En lo superficial hay una profunda desconfianza, un profundo descontento hacia los partidos políticos. Los síntomas están por todos lados. El crecimiento de los partidos independientes en España, en unos cuantos meses. El hecho de que los austriacos estuvieran a punto de tener un presidente de extrema derecha, que no corresponde a ninguno de los partidos políticos tradicionales. El crecimiento de candidaturas independientes como la de Donald Trump, agregado en el Partido Republicano de Estados Unidos, pero que se ha "vendido" como alguien que viene de afuera del sistema político. La dificultad que encuentran cada vez más los partidos tradicionales para formar gobiernos con legitimidad, teniendo que recurrir a alianzas. Como están ocurriendo en estos mismos momentos en nuestro país donde los partidos tienen que buscar alianzas para lograr primeras minorías que les permitan gobernar.

Esta desconfianza está en todas partes. Eso es el síntoma y la causa un poco más de fondo está en la quiebra del sistema de partidos. El tema va más allá de la desconfianza: en muchos casos se pasa de la desconfianza al enojo. En muchos casos, ya no se vota por alguien: se vota en contra de alguien. Se vota por odio. Se vota con el hígado, no con la razón.

Es fácil concluir de ahí que es la democracia la que está en quiebra. Yo no estoy de acuerdo. No es forzoso que haya partidos políticos para que haya democracia. Los partidos políticos son un dispositivo, una conveniencia para poder organizar a las distintas opciones políticas y poderlas presentar a la ciudadanía de manera que pueda expresarse de una manera coherente. Pero no son indispensables. Claro, los partidos políticos no quieren ni pueden creer en esto. Porque les conviene no creerlo. Su mensaje para nosotros es simple y aterrador: "sin nosotros, lo que queda es la anarquía". Parafraseando a algún famoso rey absolutista, su mensaje es: "O nosotros, o el  Diluvio".

De hecho, muchas de nuestras formas e instituciones democráticas proceden de una situación demográfica que ha cambiado radicalmente y de una situación tecnológica completamente distinta. Cuando se empieza a generalizar la democracia en los siglos dieciocho y diecinueve, el 80% o más de la población de los países vivía en los campos, en comunidades pequeñas y muy apartadas entre sí, con pueblos pequeños que servían de puntos de comercio y de reunión, con comunicaciones muy primitivas y lentas así como con una gran escasez de noticias.

Para producir un sistema democrático en esa situación, era muy difícil tener un voto directo sobre la mayoría de los asuntos del Estado. Por lo cual, esas comunidades elegían sus representantes, lo que ahora llamamos diputados, para que presentaran sus puntos de vista a los congresos legislativos. Por supuesto, para poder recoger la opinión de los ciudadanos, los diputados tenían que dedicar normalmente una gran cantidad de tiempo en transportarse y visitar a todas las comunidades relevantes y recoger las opiniones que deberían presentar ante las diversas legislaturas. De ahí que los congresos sólo funcionaran una parte del año en períodos ordinarios de sesiones  y el resto del tiempo se dedicaba a cumplir su función de comunicación.

Hoy la situación es completamente diferente. En la mayoría de los países, el 80% de la población vive en ciudades. Los viajes se han vuelto extraordinariamente rápidos; si antes un diputado por Sonora podría tardarse semanas para llegar de la capital del país a su Estado, ahora sólo requiere unas cuantas horas. Las comunicaciones, muy sujetas a ser interrumpidas, podrían tomar mucho tiempo para que las noticias generadas en el Congreso llegaran a todo el país; hoy se podrían estar recibiendo esas noticias prácticamente en tiempo real. Y también se puede hacer un voto directo prácticamente sobre cualquier tema: la tecnología está disponible y con 85 millones de teléfonos celulares para una población de 128 millones de personas de los cuales 87 millones están empadronados, el tema de la consulta directa de los ciudadanos ya no representa un problema: la infraestructura existe y está funcionando. Lo que no está presente aún es nuestra preparación para hacer uso de esa facultad. Pero no es imposible.

¿Nos podemos imaginar un futuro donde las decisiones legislativas y otras decisiones de gobierno puedan ser consultadas directamente a la ciudadanía? Si podemos, y probablemente estén más cerca de lo que nos imaginamos.

Pero en un período intermedio, lo que se puede prever es que los partidos políticos sean cada vez menos y menos relevantes, que cada vez haya más cuerpos independientes que tomen parte de las funciones que hoy en día monopolizan las formaciones políticas. Grupos intermedios, verdaderamente ciudadanizados, totalmente apolíticos y apartidistas que asuman muchas de las funciones que voy están llevando a cabo los partidos políticos, cada día más desacreditados. O tal vez, el esquema que sea otro. A mediados del siglo dieciocho, era difícil imaginarse un gobierno sin monarquías. Unas décadas después, era claro que eso no era un imposible.


Claramente, a casi nadie nos gusta el sistema actual de los partidos. El sistema ha quebrado, porque su único sustento que es la confianza ciudadana, ya no está ahí. Pero nos cuesta trabajo imaginar el sistema que sigue. Podemos refugiarnos en el autoritarismo, o podemos buscar nuevas formas democráticas que sí respondan a la confianza de la ciudadanía. O más que buscarlas, habrá que construirlas. Es un rompimiento total con el pasado. Las viejas formas, los viejos moldes, las instituciones que nos sirvieron en una etapa, ya dieron todo lo que podían dar de sí. Llegó el momento de relevarlas.